
Una cosa nos falta para ser esposos cristianos que aman como Cristo en Su Pasión a Su Esposa, sin importar si lo trata bien o si reconoce su entrega.

Una cosa nos falta para ser esposos cristianos que aman como Cristo en Su Pasión a Su Esposa, sin importar si lo trata bien o si reconoce su entrega.
La solución para mi matrimonio no es el diálogo porque, si en mi corazón hay pecado, mi boca hablará de ese mal. La solución para mi matrimonio está en la conversión de mi corazón.

Muchas veces los esposos nos vemos como niños pequeños que intentan subir un peldaño y no llegan. Un día el Padre decide cogerlos en sus brazos y subirlos.

Por el Sacramento del Matrimonio, Cristo transforma nuestro amor en Caridad Conyugal y nos hace una sola carne. En esa entrega mutua, crecemos como personas.

Tengo que luchar cada día contra la seducción del mal y no inducir al mal a mi esposo/a. El Señor me purifica y, aunque escuece, me hace feliz.