
La vida en el matrimonio es disfrutar pero también sufrir. Todo son oportunidades para amar y recibir a Cristo. El Adviento es tiempo de carencia y espera de la venida del Mesías.

La vida en el matrimonio es disfrutar pero también sufrir. Todo son oportunidades para amar y recibir a Cristo. El Adviento es tiempo de carencia y espera de la venida del Mesías.

¿De qué sirve todo lo demás que hacemos si no trabajamos nuestro matrimonio? ¡Es nuestra vocación!
Vamos a tomarnos en serio nuestra misión dedicándonos tiempo entre nosotros y a Dios.

La llamada de Dios es personal. Una llamada a un plan exclusivo y grandioso que me llena el alma de alegría y de gozo. Qué importante es renovar esa llamada, mantener la ilusión, responder con un amor verdadero, profundo, como Dios quiere.

El matrimonio es un lugar santo, en el que reside Dios, pero hemos sacado a Dios y está siendo destruido.
El Espíritu suscita nuevas esperanzas. Resurge la verdad del matrimonio como Dios lo pensó.
Resurge Cristo en nuestro matrimonio.
¡Viva el Matrimonio! ¡Viva Cristo Rey!

¿Para qué defenderme ante mi esposo/a? Dios se encargará de mi defensa. Él me protege y, cuando permite una situación dura para mí, si no me defiendo, será una ocasión para dar testimonio.