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El asombro no convierte. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 5, 1-11

El asombro no convierte.

“El asombro se apoderó de ellos.” A través de la historia del pueblo de Israel, observamos que el asombro no es lo que hace que la humanidad se convierta. ¿Cuántas veces asombró el Padre al pueblo de Israel? Tantas como después acabaron negándole.

Qué importante es vivir nuestra fe con la sencillez de santos “de clase media”, como decía el Papa. Los esposos no tenemos que fundar congregaciones, ni probablemente derramar nuestra sangre por el Señor. Es en nuestra tarea cotidiana, en nuestra cortesía con nuestra esposa, poniéndola ante nuestros ojos como una reina: Santa el inmaculada, sin mancha… que es como la tenemos que mirar, porque viene de un acto creador perfecto de Dios y tiende por tanto a la perfección, para volver a Él.

Nuestra santidad está también en la educación de nuestros hijos en la fe y el amor. Que como nos decían en el máster del Instituto Juan Pablo II: Educar no es difícil, es cansado! (porque requiere mucha dedicación)…

A nosotros nos toca «pescar con caña». Y, aunque a veces nos parezca que no sirve de mucho lo que hacemos, diremos como Pedro: Por Tu palabra, echaré las redes (o la caña).

Oramos con la primera lectura: «la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia. » Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues …Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.”

El poder de la carne. Comentario de Evangelio para Matrimonios: Lucas 4, 38-44

El poder de la carne.

San Cirilo, ut sup. Aunque como Dios hubiese podido curarlos a todos con una sola palabra, sin embargo, los toca, dando a entender que su carne tenía virtud bastante para remediar todos los males; porque era carne de un Dios. Así como el fuego colocado en un vaso de bronce le comunica su propio calor, así el Omnipotente Verbo de Dios, cuando se unió realmente al templo, animado e inteligente, tomado de la Virgen, le hizo participante de los efectos de su poder. Que nos toque también a nosotros; mejor aún, toquémosle nosotros a Él, para que nos libre de las enfermedades del alma, de los ataques del demonio y de la soberbia.

Comentamos: Cristo se hace Carne y cura tocando con su Carne. El Demonio conocía el poder de la Carne de Cristo.
Nuestra carne ha sido elevada por Cristo. Nuestra capacidad de amar se hace posible a través de nuestro cuerpo y esta capacidad, supera nuestras fuerzas. Nuestra carne adquiere una capacidad sobrehumana para amar. De ahí la importancia de nuestro cuerpo, templo de Espíritu Santo. No es solo una parte cualquiera de nosotros. Está integrada en la persona y lo que hagamos con él, se queda muy pegado a lo que somos. Por tanto, tenemos que respetar nuestro cuerpo. No es un escaparate, no es un medio para presumir. Es la parte de la persona que nos permite relacionarnos, amarnos y entregarnos.
De esta manera tenemos que mirar el cuerpo de nuestro/a esposo/a. Como el medio que Dios nos ha dado para poder hacernos uno en la carne, expresar nuestro amor, decirnos “te quiero”, conocernos, mirarnos… El cuerpo expresa a la persona.

San Beda: Los demonios confiesan al Hijo de Dios; por eso después se dice: «Sabían que Él era el Mesías»… No persuadió a los judíos a que lo crucificasen porque creyera que no era el Hijo de Dios, sino porque no previó que él mismo sería condenado por su muerte.
Acerca de este misterio, oculto desde la eternidad, dice el Apóstol (1Co 2,8), «que ningún príncipe de este mundo le ha conocido, porque si le hubieran conocido, nunca hubiesen crucificado al Dios de la gloria».

Comentamos: Los demonios conocían el poder de Cristo en la Carne. Lo que no sabían, pues era parte del misterio de Dios desde toda la eternidad, es que con la muerte de Cristo, su Carne iba a adquirir un poder infinito. A partir de su muerte, el cuerpo de Jesús es entregado a todos para que nos toque, increpe nuestro mal y nos salve día a día. Desde que Cristo se hace Eucaristía, el Demonio está perdido.

Lo que menos quiere Satanás es que oremos juntos, el matrimonio y la familia, porque sabe el poder de la oración. Por eso pone tanta dificultades. Lo que menos quiere Satanás es que vayamos juntos a la Eucaristía, que unamos al ofertorio nuestra entrega conyugal. Satanás sabe que como hagamos eso, está perdido. Cristo nos toca y ordena a los demonios que se callen, que no proclamen al Mesías, porque nos presentarán un dios falso.

La supremacía y el poder de Dios sobre el Demonio es indiscutible. ¿Por qué no nos apoyamos en Él?.

Oramos con el Salmo: El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: él modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones.

Esposos con un solo Espíritu. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 4, 31-37

Esposos con un solo Espíritu.

El Evangelio de hoy lo comentaremos haciendo una reflexión de la primera lectura en clave matrimonial:

(de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, l0b-16)

“Hermanos:
El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. ¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él?
Comentamos: ¿Quién puede conocer al esposo (varón) sino la esposa y viceversa, cuando ambos están llamados a ser un solo espíritu?

Pues, lo mismo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo, es el Espíritu que viene de Dios, para que tomemos conciencia de los dones que de Dios recibimos.”

Comentamos: Este Espíritu es el que nos unió en Matrimonio. Si no dejamos que nos una en nuestra vida Conyugal ¿Qué nos unirá?

Sigue la lectura: “Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu, expresando realidades espirituales en términos espirituales. A nivel humano, uno no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu.”

Comentamos: El hombre y la mujer somos muy distintos. Tenemos gustos distintos, vivimos experiencias distintas casi incompatibles. ¿Cómo hacer de esas experiencias y estos gustos uno solo? ¿Cómo hacerse un solo corazón si no entendemos nuestros lenguajes? Cambiando ambos nuestro lenguaje en un lenguaje común.

Sigue la lectura: “En cambio, el hombre de espíritu tiene un criterio para juzgarlo todo, mientras él no está sujeto al juicio de nadie.”

Comentamos: Cuando nuestro juicio deja de estar sujeto al juicio de uno o del otro y pasa a estar sujeto al juicio de Dios, de su Palabra, de su Evangelio, empezamos a hablar un lenguaje común que enriquece nuestros convencimientos sesgados y viciados y los purifica, los diviniza.

Sigue la lectura: “«¿Quién conoce la mente del Señor para poder instruirlo? » Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.”

Comentamos: Cada vez más, nuestros deseos coinciden con los de Cristo. Nuestras pasiones se someten a Cristo. Nuestro amor es el de Cristo. Nuestras esperanzas apuntan a Cristo. Vivimos nuestro matrimonio por Cristo, con Él y en Él.

BRUTAL!!

Oramos con el Salmo: Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

El canal de la Gracia. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 4, 16-30

El canal de la Gracia.

Hoy, Jesús, vienes a anunciar el Evangelio a los pobres.

El pobre de Espíritu, según palabras de JPII “es el que está dispuesto a usar con generosidad sus propios bienes en favor de los necesitados”.
Los judíos, acogieron el mensaje con admiración, hasta que les hablaste de algo que no estaban dispuestos a aceptar. Compartir el Reino con los que no eran judíos. Y es entonces cuando te rechazan.

Hoy pensamos en lo que nos preguntas: ¿Qué hay en mí, que me impide ser pobre de Espíritu? O lo que es lo mismo ¿Qué parte de la buena noticia de la comunión en el matrimonio, es la que no acepto?. ¿Son mis ideas?, ¿Mi constancia?,,¿Mis diferencias con él/ella?, ¿Es la defensa de mi imagen o de mi supuesta “dignidad”?… ¿Es que busco su admiración?…

Señor, cuánto nos cuesta escucharte en el otro. Cuánto le cuesta al mundo entender que Tú hablas a través de nuestro cónyuge. Que somos ministros de Tu Gracia el uno para el otro, una Gracia que recibimos a través del Sacramento del Matrimonio. Cuánto le cuesta al mundo entender que Tu voluntad está en obedecernos mutuamente, en agradarnos, en mirarnos con infinito respeto y admiración. A veces nos cuesta menos creer a otros. Cuántas veces nos ha tenido que decir nuestro/a esposo/a: “¿ahora lo crees porque te lo ha dicho fulano….? Pero si te lo llevo diciendo yo mil años!” Y con razón. Señor que escuche a mi esposo/a, que crea que tu Gracia viene a través de él/ella y de su relación conmigo. Que Tú la has puesto a mi lado, como ayuda adecuada para llegar hasta ti.

¿Qué hay por ahí, que me impide acoger el Evangelio en mi comunión con mi esposo/a? En esos momentos, ¿no estoy dispuesto a dar todo lo que tengo en favor de sus necesidades? ¿Rechazo a Cristo?

Señor, que ame con Tu amor, que el mío está enfermo.

Hoy es nuestro aniversario de bodas. 24 años. Te damos gracias, Señor por haber hecho todo nuevo en nuestra unión. Te damos gracias por este hermoso don de mi esposo, de mi esposa, y por una unión que avanza hacia la plenitud día a día.

El Espíritu del Señor, está sobre Ti, y has venido a anunciar el año de gracia del Señor.

Hoy es nuestro aniversario de bodas. 24 años. Te damos gracias, Señor por haber hecho todo nuevo en nuestra unión. Te damos gracias por este hermoso don de mi esposo, de mi esposa, y por una unión que avanza hacia la plenitud día a día. ¡Bendito y alabado seas por siempre, Señor!

Las tres llaves de la libertad. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 16, 21-27

Las tres llaves de la libertad.

Las pautas que nos da Jesús hoy tienen relación directa con nuestro compromiso matrimonial:
– Niéguese a sí mismo: Es el “yo me entrego a ti”. Porque nadie se puede entregar si antes no es dueño de sí mismo. Para ello, debemos ser dueños de nuestras pasiones, nuestros egoísmos, libres…
– Coja su cruz: Es “prometo serte fiel en… la enfermedad y… en las penas”. Reconocer que sólo se demuestra el amor si se es fiel en el sufrimiento.
– Y me siga: Es el “todos los días de mi vida”. Es el camino que hacemos día a día tras Jesús.

Cuando somos víctimas de una injusticia en nuestro matrimonio, sentimos la imperiosa necesidad de reclamar justicia, defendernos, explicarnos, lavar nuestra imagen. Ej. “Hay que ver que no piensas nada en mí.” ¿Quién calla después de una sentencia así? ¿Qué es lo que me hace tropezar para no pensar como Dios?

Cristo nos dice que cojamos su cruz y le sigamos. La cruz en la época de Jesús era algo denigrante. Se imponía a los bandidos y a los marginados. Tomar la cruz y aceptarla detrás de Jesús, era lo mismo que aceptar ser marginado por un sistema injusto. Cada vez por ejemplo que el esposo (o esposa) toma una decisión sin contar conmigo… o que actúa una y otra vez en contra de mis decisiones… ¿No son situaciones un tanto denigrantes?

El mensaje de Jesús es también el resumen del comportamiento cristiano:

Lo primero que propone Cristo es negarse a sí mismo. ¿Por qué? Tenemos una casi incontrolable tendencia al egoísmo, a la vanidad y al orgullo. Estos desórdenes nos aprisionan y nos quitan la libertad. Nos hacen actuar como no queremos y aunque inicialmente parece que producen cierta satisfacción, nos provocan infelicidad y falta de paz. No llegarás muy lejos ni en las cosas de los hombres, ni en las cosas de Dios, si haces de tu propio juicio el pedestal sobre el que asentar tu propio monumento. Ese “pues yo pienso que deberías…” no puede ser nuestro becerro de oro, un pedestal que impide la comunión conyugal. Por lo tanto, lo primero es luchar día a día para negarnos en estas tendencias para ser más libres y gozar de la común unión con Cristo. Seguramente tendré mucho que aprender de lo que piensas tú y de lo que piensa Él.

Lo segundo, es que tomemos la cruz. Veamos qué dice el catecismo en relación a esto:

618 “La Cruz es el único sacrificio de Cristo … Él quiere en efecto asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios …”

Nos quiere hacer partícipes de Su redención. El que no coja su cruz también va a sufrir: Vamos que, aguantar al esposo (genérico) cuando está insoportable, no nos lo quita nadie. En cambio, si no lo vivimos como la cruz de Cristo lo sufriremos más, porque no vivimos una esperanza sino una resignación, y si nos enfrentamos a él/ella padeceremos el vacío de un mundo que no satisface. En la cruz se sufre, pero ese sufrimiento tiene sentido, Cristo comparte con nosotros la oportunidad de que nuestro sacrificio sea redentor, sea por amor. La cruz aunque parezca contradictorio es camino hacia la Vida, por este camino se obtiene la gloria del Padre, en la que cada uno participará según lo realizado en esta vida.

Por último, seguirle. Entre las cosas que más nos enamoran de Cristo, está su deseo de agradar siempre al Padre, viviendo sólo para hacer su voluntad. Actuemos así con nuestro/a esposo/a a imitación de Cristo.

Oramos con el Salmo: Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.