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Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 7, 15-20

¿De qué está hecho nuestro hogar?

Hoy las Palabras de Jesús nos hablan muy claramente sobre la santidad. No basta con haber sido bautizados, ir a la Eucaristía, oir la Sagrada Escritura, ser catequistas que hablemos de Jesús, la Virgen… Incluso podemos rezar cada día, hacer numerosas obras de caridad y repartir los dones que Dios nos ha dado. Si no lo hago por Amor no sirve de nada: San Pablo lo define muy bien en la 1ª carta a los Corintios 13.

La santidad es conocer a Jesús, porque Él nos la transmite mientras caminamos junto a Él. Es una respuesta de amor exigente, por un camino angosto, en cada momento del día, en lo pequeño y en lo grande. Una respuesta al Amor que nos amó primero, que nos llama a una vocación específica y le respondemos a través de ella. La nuestra, queridos esposos, es la conyugal, como dice el Magisterio de la Iglesia, con unas leyes específicas.

Si eres esposo pues has recibido el sacramento del matrimonio: ¡Adelante con este Amor exigente! Con el Amor de Jesús.
Tenemos una misión: Edificar nuestro hogar de amor sobre roca (Cristo), convirtiéndonos en roca para nuestros hijos y para otros, así como Abrahán y Sara por la fe en Dios se vuelven roca, comienzo del pueblo de Dios. Mirando hacia esta roca, la gente cobraba valor para luchar y salir del cautiverio.

Este es el sentido del nombre que Jesús dio a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18). También Dios quiere edificar su Iglesia doméstica en cada hogar donde Jesús encuentra su hogar. Estamos llamados a unirnos a Jesús, la piedra viva, para volvernos piedras vivas por la escucha y la práctica de la Palabra (Pd 2,4-10; 2,5; Ef 2,19-22).

¡Esposos! si no escuchamos la Palabra juntos y con nuestros hijos y la ponemos por obra seremos esposos y familias necios que edificamos nuestro hogar sobre arena y cualquier conflicto, hace que nos hundamos totalmente. Y sinceramente… ya hay demasiados hogares enterrados. ¡No tengáis miedo! Hay que empeñarse cada día en un objetivo. Sólo por hoy. Algo que nos acerque a nuestro esposo y por tanto a Dios.

Las Palabras sencillas y claras de Jesús brotaban de su experiencia de Dios, de su vida entregada al Proyecto del Padre. Así deben ser las nuestras a nuestros hijos y otros, palabras que brotan de la experiencia de Dios.

Oramos con el Salmo: (Señor) Inclina mi corazón a tus preceptos, y no al interés. Aparta mis ojos de las vanidades, dame vida con tu palabra.

Comentario del Evangelio para matrimonios: Jn 14, 6-14

Por dónde, el qué y cómo.

Dice San Agustín que “Todo hombre comprende la verdad y la vida, pero no todos encuentran el camino.” Él mismo experimentó en su vida esa búsqueda durante muchos años, para mayor sufrimiento de su santa madre.

Cristo nos resuelve la pregunta ¡¡y con ejemplos!! ¿Qué mas podemos pedir?: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Es una novedad conciliar, la posibilidad de vivir la plenitud evangélica que nos ofrece en el sacramento del matrimonio. Su belleza radica en vivir la comunión humana a imagen y semejanza de la Comunión Trinitaria. Tener como misión el Nosotros Trinitario como destino del nosotros conyugal y familiar.

El sacramento del matrimonio es una alianza que bebe de la verdadera alianza Cristo-Iglesia. El don de la participación por la gracia a lo largo de toda la vida matrimonial de la misma caridad de Cristo Esposo, eleva la vocación conyugal a la categoría de sacramento, a la par que impregna la vida matrimonial de una ilusión y esperanza nuevas, de las que los esposos tenemos que tomar conciencia. ¿Qué mejor misión que ésta para los cónyuges? ¿Qué mejor vida que ésta? Es en este camino en el que verán su santidad cumplida.

Si permanecemos en Él, haremos las obras que Él hace. Viviremos ese anticipo de la comunión de los santos, en nuestro matrimonio. Y si lo dudas, puede ser a ti a quien hoy te diga “Hace tanto tiempo que estoy contigo ¿Y no me conoces?”.

Que así como Cristo está en el Padre, pongamos también nuestro matrimonio en manos de Cristo, para que sea cabeza de nuestro hogar, Iglesia doméstica. Entonces estaremos también los esposos el uno en el otro, crecerá nuestra mutua admiración y descubriremos lo sagrado de nuestra unión conyugal.

Oramos con el Salmo: A toda la tierra alcanza su pregón. El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.

Esposos, escuchémoslo!!