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Ni con la punta de mis dedos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 42-46

EVANGELIO
¡Ay de vosotros, fariseos! ¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley!

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 42-46
En aquel tiempo, dijo el Señor:
-«¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!
Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello.
¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas!
¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!».
Le replicó un maestro de la ley:
-«Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros».
Y él dijo:
-«¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos! ».

Palabra del Señor.

Nota: ProyectoAmorConyugal organiza un retiro para matrimonios y familias en Madrid, entre los días 21 y 23 de octubre. Pedimos vuestras oraciones.

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Ni con la punta de mis dedos.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Las leyes de Dios tienen un único objetivo: Amar más a Dios y a los demás. Sin este objetivo, la ley pierde todo su valor y su bondad. Ya lo decía también San Pablo muy gráficamente: Ya podría yo dejarme quemar vivo, si no tengo amor de nada sirve. Qué bueno sería que las leyes humanas se basaran en este mismo criterio ¿Verdad?.

Bien, pues esto tan sencillo, a lo mejor se me olvida constantemente. ¿Qué es lo mejor? ¿Lo que más me cuesta? ¡No! Lo mejor es aquello con lo que amo más. Así puedo yo estar sacrificándome por mi esposo en algo que él/ella no quiere o no es un bien para él/ella. Claramente estoy haciendo el tonto, o peor, a lo mejor lo hago en el fondo para glorificarme a mí mismo…

Por tanto, la primera cuestión en la que me corrige el Señor, es la de las leyes sin amor. La segunda es la de aplicar las leyes al otro. Ojo con esto porque a Cristo parece que no le gusta nada, nada en absoluto: -«¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!». Y ¿Cuántas veces me dedico a cargar a mi esposo con exigencias que yo mismo no soy capaz de cumplir?. Sí, a lo mejor le estoy exigiendo una perfección en el amor que yo no toco ni con la punta de mis dedos.

Madre:
Cuánto aborrece el Señor que mire a mi esposo y le exija, cuando yo no soy nadie para hacerlo ni tampoco soy un ejemplo. Cuánto dolor y cuánta distancia causa esta actitud en el matrimonio. Con razón Cristo se pone tan serio con los que lo hacen: ¡Ay de vosotros…!. ¡Ay de mí…! Señor, ten misericordia de mí que soy un pecador.

Mi mendigo interior. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 37-41

EVANGELIO
Dad limosna, y lo tendréis limpio todo

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él.
Él entró y se puso a la mesa.
Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo:
-«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.
¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».

Palabra del Señor.

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Mi mendigo interior.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Leyendo este Evangelio, la primera impresión es sorprenderse ante lo absurdo del planteamiento de los fariseos, pero igual no estamos tan lejos de ellos.

Quizás esté yo también demasiado pendiente de lo de fuera, de la imagen que transmito, empeñándome en darle brillo no vaya a ser que me critiquen. Puedo comprobarlo si me descubro excusándome varias veces al día, especialmente ante mi esposo. Santa Teresa propone el “no excusarse” como camino de humildad. Ella dice que, si no he cometido aquello de lo que me acusan esta vez, en cualquier caso me mereceré la corrección por otras muchas faltas de caridad que sí tengo y pasan desapercibidas.

La propuesta de Jesús es “dad limosna de lo que hay dentro y lo tendréis limpio todo”. San Agustín lo dice de otra manera: “Compadécete de tu alma, agradando al Señor. Fija los ojos en tu conciencia, tú que vives mal o como infiel, y en ella encontrarás tu alma mendigando o acaso enmudecida por la necesidad. Da limosna a tu alma por medio del juicio y de la caridad. ¿Qué es el juicio? El disgusto de ti mismo; ¿qué es la caridad? Amar a Dios y amar al prójimo. Si dejas de hacer esta limosna, por mucha caridad que tengas, nada harás cuando nada haces por ti mismo”.

Descubro mi alma mendiga, me arrepiento sinceramente y le entrego mi interior a mi esposo, y me entrego por amor a él/ella para que Dios alimente y purifique mi alma por la gracia de nuestro sacramento conyugal.

Madre:
Cuánto aprendo de la mano del Señor. Cuánto bien me hace entrar en mi verdad de la mano de la Verdad que nos ilumina. Pídele al Padre que nos siga dando el pan de cada día. El pan de la Palabra. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El qué, el cuándo y el cómo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 29-32

EVANGELIO
A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:
-«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como generación Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta .
La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el, juicio contra esta generación y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

Palabra del Señor.

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El qué, el cuándo y el cómo.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Los fariseos piden una señal de Dios para creer en Jesús. El hombre siempre se empeña en querer controlar a Dios, en lugar de acoger y aceptar sus designios.

Puedo querer recibir consolaciones cuando rezo, o que Dios me quite mis miserias para no ser tan frágil y ser un ejemplo para otros, o puedo querer que cambie a mi esposo y lo transforme en el esposo ideal, o que me cure una enfermedad… Puede que quiera ser dueño de mi futuro y mi destino.

Pero no, la única señal que se me dará es la señal de que como no me arrepienta y me someta a mi Señor, moriré para siempre. Tengo que abandonar mi soberbia y reconocer mi pequeñez, que a su lado no soy nada. ¿De verdad creo que sé qué es lo mejor para mí? ¿De verdad creo que sé qué es lo mejor para mi esposo? ¿En qué me baso para creerlo?

Tengo que contemplar con humildad la grandeza de Dios y comprender mi ignorancia, mi pequeñez. Aquí hay uno que es más que Jonás, y su Palabra es palabra de Dios. Y hay uno que es más que Salomón y su sabiduría es la Sabiduría de Dios. ¿No sería más inteligente adherirme a Él en lugar de pedirle que actúe según mis criterios?

Sí, Señor. Yo me uno a Ti y a través de mi esposo me hago uno contigo, y acojo a mi esposo tal como es y acojo todas las circunstancias que me vengan y las acojo con alegría. Señor, yo quiero lo que Tú quieras, cuando Tú quieras y como Tú quieras. Éste es el camino de la fe. Alabado seas por siempre, Tú que me amas sobre todas las cosas.

Sólo un 10%. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 17, 11-19

EVANGELIO
¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19
Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo:
«ld a presentaros a los sacerdotes».
Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
– «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor.

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Sólo un 10%.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Diez quedaron limpios de su lepra, pero sólo uno quedó salvado por su fe: El que volvió para dar gloria a Dios.
Hay una cita de Chesterton que dice: «Una vez al año agradecemos a los Reyes Magos los regalos que nos encontramos en los zapatos, pero nos olvidamos de dar las gracias todos los días a Dios que nos ha dado los pies para meterlos en ellos».

Dios me lo ha dado todo, menos el pecado. ¡Todo! Muchas cosas que aún no conozco, otras que no aprecio suficientemente y que vivo gracias a ellas de la manera más natural, como el que camina inconsciente de que ha recibido dos pies para andar.

Sin embargo, estamos muy atentos a lo negativo, a lo que nos falta. A aquellos leprosos les faltaba la salud y se acordaban de Dios. Son curados y de repente se olvidan de Él.

Ahora te proponemos que te vuelvas al Señor y le agradezcas todo lo que te ha dado y ha hecho por ti con tu propia oración de acción de gracias:

Señor, soy testigo de que me has curado, de lo que has hecho en mí, en nosotros. Somos testigos de tu fuerza y tu bondad. Deseo que todos experimenten que estás vivo y das vida.

Alabado seas Señor mío y Dios mío porque has creado un mundo hermoso para que habite en él y me has dado poder sobre él, porque no te he respondido y Tú me has salvado, gracias porque has creado a mi esposo para mí y para que me ayude a ir a ti: Un hijo Tuyo que pones a mi lado para que se haga uno conmigo. Debería tomar conciencia de tal don y tratarlo con más delicadeza. También nos has bendecido con nuestros hijos, nos has mostrado tu sabiduría para caminar por sendas rectas y me perdonas y levantas cada vez que tropiezo. Gracias por hacerte hombre como yo para poder enseñarme a caminar como hijo y esposo, gracias por entregarte y sufrir por mí para salvarme, y para hacer posible nuestro amor de comunión. Gracias por darme a tu Santa Madre ¡Qué don más hermoso! Una madre Santa que me protege, intercede, me guía y aconseja, sufre por mí con entrañas de Madre… En fin, es una lista tan larga de agradecimientos que no tengo derecho a estar triste.

Gracias Señor por mostrarme tu amor con tanta generosidad. No hay con qué darte gracias, pues eres tan inmenso e infinito… Sólo puedo postrarme ante tus pies, como el leproso curado de hoy y darte gracias por curarme a mi cada día de mi lepra.

¿Cómo te podré pagar? Alabado seas por siempre, Señor.

Lo que me hace feliz. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 27-28

EVANGELIO
Bienaventurado el vientre que te llevó. Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
-«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
-«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Palabra del Señor.

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Lo que me hace feliz.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Es verdad que puedes llevar a Jesús en tu corazón, pero desde un sentimentalismo. Pero Dios es Dios y es el que es, no el que yo quiero que sea. La única manera de llevar verdaderamente a Jesús es escucharle y hacer lo que me dice. Podría seguir una fe llena de actividades que me hagan sentir bueno, y a lo mejor Dios quiere de mí otra cosa. No puedo vivir mi fe en las nubes, sino en mi vida concreta.

Así, podría repasar el Evangelio y plantearme si lo estoy siguiendo, porque si no soy feliz en mi matrimonio es porque algo me falla. Cuando doy ¿No sabe mi mano izquierda lo que hace mi derecha? ¿Me basta con las penas de cada día? Lo que deseo para mí ¿Lo hago para mi esposo? ¿Le juzgo? ¿Oro por él/ella en los momentos de enemistad? ¿Le presento la otra mejilla? ¿Cómo puedo amar a Dios a quien no veo si no amo a mi esposo a quien veo?, etc. Si no hago todo esto, ¿Cómo pretendo tener un matrimonio feliz?

Por eso María, no es tanto dichosa por haber llevado a Cristo en su seno, sino por haber sido fiel a Dios.

Madre:
En este Evangelio se cumple aquello que decías en el Magníficat “Desde ahora me llamarán Bienaventurada todas las generaciones”. A pesar de los elogios que te dedica Jesús, no te ahorró ni un ápice de sufrimiento y de dolor. Eso sí, por ello no dejaste de ser Bienaventurada, pues en esas circunstancias también escuchaste la Palabra de Dios y la pusiste en práctica. Por eso, no es más feliz el que menos sufre, sino el que más sigue al Señor con su cruz a cuestas. Bendita Madre, damos gracias por todos los dones que Dios nos entrega a través de ti.