Pensando, pensando… Comentario para Matrimonios: Lucas 6, 6-11

EVANGELIO

 

Estaban al acecho para ver si curaba en sábado.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 6-11

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar.
Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada:
«Levántate y ponte ahí en medio».
Y, levantándose, se quedó en pie.
Jesús les dijo:
– «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».
Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo:
«Extiende tu mano».
Él lo hizo y su mano quedó restablecida.
Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.

Palabra del Señor.

 

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Pensando, pensando…

Señor, conocías los pensamientos de aquellos escribas y fariseos y había muy poca caridad en ellos. También conoces los míos. No permitas que me deje llevar por mis malos pensamientos hasta quedar cegado por la cólera, por la vanidad, por la envidia… Que piense siempre bien de los demás, que los excuse, que te vea a ti en ellos. Que vea tus designios en sus actos. Dame un corazón limpio, Señor.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Jaime: (Rezando con su esposa) Señor, ¿qué encuentras en mi interior? A veces encontrarás que critico a mi esposa por lo que hace o dice, o por lo que no hace… y me quedo dándole vueltas a que no ha tenido en cuenta mis necesidades, o mi cansancio o mis preocupaciones…
Teresa: Señor, verás que a veces pienso en que mi esposo no me comprende y no lo soporto… Otras le veo un egoísta porque no me ayuda… Otras veces pienso que es un orgulloso porque no reconoce sus defectos…
Jaime: ¡Cuántos pensamientos míos conoces, Señor!. Qué grave es el pecado de pensamiento. Por ahí se me cuela todo. Me distancia de mi esposa, me pone en oposición contra ella.
Teresa: A mí me predispone a decirle algo que no debo, a ofenderle… ¿Qué está permitido? ¿Hacer el bien o el mal? Todos estos pensamientos no me ayudan, Señor. Ayúdame a cambiar el chip y mirar en él todo lo bello y todo lo bueno, Señor.
Jaime: Señor, mi esposa es una maravilla, una obra tuya preciosa. Purifica mi corazón para ser capaz de verla con tus ojos, Señor.
Teresa: Te quiero esposo.
Jaime: Y yo, esposa.

Madre,

Llena mis pensamientos de agradecimiento, de alabanza, de bendiciones. Llena mi corazón de ti para aprender a alegrarme con las cosas de Dios. Amén.

Presupuesto de boda. Comentario para Matrimonios: Lucas 14, 25-33

EVANGELIO

 

El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
«Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

Palabra del Señor.

 

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Presupuesto de boda.

Viene bien echar unos cálculos antes de casarse, porque después, se descubre que la torre del matrimonio y la familia cuesta demasiado como para pretender construirla solos. Así que, nos toca “negociar” si queremos terminarla. Hoy en día, se nos pretende convencer de que si fracaso en la construcción de mi matrimonio no pasa nada, pero el que vive esta experiencia, queda marcado para siempre.
Por tanto, tengo que construir la torre del matrimonio sí o sí, y no tengo los medios para hacerlo. Necesito la gracia de Dios. Pero Dios no puede crear una unión de dos si cada uno pretende seguir con lo que tenía y era antes de casarse. ¿Cuesta renunciar? Sí, pero es el precio de la libertad, del amor y de la felicidad. Es el precio de ser discípulo de Cristo. Yo elijo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Alberto: Marta, como soy financiero de profesión, unos meses antes de nuestra boda, se me ocurrió hacer el “presupuesto afectivo” de mi matrimonio contigo.
Marta: Chico, lo tuyo es deformación profesional.
Alberto: En el debe, empecé a poner todo lo que iba a tener que “cargar” sobre mis espaldas: Días de nerviosismo y malos modos, desprecios, juicios injustos, exigencias, renunciar a mis gustos por los tuyos, muuuchas tareas…
Marta (le corta en tono cariñoso): Ey!! No te pasessss
Alberto: Bueno, en fin, somos pecadores ambos… Sigo: dedicarte tiempo de mi descanso, enfermedades, escucharte una y otra vez, aguantar a tu familia… En fin, que aquello, más que un presupuesto, parecía una tragedia. En el haber, puse una sola cosa: Mi amor a ti, y como no era suficiente para pagarlo todo, mi balance se quedaba descuadrado.
Marta: Con un presupuesto así, quién se mete en ese “negocio”.
Alberto: Eso mismo pensé yo: Si el matrimonio es así, no trae cuenta casarse. Pero la contrapartida es peor, porque si no “inviertes”, tu capital queda inmovilizado y no produce rentas, así que tengo que invertir mi vida. La conclusión que saqué es que necesitaba un “préstamo” para abordar el “negocio” de mi matrimonio, y Dios era quien me lo podía proporcionar. Así que firmé con Él una póliza, que avalé con todos mis bienes: Mi ambición profesional, mis caprichos, mis exigencias, mis derechos… Estaba dispuesto a jugarme incluso a todo lo bueno que tenía. Y así, fui al matrimonio contigo. Hoy en día, tengo amor y por tanto, tengo paz, alegría y soy feliz. Gracias a Dios y gracias a ti, esposa. Pero… ¡sigo en deuda con Dios!

Madre,

Nos cuesta tanto renunciar… Por muy grande que sea el premio. ¡Qué lucha! Mira con bondad nuestra debilidad y apiádate de nosotros. Envíanos la gracia santificante, para responder a esta hermosa llamada de Dios al matrimonio. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

El día del amor. Comentario para Matrimonios: Lucas 6, 1-5

EVANGELIO

 

¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 1-5

Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.
Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».
Respondiendo Jesús, les dijo:
«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».
Y les decía:
«El Hijo del hombre es señor del sábado».

Palabra del Señor.

 

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El día del amor.

La ley del sábado, era uno de los mandamientos principales. Se estableció porque en la época del cautiverio, la gente trabajaba los 7 días de la semana y no tenía tiempo para meditar ni celebrar juntos su fe. Era necesario que tuviesen un día de descanso y lo dedicasen a su relación con Dios, para no perder la fe. Sin embargo, esta ley del amor, la convierten en un auténtico calvario que les impedía casi moverse.
La ley del amor dice que necesitamos reservar un día para la persona amada. ¿Y para nuestro matrimonio? ¿NO habrá que reservarle también un tiempo a nuestra relación de amor?

Aterrizado a la vida matrimonial:

Antonio: Cariño, tenemos tantas cosas que hacer que no paramos.
Gloria: Pues tenemos que parar, para dedicarnos al Señor y a nosotros, o si no, vamos mal.
Antonio: Recuerdo aquellas monjas que nos dijeron cuando nos vieron rezando juntos: “Muy bien, seguid así rezando juntos, porque muchos matrimonios no rezan juntos porque no tienen tiempo y lo que no saben es la cantidad de tiempo que pierden por no rezar juntos”.
Gloria: Así es. La mejor manera de aprovechar el tiempo es rezar juntos y compartir nuestras cosas. Pero no porque sea una obligación, sino porque nos amamos, y los que se aman, necesitan compartir su intimidad.

Madre,

Que nunca vivamos las leyes del amor como una carga, sino como un don de Dios para vivir Su reino en este mundo. Alabado sea por siempre.

Un vino insuperable. Comentario para Matrimonios: Lucas 5, 33-39

EVANGELIO

 

Les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 33-39

En aquel tiempo, los fariseos y los escribas dijeron a Jesús:
«Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber».
Jesús les dijo:
«¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días».
Les dijo también una parábola:
«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán.
A vino nuevo, odres nuevos.
Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “El añejo es mejor”».

Palabra del Señor.

 

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Un vino insuperable.

El amor nuevo de novios, empieza en odres nuevos, con una mentalidad lista para el asombro. Es como el primer amor a Cristo, para acogerle se necesita apertura y estar predispuestos a la admiración para que Él realice en nosotros la conversión del corazón.
Pero nadie que cate un matrimonio añejo, con todo el sabor delicioso de la autenticidad del amor, y nadie que cate la madurez espiritual juntos, quiere ya otra cosa. Ese vino no hay quien lo supere. ¿Lo has probado?

Aterrizado a la vida matrimonial:

Laura: Cuando estábamos recién casados, recuerdo lo que nos costó dejar atrás las tradiciones de nuestras familias de origen para construir juntos nuestras propias costumbres. Muchas veces nos empeñábamos en que las cosas se hiciesen como las habíamos hecho toda la vida.
Alberto: También nos costó dejar atrás nuestra individualidad, nuestros gustos, nuestros caprichos… para reconocernos y acogernos el uno al otro como el mayor don y así construir un matrimonio como Dios lo pensó.
Laura: Y luego, las dificultades y pruebas del día a día con las que íbamos afianzando nuestro amor… Demostrándonos el amor mutuo por la fidelidad a nuestra promesa en cada una de ellas. Recibiendo todo de Dios como dones y oportunidades, fajándonos en la vida para que el vino del amor fuera madurando poco a poco.
Alberto: Y acudiendo mucho a la Gracia de Dios. Sin ella, habría sido imposible. No habríamos tenido fuerzas.
Alberto: Queridos hijos, familiares y amigos. Nos hemos reunido hoy para celebrar nuestras bodas de oro, y damos gracias a Dios por todo lo vivido.
Laura: Si nos lo hubiera dado todo hecho, no habría sido igual. Nuestro matrimonio lo hemos construido juntos de la mano de Ntra. Madre y alimentados por el Señor. Esa es la fórmula del verdadero amor. Hemos probado de este buen vino añejo, y os confirmamos que no hay nada igual.
Alberto y Laura: ¡Alabado sea Dios!

Madre,

Nos cuesta seguir el plan de Dios por nuestra fragilidad, pero cuando lo seguimos, descubrimos que no hay nada más hermoso. Estamos encantados con nuestra misión. ¡Alabado sea Dios!

Sabiduría de la fe. Comentario para Matrimonios: Lucas 5, 1-11

EVANGELIO

 

Dejándolo todo, lo siguieron.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores habían desembarcado, estaban lavando las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:
«Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador».
Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor.

 

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Sabiduría de la fe.

Simón razona humanamente: Hemos pasado toda la noche y no hay peces. Cuánto empeño en razonar humanamente: Esto no sale porque… Lo otro no pasará porque… Si esto o aquello fuese así en vez de asá… Hoy recibo de Pedro una lección sobre la confianza en el Señor. Y Jesús, ante esa confianza, responde con mucha generosidad: Primero le hace pescador de hombres, y luego le da las llaves del Reino.
«Nadie debe dudar acerca de la fe, sino creer las cosas de la fe más que las que puede ver; porque la vista del hombre puede engañarse, pero la sabiduría de Dios jamás se equívoca» (Santo Tomás).

Aterrizado a la vida matrimonial:

Juan: Nos sigue costando comprendernos mutuamente. ¿Crees que es posible que lleguemos vivir nuestro matrimonio como Dios lo pensó?
Ana: Mira Juan. Te soy sincera: Pasan cosas que no entiendo, pruebas en las que no consigo vencer, Dios me ha encomendado esta misión que me supera absolutamente… Pero yo aplico Su sabiduría y digo sí una y otra vez a cada circunstancia que me voy encontrando. Porque la esperanza en mi matrimonio no depende de lo que veo, ni de mis cálculos, sino de la fe que pongo en Su Palabra.
Juan: Ya, pero si veo que no hay frutos ¿Qué hago?
Ana: Da igual. Sigo echando redes de amor como me pide el Señor y estoy seguro que veré milagros increíbles de los que no soy digno. Ya hemos vivido muchos…

Madre,

Que crea más por la fe que en mis sensaciones o en mis sentidos. Fuera miedos, fuera preocupaciones. Sólo un sí rotundo, sí, Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad. Alabado sea Dios que nos llama para algo grande, algo de lo que no podemos tirar nosotros solos.