Lo que conduce a los esposos a la paz. Comentario del Evangelio para matrimonios: Lucas 19, 41-44

EVANGELIO
¡Si reconocieras lo que conduce a la paz!

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:
-« ¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida».

Palabra del Señor.

Lo que conduce a los esposos a la paz.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Es escalofriante. Cuántas veces hemos vivido esta experiencia con varios matrimonios. Les hemos visto autodestruirse. No ponían interés en su relación y por más que veíamos que estaban avocados a la destrucción e intentábamos animarlos a luchar, a buscar la verdad, a ilusionarse con su vocación; no reaccionaban. Una y otra vez. Se dejaban arrastrar por la vida y no le abrían la puerta a Dios que llamaba. Vino la luz a ellos y la rechazaron.

Hay millones de esposos, familias sufriendo. Padecen heridas espantosas abiertas y maquilladas para no ser vistas, las más dolorosas heridas, las que no se muestran. Pero tú Señor sí las ves y lloras por ellas, por esa intimidad brutalmente golpeada y rasgada, en lo más sagrado del sacramento conyugal. La llamada al Amor y la comunión, es raptada por la dureza de corazón, la indiferencia, la tibieza… .

¿Por qué no reconocemos el momento de Su venida? Qué esperamos para creer que Él está aquí, entre nosotros, que nos ha salvado y hace posible que nos amemos los esposos con Su Amor, la Caridad Conyugal. Por el Sacramento que nos une, tenemos poder para ello. Tenemos poder para recuperar la presencia de Dios en todo, descubrir y administrar los dones que nos da, ansiarnos el uno al otro para formar una comunión de personas, vernos el uno al otro como ayuda, ver a mi cónyuge como parte de mí mismo, mirarnos como Dios nos mira y perdonarnos cuando caemos, para volver a empezar todo este ciclo.

Cristo ha venido, está con nosotros, ¡Está en nosotros!.

Pedimos a María, impulsora de este Proyecto de Amor Conyugal, que nos lleve adonde nos necesite y que abra los ojos de los matrimonios para que vean su verdad, la verdad de su hermosísima y riquísima vocación. Señor, que comprendamos el camino de los matrimonios hacia Tu amor, hacia Ti. Que lo demos todo por encontrarte en nuestra unión, que es donde estás esperándonos, y que arrastremos a nuestros hijos, no hacia los triunfos de este mundo, sino hacia el Amor eterno. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

A largo plazo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 19, 11-28

EVANGELIO
¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 11-28
En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestase enseguida.
Dijo, pues:
«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.
Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles:
«Negociad mientras vuelvo».
Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo:
«No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros».
Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quien había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y dijo:
«Señor, tu mina ha producido diez».
Él le dijo:
«Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades».
El segundo llegó y dijo:
«Tu mina, señor, ha rendido cinco.»
A ese le dijo también:
«Pues toma tú el mando de cinco ciudades».
El otro llegó y dijo:
«Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente, que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado».
Él le dijo:
«Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.»
Entonces dijo a los presentes:
«Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas».
Le dijeron:
«Señor, si ya tiene diez minas».
«Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no me querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia»».
Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Palabra del Señor.

A largo plazo.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy el Señor presenta nuestra vida como un tiempo en el que nos ha dejado unas minas que tenemos que explotar y hacer rentables para Él. Lo plantea como que se va para un largo tiempo, toda la vida.

Puedo caer en el riesgo de pensar que tengo toda la vida por delante y que, al final de mis días, ya me interesaré por las cosas de Dios. O puede simplemente que no esté ni pendiente de que algún día voy a tener que rendir cuentas de todos esos dones, talentos, habilidades, cualidades… que Dios me ha permitido administrar.

Pero, si uno invierte un dinero en un banco, no da la misma rentabilidad a corto que a medio o que a largo plazo. Así que nos podemos encontrar con que al final de nuestros días, no hayamos podido dar la rentabilidad esperada por el Creador.

Es el momento de preguntarme por los frutos que he dado a través de mi esposo y en mi matrimonio en estos años: Frutos de unión, de intimidad, de procreación, de dar vida a nuestro alrededor. ¿Y de mi esposo? ¿Estoy sacando lo mejor de él/ella? (Piénsalo, no sigas leyendo). Porque Dios me ha dado en él/ella una mina, un auténtico tesoro. ¿Qué valor tiene mi esposo? Mucho mayor que una mina de oro por muy grande que ésta sea. Si un empresario me hubiese dado la administración de una mina de oro ¿Qué rentabilidad esperaría? Pues ¿Cuánto más esperará Dios por haberme entregado a mi esposo y haber hecho sagrada nuestra unión en Cristo?

Madre:
Al atardecer de la vida nos examinarán de amor (Como dice San Juan de la Cruz), y si no he aprendido a entregarme liberándome de mi orgullo y mis apegos, no habré saboreado lo que es amar a mi esposo como Él me ama, ni amaré a Dios con todo el corazón, con toda mi mente y con todo mi ser. Hoy sigo con más ilusión con mi propósito del mes para amar más a mi esposo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Date prisa… es necesario que hoy… Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 19, 1-10

EVANGELIO
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Palabra del Señor.

Date prisa… es necesario que hoy…
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Normalmente, cuando leemos esta parábola, solemos centrarnos en la actitud de Zaqueo. Hoy nos vamos a centrar en Jesús, que al fin y al cabo es el protagonista de esta y de todas las enseñanzas de la Sagrada Escritura.

Sorprende la “prisa” que imprime Jesús a la llamada de Zaqueo: “Date prisa” “es necesario que hoy…”. Lo mismo ocurre con los apóstoles: Les invita a dejarlo todo “ya” y seguirle. Tanto uno como los otros, así lo hacen.

¿Qué tiene de especial la llamada de Jesús para que los que le siguen tomen una decisión tan radical y tan urgente? Nadie nace siendo discípulo. Por naturaleza tenemos unas tendencias bastante contrarias a las de Dios. Todos buscamos resolver nuestras insatisfacciones ¿No es cierto?. La cuestión está en decidir qué camino elegimos para resolverlas. Unos optan por una aparente solución fácil: El divorcio, el aborto… y luego vienen las consecuencias, que demuestran que las insatisfacciones del origen no llevan sino a otras mayores. Otros optamos por otro camino en el que hay que implicarse muchísimo más, el reino de Dios: De luchar por los primeros lugares, a luchar por los últimos… De modo que lo que nos hace dichosos, sea la pobreza, el ser perseguido. De modo que me convenza de que la mejor “satisfacción” es el perdón… (cf. Mt. 10, 18 ss) Y todas estas actitudes, salvan mi matrimonio y lo llenan de belleza y lo santifican. Mis insatisfacciones se mitigan rápidamente, pero de verdad.

Nuestra fe es única. Sólo el nuestro es un solo Dios formado por tres personas que viven en relación de perfecta comunión. Sólo nuestro Dios es un Dios relacional. Sólo los católicos tenemos un Dios que nos enseña a amar en Sí mismo, en Su propia relación. Sólo Él se abaja y entra en mí para que viva esa misma relación con mi esposo.

Y el Camino es Jesús: “Déjalo todo y sígueme”. Le escucho ¿Cuánto al día?, le imito ¿Cuánto al día?, me revisto de Él ¿Cuánto al día?. Jesús hoy me llama por mi nombre y me dice: ________, date prisa y baja del mundo absurdo en el que estás encaramado, un mundo de dominaciones, de potestades… porque ES NECESARIO QUE HOY ME QUEDE EN TU CASA. Sí, se quiere quedar conmigo, con mi esposo, con mis hijos. Es “necesario” que me dé prisa para que Él se quede “hoy” y que nos transforme, como hizo con Zaqueo, que obedeció y se dio prisa.

Madre:
Cuánto me gusta contemplar en Dios esa familia tan maravillosa que es la Trinidad. Cuánto cambia mi perspectiva de la vida. Cuánto me enseña sobre la verdad del Amor ¿Cómo apartar mis insatisfacciones sino es con amor?. Estoy tan seguro de Él, de que Él es la Verdad, que no tengo dudas, Madre. Quiero seguirle “aprisa” como Tú. Quiero dejarlo todo y vivir con mi esposo lo que Él vive conmigo. Es una maravilla. Gracias eternamente por guiarme hacia Él, bendita Madre. Amén.

Ten compasión de mí. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 18, 35-43

EVANGELIO
«¿Qué quieres que haga por ti?» «Señor, que recobre la vista»

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43
Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron:
«Pasa Jesús Nazareno.»
Entonces empezó a gritar:
«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».
Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:
«¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.
Cuando estuvo cerca, le preguntó:
«¿Qué quieres que haga por ti?».
Él dijo:
«Señor, que recobre la vista».
Jesús le dijo:
«Recobra la vista, tu fe te ha curado».
Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Palabra del Señor.

Ten compasión de mí.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

“Señor, que recobre la vista”.

Yo lo sé, he podido experimentarlo. Mi vista está ofuscada, limitada por mi pecado. Me empeño en aferrarme a las cosas de este mundo, mis seguridades, mis comodidades, mis razones… y eso me impide ver mi pecado y las consecuencias, y tiendo a ver nada más que el de mi esposo. Me impide ver la alegría de la entrega. Me impide reconocer la grandeza de mi sacramento del matrimonio, que como dice el Papa Francisco, es lo más bello que Dios ha creado. Y en mi día a día me cuesta verlo, por mi ceguera, y me estoy perdiendo tantas cosas hermosas que habías pensado para mí…

Estoy ciego, sin ojos para mirar a mi esposo como lo miras Tú. A veces me hallo sentado, instalado en la comodidad por no construir nuestro matrimonio, por no comprender al otro, no escucharle…. A veces desaminado he dejado de caminar y estoy sentado al borde del camino…

Hoy siento que no puedo dejar de gritar como el ciego, una y otra vez: «ten compasión de mí», Señor. Sé que es lo primero, reconocerme necesitado y abrirme a Tu gracia. Y aunque la gente me diga que eso no sirve de nada, yo te seguiré gritando “Ten compasión de mí” Estoy cansado de vivir una vida mediocre. Quiero vivir la vida que Tú habías preparado para mí.

Tengo fe en ti, Señor. Sé que no me defraudarás, que me darás la vista para que glorifique a Dios. Seguiré gritando que me quites mi pecado para poder ver el mundo desde la sencillez, a mi esposo desde la misericordia y mi misión desde la humildad. No dejes que me lo pierda, Señor. Amén.

Libre para darme. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 5-19

EVANGELIO
Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-19
En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo.
«Esto que contempláis, llegarán un días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
– «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
– «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: «Yo soy», o bien: «Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el final no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárceles, y haciéndonos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Palabra del Señor.

Libre para darme.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Nos quedamos con la última frase: “Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Bueno… el Señor nos da la llave, la clave para el acceso a Su reino. Perseverancia. Permanecer en Su amor. No cejar en el intento por cumplir el mandamiento del amor.

La concupiscencia, es decir, nuestro pecado, nos hace perder la libertad para entregarnos al esposo. Nos cuesta porque no somos dueños de nosotros mismos. Hay unas fuerzas en el interior de mi corazón que me dicen: No debo permitir que me humillen, no debo permitir la injusticia contra mí, que me he merecido mi descanso, o que no pasa nada si por una vez me doy un capricho… Puedo dejarme arrastrar por todas esas tentaciones. Nadie me lo va a impedir, pero mientras siga alimentando mi concupiscencia, no voy a ser capaz de donarme. Mientras alimente mi vanidad, mi orgullo, mis apetitos, mis egoísmos… ellos podrán conmigo, no seré dueño de mí, y por tanto, no podré donarme.

La consecuencia es grave, porque he sido creado para donarme, y hasta que no lo haga, no descubriré la grandeza que Dios ha puesto en mí, la de ser persona. No descubriré quién soy realmente, porque mi verdadero “yo” se verá menguado por todo aquello que le quita la dignidad. Y hay otra consecuencia grave, que no seré capaz de reconocer que somos queridos por Dios “por sí mismos”, y esto me hace sentirme mal conmigo mismo, porque de este reconocimiento es el que me da la dignidad. Y en consecuencia, también pondré en duda que mi esposo es amado por Dios “por sí mismo”. Le minusvaloraré, le culparé de mi malestar y no consideraré lo “bueno muy bueno” que Dios ha creado en él/ella.

De todo esto nos habla San Juan Pablo II en la audiencia del 23 de julio del 80. ¿Y por qué hablamos de ello? Porque es en lo que hay que perseverar: En luchar por el autodominio, para ser libre, poder donarme, descubrir quién soy de verdad, descubrir la grandeza que Dios ha puesto en mi esposo, y que merece la pena amarle por sí mismo, y entregarme a él/ella.

Madre:
Tengo mucha ilusión por descubrir qué espera Dios de mí en esta vida. Dame perseverancia y permite que mi concupiscencia no me impida descubrir quién soy realmente, tal como Dios me pensó, y quién es mi esposo, y qué hay en él/ella para que el Señor estuviese dispuesto a sacrificarse sólo por mi esposo. Muy grande y hermoso debe ser ¿no?. Bendita Madre, viéndote a Ti, me hago una idea de lo que Dios ha querido hacer con los hombres. Alabado sea por siempre.