
Tenemos que esforzarnos por ver “las cosas de Dios” en las situaciones entre los esposos, aunque sean dolorosas, sabiendo que hay un don en ellas.

Tenemos que esforzarnos por ver “las cosas de Dios” en las situaciones entre los esposos, aunque sean dolorosas, sabiendo que hay un don en ellas.

El Espíritu Santo nos lleva y nos trae, siempre y cuando estemos en comunión con Dios.

Cuando estoy de parte del Señor, Él me protege y me cuida. El mal existe, pero si busco la voz de Dios y le obedezco de inmediato, me pida lo que me pida, me salvará.

Uno de los esposos suele ser más pasional en la relación o más rápido en la fe, y el otro más lento. Qué bonito, cuando uno espera, el otro se deja influir y acaban reconociendo al Señor juntos.

El que persevere en el amor, sin caer en la frustración o la desesperanza, salvará su matrimonio y se salvará a sí mismo.