Un signo para los esposos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 12, 38-42

Un signo para los esposos.

Desde luego que para los esposos, la muerte de Cristo y su resurrección al tercer día, es signo que como tal, representa un don inmenso. No necesitamos más signos para entender el valor de nuestra vocación.

La muerte de Jesús, porque nos muestra cómo Cristo era un don del Padre, como nosotros somos uno don el uno para el otro. Y sobre todo, es un signo del amor que Dios tiene por mí y por mi esposo/a, lo que nos ayuda a entender el valor de nuestro esposo como don de Dios.

Por otra parte la resurrección. ¿Qué mayor signo necesita un matrimonio? “Cristo, el Esposo, al asumir en sí el amor humano, lo lleva a plenitud. Jesús pronuncia un “sí” a la Iglesia, su esposa, que supera infinitamente toda entrega entre hombre y mujer. Pues este amor de Cristo no se tambalea ni se echa atrás. En vez de esperar a ser amado, él ama primero, más cuando encuentra no solo indiferencia, sino incluso odio y rechazo. Es una mor capaz de morir por quien le persigue, de dar la propia vida por los enemigos. Es un amor que lo tolera todo, todo lo cree, lo espera todo, lo soporta todo, un amor que no falla nunca. (1Cor 13, 7ss). Cuando dos cristianos intercambian los votos esponsales recibe una participación en este amor indestructible. La estabilidad de este vínculo, una participación en el vínculo, una participación en el vínculo irrompible del amor entre Cristo y la Iglesia, es la verdadera base que sostiene la fidelidad de los esposos.” (Llamados al amor).

Cristo hace un signo para todos los esposos en las bodas de Caná, por el cual nos promete el mejor vino para el final. ¿Qué más necesitamos para entregarnos en cuerpo y alma para ser fieles a nuestra vocación?

Ojalá cuando el Señor juzgue a esta generación no la condenen porque no hayamos sabido ver que aquí hay uno que nos marca el camino y que es más que todo lo demás que nos rodea.

Oramos con el Salmo: El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

Seréis como dioses. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 13, 24-43

Seréis como dioses.

Dice el Arzobispo de Granada:
.- La gran tentación “la más sutil, la más peligrosa, aquella en la que el enemigo se disfraza más fácilmente de bien” es siempre ponernos en el lugar de Dios, jugar a pequeños (y patéticos) dioses, pretender ser nosotros la instancia última, adelantar el juicio final.

Toda tentación, desde el origen, tiene ese componente: “Seréis como dioses”, les dijo el tentador. Y se apoyaba en una cierta verdad, en una complicidad del corazón, creado para la fruición de Dios. Aquello, entonces, en aquella primera ocasión, terminó dramáticamente, en el despojo de la gloria y en la desnudez, en las zarzas y los abrojos de la estepa, lejos del jardín (paraíso significa jardín) que Dios había plantado para el hombre, y en la primera muerte de un ser humano a manos de su hermano. Y es siempre así, porque a Dios sólo es posible acceder acogiendo su gracia.

La determinación del hombre de convertirse en Prometeo, y de hacerse con el fuego de los dioses, desemboca en la humillación, en el ridículo y en la muerte.

Prometeo humillado, podría ser un símbolo del hombre contemporáneo en nuestros países ricos y envejecidos. En efecto, cuando se crece pensando que el yo es la instancia última, definido sólo por su libertad con respecto a todo vínculo (menos, naturalmente, los del poder, esto es, los de ese conglomerado que son el mercado, la moda, la opinión pública y el Estado), la alucinación de creerse el dueño único de la propia vida (y de la de los demás si se puede) tiene una capacidad de seducción especial. Aunque el recibo de esa mentira inmensa, de esa hipoteca, es de tal magnitud que la vida entera no basta para pagarlo.

La tentación de Prometeo tiene otra forma entre los discípulos. Contra esa forma nos pone en guardia el Evangelio de este domingo. Es la de querer adelantar el tiempo de la siega, el juicio final, la de querer vivir en un mundo sin cizaña, en una cesta de sólo manzanas sanas, la de pretender hacer ya en este mundo un gueto para el trigo, para que el trigo pueda ahorrarse el riesgo del testimonio y de la cruz. Aparte de que ponerse a sí mismo en el lado del trigo es ya una pretensión hipócrita, pudiera muy bien suceder que en el juicio uno tuviera necesidad de la misericordia que ha negado a otros.

La Iglesia no vive en el mundo protegiéndose del mundo, sino exponiéndose, entregándose, como Cristo, en la cruz y en la Eucaristía, por amor al mundo, para la vida del mundo. Esa libertad para darse, para amar al enemigo, para vivir gozosamente en medio de un mundo hostil, es fruto de la presencia de Cristo. De la gracia de Cristo y de la comunión del Espíritu Santo. Ahí radica su autoridad, tan distinta de los poderes del mundo. Y ahí está también el secreto de su invencible alegría. -.

Hoy podemos aplicar todo esto a Proyecto Amor, a nuestro matrimonio. Volvamos a la verdad del principio.

Señor, envíanos Tu Espíritu, para que gobierne nuestros matrimonios. Nosotros el cuerpo y Tú, la cabeza.

Esperando la plenitud en silencio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 12, 14-21

Esperando la plenitud en silencio.

No voceará no gritará por las calles… Señor, Tú no elegiste un camino llamativo, o protagonista. Tú nos estás marcando un camino sencillo, a la sombra sin aspavientos, sino construir Proyecto Amor en nuestros hogares. Porque Dios trabaja en lo íntimo, en lo cotidiano.

Muchas veces, cuando hablamos de Proyecto Amor, la gente nos pregunta: ¿Y si uno se entrega al esposo/a, y el otro no le corresponde?.
El amor, no es desinteresado. Espera amor. Pide amor. Dios mismo nos «manda» que le amemos sobre todas las cosas. ¿No voy yo a esperar que mi esposo/a me ame?. ¡Es natural! Hemos sido creados para amar y ser amados a imagen de Dios.

Tenemos sed, necesidad, de un amor de comunión que no recibimos, al menos no en plenitud. ¿Entonces qué hacemos? La respuesta nos la da hoy el Evangelio: Dios, a través de Cristo, pone sobre nosotros su Espíritu, para que anunciemos el derecho. Esperamos en Su nombre y la caña cascada no la quebramos, como Él no la quiebra: No rompemos con ese amor quebrado, imperfecto; ese que de vez en cuando tenemos la tentación de desechar. Seguimos intentando reavivar constantemente nuestras mechas de casi extintas por la rutina, enderezar nuestras cañas dobladas por la inconsciencia, la tibieza o el pecado.

Esperamos en su nombre a que se implante el derecho. Derecho a amarnos y a amar juntos a Dios. Derecho a amar y ser amados plenamente. Él curó a todos los que le siguieron.

Una espera silenciosa, sin reproches, misericordiosa. Con ese amor que va más allá de la justicia. ¿No es esto suficientemente heroico?.

Qué hermosa la Palabra de Dios, que llama a su Hijo, «Mi predilecto». Yo también tengo mi esposo/a, mi predilecto/a.

Oramos con el salmo: Pero tú ves las penas y los trabajos, tú miras y los tomas en tus manos. A ti se encomienda el pobre, tú socorres al huérfano.

Los esposos que se “atan” y los que prefieren ir “sueltos”. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 12, 1-8

Los esposos que se “atan” y los que prefieren ir “sueltos”.

Podríamos decir que la discusión de hoy entre los fariseos y Jesús, está motivada porque los fariseos no entienden el concepto de libertad.

Libertad no es hacer lo que uno quiera. Esto es lo que los fariseos creían que hacían los discípulos cuando estaban incumpliendo la ley del sábado. Pero Jesús pone el concepto de “libertad” en su sitio, cuando les explica que la ley está al servicio del amor. Lo que nos hace libres no es no comprometernos con una alianza, pero tampoco es sujetarse a una ley por sí misma.

Incorporamos aquí unas cuantas frases para después intentar explicarlo con una imagen:
Lo que nos hace libres es entregarnos por amor para siempre. Pero es muy importante entender que la verdadera libertad está enraizada en el amor.
“La verdadera libertad es una respuesta a la invitación del amor para participar en una nueva vida, siempre más grande que uno mismo.” (Llamados al amor).
Benedicto XVI decía “la libertad es la capacidad de optar por un don definitivo, en el que la libertad, dándose, se vuelve a encontrar plenamente en sí misma.”

Todo esto puede sonar un poco raro o puede parecer difícil de entender a priori. ¿Cuando uno da su libertad es cuando encuentra su libertad?.
Quizás nos ayude entender que sólo el que entrega su futuro, demuestra que es dueño de él, mientras que el que tiene miedo a entregarlo es presa de su miedo y por tanto no es dueño de su propio porvenir.

En el libro “Llamados al amor” que hemos mencionado antes, plantea un ejemplo interesante. Imaginemos unos montañeros, que deciden subir a la cumbre. Un grupo decide atarse unos a otros para ayudarse en la escalada. En otro grupo, va cada uno “a su bola” con la posibilidad de cambiar de dirección o de opinión en cualquier momento. Los primeros, gracias a la cuerda que les une (su alianza), se ayudan a subir y reducen el riesgo de que uno de ellos se despeñe. El segundo grupo, tiene muy pocas opciones de llegar a la cima y más que elegir una vida libre, caminan hacia una “caída libre”.

Si además el primer grupo, va precedido por un experto guía (Cristo), que conoce el camino y puede así orientar los pasos, podemos hacernos una idea de la imagen resultante que se quiere dar.

Solo los esposos que “aseguran” su matrimonio amarrándose fuerte a esa alianza entre sí y con Cristo como guía, se entregan a la voluntad de Dios, y ésos tienen todas las papeletas para llegar a la cumbre de su matrimonio.

Oramos con el Salmo: Los que Dios protege viven, y entre ellos vivirá mi espíritu; me has curado, me has hecho revivir.

¿Os pesa vuestro amor? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 11, 28-30

¿Os pesa vuestro amor?

La palabra “yugo” suena a opresión y a cárcel. En realidad el yugo permitía a los bueyes repartir el peso de manera equilibrada y armonizar sus movimientos. Esto llevado al matrimonio ya no suena tan mal, pero ¿Y si el yugo que se apoya sobre nuestros hombros es el mismo que se apoya sobre los de Cristo?. A lo mejor, de ese yugo, ya sí nos interesa participar.

Jesús, Tú nos invitas a poner sobre nuestros hombros un yugo que nos libera de la carga que nos deprime para fortalecernos. Tu yugo es uno solo: El amor.
Las cargas de la vida nos agobian, el yugo del amor es ligero porque Tú mismo lo llevas.

Aparentemente, el peso del amor es mucho, porque recae sobre nosotros el peso del esposo, porque nos compromete, nos responsabiliza, pero el amor es el peso menos pesado porque lo lleva Jesús. Él nos regala una energía inmensa, porque el amor es más fuerte que la muerte, porque cuando amas te sientes feliz (bienaventurado) y gratificado (recibirá 100 veces más), el que ama se trasciende. ¿Tu amor te pesa? Entonces es porque no amas. Quizás confundes el amor con el amor propio.

Cargar con mi yugo: El único que puede cargar con el yugo es el enamorado. ¿Cuánto pesa Señor Tu Corazón?: Fuerza, estímulo, alimento, mansedumbre, luz, misericordia… Cuando la vida y sus problemas nos abaten, las preocupaciones, las fatigas, las decepciones, las tentaciones… descansar en el Corazón de Jesús, en Tu Santo Corazón, Señor, lugar de intimidad, de descanso, respirar el aire de Tu gran Amor, escuchar Tu Palabra que libera… nada es igual, tienes un poder que va directo al corazón, de corazón a Corazón. Por eso dichoso el que reemplaza poco a poco el propio corazón por Su inmenso Corazón.

Venid a mí, es una invitación conmovedora, es sencilla nace del Amor para ir al Amor. Confiamos en Ti Señor, vencedor de la Cruz, con Tu mansedumbre y humildad.

Señor concédenos cargar con Tu amor hacia mi esposo, y mis hijos…, concédeme verte en los demás. Verte en los que me hieren en los que me desgastan o me desesperan. Si estás Tú en ellos y en todas esas situaciones ¿No será todo mucho más llevadero?. Por encima de mi dolor iré en auxilio del que está enfrente, es la labor redentora a la que nos impulsas. Mansedumbre, descentrarse.

Oramos con el salmo: Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.