
¿Qué quedará del fruto de mis esfuerzos y de mi trabajo? Sólo lo que contribuya a que mi esposo/a, mis hijos y otros vayan al cielo, permanecerá.

¿Qué quedará del fruto de mis esfuerzos y de mi trabajo? Sólo lo que contribuya a que mi esposo/a, mis hijos y otros vayan al cielo, permanecerá.

No juzgues la entrega de tu esposo/a sin conocer lo que hay en su corazón. Lo importante no es lo que te da, sino el amor que pone.
Eso es lo que Dios ve.

El Sagrado Corazón de Jesús me acoge con todas mis miserias y me siento amado/a. Los esposos nos perdonamos con la fuerza de Su Perdón, y nos amamos con la fuerza de Su Amor.

En el matrimonio, podemos ser signo del amor de Dios y amarnos con Su amor gracias a la entrega de Cristo. En el cielo, nuestra unión será perfecta: seremos uno con Dios y con todos.

El templo es mi esposo/a. En él reside Dios. Le damos gloria en cada pequeño acto de entrega o acogida, dotado por Cristo de una potencia enorme. Nuestra unión es Sagrada.
¿La vivo con esta sacralidad?