Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

Viacrucis del Matrimonio 8 Estación

8ª Estación El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Padrenuestro y un Avemaría.

A Jesús le fallan las fuerzas. Pero los soldados quieren que llegue hasta el lugar de la ejecución. Y obligan a un hombre, Simón de Cirene, que viene de su trabajo, a llevar durante un trecho la cruz del Señor.

Del Evangelio según San Lucas 23, 26:

Cuando le llevaban echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.
(cf. Mt 27, 32-33; Mc 15, 21).

Comentario

Nos encontramos con la cruz sin buscarla. Simón de Cirene tampoco contaba con ella. Había realizado, como todos los días, su trabajo en el campo, y volvía a casa para el merecido descanso. Sin embargo, los planes de Dios, son distintos y se le exige un esfuerzo añadido.
Jesús sale a buscarnos cuando menos lo esperamos, y nos pide que le ayudemos a llevar tantas cargas… La redención no es una empresa que hizo el Hijo de Dios, y como tal ya está olvidada. El Señor nos pide que seamos corredentores, que seamos sus hombros en nuestro camino como esposo/a. Dichosa el alma que acompaña a Jesús acompañando a su esposo/a, porque terminará llena del amor de Dios. Al Cirineo le obligaron, lo aceptó y terminó creyendo él y sus hijos. Jesús miró con tal amor al Cirineo, que le convirtió a él y a su familia. El alma unida a Jesús gana muchas almas ¿Cómo no va a ganar la de su esposo/a llamados a ser uno?
¿Estoy dispuesto/a a ser cirineo de mi esposo/a y ayudarle a cargar con su cruz?

Oración

Señor, estás fatigado y nos pides ayuda: Has querido necesitar de nuestro apoyo. Enséñanos a tener la humildad de pedir ayuda cuando lo necesitemos. Ayúdame a ser cirineo de mi esposo/a e hijos, sin humillarlos. Haz Señor, que sepamos descubrir Tu rostro en el sufrimiento, en el enfado y en la pobreza de mi esposo/a, para que sea su apoyo y su consuelo.

V/ Señor, pequé.
R/ Señor, ten piedad de mí y de mi familia.

La “celda espiritual” Comentario para Matrimonios: Lucas 11, 29-32

EVANGELIO

A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:
«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.
La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

Palabra del Señor.

 

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La “celda espiritual”

¿Puede haber algo de perverso en mi corazón? Lo cierto es que puede que esté proyectando mi mal sobre mi esposo, contribuyendo así a la corrupción de su corazón. Cuando le juzgo, cuando estoy pendiente de la obra del diablo en él/ella y no de la de Dios, y le recrimino proyectando ese mal sobre él/ella, ¿no estaré teniendo un corazón perverso? Como Jonás, cuando mi esposo me ofende, no pido misericordia para él/ella, sino que pido un castigo ¡Para que aprenda! ¡Para que descubra el daño que me hace y se arrepienta de una vez! A Dios en cambio, le basta cualquier gesto de arrepentimiento para volcar sobre él/ella, toda Su misericordia.
La Virgen de Fátima decía: “Huid de lo malo, porque esa es la obra de satanás. Mirad todo lo bello y lo bueno, porque esa es la obra de Dios.” Muchas veces nos hemos planteado que nos gustaría vivir una especie de “clausura espiritual” en la que, aunque anduviésemos por el mundo, estuviésemos contemplando a Dios en todo momento. Las Hermanas de Belén, del Monasterio de la Cartuja de Jerez, en su hábito, tienen una capucha. Dicen que es para llevar la celda consigo. La celda es ese lugar donde están con el Señor, y llevando la capucha, permanecen con Él aunque estén fuera de su celda.
Pues bien, hoy llego a la conclusión de que de las muchas ventanas que tiene mi “celda espiritual”, debo abrir al mundo sólo una, y es la ventana por la que mira Dios, desde dentro de mí, a todo y a todos. Así, mirando el mundo y a mi esposo desde Su mirada, permaneceré unido a Él en todo momento y brotará de mí esa misericordia que me falta con mi esposo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Carmen: Perdona esposo por no ver todo lo bueno y bello que hay en ti, por matar mi fe en el Dios que hay en ti. Veo mal en ti y dejo de creer en ti y en las gracias que Dios me quiere dar a través de ti. Mi corazón es malvado porque se fija y guarda lo malo que veo en ti. Tus ofensas las guardo en mis recuerdos y las rememoro sintiéndote indigno de mí y de mi amor. Me instalo en mi tristeza para hacerme protagonista de nuestra historia apartando a Dios y Su misericordia. Y así, proyecto mi mal sobre ti hundiéndote y desanimándote. Señor dame un corazón humilde como el tuyo, que cuando ves una pizca de bien en un corazón, lo engrandeces para darle vida, porque Tú, ante todo, olvidas el pecado y salvas al pecador. Ayúdame a ver todo lo bello y bueno que hay en mi esposo. Sólo eso.

Madre,

Concédeme vivir contigo en mi celda espiritual, para que esté siempre contigo y con Dios, allá donde esté. Abrázame fuerte y no dejes que me aparte de tu lado. Amén.

Viacrucis del Matrimonio Estación 7

7ª Estación Jesús carga con la cruz

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos
R/ Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Padrenuestro y un Avemaría.

Los romanos emplearon como pena de muerte la crucifixión. El reo de muerte debía llevar el madero, instrumento de suplicio, hasta el lugar previsto: fuera de la ciudad, para mostrar más claramente que era un indeseable.

Del Evangelio según San Juan 19,16-17:

Entonces Pilato se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y él, con la cruz a cuestas, salió hacia el lugar llamado de la Calavera que en hebreo se dice Gólgota.
(cf. Mt 27,31; Mc 15,22).

Comentario

Jesús toma la cruz. La abraza. Y le pesa. Le abre las heridas de sus hombros llagados. ¡Qué duro se hacen los pasos por la Vía Dolorosa! En torno a Él se forma un
cortejo de curiosos y de gente sin escrúpulos que aprueba la injusticia. Pero, a pesar de su debilidad, avanza sudoroso y sediento, con una sed de amor.
Nosotros, ahora, no podemos permanecer impasibles ante el Señor que carga con todas nuestras debilidades. Porque la cruz, que era signo de oprobio, va a ser instrumento de nuestra salvación. Y al contemplar a Jesús sentimos en nuestro interior, una vez más, su invitación constante: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día y sígame».
Jesús la carga sin un gesto de desagrado, más lleno de amor que de dolor. Es el medio designado por Dios para redimir al mundo. Mira dentro de sí a Dios y le dice: Padre en obediencia a ti y por tu amor, la abrazo. Le miraba presente dentro de sí mismo y la divina presencia le mantenía sereno y constante en el amor.
Y ¿yo cómo acojo la cruz de cada día, las pequeñas pruebas o grandes de nuestro matrimonio, miro dentro de mi esposo/a y veo a Dios en su corazón y lo abrazo? ¿o cargo con resignación lleno de gestos de desagrado y descontento, pensando en lo a gusto que me quedaría si pudiese quitármelo de encima?
¿Cómo actúo ante el peso de los pecados del esposo?:
– No acepto su debilidad. No estoy dispuesto a aguantar sus ofensas, ni sus carencias y pecados. Me centro en mi autocompasión, y escucho a Satanás el acusador: “Cuánto dolor te ha causado. Merece un castigo. Tiene que corregir y tiene que cambiar de una vez… antes de perdonarle.”
– O por el contrario, ¿Me echo sobre mis espaldas su pecado por amor, uniéndolo al Sacrificio de Cristo para su redención?, ¿Miro al Padre aceptando de buen grado y por obediencia esa situación como voluntad suya?
Jesús es camino, verdad y vida. Si no sigo su camino de cruz, no veré la verdad y no alcanzaré la vida.

Oración

Señor ayúdame a tomar mi cruz, la de cada día, la que tanto me cuesta y tanto me santifica. Que no le tenga miedo a la cruz, a esa cruz del dolor, de la enfermedad, de las incomprensiones… Que sepa ver en ella Tu voluntad; porque la cruz, llevada con amor es santificante, es redentora. Enséñame, Señor, a amar la cruz, a abrazarme a ella. Que nunca deje de mirarte y acepte las actitudes y debilidades de mi esposo, por adversas y dolorosas que sean, como voluntad Tuya para nuestra santificación y la de nuestros hijos.

V/ Señor, pequé.
R/ Señor, ten piedad de mí y de mi familia.

Unido a ti en mí. Comentario para Matrimonios: Mateo 6, 7-15

EVANGELIO

Vosotros orad así.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así:
«Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos han ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal».
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Palabra del Señor.

 

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Unido a ti en mí.

Jesús nos revela que Dios es un Padre bueno que nos ama y quiere nuestro bien. Es tan consolador… Basta con entrar en contemplación y tener una conversación amorosa con Él. Un Padre que me sustenta cada día, que me consuela, que me perdona, que me eleva… Miro en lo más profundo de mí, silencio lo exterior del mundo y despierta mi alma en el encuentro con Él. Ahí está Él, dentro de mí, ahí está Su reino. Su casa en mí. Está muy vivo y convive conmigo, y puedo mantenerme unido durante el día a pesar del bullicio.
Convencido de su presencia en mí, comienza el camino de la unión con Él a través de mi esposo, mi hermano.

Aterrizado a la vida matrimonial:

María: Rezando el Padrenuestro a tu lado, me siento pequeña. Nos veo como dos niños cogidos de la mano, mirando hacia arriba al Padre que los cuida y protege.
Pedro: Yo me siento más unido a ti por Él. Es ese sentimiento de ser familia de Dios tú y yo. Me parece una pasada. Es precioso. Los dos provenimos de Él, nos parecemos a Él, compartimos el Amor de un Padre que nos quiere.
María: A mí me encanta que los dos persigamos amarle, llenarnos de Él, que triunfe Su Corazón. Me encanta que los dos vayamos en Su nombre, que defendamos Su nombre, que le adoremos juntos… Me une tanto a ti…
Pedro: Y a mí, que seas Su hija. Es una maravilla, Él me entrega Su tesoro de hija. Me encanta.
María: Desde hoy rezaré el Padrenuestro contigo, de otra manera.

Madre,

El mismo Padre y la misa Madre. No nos podemos quejar de tanta generosidad como tiene Dios con nosotros. Alabado sea nuestro Padre por siempre. Gloria a Él.

Vía Crucis del Matrimonio 6 Estación

6ª Estación
Jesús es azotado y coronado de espinas

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Padrenuestro y un Avemaría.

Pilato quiere congraciarse con los judíos y entrega a Jesús a los soldados para que lo azoten. Para estos romanos es un buen motivo de entretenimiento. Y, al que llaman «el rey de los judíos», le colocan una corona de espinas.

Del Evangelio según San Mateo 27,26-30:

Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, se lo entregó para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la cohorte. Le desnudaron, le pusieron una túnica roja y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y en su mano derecha una caña; se arrodillaban ante él y se burlaban diciendo: Salve, Rey de los Judíos.
Le escupían, le quitaron la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de reírse de él, le despojaron de la túnica, le pusieron sus vestidos y le llevaron a crucificar.
(Mc 15,16-19; Lc 23,25, Jn 19,1- 3).

Comentario

Entregan a Jesús a los soldados, que lo desnudan y lo atan a una columna. Comienzan los azotes sin asomo de piedad: Uno tras otro descargan sus golpes hasta quedar exhaustos. Se producen desgarrones, sufridos en un silencio que no sirve para conmoverlos.
A la tortura terrible de los latigazos, se unen los ultrajes, llenos de frivolidad, de unos inconscientes. Nuestro Señor, Rey de cielos y tierra, se ve escarnecido con una corona de espinas, con un manto de púrpura, no contemplamos a un rey de corona de oro y trajes de seda y piedras preciosas, ¡No! Porque contemplamos al Amor, que nos enseña a amar. Conserva el perfecto dominio de sí mismo y una inalterable serenidad porque tiene su atención en el Padre, ¿En dónde tengo puesta yo mi atención cuando mi esposo me hiere?
¿Cómo me posiciono ante esta estación?
– ¿Me preocupa mi imagen? ¿Lo que piensen de mí por ser fiel a mi esposa y a mi familia? ¿Me preocupa lo que mi esposa piense de mí y por eso le oculto mis debilidades aparentando ser más de lo que soy? ¿Reclamo agradecimientos por mi entrega? ¿Reclamo mis derechos por mi trabajo?…
– O por el contrario ¿Estoy dispuesto a ser ridiculizado? ¿Estoy dispuesto a que no se reconozca lo que hago por amor? ¿Dispuesto a vivir las burlas y desprecios a los que puede someterme mi esposo en momentos de enfado?
¿Cómo responde Cristo, mi modelo y mi camino, ante estas situaciones? O prefiero no verlo…
Lleno de amor de Dios y en la divina voluntad con la misma paz, intimidad y confianza que en Nazaret y durante toda su vida, piensa: Esto quiere el Padre de mí, esto quiero yo. Acepta en silencio el dolor y el desprecio, en alabanza a Dios y en expiación por los pecados para redimir al mundo. Así me enseñas, Señor, a amar a mi esposo en la ofensa, no para mirarme o mirar mi dolor, que no conduce más que a la autocompasión, sino para, mirándote a Ti, Señor, mirar a mi esposo con amor, porque me necesita y redimir por él con mi dolor, para que Tú le sanes, le perdones y vivamos una comunión mucho más intensa. Porque me llamas a colaborar contigo en su santidad, a reparar por sus pecados y ahí Tú, Señor mío y Dios mío, me santificas a mí y vendrá a nosotros un anticipo de Tu Reino.
Danos Tu Amor y el Amor nos enseñará a ofrecernos por el otro y nos dará la fortaleza para conservar el silencio y la paz, Tu paz, con serenidad. Señor que no termine yo de romper la caña que está cascada en mi esposo/a, sino que por mi oblación se restaure.
¿Qué camino quiero elegir, el del desamor, el diablo orgullo que no admite una ofensa, o el de amar: es decir a Jesús que se humilla venciendo el mal? Sólo desde la
humillación se puede amar de verdad. Así nos lo enseña Jesús.

Oración

Señor, te vemos llagado y lleno de heridas. Quedamos conmovidos de Tu entrega sin límites. Te pedimos Señor que cada latigazo que recibiste, nos haga sentir el dolor que le causamos a nuestro esposo con nuestros enfados, con nuestra ira; que la humillación que viviste cuando Te desnudaron, sirva para no humillar a nuestro esposo con nuestros desprecios, con nuestras burlas ante su incapacidad o debilidad; que cada golpe con la caña, impida que nos golpeemos con una corrección fraterna sin amor; cada espina de Tu corona, nos recuerde nuestros pensamientos innobles y egoístas. Enséñanos a vivir con humildad y pureza de corazón, con generosidad y desprendimiento; y a respetarnos el uno al otro como morada del Espíritu Santo que somos.

V/ Señor, pequé.
R/Ten piedad de mí y de mi familia.