¡Feliz Dolorosa! Comentario para Matrimonios: Juan 19, 25-27

EVANGELIO

Triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Palabra del Señor.

 

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¡Feliz Dolorosa!

Celebramos hoy la memoria de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores. ¿Feliz por sus dolores? Algo parece estar mal ¿No os parece?.
Era necesario que la Mujer estuviera junto a la Cruz de Jesús, para acoger el don de la Vida. A la mujer Dios les dio la custodia de la vida. A través de la mujer nacen los hombres por el maravilloso don de la procreación, y además, la mayoría de las veces, nacen a la fe a través de ellas. Es la mujer la que nos da a Luz.
Ser mujer, madre que da a luz, hija de la vida, esta es la misión fundamental para la que ha sido creada la mujer: Dar vida, acoger a la vida, cuidar la vida, llevar hasta la Vida. ¿Hay alguna misión más hermosa?
¡Mujer sé lo que eres! ¡lucha por la vida! ¡Lucha por la fe en tu matrimonio y tu familia! ¡No te canses de tirar del carro, de estar junto a la Cruz de Jesús. Si tú dices sí, aun pasando los dolores de parto en el alma, verán la luz. Di “sí” al Amor corredentor, di “sí” a la voluntad de Dios.
Junto a Su Madre, estaba el discípulo al que amaba. Juan representa esos hombres que son elegidos por para acoger la Vida por la Mujer, la Madre. Muchos son los esposos que por sus esposas acogen la vida de fe, otros son sacerdotes, que la acogen por su madre. ¡Benditos hombres! Que desde aquella hora la recibieron Ella como algo propio.

Aterrizado a la vida matrimonial:

María: (con entonación animosa y cariñosa) vamos niños a rezar.
Los niños: ¡Uf qué rollo! (Y caras largas).
Antonio (Esposo de María): (Sin decir nada, termina lo que estaba haciendo).
(Por fin todos juntos)
María: intentando esconder su dolor en el amor y con gran ánimo, dice: Venga ¿Quién lee lo que nos dice hoy Jesús? (Después de no ver muchas ganas, como si no se diera cuenta, anima al pequeño. Y así un día y otro día…)
Antonio: (Presente, pero interiormente avergonzado por la escena y sin mucha colaboración).
María guardaba la Vida, la Luz, en su alma y deseaba con todo su corazón que su familia lo acogiera y siguiera el Camino. Ella supo estar a los pies de la cruz de Jesús y eso hizo que, después de una larga prueba, su familia acogiera el don de la Vida y la Luz.

Madre,

Tú eres nuestra Madre. Gracias a aquella hora, te compartimos con Cristo como Madre. Nosotros te acogemos como algo nuestro (menudo don) y Tú nos llevas hasta Jesús dándonos la Vida ¡Bendita seas por siempre!

Ante la tentación… Comentario para Matrimonios: Juan 3, 13-17

EVANGELIO

Tiene que ser elevado el Hijo del Hombre.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».

Palabra del Señor.

 

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Ante la tentación…

Ante la tentación, miro a la Cruz, y las serpientes no me matan. Esto ¡Es real!

Aterrizado a la vida matrimonial:

Testimonio de Álvaro:
Mirar a Cristo en la Cruz me salva, cada vez.
– Le miro cuando me siento abandonado y no me siento querido, y me salva, porque ahí le veo amándome como nadie jamás me ha amado ni me amará. Y mi corazón vuelve a llenarse.
– Le miro cuando sufro, y me salva, porque veo cómo Él se une a mí en el sufrimiento, y me siento unido a Él en Su maravillosa obra redentora.
– Le miro cuando soy despreciado, y me salva, porque Él convirtió el camino de la humillación en camino fecundo, de amor y de salvación.
– Le miro cuando estoy triste, y me salva, porque descubro que no tengo derecho a estarlo. Entonces me lleno de alegría en Dios, mi salvador.
– Le miro cuando siento desesperanza, y me salva, porque me deja tan claro que no me va a abandonar nunca, pase lo que pase…
– Le miro como esposo, y me salva, porque me enseña el camino del amor, el del verdadero Esposo.
– Le miro cuando me atrae algo que no debería, y me salva, porque en Sus llagas descubro la belleza mayor del Amor con mayúsculas, que me atrae más que cualquier otra cosa.
– Le miro cuando me cuesta perdonar, y me salva, porque descubro lo que entregó Él para instituir el perdón. ¿Cómo voy a rechazarlo?
– Y así… me salva. Siempre me salva.

Madre,

Qué fuerza tan grande tiene la entrega del Unigénito de Dios, que lo puede todo. Qué poco reconocemos el valor del don de la Cruz. Muéstranos Tú la grandeza de este inmenso don de Dios. Alabado sea por siempre. Amén.

Dónde está tu fuerza. Comentario para Matrimonios: Lucas 7, 1-10

EVANGELIO

Ni en Israel he encontrado tanta fe.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
«Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga».
Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
«Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; y a mi criado: «Haz esto», y lo hace».
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
«Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».
Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Palabra del Señor.

 

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Dónde está tu fuerza.

Convendréis conmigo en que esta historia parece un poco surrealista. Me imagino que mi esposo necesita ser sanado, vamos a pensar, de uno de esos pecadillos que tanto me molestan, y resulta que me anuncian que va a venir Jesús a mi casa a sanarlo. ¿De verdad iba a ser capaz de enviarle un mensajero para decirle que no hace falta que venga? Quizás, estaría deseando que viniera y le impusiese bien las manos, para asegurarme de que mi esposo quedaba sano.
No me extraña nada que Jesús se admirase de la fe de aquel centurión. Hoy tengo la gran oportunidad, de que Jesús, ni más ni menos que Jesús, se admire de mi fe. Basta con que crea que Él lo puede todo, sobre nuestro esposo, nuestro matrimonio, nuestros hijos, y los matrimonios de alrededor.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Rosa: Mi esposo no tiene mucha fe, y le cuesta rezar conmigo. Yo ya no sé qué hacer.
Matrimonio Tutor: Reza y ofrece sacrificios por él, ya verás cómo el Señor te escucha y hace el milagro.
Rosa: Pero si lo he intentado todo ya. Se lo he dicho de todas las maneras posibles, y no quiere.
Matrimonio Tutor: Reza y ofrece sacrificios por tu esposo. El Señor tiene muchas más fuerza que tú. (Dice el esposo Tutor) A mí me sanó así mi esposa.
Rosa: Entonces ¿No le insisto en que rece?
Matrimonio Tutor: No, Rosa. Él está harto de que le insistas, y no sirve ¿A que no? No le puedes forzar, pero puedes acudir a la fuerza de Cristo que está presente en vuestro Sacramento. Díselo así: “Señor, por la fuerza de nuestro sacramento del matrimonio y el compromiso que adoptaste con nosotros cuando nos casamos, te pido que te hagas presente en esta entrega mía que te ofrezco, y le toques el corazón”. Nos contaron de un matrimonio en el que el esposo estaba poseído, y después de muchos exorcismos sin éxito, la esposa, ya cansada, dijo señalando al cuerpo de su esposo: Por el poder de nuestro matrimonio, te ordeno que salgas de él. Y el demonio salió y lo dejó.
Rosa: ¿En serio? ¡Qué pasada!
Matrimonio Tutor: Ahora ya sabes dónde está tu fuerza.

Madre,

Auméntanos la fe.

Identidad en juego. Comentario para Matrimonios: Marcos 8, 27-35

EVANGELIO

Tú eres el Mesías. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le contestaron:
«Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó:
«Tú eres el Mesías».
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.
Y empezó a instruirlos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
Y llamando a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma».

Palabra del Señor.

 

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Identidad en juego.

Jesús se identifica claramente con su misión: Él es el mesías, y así se presenta. Yo soy esposo. ¿Me identifico con mi misión? Cuando me ven ¿tienen claro que yo soy ante todo esposo? ¿Y mi esposo? ¿Me reconoce ante todo por ser su cónyuge? O destaco más por otras cosas… Porque igual, estoy perdiendo mi identidad.
Un esposo cristiano se caracteriza porque ama en la cruz, como Cristo. Pensar en otro modo de amar, es acoger la mentira de Satanás. Esposos, huyamos del mal y no pensemos como los hombres, pensemos a lo grande, como Dios.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Laura: Veo que Jesús tiene muy claro que tiene que redimir al mundo mediante el sufrimiento. Sabe a qué va. A veces se me olvida que mi misión contigo, Paco, es colaborar con Cristo en redimirte ofreciendo también mi sufrimiento.
Paco: Sí, el Señor nos da una misión muy grande, que es compartir la Suya, y yo muchas veces pienso como los hombres, no como Dios. Él se carga mi pecado sobre sus espaldas. Nadie me ha mirado así ante mi miseria. De mi debilidad, se ha enamorado. Él arrancó mi alma de la muerte. Me siento tan amado, Laura. Eso es lo que más me duele, que no le estoy respondiendo, amándote a ti.
Laura: Pero queremos responderle, Paco. Mañana lo haremos mejor con Su ayuda. ¿Estás dispuesto a entregar tu vida?
Paco: Estoy dispuesto. ¿Y tú?
Laura: Estoy dispuesta.
Paco: Alabado sea el Señor.

María,

Me encanta vuestra locura de amor. Incomprensible para los hombres, pero arrebatadora para los que eliges. Gracias, Madre!!

Me ena-mora y mora. Comentario para Matrimonios: Lucas 6, 43-49

EVANGELIO

¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa del corazón lo habla la boca.
¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?
Todo el que se viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».

Palabra del Señor.

 

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Me ena-mora y mora.

Mi existencia tiene dos pilares sobre los que tengo que construir toda mi vida. Uno es reconocer cuánto me ama el Señor. No perder nunca de vista esto, porque va a ser un sustento fundamental para mí en todas las circunstancias. El segundo pilar es la confianza en mi vocación. El Señor está en mi matrimonio y Él lo va a construir, y va a hacer algo hermoso en nosotros a pesar de las dificultades y de nuestros pecados. Sólo tengo que dejarle hacer. Por tanto, este es el otro pilar que no puedo perder de vista, que Él lleva adelante mi vocación y por tanto, no puede fallar, si no le pongo impedimentos.
Estos dos pilares sustentan todo lo demás, y todo lo que haga tiene que estar apoyado en ellos. Así cumpliré lo que el Señor me manda y Él mora en mí y yo en Él. Porque Él mora en quién de su esposo se ena-mora.

Comentario para Matrimonios:

Pedro: Señor, me encanta mi misión de esposo y padre. No puedo quejarme en absoluto porque me has dado la fe, me has dado esta esposa maravillosa y una familia increíble. No dejes que nada me aleje de ti ni de mi familia. Tú eres mi mayor tesoro y ellos Tu mayor don, del que no soy digno. Me encanta mi vocación.
Alicia (esposa de Pedro): Señor, te contemplo en Tu pasión cada día, y cada vez me asombro más de lo que me amas. Te contemplo hecho niño, bebé, y me deshago mirándote. ¿Cómo es posible que te hayas hecho niño por mí? ¿Por mi esposo? ¿Por mis hijos? … Por eso confío en mi esposo, aunque me falle alguna vez, porque sé que Tú estás detrás de todo esto, y hay tanto amor en ti, que es imparable. ¿Qué son nuestros pecados al lado de Tu amor? Tú siempre puedes más.

Madre,

Qué grande es la misericordia de Dios, qué grande Su generosidad. ¡Alabado sea Dios! Y bendito sea Su Santo Nombre. Amén.