
Yo soy tierra y mi esposo/a también. Dios me creó y en mi tierra puso todo lo necesario para que, si acojo Su semilla, ésta germine.

Yo soy tierra y mi esposo/a también. Dios me creó y en mi tierra puso todo lo necesario para que, si acojo Su semilla, ésta germine.

Para dar amor a mi esposo/a, primero tengo que recibirlo de Dios, acercarme a Él, empaparme de Él. Entonces tendré amor para dar y veré grandes maravillas en mi matrimonio y en mi vida.

Hay matrimonios, que acogen la buena noticia de la grandeza y la belleza del matrimonio y empiezan a trabajar y a rezar juntos…
Y su matrimonio da fruto. ¡Están alegres, ilusionados, enamorados!

El Sacramento del Matrimonio es indisoluble, pues nos une Dios, y no nosotros, a imagen de la eterna Alianza de Cristo con su Esposa, la Iglesia.

El Diablo es el que desune: una familia dividida, no puede subsistir. Y tú, ¿qué podrías hacer para uniros más? Es el momento de preguntar a tu esposo/a y a tus hijos.