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Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 6, 12-19

Como cuando éramos novios.

Hoy vemos a Jesús que pasa toda la noche hablando con el Padre.
¡Cuánto amor! Eso parece que sólo lo harían unos recién ennoviados. ¡Cuánto tenemos que hablar los esposos entre nosotros y juntos con el Padre!.
¿Alguna vez os habéis quedado sin dormir por aprovechar para hablar y estar juntos? ¿Cuánto hace de eso?

Hoy Cristo es un ejemplo para nuestro amor de comunión: el diálogo, la escucha, la obediencia, entrega… Todo esto nos lo enseña hoy.

Cristo y el Padre hablaban de nosotros de ti y de mí… De los que le seguían entonces… Y de entre todos ellos eligieron una representación del hombre: el traidor, el amigo fiel, el vanidoso, celoso y apasionado…

Ya sabía que uno le traicionaría y otro le negaría… conocía muy bien la debilidad del hombre por eso vino, para salvarnos. Dios nos dio vida en Él, perdonándonos todos los pecados. ¿Por qué no aceptar nuestras culpas? ¿por qué no aceptar las debilidades de mi esposo/a? ¡Bendita humildad!

Así que ya que hemos aceptado a Cristo Jesús, el Señor, procedamos según Él: dialogando con nuestro esposo (genérico), escuchándole, obedeciéndole, entregándonos… dejándonos construir. Te lo pedimos Señor.

Muéstranos la importancia que tiene hablar contigo, tocarte, porque hay han fuerza que sale de Ti y lo cura todo.
Gracias, Señor, por estar en la Eucaristía, donde podemos tocarte.

Donde lo divino se casa con lo humano. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 1, 18-23

Donde lo divino se casa con lo humano.

Jesús significa en Hebreo “Dios Salva”.

(Texto extraído en gran parte del comentario de Mons. Munilla sobre el Catecismo el día de la Inmaculada)

Los caminos de la inocencia y de la penitencia:

Dios nos salva por dos caminos, el camino de la inocencia y el de la penitencia. El camino de María es el perfecto camino de la inocencia, desde el que ha sido dócil a la gracia de Dios. Hay otras personas que también se han salvado por este camino, una vez limpiados del pecado original: Es el caso de Santa Teresita de Lisieux que decía no tener conciencia de haber actuado nunca en contra de la voluntad de Dios.

A nosotros nos toca claramente el camino de la penitencia. Aun así, Dios también nos salva por preservarnos de los pecados. Por eso no podemos jactarnos ni vanagloriarnos de aquellos pecados que no cometemos, porque ha sido la gracia de Dios la que nos ha preservado de ellos. Hay un refrán que dice: A veces Dios puede “castigar” la soberbia encubierta con pecados torpes patentes. A veces Dios permite (más que castigar) que caigamos en pecados más ostensibles y escandalosos para que seamos más humildes, que no miremos a nadie por encima del hombro.

Nosotros también somos preservados de muchos pecados, y tenemos que dar gracias a Dios por ello.

María es modelo de pureza y castidad:

La concepción de Jesucristo no fue virginal porque la sexualidad sea mala o impura. La sexualidad es santa como todo lo que ha salido de las manos de Dios y forma parte de su plan. Jesús fue concebido virginalmente porque convenía a su naturaleza divina. Es verdadero hombre y por eso nació de las entrañas de María, pero también es verdadero Dios y por eso fue concebido por concurso del Espíritu Santo.

CIC 2337 “La castidad (y la pureza) significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual.”
Es decir, la castidad es la integración de la sexualidad en la vocación de cada uno.

Dios creó al hombre de forma que el cuerpo fuese expresión de su interioridad. El cuerpo es el espejo del alma. El pecado, separa el amor de lo corporal por la distorsión que introduce n el corazón del hombre. El cuerpo llega a ser algo que nos aparta del interior del ser humano para ser algo que suscita nuestras pasiones. La dignidad de la sexualidad consiste en volver a darle al cuerpo el sentido que tiene de expresión del alma de la persona.

María es por tanto símbolo de la pureza y de la castidad, Maria es canal de las gracias derramadas por Dios para con nosotros: ¡alegraos os ha nacido el Salvador! El Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Dios está con nosotros gracias a Maria.
¿Y tú? ¿Al igual que María dejas que Dios esté con vosotros en vuestro matrimonio, siendo símbolo de pureza y castidad conyugal, canal de la gracia de Dios?
Proclamemos con Maria las grandezas del Señor, que se alegre nuestro espíritu en Dios nuestro Salvador, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por nosotros.

En Cristo encarnado se unen dos cosas, lo divino y lo humano, en nuestro matrimonio debe ser así, si no, no le dejaremos a Dios construir nuestro amor, no le dejaremos estar vivo entre nosotros y hacer obras grandes. En los santos y especialmente en la Virgen María, tenemos una religiosidad equilibrada, que glorifica a Dios a la misma vez que dignifica al hombre. Dios hace al hombre santo, Dios hace el matrimonio santo, por tanto, cuanto más creemos en Dios, mas es Él el centro de nuestro corazón y nuestro hogar, más dignifica y santifica nuestro matrimonio. En María vemos el lugar en que lo humano y lo divino se desposaron. En Jesús se ha casado la humanidad con la divinidad.

Una anécdota: Sobre la bandera azul con esas 12 estrellas doradas que representa a Europa. Cuando en 1949 se instituyó en Estrasburgo el primer consejo de Europa se convocó un concurso artístico para elegir el modelo de la bandera común. De los 101 proyectos que se presentaron, en 1955 se eligió el elaborado por un ferviente artista católico. La inspiración fue la de plasmar el pasaje bíblico del apocalipsis: Una corona de 12 estrellas sobre su cabeza sobre fondo azul. Él no reveló la auténtica inspiración. Precisamente un 8 de diciembre, día de la Inmaculada, en una votación del Consejo de Europa la votaron por unanimidad sin saber su verdadero sentido.

Por mucho que queramos negar a Dios o apartar a nuestra Madre, ella será siempre nuestra bandera, siempre será Madre de una manera gratuita. Así es Cristo, la raíz de nuestra cultura, así es María, Madre de nuestras raíces y nuestra cultura aunque no se le quiera reconocer.

Oramos con el Salmo: Desbordo de gozo con el Señor. Porque yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio. Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

La corrección entre Esposos. Comentario Evangelio para Matrimonios: Mateo 18, 15-20

La corrección entre Esposos.

Los esposos tenemos normalmente el terrible “vicio” de corregirnos constantemente el uno al otro. A veces en voz alta, a veces lo pensamos en nuestro interior. Es una fea costumbre que no ayuda al bien común, ni a ver lo bello y lo bueno del esposo/a, ni siquiera a mejorar nuestra relación o cualquier tipo de bien común. Varios problemas con este tipo de actitudes:

– Juzgamos la manera de actuar del otro desde nuestro criterio. ¿Estamos seguros al 100% de que coincide con el criterio de Dios?
– Normalmente buscamos en la corrección nuestro propio beneficio, aunque sólo sea salirnos con la nuestra.
– Las formas no suelen ser las adecuadas. Digamos que la delicadeza no abunda en estas circunstancias.
– A veces nosotros mismos hacemos cosas peores y probablemente no somos conscientes de ello. O puede ocurrir que nuestra exigencia con el esposo (genérico) sea muy alta y en cambio en nuestras acciones haya cierta relajación.
– No hacemos como Cristo, ofrecer: Si quieres… Dejamos poco margen a la libertad personal.
– Guardamos el histórico de veces que hemos realizado esa misma corrección.
– El orgullo suele estar bastante presente: Ej. Si algún día se da cuenta de su falta, nos puede incluso dar cierto coraje de que lo haya descubierto a través de otro “después de la cantidad de veces que se lo he dicho”…

Es decir, nuestro modelo de corrección deja bastante que desear. San Agustín nos dice a este respecto: «Debemos pues, corregir por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda… ¿Por qué le corriges? ¿Por qué te ha molestado ser ofendido por él? No lo quiera Dios. Si lo haces por amor propio, nada haces» (Sermón 82)

Sin embargo, el cristiano está obligado a realizar la corrección fraterna. Dice también San Agustín: «Si le dejas estar, peor eres tú; él ha cometido un pecado y con el pecado se ha herido a sí mismo; ¿no te importan las heridas de tu hermano? Le ves perecer o que ha perecido, ¿y te encoges de hombros? Peor eres tú callando que él faltando» (Sermón 82).

La primera pauta a seguir, es que la Corrección Fraterna es inseparable de la Caridad, y ya lo decía San Pablo: «Aunque hablara la lengua de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe… Por tanto, sin Caridad, no es posible la corrección. Simplemente, no sirve.

¿Qué idea nos debe mover a corregir al esposo?

En primer lugar, porque somos co-redentores el uno del otro. A imitación de Cristo Esposo, tenemos la obligación de entregarnos por nuestro esposo (genérico) para su salvación, para su santificación. Si mi esposo (genérico) se está desviando del camino hacia Dios ¿No voy a hacer nada?. Por otra parte, por designio divino, soy su “ayuda semejante a él/ella” y eso me compromete, me obliga.

En segundo lugar, porque nos une más: ‘He aquí por qué el Señor, después de haber sancionado como obligatoria la corrección fraterna, añade: «Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.» Pues, en efecto, es muy cierto que del escuchar en estas circunstancias surge siempre una viva y cristiana amistad, o se consolida y se hace todavía más profunda y auténtica la amistad ya existente. Las advertencias escuchadas, aceptadas y agradecidas son siempre vínculos de unión para toda amistad que se levante al nivel de la amistad cristiana. Ganar y ser ganados de este modo por los demás significa hacer sentir el soplo del espíritu evangélico en nuestras relaciones y en nuestras amistades.’ (Catholic.net)

La tentación puede ser la de “no desagradar”. ‘Pensemos que el deber de la corrección fraterna nos recuerda que no siempre el miedo de desagradar a los demás es cosa buena. … es elevado el número de los que ven a sus amigos en el error o en el pecado, o a punto de caer en uno o en otro, …y no mueven un dedo para evitarles estos males. ¿Concederíamos a quienes de tal modo se portasen con nosotros, el título de amigos? Ciertamente, no. Y, sin embargo, suelen hacerlo para no desagradarnos. «Por no desagradar» se pueden ocasionar así a los amigos -a nuestro prójimo- auténticos males…’

Por un lado puede que no le digamos a la cara sus faltas por no desagradarle y por otro, puede ser que con mucha facilidad le critiquemos en nuestro interior o delante de otros, o incluso que se lo digamos con saña en una discusión, signos evidentes de que lo de «no desagradar» al interesado es una tentación que nos impide hacerle un bien.

Algunas recomendaciones para realizar la corrección adecuadamente, pueden ser:
– El que realiza la corrección debe considerar, con humildad su propia indignidad, reconociéndose pecador en la presencia de Dios y hacer examen sobre sus propias faltas. Recordar que actuamos no en nuestro propio nombre, sino en nombre de Dios: Representando el Auxilio que Dios Padre es para el esposo.
– Antes de realizar una corrección, por tanto, conviene pedirle luces al Espíritu de Dios para encontrar el mejor modo de llevarla a cabo.
– Que la falta revista la gravedad suficiente como para que deba realizarse la corrección. Una corrección constante pierde su efectividad y además no es a lo que estamos llamados.

¿Y si el/la corregido/a soy yo?
Si nos han corregido y nos ha parecido «intolerable» lo que nos han dicho, quizá sea conveniente meditar en las palabras anteriores de San Cirilo: «La reprensión, que hace mejorar a los humildes, suele parecer intolerable a los soberbios» (Catena Aurea, vol. VI)

Recibiendo la corrección recibimos un tesoro: Si escuchamos a los demás cuando vengan a nosotros movidos por ese espíritu evangélico, por esa caridad cristiana, ejercitaremos, sobre todo, la virtud de la humildad, pues ninguna otra virtud dispone la mente como ésta para conocer la verdad y el corazón para recibir la paz. Y con la verdad y con la paz nos será más fácil enderezar, con la ayuda de Dios, nuestros senderos, y allanar el camino de nuestra vida moral. De tales disposiciones interiores aflorará muy pronto un sentimiento de viva gratitud hacia aquel hermano nuestro que toma tan a pecho nuestros problemas y la rectitud de nuestra vida; con lo que surgirán nuevos vínculos para una nueva amistad, hecha de leal sinceridad y de gratitud cordial.

Por último, una reflexión: ‘Si nos fuese dado ver el alma de aquel que, siguiendo la palabra de Cristo, cumple el deber de la corrección fraterna, quedaríamos conquistados por la grandeza y por la armonía de los sentimientos que en aquel momento ocupan su corazón, cuando se dispone a satisfacer el dulce mandato de la caridad fraterna. En aquel alma podríamos leer la firme delicadeza de la caridad, la limpia profundidad de una amistad que no retrocede ante un deber que ha de cumplirse, y la fortaleza cristiana, que es sólida virtud cardinal.’ (evangeli.net)

Si queréis leer algo más sobre el tema, os dejamos este link de evangeli.net, de donde hemos seleccionado varias ideas y copiado algunos párrafos:
http://www.es.catholic.net/temacontrovertido/331/1607/articulo.php?id=6675

Oramos con el salmo: Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Un día de descanso. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 5, 33-39

Un día de descanso.

La ley del sábado, era uno de los 2 mandamientos principales de la Ley de Dios. (del Catecismo: CEC 2169) La Escritura hace a este propósito memoria de la creación: “Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado” Por tanto es un día dedicado a Dios en memoria de su creación.

A éste, se unen otros motivos que aparecen en los siguientes números del CEC:
2172 La acción de Dios es el modelo de la acción humana. Si Dios “tomó respiro” el día séptimo (Ex 31, 17), también el hombre debe “descansar” y hacer que los demás, sobre
todo los pobres, “recobren aliento” (Ex 23, 12). El sábado interrumpe los trabajos cotidianos y concede un respiro. Es un día de protesta contra las servidumbres del trabajo y
el culto al dinero (Cf. Ne 13, 15-22; 2 Cro 36, 21).

Por tanto, se unen los dos motivos principales: La alabanza a Dios por la creación y el descanso, pues en la época del cautiverio en Egipto, la gente trabajaba los 7 días de la semana y no tenía tiempo para meditar ni celebrar juntos su fe. Era necesario que tuviesen un día de descanso y lo dedicasen a Dios, para no perder la fe.

Hoy sigue siendo así. Necesitamos salir un día del mundanal ruido, de la rutina, de “las cosas de este mundo”, para reflexionar sobre la Palabra de Dios, sobre nuestra vida, para hablar con nuestro esposo/a, mirarnos a los ojos. Es triste que las cosas mundanas se coman hoy día también nuestro día de descanso, nuestro día del Señor.

No obstante, Cristo vino a dar plenitud a este concepto, y con su resurrección se instituye un nuevo día de descanso, el día primero, el domingo. Cristo nos enseña que la ley del descanso no es una norma que esté por encima del amor, sino que el día del Señor, es el día del amor. El amor debe reinar y estar por encima de todo, las circunstancias que requieran de nuestra compasión y la misericordia, están por encima de cualquier norma.

El domingo, plenitud del sábado
2175 … Los que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado a la nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día del Señor, en el que nuestra vida es bendecida por Él y por su muerte. (S. Ignacio de Antioquía, Magn. 9, 1).

Necesitamos tener un tiempo para Dios (sobre todo en la Eucaristía dominical imprescindible) y un tiempo para alimentar nuestro matrimonio, en definitiva, dedicarlo a Dios a través también de nuestro amor que nos lleva a Él. De lo contrario, perderemos nuestra fe y se perderá nuestro amor de esposos.

Oramos con el Salmo: Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.

Los misterios del ayuno. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 5, 33-39

Los misterios del ayuno.

La venida del Salvador era una auténtica y permanente fiesta. Ayer vimos una película (“Agosto” de John Wells), sobre una familia en la que se hacían continuos reproches unos a otros. Entrábamos en un estado de angustia a medida que se iban sumando las quejas y sembrando el dolor. Primaba la ley del más fuerte. Como decía uno de los invitados que contemplaba tales escenas: “Vuestro problema es que no respetáis a las personas”.
Al terminar de ver la película, nos dimos las gracias el uno al otro por haber acogido a Cristo, porque nuestra vida podría asemejarse bastante a esa que acabábamos de “sufrir”.

Por tanto, la venida de Cristo, la experimentamos en nuestra vida como una ¡¡fiesta!!. Gracias a Él, nuestra vida ha cambiado drásticamente. En nuestro hogar reina la voluntad de Dios, en nuestro interior reina la paz y nuestra mirada del uno al otro es (normalmente) de admiración y casi reverencia del uno al otro como hijos en el Hijo. Entendemos perfectamente que los apóstoles no pudiesen hacer ayuno mientras convivían con el Señor.

Sin embargo, el ayuno es muy importante para los matrimonios cristianos. Tanto el ayuno como cualquier tipo de ascesis o penitencia, se corresponde con el esfuerzo humano que responde a la gracia de Dios, y es el medio por el cual el hombre se dispone y purifica su vida para que en ella se desarrolle en plenitud la vida Divina. Penitencia es, como nos dice el Papa San Juan Pablo II en Reconciliación y Penitencia, “todo aquello que ayuda a que el Evangelio pase de la mente al corazón y del corazón a la vida”.

Añadimos aquí un comentario de Mons Munilla en relación al Ayuno:
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Libres para abrazar la voluntad de Dios

A diferencia de algunas filosofías orientales, el ideal cristiano no es el mero “autodominio”. El ayuno cristiano persigue la libertad interior, necesaria para poder descubrir y abrazar la voluntad de Dios –en definitiva, para la conversión-, verdadera fuente de felicidad para cada uno de nosotros. Así lo expresa el Papa (Benedicto XVI) en su carta: “El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el «alimento verdadero», que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4, 34)”.

Me permito ilustrarlo con un ejemplo: Supongamos que un individuo fuese trasladado a la mitad de una pendiente muy inclinada. Una vez allí, se plantea si el camino correcto es el de subida o el de bajada. Es verdad que el libre albedrío del que está dotado, le permite tomar cualquiera de las dos opciones. Pero, sin embargo, no es menos cierto que la dificultad de la subida, especialmente si no está ejercitado en el esfuerzo de la ascensión, puede llegar a condicionar en gran medida su discernimiento. ¡La probabilidad de hacer coincidir su elección con la opción más fácil, es muy grande!

Pues bien, el ayuno cristiano es un ejercicio voluntario de renuncia, que persigue el crecimiento en la libertad interior, necesaria para la búsqueda de la verdad y del bien en nuestra vida. Sólo así podremos “conducirnos” hacia el cumplimiento de la voluntad de Dios, sin ser arrastrados por la ley de la… “gravedad”.
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El ayuno es, por un lado cómo al voluntad se entrena con la renuncia a cosas buenas para en su momento poder rechazar las malas (como ya hemos visto) y por otro lado, ejerce una acción misteriosa, que permite al alma abrirse de una manera particular a la Gracia y a la presencia de Dios. Parecería como si el hambre corporal se fuera convirtiendo en hambre de Dios.

Ahora bien, para que esto se realice, el ayuno debe estar unido a la oración. Sin oración, el ayuno se convierte en dieta o en autodominio (como decía Mons. Munilla) que poco o nada ayuda a la vida espiritual.

Recuerda también que es una obra del Espíritu Santo, por lo que no esperes resultados como si a cada acción hubiera una reacción. A veces un pequeño esfuerzo de nuestra parte corresponde una inmensa gracia de Dios y viceversa. De lo que sí podéis estar seguros, es que al iniciaros en el ayuno os abriréis a la santidad y vuestra vida cambiará radicalmente. El ayuno es el camino a la perfección.

Y cuánto unirá a un matrimonio practicar juntos el ayuno, unidos por una causa común. De la misma manera que ayunaron los discípulos cuando enviaron a Bernabé o a Saulo, o cuando eligieron al apóstol que sustituyó a Judas… porque donde dos o más están reunidos en nombre de Jesús… El ayuno con oración intercesora es oración con autoridad a su más alto nivel. Dice San Pablo (1ª Corintios) “Los casados de mutuo acuerdo pueden abstenerse de tener relaciones con el fin de dedicarse a buscar al Señor durante estas jornadas de oración y ayuno, con mayor razón si la intención del mismo es la paz en el hogar, necesidad de bendiciones espirituales y salud para alguno de ellos.”

Oramos con el Salmo: Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.