Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

Esposos incandescentes. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 12, 49-53

EVANGELIO
No he venido a traer paz, sino división

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 49-53
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Palabra del Señor.

Nota: ProyectoAmorConyugal organiza un retiro para matrimonios y familias en Madrid, entre los días 21 y 23 de octubre. Pedimos vuestras oraciones.

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Esposos incandescentes.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

(CIC 696) ‘Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la Vida dada en el Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo’.

El Espíritu es como fuego, y por tanto, incompatible con la tibieza. Prueba de ello es que se dice en el Apocalipsis: Te vomitaré porque no eres ni frío ni caliente.

El Espíritu del Señor actúa como el fuego sobre un tronco. Es difícil prenderlo si ha estado a la intemperie, muy a la merced del ambiente, porque la madera queda empapada y no arde. Lo mismo yo, si me dejo empapar por el ambiente. La madera necesita estar seca y rodeada de calor. Por eso, la familia es el lugar natural de evangelización, el calor de un hogar incandescente prende los corazones. Lo hemos visto en los padres de Santa Teresita de Lisieux: Esposos Santos, cuyos cinco hijos se consagraron a Dios y todos ellos se encuentran como mínimo en proceso de beatificación.

Ante la indiferencia de la fe de muchos o la tibieza, el cristiano coherente, está llamado a ser «signo de contradicción» como Jesús. Él fue piedra de tropiezo para muchos. El discípulo de Jesús, fiel y coherente, tiene que estar dispuesto a sufrir la contradicción constante de un mundo incoherente, carente de Verdad y de Amor.

También en nuestras propias familias, donde hay miembros instalados en la tibieza, inmersos en una vida diferente, con prioridades diferentes, más pronto o más tarde, el cristiano puede provocar rechazo, conflictos y en última instancia división. No porque Dios lo quiera, sino porque simplemente ocurre. Es el cumplimiento de la bienaventuranza proclamada por el mismo Jesús: Dichosos cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros toda clase de calumnias por mi causa.

Pero Cristo quiere que me convierta en fuego, en brasas. Y la madera al principio se resiste a arder: Pita mientras expulsa el aire, prende más por un lado y queda intacta por otro… hasta que finalmente, se deja invadir por el fuego. Así será según mi respuesta al Espíritu.

El matrimonio es un camino espiritual, y como tal, requiere de todo este proceso. En mi relación con mi esposo, debería dejarme, dejar que el Espíritu me inflame, aunque duela. Dejarme influir por mi esposo, tenemos mucho que aprender el uno del otro. Salir de mi mismo en esas faltas de acuerdo, en ese hacer por él/ella lo que no me gusta, en sus incomprensiones… hasta que el Fuego que reside en mí, purifique mis egoísmos, vanidades y soberbia. “¡Y qué angustia hasta que se cumpla!”.

Madre:
Quiero dejar de ser madera y hacerme fuego, hazme brasas. Deseo colaborar con a dar calor en la hoguera del hogar, para que prenda también ese Fuego en nuestros hijos. Que el Espíritu del Señor nos transforme en Él. Y ¡ya quisiera el Señor que estuviéramos ardiendo!. Dos esposos, que se transforman en dos llamas, que cuando se acercan, se hacen totalmente una sola. Alabado sea el Señor, que lo hace posible.

Administradores de mucho. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 12, 39-48

EVANGELIO
Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 39-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Pedro le preguntó:
-«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
Y el Señor le dijo:
« ¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?
Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad
os digo lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si aquel criado dijere para sus adentros: «Mi señor tarda en llegar», y empieza a pegarles a los criados y a criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.
El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más se le pedirá».

Palabra del Señor.

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Administradores de mucho.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Somos dueños de nada, pero administradores de mucho. Tanto, que nos supera.

El hecho de que por nuestro sacramento matrimonial Dios me haya hecho ministro de Su Gracia para mi esposo, es mucho delegar. Si añadimos la responsabilidad que tenemos ante nuestros hijos administrando la Paternidad de Dios y la responsabilidad ante tantos matrimonios con problemas como hay a nuestro alrededor, tanta gente que sufre porque no les hemos hablado de Dios, de su Reino y de su voluntad.

Pero volviendo a nuestra responsabilidad primera, que es nuestro matrimonio, el problema es que nuestro amor es posesivo: Te quiero para mí. Y si no me das lo que espero o lo que creo que merezco, en mi respuesta habrá represalias. Sí, aunque me cueste aceptarlo, te quiero para mí.

El Señor hoy me dice que me ha hecho administrador de sus bienes, ¡no dueño!. Quizás me esté apropiando de las cosas de Dios.

Él espera encontrarme entregando Su ración a mi esposo. No lo que según mis emociones y mi estado de ánimo me apetezca darle, sino la ración de Dios, y ésa es siempre sobreabundante.

Si Dios no me encuentra así, sabiendo como sé lo que me ha encargado (que sea buen esposo), recibiré muchos azotes: Soledad, tristeza, miedos, depresiones, angustias, ansiedad, estrés… Los mismos males que «azotan» a la sociedad en que vivimos.

Entonces ¿Cuál es la ración que Dios quiere para mi esposo? Comprensión, misericordia, compasión, ternura, alegría…

¡Vamos esposos administradores! Tenemos una ración que repartir hoy.

Madre:
Qué buena cosa es recordar siempre que Dios es mi único espectador. Todo lo hago por Él. Sólo me importa Su juicio. Tener presente a Dios en cada momento y preguntarme ¿Cómo me encontraría el Señor en este momento? Señor, ten misericordia de mí. Amén.

Consigue tu paz y reparte Su amor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 10, 1-9

EVANGELIO
La mies es abundante y los obreros pocos

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios»».

Palabra del Señor.

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Consigue tu paz y reparte Su amor.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy Señor, inflamas nuestros corazones y nos envías a este Proyecto de Amor. Un proyecto misionero de María para el matrimonio y la familia. Nos envías de dos en dos: Los esposos. Para que llevemos tu paz y anunciemos que Tu Reino está cerca. Está tan cerca que podemos empezar a vivirlo ya aquí. ¡Es real! Estás muy vivo y te experimentamos constantemente entre nosotros.

Nos envías a llevar la misma paz que le trajiste a los apóstoles después de Tu resurrección. Una paz que solo puede vivirse cuando te has entregado (como Tú en la cruz), por amor, unidos a Ti. Una paz que se experimenta estando en intimidad contigo y con las llagas en las manos de trabajar y en los pies, de caminar y servir a nuestros esposos y nuestra familia, pero sobre todo, la llaga del costado, la del corazón. La de abrir mi interior, la de no dejarse llevar por las emociones, la de entregar el corazón en lugar de protegerlo… Las llagas de habernos entregado al esposo.

Nos mandas de dos en dos, para ser luz y con el anuncio, demos testimonio de comunión. Uno solo no puede. En aquel tiempo la gente al veros exclamaban: mirad cómo se Aman. Pues así tiene que suceder hoy en el matrimonio. Nos mandas donde piensas ir Tú, Señor. No nos cabe duda, de que no es casualidad que pongas personas en nuestro camino.

Hay tantas personas perdidas, que equivocan la ruta, otras sufriendo y otras paralizadas por la frialdad, que no se mueven ya por nada y se han hecho insensibles al amor, al verdadero amor ¡Hay tantas necesidades!

Pero difícilmente podremos repartir Su amor, si previamente no nos hemos llenado de Él. Primero tenemos que conseguir nuestra paz, siendo fieles a nuestra vocación matrimonial como hijos de Dios. Desde esa paz que da estar haciendo aquello para lo que hemos sido creados, el Espíritu irá transformando nuestro amor en el Amor de Cristo, que se desborda, que nos sobrepasa y se expande a nuestro alrededor. Es entonces cuando estaremos repartiendo Su amor, el verdadero, el que sana y expulsa demonios.

Te pedimos Padre que envíes obreros a Tu Proyecto de Amor. Matrimonios que quieran construir sobre roca y luego anunciar la verdad del amor conyugal, sobre la que se puede construir una vida… Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

40 días de esfuerzo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 12, 13-21

EVANGELIO
¿De quién será lo que has preparado?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
-«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo:
-«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
«¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha».
Y se dijo:
«Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente»
Pero Dios le dijo:
«Necio, esta noche te van a reclamar el alma, ¿de quién será lo que has preparado?»
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

Palabra del Señor.

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40 días de esfuerzo.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Todos atesoramos algo ¿Qué atesoro yo? Podrían ser contactos, fama, reputación, hijos competitivos, dinero, poder, comodidades, viajes, experiencias diferentes, estética física, colecciones, buena imagen, amigos, lazos familiares…

Hoy, preparando el retiro de matrimonios del próximo fin de semana, veíamos unos vídeos de la película Prueba de Fuego. Recordáis que en ella, el padre del marido le propone 40 días de esfuerzo para recuperar a su esposa. Un día no decirle nada negativo, otro día un gesto cariñoso, comprarle un detalle, estudiar sus gustos, entrega aunque ella no lo reconozca, otro día tirar aquello que le tenía enganchado, otro día dar hasta que duela comprando aquello tan caro que necesitaba la madre de ella… Cada paso que daba, le costaba mucho, suponía un gran esfuerzo, pero ese hombre estaba atesorando amor, y si atesoro amor, estoy atesorando tesoros en el cielo, que permanecen para siempre.

Madre:
¡Ayúdame!. De una vez por todas, no quiero dejar que me arrastren las cosas de este mundo. Invertiré en convertir nuestro amor conyugal en Caridad Conyugal. Para eso he sido creado. Alabado sea el Señor por tanto como me ha dado y la paciencia que tiene conmigo. Bendito sea.

“Sigue insistiendo” Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 18, 1-8

EVANGELIO
Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
«Hazme justicia frente a mi adversario».
Por algún tiempo se negó, pero después se dijo:
«Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme»».
Y el Señor añadió:
– «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante el día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Palabra del Señor.

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“Sigue insistiendo”
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Tres palabras sobre el Evangelio de hoy: Fe, oración y perseverancia.
Son la receta infalible. Sí, infalible. Y si no lo creo, es que me falta fe. Si mi matrimonio no va bien, tengo que preguntarme cuál de las tres me falta. Hay muchos matrimonios que no rezan juntos, y se quejan. Otros que no rezan con fe, sino que rezan para cubrir el expediente ¿Encontrará fe cuando se haga presente Jesús en medio de ellos?. Ni que decir tiene que acaban por cansarse y lo dejarán.

Dios espera de nosotros oraciones de fe, y la fe se demuestra por la perseverancia ante un aparente silencio de Dios. La perseverancia cuando no espero recibir nada en mi oración. Estamos seguros de que Dios nos escucha y por tanto no dejaremos de ir a Él. Yo me sé elegido, y me sé amado por Él, y esto es lo que me mueve acudir a la cita diaria con Él, y casi una cita permanente, en la que mi vida es como una oración porque todo lo vivo por Él, con Él y en Él. Somos elegidos que “claman ante Él día y noche”. No es lo mismo cuando vivo mi vida con fe, sabiendo que el Señor tiene contados hasta los pelos de mi cabeza, que moriría sólo por mí ¿Qué puedo temer?

Un ejemplo de fe, lo encontramos en María, cuando después de la negativa de Jesús a intervenir porque les faltaba vino en las bodas de Caná, Ella, movida por el Espíritu Santo, casi que “obliga” a Jesús a hacer el milagro. Qué seguridad tenía en la compasión del Señor y en Su poder. Comparemos la actitud de María con la nuestra en la oración, para descubrir qué más hace falta para que el Señor convierta nuestra agua en vino.

El silencio de Dios significa: «Sigue insistiendo». Un día sabremos que gracias a esa fe insistente nuestro corazón iba cambiando y se convertía en el corazón que late por Dios.

Madre:
Que importunemos a Dios con nuestra perseverancia. Él quiere convertir nuestro matrimonio en un camino de Santidad, pero si no tenemos fe, no puede ayudarnos, porque podríamos caer en el peligro de creer que hemos sido nosotros quienes lo hemos hecho y envanecernos y destruir todo lo construido. Madre, pide al Espíritu el don de la fe para nosotros. Mientras, no dejaremos de bombardear el cielo juntos. Alabado sea el Señor, que está siempre atento a nuestras necesidades.