
Si ves mal a tu esposo/a y no ves a Dios en él/ella y en vuestro matrimonio, tienes el corazón “embotado”. Tienes que purificarlo con sacrificios y actos de amor hacia tu esposo/a.

Si ves mal a tu esposo/a y no ves a Dios en él/ella y en vuestro matrimonio, tienes el corazón “embotado”. Tienes que purificarlo con sacrificios y actos de amor hacia tu esposo/a.

Quiero seguir avanzando en este camino de pequeñas cruces en el matrimonio que van resucitando nuestro amor, nuestra mirada, nuestros gestos de cariño.

Muchos esposos no se sienten valorados. En lugar de valorar a mi esposo/a por lo que hace, voy a tratarlo/a según la enorme dignidad que Dios le ha dado.

Si en mi matrimonio renuncio a muchas cosas por amor, el Señor me dará todo lo que necesito. Señor, yo me ocupo de tus cosas, ocúpate tú de las mías.