Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

RETIRO MATRIMONIOS MADRID 17 – 19 OCTUBRE 2025

RETIRO MATRIMONIOS MADRID 17 – 19 OCTUBRE 2025

RETIRO MATRIMONIOS MADRID 10 – 12 OCTUBRE 2025

RETIRO MATRIMONIOS MADRID 10 – 12 OCTUBRE 2025

RETIRO MATRIMONIOS MADRID 3  – 5 OCTUBRE 2025

RETIRO MATRIMONIOS MADRID 3  – 5 OCTUBRE 2025

La invitación es tu esposo. Comentario para Matrimonios: Lucas 14,1.7-14

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1. 7-14

En sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
“Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».
Y dijo al que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

La invitación es tu esposo.

En el corazón de Cristo estamos en el primer puesto, y nos invita a Su gran banquete. Pero rechazamos la invitación traicionándolo: espiado, arrestado, juzgado, abofeteado, golpeado, burlado, flagelado, condenado, empujado, insultado, ultrajado, taladrado, estirado, crucificado, abandonado, maltratado, traspasado, asesinado, sepultado… y, finalmente, resucitado por Su Padre y sentado a Su derecha.
En qué corazón quieres vivir y tener el primer lugar: ¿en el Suyo o en el tuyo? En el primero mueres para vivir, en el segundo vives para morir.
A qué fiesta deseas acudir: al gran banquete del cielo o a una fiesta cutre de “garrafón” en una mala posada, con resaca eterna.
Tal vez te preguntes cuándo y dónde será el gran banquete, qué manjares se servirán, o cómo ir vestido. La respuesta está en el corazón de tu esposo.
Tu esposo es la invitación de Dios al banquete. En su intimidad está la gran promesa. En nuestro sacramento, la puerta de acceso. ¿Deseas asistir? ¿Deseas ser Santo?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Luis habla con Pedro, su tutor, de su matrimonio con María)
Luis: Ayer me dijo que no siente nada por mí, que quiere abandonar. Me ha pedido el divorcio.
Pedro: Ven, dame un abrazo. ¿Eres consciente de que no estás solo, verdad?
Luis: ¡Siento una impotencia tan grande!
Pedro: Quizás ha llegado el momento de pedirle que sea Él quien lo haga.
Luis: ¿Cómo?
Pedro: Pregúntate: ¿quién ocupa el primer lugar en tu corazón, el sufrimiento de María o el tuyo? Cuando te entregas a ella, ¿lo haces con pureza de intención, o esperando algo a cambio? ¿Tu entrega es total, o te reservas algo? ¿has sido fiel con ella?, no en lo que haces, sino en lo que piensas y deseas.
Luis: Entonces… ¿la culpa es mía?
Pedro: No va de culpa. Va de que tienes el poder de Cristo para vivir la verdad en tu matrimonio. La alegría reúne, el dolor une. Fíjate, en la alegría todos nos reunimos alrededor de Cristo. Pero es en el dolor donde nos unimos a Él verdaderamente.
Luis: Y ¿por dónde empiezo?
Pedro: Empieza ante el Santísimo. No Le digas nada, no Le impongas nada. Simplemente humíllate y pídele que te muestre tu verdad. No tengas miedo. Cuando te muestres tu miseria y la reconozcas, Su Espíritu vendrá, y con Su caridad podrás asistir a María.
Luis: Es que no tengo fuerzas … ni esperanza.
Pedro: Luis, aunque no lo veas, ahora has recibido una gracia enorme. Has llegado al punto en que ya no basta tu fe ni tu esperanza: necesitas pedir la de Cristo. Creemos que, porque todo marcha más o menos bien, estamos en paz… pero morimos lentamente. Para vivir la verdad de Cristo hay que volver a nacer, y sufrir dolores de parto. Pero no hay nada más pleno que vivir en la verdad que solo Su Espíritu puede dar.
Luis: Pedro, te voy a necesitar mucho en este camino. Ahora me cuesta mucho ver lo que me dices.
Pedro: Vamos a necesitarle sólo a Él. Y aunque ahora no lo veas, para eso está la fe. Y mientras tanto, en Su esperanza, yo esperaré contigo.

Madre,

Esposa perfecta que permaneció fiel al Esposo, enséñame el camino. Alabado sea el Señor.

Los talentos son del Señor. Comentario para matrimonios: Mt 25,14-30

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Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
“Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
Su señor le dijo:
“¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
“Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
Su señor le dijo:
“¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó el que había recibido un talento y dijo:
“Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y rechinar de dientes”».

Los talentos son del Señor.

En esta parábola, el Señor nos deja claro que mis talentos no son cosa mía, son dones que Él me ha dado para que los administre y los ponga a producir, a realizar la tarea que me ha encomendado, y esa parte ya sí que me corresponde a mí, soy responsable de poner mis cualidades a servir, a producir y dar fruto. El Señor me ha dado algunas capacidades, ciertos talentos. ¿Cuántos?, no importa si son muchos o pocos. ¿Cuáles?, los que Él ha querido. La cuestión es que, pocos o muchos, unos u otros, no me los ha dado para mi exclusivo provecho, ni para guardármelos para mí, sino para que los ponga a Su santo servicio. No son míos, son Suyos, y a mí me corresponde la tarea de administrarlos. Y me promete que, si soy un siervo bueno y fiel, que utilizo esos talentos para trabajar para el Reino de Dios, seguro que se multiplican y encima, como premio, harán que entre en la Vida Eterna. ¡Esto es alucinante! Si soy fiel en lo poco, en esas tareas ordinarias de mi día a día, con mi esposo, con mis hijos, familia, amigos… ¡me promete la Vida Eterna! ¿Puede haber un premio mayor?
Y yo me pregunto… ¿qué estoy haciendo con los talentos que el Señor me ha dado? ¿Los estoy poniendo al servicio de mi esposo, de mis hijos, de mi prójimo, como Él espera que haga? ¿O me los guardo y los entierro?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Manuel: Cristina, nos han invitado a ser los pastorcitos del nuevo grupo de matrimonios que se crea en nuestra parroquia. ¿Qué te parece? ¿Nos animamos y decimos que sí?
Cristina: ¡Pero qué dices Manuel! ¿Nosotros? ¡Si no somos nadie! Hay muchos matrimonios más formados que nosotros.
Manuel: Eso mismo he contestado yo al principio… pero me han insistido, dicen que nos ven, y que con nuestras cualidades podemos hacer mucho bien a los matrimonios del grupo.
Cristina: ¿Nuestras cualidades? ¿Qué cualidades?
Manuel: Dicen que somos acogedores, que tú eres responsable, y que yo soy perseverante… Y que lo recemos.
Cristina: Bueno… que eres perseverante, eso es verdad, jajaja… cuando se te mete algo entre ceja y ceja… Y que yo soy responsable, creo que también… cuando me comprometo a algo, es verdad que trato de cumplirlo con todas mis fuerzas… Y si ellos nos ven acogedores… Pero ¿será suficiente? Lo rezamos…
(Más tarde…)
Cristina: La verdad es que nunca antes me había parado a pensar y rezar de verdad sobre los dones que Dios nos ha concedido, para qué nos los ha dado, y qué quiere que hagamos con ellos. Y lo cierto es que no estoy segura que seamos los indicados para llevar un grupo, me veo con pocas cualidades, creo que la gente que conocemos tiene más que nosotros.
Manuel: ¿No será que te está venciendo la pereza, verdad? Porque esto no es cosa de compararse con los demás. Ya sabes, Dios reparte los dones como quiere. Todo lo que nos da es un don de Su Amor. La cuestión es hacer Su voluntad, poner al servicio del Reino de Dios los dones que nos ha entregado. No hacer como el siervo negligente y holgazán de la parábola de los talentos, que en vez de ponerlos a producir los enterró y por eso al final los perdió.
Cristina: Tienes toda la razón, Manuel. Puede que me venza la pereza, o quizás sea un poco de falsa humildad, que en el fondo no deja de ser amor propio. Creo que tenemos que intentarlo. Si el Señor quiere que esta sea nuestra forma de poner nuestros dones a Su servicio, Él lo hará posible. Y si no, Él nos lo hará saber. ¡Jesús, en Ti confío!
Manuel: ¡Esta es mi Cristinita! ¡Te quiero!

Madre,

ayúdanos a reconocer con humildad los talentos que Dios nos ha dado, que no nos apropiemos de ellos, y que como Tú, siempre y en todo momento demos gracias a Dios por todo lo que nos da. Él es la fuente de todo bien. ¡Proclama mi alma la grandeza del Señor! ¡Bendita seas, Madre! ¡Alabado sea el Señor!