Sólo un 10%. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 17, 11-19

EVANGELIO
¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19
Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo:
«ld a presentaros a los sacerdotes».
Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
– «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor.

Nota: ProyectoAmorConyugal organiza un retiro para matrimonios y familias en Madrid, entre los días 21 y 23 de octubre. Pedimos vuestras oraciones.

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Sólo un 10%.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Diez quedaron limpios de su lepra, pero sólo uno quedó salvado por su fe: El que volvió para dar gloria a Dios.
Hay una cita de Chesterton que dice: «Una vez al año agradecemos a los Reyes Magos los regalos que nos encontramos en los zapatos, pero nos olvidamos de dar las gracias todos los días a Dios que nos ha dado los pies para meterlos en ellos».

Dios me lo ha dado todo, menos el pecado. ¡Todo! Muchas cosas que aún no conozco, otras que no aprecio suficientemente y que vivo gracias a ellas de la manera más natural, como el que camina inconsciente de que ha recibido dos pies para andar.

Sin embargo, estamos muy atentos a lo negativo, a lo que nos falta. A aquellos leprosos les faltaba la salud y se acordaban de Dios. Son curados y de repente se olvidan de Él.

Ahora te proponemos que te vuelvas al Señor y le agradezcas todo lo que te ha dado y ha hecho por ti con tu propia oración de acción de gracias:

Señor, soy testigo de que me has curado, de lo que has hecho en mí, en nosotros. Somos testigos de tu fuerza y tu bondad. Deseo que todos experimenten que estás vivo y das vida.

Alabado seas Señor mío y Dios mío porque has creado un mundo hermoso para que habite en él y me has dado poder sobre él, porque no te he respondido y Tú me has salvado, gracias porque has creado a mi esposo para mí y para que me ayude a ir a ti: Un hijo Tuyo que pones a mi lado para que se haga uno conmigo. Debería tomar conciencia de tal don y tratarlo con más delicadeza. También nos has bendecido con nuestros hijos, nos has mostrado tu sabiduría para caminar por sendas rectas y me perdonas y levantas cada vez que tropiezo. Gracias por hacerte hombre como yo para poder enseñarme a caminar como hijo y esposo, gracias por entregarte y sufrir por mí para salvarme, y para hacer posible nuestro amor de comunión. Gracias por darme a tu Santa Madre ¡Qué don más hermoso! Una madre Santa que me protege, intercede, me guía y aconseja, sufre por mí con entrañas de Madre… En fin, es una lista tan larga de agradecimientos que no tengo derecho a estar triste.

Gracias Señor por mostrarme tu amor con tanta generosidad. No hay con qué darte gracias, pues eres tan inmenso e infinito… Sólo puedo postrarme ante tus pies, como el leproso curado de hoy y darte gracias por curarme a mi cada día de mi lepra.

¿Cómo te podré pagar? Alabado seas por siempre, Señor.

Lo que me hace feliz. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 27-28

EVANGELIO
Bienaventurado el vientre que te llevó. Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
-«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
-«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Palabra del Señor.

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Lo que me hace feliz.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Es verdad que puedes llevar a Jesús en tu corazón, pero desde un sentimentalismo. Pero Dios es Dios y es el que es, no el que yo quiero que sea. La única manera de llevar verdaderamente a Jesús es escucharle y hacer lo que me dice. Podría seguir una fe llena de actividades que me hagan sentir bueno, y a lo mejor Dios quiere de mí otra cosa. No puedo vivir mi fe en las nubes, sino en mi vida concreta.

Así, podría repasar el Evangelio y plantearme si lo estoy siguiendo, porque si no soy feliz en mi matrimonio es porque algo me falla. Cuando doy ¿No sabe mi mano izquierda lo que hace mi derecha? ¿Me basta con las penas de cada día? Lo que deseo para mí ¿Lo hago para mi esposo? ¿Le juzgo? ¿Oro por él/ella en los momentos de enemistad? ¿Le presento la otra mejilla? ¿Cómo puedo amar a Dios a quien no veo si no amo a mi esposo a quien veo?, etc. Si no hago todo esto, ¿Cómo pretendo tener un matrimonio feliz?

Por eso María, no es tanto dichosa por haber llevado a Cristo en su seno, sino por haber sido fiel a Dios.

Madre:
En este Evangelio se cumple aquello que decías en el Magníficat “Desde ahora me llamarán Bienaventurada todas las generaciones”. A pesar de los elogios que te dedica Jesús, no te ahorró ni un ápice de sufrimiento y de dolor. Eso sí, por ello no dejaste de ser Bienaventurada, pues en esas circunstancias también escuchaste la Palabra de Dios y la pusiste en práctica. Por eso, no es más feliz el que menos sufre, sino el que más sigue al Señor con su cruz a cuestas. Bendita Madre, damos gracias por todos los dones que Dios nos entrega a través de ti.

De poder a Poder. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 15-26

EVANGELIO
Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, es que el reino de Dios ha llegado a vosotros

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 15-26
En aquel tiempo, habiendo expulsado Jesús a un demonio, algunos de entre la multitud dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.
Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice:
«Volveré a mi casa de donde salí.»
Al volver, se la encuentra barrida y arreglada.
Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí.
Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio».

Palabra del Señor.

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De poder a Poder.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Sólo hay dos poderes, dos fuerzas enfrentadas. El poder de Dios y el poder de Belzebú.
¿Cómo saber con cuál de ellos colaboro? Está claro que sabiendo diferenciar el bien del mal. Pero no siempre es tan fácil, pues Satanás es el maestro del engaño. Ese es “el arte de Belzebú”.

Belzebú trata de que el hombre se autodestruya y provoca en el matrimonio eso que define Jesús como “Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa”. El Demonio me seduce para que vaya contra mi esposo creyendo que con ello defiendo mi dignidad y no me dejo pisotear, me hace creer en defender mis razones… Sin embargo, yendo contra mi esposo estoy yendo contra mí mismo, porque mi matrimonio será un “reino dividido contra sí mismo que va a la ruina y cae casa sobre casa”.

Por el contrario, si echo demonios de mi matrimonio con el dedo de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a nuestro matrimonio. Puedo echar los demonios de mi orgullo, mi egoísmo, mi pereza, mi soberbia, mi falta de caridad, mi falta de misericordia, mi falta de delicadeza, mi falta de comprensión… Si confío en mis fuerzas y en mi poder, puede llegar otro más fuerte (el Demonio, mis pasiones o el mundo), asaltarme, vencerme y repartir el botín: Mi esposo con otro, hijos a tiempo parcial, mi amor destruido, mi vida deshecha y mi vocación a la santidad corrompida.

¡No! No me puedo confiar. He visto demasiados matrimonios que no pensaban llegar al nivel de destrucción a que han llegado y sus vidas y las de sus hijos han quedado rotas. Así que tengo que “recoger” con el Señor. Recoger a mi familia en torno a Él y tapar todos los huecos de nuestro corazón con la gracia de Dios a base de oración, sacramentos, Su Palabra, aprender sobre la Verdad revelada, ponerla en práctica… Para que los espíritus inmundos no tengan cabida en nuestro pequeño trocito del reino de Dios.

Hace unos días el Papa decía que el Matrimonio es la cosa más bella creada por Dios ¿Es así el mío?.

Madre:
Quiero cuidar el amor de mi esposo, quiero mimarle para que se sienta unido a mí, para que desee estar conmigo. Ya lo decía San Pablo: “El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia”. Quiero que mi matrimonio sea la cosa más bella del mundo. Ayúdame a construirlo con las armas de Dios. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Protagonista de mi vida. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 5-13

EVANGELIO
Pedid y se os dará

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 5-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos:
-«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:
«Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle»; y, desde dentro, aquel le responde:
«No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos»; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?».

Palabra del Señor.

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Protagonista de mi vida.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Pedid y se os dará, insiste hoy el Señor, y su Palabra es la Verdad.

A veces puedo quejarme de que el Señor no me da lo que pido, y la respuesta puede que me la dé el Santo Cura de Ars en su Sermón sobre la Oración dice «Podéis pedir cosas temporales… mas siempre con la intención de que os serviréis de ellas para gloria de Dios, para salvación de vuestra alma y la de vuestro prójimo; de lo contrario, vuestras peticiones procederían del orgullo o de la ambición; y entonces, si Dios rehúsa concederos lo que le pedís, es porque no quiere perderos.»

La primera intención debe ser para dar gloria a Dios, después por los demás, especialmente por mi esposo y por mis hijos, y por último peticiones para mí. Sin embargo, es posible que el Señor no me dé perfecciones para no aumentar mi propio orgullo. Al fin y el cabo, que yo alcance una virtud que me falta ¿No es algo temporal?. No me salvará el número de virtudes que alcance, o lo perfecto que esa, porque eso será obra y mérito del Espíritu Santo, aunque requiera de mi esfuerzo. Lo que me salvará es la gracia de Dios y mi amor a Él, en la medida en la que luche por serle fiel.

Quizás es que me creo protagonista de las cosas. Me creo que yo consigo esta o aquella virtud, y no es cierto. Todo es obra del Espíritu Santo. Contemplo a María en la Anunciación y me pregunto ¿Quién decidió que fuera creada sin pecado? ¿Quién decidió que fuese la Madre de Dios? ¿Quién la llenó de gracia? ¿Quién la cubrió con su sombra?… El Espíritu Santo. Y ¿Cuál es el mérito de María? Decir: He aquí la esclava del Señor. Su humillación como esclava. Por eso Jesús, acaba este pasaje del Evangelio centrando todas las peticiones en una: El Espíritu Santo. Él es el protagonista de mi vida.

Señor, quiero ser un buen hijo de Dios y esposo. Sé que Tú resides en mí, sé que me has enviado Tu Espíritu, y sé que mi problema es que no digo “Sí” como María. Todo lo que quiero es darte gloria, alabarte por tanto como me has dado. Quiero ser dócil a lo que el Espíritu quiera hacer en mí a través de las cualidades de mi esposa, a través de las dificultades que me encuentro cada día en mi matrimonio y que se complican principalmente por mi orgullo, por mi falta de aceptación, por no considerar que el Espíritu está obrando en nosotros a través de las circunstancias de nuestra vida. Estás tan pendiente de mí, Señor, y yo tan poco pendiente de Ti y de tu voluntad. Envía Tú Espíritu Señor, que esta vez quiero ser dócil. He aquí el esclavo de la Esclava del Señor.

Oramos con el Papa Clemente XI en el primer párrafo de su «Oración Universal»: «Creo en Ti, Señor, pero ayúdame a creer con más firmeza; espero en Ti, pero ayúdame a esperar con más confianza; te amo, Señor, pero ayúdame a amarte más ardientemente; estoy arrepentido, pero ayúdame a tener mayor dolor»

Entender el Origen cambia nuestro destino. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 1-4

EVANGELIO
Señor, enséñanos a orar
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 1-4
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
-«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»
Él les dijo:
-«Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.» »

Palabra del Señor.

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Entender el Origen cambia nuestro destino.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Cuando un matrimonio llega a una cierta madurez cristiana, se reconocen ante todo hijos de un mismo Padre. Este vínculo, se suma y refuerza el vínculo conyugal.

La lección del Señor, es por tanto muy útil para los esposos. No hay mejor manera de iniciar la oración que llamando a Dios “Padre” y tomando conciencia de ello. Él nos ama como hijos, y si lo experimentamos así, no tenemos nada que temer. Como decía Santa Teresa, solamente esa idea de un Dios que es Padre, es suficiente para caer en contemplación. Entender quién es Él y quién soy yo a su lado, y que Él quiera ser mi Padre, con todo lo que conlleva: amor, entrega, sufrimiento, hacernos herederos suyos, cuidarnos, enseñarnos, perdonarnos, acogernos…

Si los esposos tenemos tal Padre y nos hacemos realmente conscientes de ello, debería cambiar nuestro modelo de relación en su totalidad. Entender nuestro Origen, cambia nuestro destino. Tobías en su oración con Sara, lo tenía muy presente: ‘Tobías se levantó de la cama y dijo a Sara: «Levántate, hermana, y oremos para pedir al Señor que nos manifieste su misericordia y su salvación»… ¡Bendito seas, Dios de nuestros padres… Tú creaste a Adán e hiciste a Eva, su mujer, para que le sirviera de ayuda y de apoyo… Yo ahora tomo por esposa a esta hermana mía, …para constituir un verdadero matrimonio.’ Y esto cambió su destino con Sara que le llevó a la vida y no a la muerte.

El Señor nos enseña a orar y con ello nos muestra cuáles son nuestras prioridades. Reconocer que Dios es Padre y lo es de todos. Así, santificamos juntos su nombre, y le alabamos por tanto como nos da, y especialmente por este don mutuo del matrimonio. Le pedimos que venga su reino a nuestro hogar, es decir, que su plan, su sueño para nuestra unión conyugal y para nuestra familia, venga a nosotros y se haga realidad según su voluntad. Para ello necesitamos la Eucaristía (el Pan) que nos alimenta y el perdón (la confesión) y el perdón mutuo, porque somos pecadores y sin el perdón no es posible la comunión.

San Juan Pablo II comenta en la Carta a las Familias, que la familia debe rezar unida y cada miembro debe rezar por los demás, uno por uno, en la medida de la importancia que tiene esa persona para ti. En nuestro caso, evidentemente, la mayor medida la reservamos para el esposo.

Esposos!, oremos hoy con más conciencia al Padre nuestro…