
Desearle mal a nadie, no corresponde a los hijos de Dios. Madre, no permitas que nos acusemos mutuamente. Que tomemos conciencia de que somos el auxilio de Dios el uno para el otro.

Desearle mal a nadie, no corresponde a los hijos de Dios. Madre, no permitas que nos acusemos mutuamente. Que tomemos conciencia de que somos el auxilio de Dios el uno para el otro.

Hay muchos esposos a los que les falta el amor. Necesitan a alguien que les guíe y les enseñe a amar. Vamos a rescatarlos en nombre del Señor que ha querido concedernos la misión de salvarlos.

Los esposos representamos la imagen de Dios para nuestros hijos.
Cristo está entre los dos y, lo que nos digamos, atraviesa necesariamente el Corazón de Cristo.

Cuando somos fieles a nuestra vocación, el Señor nos hace descubrir cosas mayores de las que podía haber imaginado. ¡Gloria a Dios!

¿Quién soy? Hijo de Dios y esposo de mi cónyuge, eso es lo que me define. Soy un don que tiene una tarea que Dios me ha encomendado: Colaborar en la salvación de mi esposo/a haciéndome uno con él/ella.