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Protagonista de la santidad. Comentario para Matrimonios: Juan 12, 44-50

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo:
«El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.
Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».

Palabra del Señor

Protagonista de la santidad.

Señor, Tú no vienes por tu cuenta sino que vienes en actitud de obediencia, enviado en el nombre del Padre, para darnos luz y salvarnos diciendo y haciendo lo que Él te diga y como Él te lo diga. Así revelas el hombre al propio hombre, como decía San Juan Pablo. Así nos enseñas a ser perfectos hombres y mujeres. Con esa actitud de docilidad, mansedumbre, obediencia…

Nosotros hemos sido creados con una vocación a la santidad, que no es otra cosa que participar de la Santidad del único Santo que es Dios. ¿Cómo hago eso? ¿Siendo muy original? ¿Con actos heroicos? No. El protagonista de la santidad no soy yo. Actuando en el nombre del Padre, del Hijo y de Espíritu Santo, de manera que, cuando me miren, no me vean a mí, sino que vean al que me ha enviado.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Laura: Carlos, es que no te esfuerzas.
Carlos: Sí que me esfuerzo, de verdad lo intento, pero es que no depende de mí.
Laura: Eso es porque no pones interés.
Carlos: Eso es porque yo no tengo el poder para cambiarme a mí mismo. Lo siento Laura, de verdad. Sé que te hago daño con mi falta de cortesía, pero es que me sale el temperamento y no puedo hacer nada. De verdad que lo intento y en seguida me arrepiento.
Laura: Pues entonces, cambiemos de estrategia y unámonos al Señor con lazos más fuertes.
Carlos: Eso sí lo veo claro. A ver si Él me contagia Su paciencia y Su mansedumbre. Necesito paz interior.
Laura: Me uno a ti para pedírsela al Señor y ofrezco los sacrificios del dolor que me causan tus respuestas impetuosas, por ti.

Madre,

Queremos mimetizarnos con Dios. ¿Tú lo ves posible? Es nuestra vocación. Ayúdanos, Llena de Gracia. Amén.

Obras que salvan. Comentario para Matrimonios: Juan 10, 22-30

EVANGELIO

Yo y el Padre somos uno
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.
Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor.

Obras que salvan.

Señor, cuando te seguimos y estamos contigo, hacemos Tus obras. Obras de misericordia, de paciencia, de alegría, de humildad… obras que salvan a otros, que lo hacen todo nuevo. Señor, me llena de esperanza que nos digas que nadie nos arrebatará de tu mano. También me siento importante para ti cuando dices que yo, lo que el Padre te ha dado, soy para ti más que todas las cosas ¡Qué importante soy para ti! Gracias Señor por amarme de esta manera.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ramón: Perdona, esposa. Me pediste que no te llevara la contraria delante de los niños y lo he vuelto a hacer. Es ese arrebato de orgullo que me impulsa a sobresalir para quedar mejor. Perdón Señor. Ayúdame a acoger a mi esposa como ministra de Tus Gracias para mí.
Teresa: Te perdono, Ramón. Sé que Tú, Señor, estás presente en este acto de amor y eso me da esperanza. Anímate, Ramón, ya verás cómo nos ayuda. Tenemos un camino precioso que construir. El camino del amor, de la Caridad Conyugal. Anda, dame un abrazo fuerte en presencia del Señor, que Él lo hace todo nuevo.
Ramón: Gracias Señor, por este don de mi esposa. Es una maravilla.

Madre,

Que nuestra vida de esposos sea una constante oración, siempre en presencia del Señor, porque siempre está presente a través de nuestro Sacramento. Qué suerte, pasear juntos con Él cada tarde. Alabado sea el Señor, que nos lleva de Su mano. Amén.

Dos condiciones. Comentario para Matrimonios: Juan 10, 1-10

EVANGELIO

Yo soy la puerta de las ovejas
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor.

Dos condiciones.

¿Qué mejor noticia que ser conducido por Ti, Señor? Señor, en este Evangelio, para comprometerte a ser Tú mi Pastor, me enseñas que necesitas de mí dos cosas: Un compromiso de fidelidad, es decir, que no actuaré por mi cuenta y construir una relación de confianza contigo, es decir, que construya y mantenga una relación íntima contigo en la que vaya construyendo día a día y me permita distinguir tu voz de otras voces que me distraen de mi vocación.

Lo importante no es no caer, sino oír tu voz para poder levantarme y seguirte. No son mis méritos y tirar por donde yo creo, son las mociones de tu Espíritu Santo las que construyen santos.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Almudena: Estoy desconcertada. Parece que no avanzo y no sé por dónde seguir. Analizo mis caídas, las veces que te ofendo y de verdad que no soy consciente de ellas. Y al contrario, me parece que lo tuyo hacia mí sí que son ofensas y entonces eres tú el que no las ves. No entiendo nada y no sé cómo avanzar.
Luis: Yo tampoco. Yo estoy seguro de que no hago ni digo nada que pueda ofenderte y en seguida te sientes ofendida. Y tú no entiendes que yo no vea que te hago daño.
Matrimonio Tutor: Perdonad que intervengamos. Como os sigáis mirando a vosotros mismos y el uno al otro, estáis perdidos. Creemos que esto es una estrategia del demonio para crear distancia entre vosotros y para que no estéis centrados en el Señor. Nuestra recomendación es que os riais de esta situación por vuestra torpeza, por vuestra fragilidad, y que centréis vuestras miradas en el Señor. Ya veréis como Él se encarga de desliar este embrollo.
(Y así ocurrió. Almudena y Luis dejaron de darle vueltas a cada situación en la que se sentían ofendidos y simplemente le pidieron al Señor que es encargase Él de resolver todo aquello. Milagrosamente el panorama se fue despejando y el ambiente se fue relajando. El Señor les devolvió la luz que habían perdido).

Madre,

No queremos salirnos del rebaño, queremos morir siendo fieles a nuestra Iglesia, de la que Tú eres Madre. Siendo cosa Tuya y del Señor, estamos tranquilos y vamos confiados. Es un gusto sentirnos arropados por Ella. Bendita Iglesia.

¿Piedras de tropiezo? Comentario para Matrimonios: Juan 6, 60-69

EVANGELIO

¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
«¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, hay algunos de vosotros que no creen».
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo:
«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce:
«¿También vosotros queréis marcharos?».
Simón Pedro le contestó:
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios».

Palabra del Señor.

¿Piedras de tropiezo?

Señor, a veces mi miseria, mis caídas o mi carencia en virtudes me pueden parecer un problema en el camino hacia ti y las vivo como piedras de tropiezo. Son piedras que me podrían desanimar. Pero hoy he descubierto que no, que son una ayuda. Cuanto más caigo en el valle de la propia humillación, más listo estoy para amar. Más abierto estoy para abrazar a otros, a cualquiera por muy despreciable que parezca, porque yo también lo soy. Y además, descubro que sólo Tú, sólo Tú puedes hacerlo. Sólo te tengo a Ti. No me queda nada más… y nada menos. Señor, Tú tienes palabras de vida eterna y sé que Tú eres el Santo y sólo Tú puedes llevarme a la santidad.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ramón: Teresa, yo creo que ya no voy a ir más a la reunión de matrimonios. Aprendemos cosas, pero luego no nos sirve de nada. Seguimos discutiendo en muchas ocasiones, tú pierdes los nervios, como ayer, y te pones hecha una furia.
Teresa: Ya, Ramón pero es que seguimos en camino. Vamos avanzando poco a poco. Estamos aprendiendo sobre la verdad del matrimonio, y nos estamos esforzando, aunque deberíamos poner más interés. Ya vamos sabiendo identificar nuestros errores, y por temporadas vamos mejorando. Pero una cosa sí te digo, si no seguimos aprendiendo sobre la verdad del matrimonio, si no nos sentamos a hablarlo juntos al menos una vez al mes, si no tenemos un grupo de referencia, si no nos ponemos un compromiso para reunirnos una vez al mes ¿Dónde vamos a ir?. El Espíritu está en la Iglesia, y nosotros participamos en ella. Ese es el camino, Ramón.
Ramón: Comprendo, estoy siendo objeto de una tentación. Es cierto que dejar este camino no sería una alternativa mejor, más bien al contrario, me lleva a la perdición. Sólo nos salvará perseverar en el camino que nos señala el Señor.

Madre,

Tú nos guías, tú eres Madre de la Iglesia. Todo lo que aprendemos viene del Espíritu Santo, y no vamos a rendirnos. Te seguiremos, porque Tú nos llevas hacia el Señor y Él es el Santo, el Consagrado de Dios. Alabado sea por siempre. ¡Aleluya!