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Amantes de altura. Comentario del Evangelio para matrimonios: Mateo 13, 1-23

Amantes de altura.

 

Cristo es la Palabra de Dios. En este Evangelio de hoy, podemos plantearnos cómo acogemos a Cristo en nuestro matrimonio.

Las alternativas son claras: La semilla que cae el borde del camino, es cuando no queremos acogerle. Es nuestra dureza de corazón: “Por vuestra dureza de corazón permitió Moisés el repudio”. Por la dureza de corazón se hace imposible el matrimonio. Este podría ser el primer nivel de relación hombre-mujer en un plano puramente físico. No quieren entrar en ningún tipo de compromiso. Sexo sí, pero nada más. Pero los matrimonios cristianos, que valoran esta unión de los cuerpos como un don de Dios inseparable de la entrega de la persona en su totalidad, aspiran a algo más.

La segunda alternativa es cuando la semilla cae en terreno pedregoso. Florece muy rápido y se seca en seguida. Este es el 2º nivel de relación típico de los que basan su compromiso en los sentimientos y las emociones. Todo son fuegos artificiales, muy llamativos, pero poco duraderos. Los esposos cristianos, no quieren depender del arbitrio de sus emociones y sensaciones. Valoran el hecho de sentir unos afectos como algo que te lleva a buscar algo más profundo en la persona por la que se sienten, pero no basan su relación sólo en ellos.

La tercera alternativa es la semilla que cae en un terreno donde hay zarzas. Es el terreno del mundo. Éstos llegan al siguiente nivel de relación, que es el de amar a la persona por sí misma, independientemente de sus virtudes y defectos. Ya sí están dispuestos a comprometerse para toda la vida. Pero el mundo puede distraerlos con sus múltiples atractivos: Comodidades, diversiones, el éxito profesional… y ahogan ese amor que empezó siendo sincero. Los esposos cristianos se valoran como personas, pero no confían en sus fuerzas, buscan algo más. Buscan una transcendencia en su relación más allá de lo puramente temporal y caduco.

La cuarta alternativa es la de la semilla que cae en tierra fecunda. Ésta es la tierra de la humildad: “El humilde no es el que se contenta con poco, sino el que sabe reconocer la grandeza para apoyándose en ella, crecer por encima de sí mismo” (Llamados al amor pg. 135). Son los esposos cristianos, que saben reconocer la grandeza del amor de Cristo y de su Espíritu, y cuentan con Él para que crezca en ellos Su amor y dé mucho fruto. Los esposos cristianos no son unos reprimidos, son los que apuntan bien alto. No se conforman con menos.

Oramos con el Salmo: Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría.

Saborear la belleza de Dios en nuestro matrimonio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 10, 24-33

Saborear la belleza de Dios en nuestro matrimonio.

 

“Ya le basta a su discípulo ser como su maestro”.

Suele hablarse del don de piedad como la relación entre el hombre y Dios. Para San Juan Pablo II la piedad consisten en ver la presencia de Dios a través del amor humano; más concretamente en el matrimonio y la familia. Así, la piedad es esa relación con Dios, cuando es Él la fuente de nuestras relaciones humanas.

Dice S. Juan Pablo II en su catequesis del 14/11/84: “Este don, en efecto, sostiene y desarrolla en los cónyuges una sensibilidad particular hacia todo lo que en su vocación y convivencia lleva el signo del misterio de la creación y de la redención: hacia todo lo que es un reflejo creado de la sabiduría y del amor de Dios.”

Qué hermosa frase del Santo Padre. Cuando como esposos, saboreamos la belleza de lo que Dios nos ha dado en nuestra relación matrimonial, cuando en nuestra intimidad percibimos el misterio de la creación, si en nuestro acompañarnos el uno al otro como “cirineos” de la cruz del esposo percibimos nuestra colaboración en su redención. Cuando en las diferencias entre hombre y mujer, entre tú y yo, contemplamos la sabiduría de Dios que nos crea complementarios para hacernos necesarios, para llegar a Él a través de la comunión… Cuando en la intimidad de nuestra relación descubrimos que ella/él es persona, templo del Espíritu, con la dignidad de hija/hijo de Dios, heredero/a del Reino y cómo en esa heredad se manifiesta el amor que Dios le tiene…

Esa sensibilidad para percibir en nuestra vocación el misterio de la creación, que impregna todos los prismas de nuestra convivencia conyugal, es el don de Piedad.

Esposos, centrémonos en la misión de la familia: Brillar en el mundo con el esplendor del amor redimido por Cristo, presente en la vida de los esposos.

Oramos con el Salmo: Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.

Amor Espiritual y amor carnal. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 19, 27-29

Amor Espiritual y amor carnal.

 

Dice San Jerónimo. “No dijo: Que lo dejasteis todo (porque esto también lo hizo el filósofo Crates y otros muchos que despreciaron las riquezas), sino y que «me habéis seguido», que es propiamente de los apóstoles y de los creyentes.”

No se trata de dejar muchas cosas, sino de seguir a Jesús y para ello desapegarse de todo aquello que me aleja de tener una coherencia con el Amor de Jesús como Esposo.

“¿Cuándo es Cristo capaz de comunicar su amor?: Para responder hay que hablar del Espíritu Santo. Por el Espíritu se participa de la obediencia de Cristo al Padre como hijo suyo y en la entrega de Cristo a su Iglesia como su Esposo. Cristo ordena los corazones desde dentro, comunica su propio amor para que reproduzca su imagen en el hombre. El Espíritu tiene que transformar los corazones incluyendo los deseos y emociones del cuerpo.

Jesús, antes de entregarnos al Espíritu, Él mismo lo recibió, se dejó guiar por él y le acompañó en cada uno de sus pasos por la Tierra. Sólo cuando el agua pasa entre las rocas de la montaña, absorbe las sales. Puede el organismo recibirla y saciar la sed. El agua del Espíritu tiene que pasar primero a través de la vida terrena de Cristo. Entonces se convierte en un agua que ha surcado la experiencia humana. Por eso es un amor capaz de ordenar las distintas esferas de la vida, enseñando a los hombres a ser buenos esposos, padres e hijos.” (Llamados al amor)

¿Quieres un buen matrimonio, y una buena familia, donde reine la sensatez, la inteligencia, la prudencia, acierto en obras buenas… ?

Sólo el Espíritu puede hacerlo. Y para seguir a Jesús hay que elegir entre otros planes y la oración, la Eucaristía… Aquello que nos lleva a la fuente. Para hacer presente la experiencia del Señor en nuestra relación, hay que conocerlo y recibir su Espíritu. Con Él, nuestro matrimonio recibe cien veces más, heredamos un tesoro en nuestro corazón del que nada nos puede separar: el Amor de nuestro Padre. Su sabiduría para tratarnos, Su prudencia para decidir, Su fidelidad para siempre, Su Amor verdadero, Su misericordia y Su perdón hasta 70 veces 7, Su paz, Su gozo…

Oramos con el Salmo: Proclamad conmigo la grandeza del Señor… Contempladlo, y quedaréis radiantes… Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.

Esposos que no tienen precio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 10, 7-15

Esposos que no tienen precio.

Jesús anunciaba que «el Reino de los Cielos está cerca». Él es el anunciador del reino de Dios que se hace presente entre los hombres y mujeres. En la medida en que el bien avanza y retrocede el mal.

¿De dónde viene el mal?. S. Agustín comprende que el bien es más originario, es fuente de toda verdadera sustancia; mientras que el mal será siempre accesorio, parasitario del bien. Todo lo que el hombre ha recibido puede descifrarse, entonces, como parte de un don originario. En consecuencia, la lucha de bien y mal no se encuentra en la diferencia de materia y Espíritu, sino en el corazón humano, donde germinan virtud y vicio.

Aun así, nada está perdido. Quien vive muerto por el pecado, cuando recupera la gracia, experimenta una nueva vida, si bien, para recibir los dones del reino de Dios se necesita una buena disposición interior (en ellos se queda la paz). Por otro lado, también vemos cómo mucha gente pone excusas para no recibir el Evangelio (y pierden la paz).

“Si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella”. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. ¿Qué casa se merece la paz? La que quiere acoger el Amor de Dios en el don de la unión con el esposo.

Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. Gratis hemos recibido el don de ser uno. ¡Pues demuéstralo gratis! sin ponerle continuamente precio. Parece que para entregarnos tenemos que esperar que se entregue primero el otro, o andamos midiendo si yo he hecho esto y te toca a ti hacer lo otro.

Oramos con el Salmo: Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña (nuestro hogar), la cepa que tu diestra plantó (nuestro matrimonio) y que tú hiciste vigorosa.

Un amor sin fe. Comentario del Evangelio para Matrimonios Mateo 10, 1-7

Un amor sin fe.

“…tener en cuenta el vínculo esencial entre la fe y la caridad, porque se iluminan uno al otro en su propia verdad. La caridad favorece la apertura y el encuentro con el hombre de hoy, en su realidad concreta, para llevar a Cristo y su amor a cada persona y a cada familia…” Benedicto XVI, 16 de febrero de 2012.

Hoy nos envía el Señor a acercarnos al misterio de la Iglesia que ilumina hondamente la vocación conyugal, los esposos no edificamos un hogar cerrado, no seguimos un camino de santidad casero, ya que nuestra gracia es gracia eclesial, proviniente del amor que constituye la Iglesia animados por su misma dinámica de comunión y misión.
Nuestro amor que viene de Dios está llamado a abrirse a los demás, hoy hay necesidad de que los matrimonios bautizados, en la celebración del matrimonio no solo generen una familia, un estado de vida: casado, sino que se genere Iglesia de modo que el amor mismo de la mano de Cristo, amor de comunión se vuelve misionero.

“Desde la teología del matrimonio puede entenderse bien que el punto de destino final de los siglos no esté en Cristo solo, sino en la unidad de Jesús y su Iglesia. Siendo relacional la vocación del hombre, como desvela la experiencia de la familia, relacional ha de ser también su construcción definitiva. A esto apunta la unión de Adán y Eva desde sus inicios creaturales,  según el símil desarrollado por san Pablo a los Efesios (Ef 5,21-33). Por tanto estudiar el matrimonio será necesario para entender quien es la Iglesia: cuerpo, Esposo, esposa, comunión, nuevo pueblo de Dios…(Una sola carne, un solo espíritu).

También hoy nos sorprende como a Judas Dios le da los mismos dones que a los demás. Le da poder para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Sin embargo luego acogerá en su corazón al padre de la perdición (Satanás) para entregar a Jesús.

Si no tenemos en cuenta el vínculo esencial entre la fe y el amor, también como Judas podemos ser esposos a los que Dios entregó el don, pero lo desaprovechamos por falta de fe. La caridad (Amor con mayúsculas) que nos da Cristo a todos, nos lleva a hacer muchas cosas por nuestro esposo e hijos: trabajar, lavar, cocinar, dedicarles tiempo… Llevaremos su amor a cada uno de ellos, pero no le llevaremos a Cristo, pues no le conocemos.Sin fe, destruimos la comunión, como le ocurrió a Judas,que lo dejó todo por seguir a un cristo a su medida. También nosotros a pesar de haber dejado todo por casarnos y formar una familia, podemos desperdiciar el don de Dios, quedando nuestro amor expuesto a intereses egoístas o juicios subjetivos, obrando desde sí y para sí impulsados por las modas de la sociedad … 

Si hacemos división entre fe y caridad, hacemos también división entre cuerpo y alma, mente y materia, conciencia y libertad…

Jesús, quiero corresponder a Tu llamada. Pronuncias mi nombre y en el altar yo también pronuncié mi nombre para entregarme a Ti através de mi esposo y los hijos que nos dieras, al don de la vida y de la gracia. ¡Qué sería de nuestras vidas sin Tu presencia en nuestras almas! Ayúdanos a valorarla y a cuidarla con mucho cariño, cada día.
Que demos testimonio de tu amor en medio de nosotros y de una sociedad que sufre por no conocerte.
Te pedimos por todas aquellas familias que aún no te han conocido y andan en tinieblas para que algún día abran los ojos de sus corazones al amor de Dios. También te pedimos por aquellos matrimonios que aun habiendo escuchado que eres la Verdad, el Camino y la Vida, no te buscan con fe en las cosas de cada día.

Para que todos con el Salmo busquemos continuamente el rostro del Señor: Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas; gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.
El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. Amén!