Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

Del miedo a la alegría. Comentario para Matrimonios: Mateo 28, 1-10

EVANGELIO

Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10

Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:
«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado, No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.» Mirad, os lo he anunciado».
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
«Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Palabra del Señor.

 

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Del miedo a la alegría.

Celebramos hoy el Sábado Santo y la Vigilia Pascual. Solemos vivir de cara a la eternidad, como si esta vida durara para siempre. Esto nos pasa tanto con lo bueno como con lo malo. Cuando vivimos una dificultad, no tomamos conciencia de que lo malo pasa, igual que el resto de esta vida. El problema de vivir así es que nos podemos acostumbrar, y hoy es un día para salirse de esa tendencia. Hoy es un día para mirar el Sagrario vacío, la frialdad de las iglesias, de los altares desnudos… El Señor no está. Es un día para echarlo mucho de menos y tomar conciencia de lo horrible que sería mi vida si de repente me lo quitasen. Entonces sólo quedaría el polvo, la nada y el miedo, y todo sería por un tiempo para dejar de ser definitivamente. Sería como una mentira, porque sólo la verdad permanece. Me gusta, el Sábado Santo por la mañana, “saborear” el dolor y el miedo de estar sin el Señor, para por la tarde, en la Vigilia Pascual vivir el exultante e indescriptible “Alegraos” que nos dice al reencontrarnos con Él.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Carlos, el esposo de Sara, se fue a China en viaje de negocios. El avión en el que volaba tuvo un problema grave en el aterrizaje y se accidentó. Horas más tarde, sonó el teléfono de casa y a Sara le comunicaron que su esposo había fallecido. La desgracia para Sara era de tal envergadura, que le costó varios días digerirla. Estaba absolutamente desolada. Sus 35 años y sus 3 hijos pequeños, hacían que la situación cobrase más dramatismo si cabe. Una semana después, consiguieron repatriar el cadáver a España, y Sara fue al aeropuerto a recibir los restos de su esposo. Venía en un ataúd de zinc sellado y no pudo ni siquiera despedirse del cadáver. Sara tenía fe, pero nunca pensó que Dios le pediría vivir esta experiencia tan traumática. Era como si se hubiera entrenado toda la vida para una misión y ahora, su vida perdiera casi completamente su sentido. Sara estaba sola, sola, sola, para siempre, siempre, siempre, hasta el fin de sus días. Nadie podría rellenar el hueco que había dejado Carlos.
Fue entonces cuando Sara, descubrió el verdadero valor de su esposo, y recordaba con rabia todas aquellas veces que habían discutido por tonterías y se habían distanciado. Quisiera volver atrás y recuperar todos aquellos momentos, uno por uno, y aprovecharlos para abrazar a su esposo, mirarlo y sonreírle. Era lo único que valía la pena, disfrutar de su presencia.
Dos días después del entierro, alguien llama a la puerta de casa de Sara. Ella estaba en uno de esos momentos en que echaba de menos a su esposo y lloraba desconsoladamente. Sara abre la puerta y… casi se desmaya… era Carlos, un tanto magullado, pero ¡Vivo! ¡Carlos estaba vivo! Superados unos cuantos segundos de desconcierto e incredulidad, Sara se abrazó a Carlos llorando de alegría, una alegría desbordante. No se lo podía creer, había recuperado a su esposo con vida. En el accidente hubo algún problema con las identificaciones y se equivocaron de persona, pero ¡Era real! Su esposo estaba vivo.
Aquella experiencia dura pero a la vez gozosa enseñó a Sara y a Carlos a valorarse mutuamente como si cada minuto fuese a ser el último. Sara y Carlos viven ahora su fe de otra manera, porque también han comprendido lo que es el Sábado Santo y recuperar al Señor ¡Vivo! ¡Es real! Para la eternidad.

Madre,

Exulten los coros de los ángeles… llega el gran momento de la Vigilia Pascual. El que da sentido a todo, el que lo llena todo, el que merece todo. Que disfrutemos del Señor y de su promesa todos los días del año como lo hacemos hoy. ¡Alabado sea el Señor!

¿Se asemeja? Comentario para Matrimonios: Juan 18, 1-19, 42

EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1-19, 42

¿A quién buscáis? A Jesús, el Nazareno
Cronista:
En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ – «¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron:
S. – «A Jesús, el Nazareno».
C. Les dijo Jesús:
+ – «Yo soy».
C. Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ – «¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron:
S. – «A Jesús, el Nazareno».
C. Jesús contestó:
+ – «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos».
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste».
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ – «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».
Llevaron a Jesús primero a Anás
C. La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un sólo hombre por el pueblo».
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro:
S. – «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?».
C. Él dijo:
S. – «No lo soy».
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
Jesús le contestó:
+ – «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho».
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. – «¿Así contestas al sumo sacerdote?».
C. Jesús respondió:
+ – «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.
¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy
C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S. – «¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo:
S. – «No lo soy».
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. – «¿No te he visto yo en el huerto con él?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.
Mi reino no es de este mundo
C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. – «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron:
S. – «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos».
C. Pilato les dijo:
S. – «Lleváoslo vosotros y juzgadIo según vuestra ley».
C. Los judíos le dijeron:
S. – «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. – «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús le contestó:
+ – «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
C. Pilato replicó:
S. – «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
C. Jesús le contestó:
+ – «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
C. Pilato le dijo:
S. – «Entonces, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
+ – «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
C. Pilato le dijo:
«Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S. – «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Volvieron a gritar:
S. – «A ése no, a Barrabás».
C. El tal Barrabás era un bandido.
¡Salve, rey de los judíos!
C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. – «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. – «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa».
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. – «He aquí al hombre».
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. – «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. – «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él».
C. Los judíos le contestaron:
S. – «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más. Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús:
S. – «¿De dónde eres tú?».
C. Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
S. – «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?».
C. Jesús le contestó:
+ – «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».
¡Fuera, fuera; crucifícalo!
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. – «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S. – « He aquí a vuestro rey».
C. Ellos gritaron:
S. – «¡Fuera, fuera; crucifícalo!».
C. Pilato les dijo:
S. – «¿A vuestro rey voy a crucificar?».
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. – «No tenemos más rey que al César».
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Lo crucificaron, y con él a otros dos
C. Tomaron a Jesús, y cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. – «No escribas: «El rey de los judíos», sino: «Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”».
C. Pilato les contestó:
S. – «Lo escrito, escrito está».
Se repartieron mis ropas
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. – «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca».
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.
Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre
C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+ – «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
C. Luego, dijo al discípulo:
+ – «Ahí tienes a tu madre».
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Está cumplido
C. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+ – «Tengo sed».
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+ – «Está cumplido».
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
Y al punto salió sangre y agua
C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran, Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».
Envolvieron el cuerpo de Jesús en los lienzos con los aromas
C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nícodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor.

 

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¿Se asemeja?

Contemplamos a Jesús, Esposo, cómo ama. Decía San Juan Pablo que un matrimonio no se puede llamar cristiano si no se asemeja a Cristo Esposo que se entrega por su Esposa la Iglesia en la Cruz. Contemplo por tanto cuánto se parece mi manera de amar a la de Cristo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marta: Yo ya no creo en mi matrimonio. ¿Quién cree que es posible vivir una comunión entre esposos como Dios la había pensado?
Teresa: No digas eso, Marta. ¿Crees que Dios nos habría hecho esposos si el matrimonio no fuese posible?
Marta: ¿A pesar del pecado de mi esposo? ¿A pesar del mío? Eso me lo dices porque tú no estás en mi situación y no sabes lo que yo estoy viviendo. ¿Acaso conoces a alguien que esté aguantando lo que yo he aguantado y siga luchando por su matrimonio?
Teresa: Sí. Conozco un matrimonio. Uno de los dos cónyuges fue llevado a los tribunales, sufrió malos tratos, desprecios, juicios injustos, machacado por el orgullo, la vanidad, la envidia y montones de pecados de su cónyuge…
Marta: Ya, y ahora me dirás que siguen unidos ¿no?
Teresa: Sí, con unos lazos más fuertes que la muerte.
Marta: ¡Venga ya! ¿Quién es ese o esa para que le haga un monumento?
Teresa: Cristo. Y Él te promete por Su Sangre que si tú le sigues, alcanzarás lo que buscas en tu matrimonio.

Madre,

Qué desgarro vives en la Pasión de Nuestro Señor, que revivimos en estos días. Pero todo tu dolor fue también por nuestra salvación. Gracias, Madre, Gracias. Gracias, Señor, alabado seas por siempre. Nadie me ha amado tanto como Tú.

Que haya relación. Comentario para Matrimonios: Juan 13, 1-15

EVANGELIO

Los amó hasta el extremo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando, ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:
– «Señor, ¿lavarme los pies tú a mi?».
Jesús le replicó:
– «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Pedro le dice:
– «No me lavaras los pies jamás».
Jesús le contestó:
– «Si no te lavo, no tienes parte conmigo».
Simón Pedro le dice:
– «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza».
Jesús le dice:
– «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
– «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

Palabra del Señor.

 

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Que haya relación.

Amar es servir al otro, y Cristo nos amó hasta el extremo.
Es ahora cuando Jesús nos enseña que amar no es un estado emotivo ni un sentimiento recíproco hacia los que se portan bien con nosotros. Jesús ese día también le lavó los pies a Judas, a pesar de que ya sabía que le iba a traicionar: (“Vosotros estáis limpios, aunque no todos”). Es impresionante, que todo un Dios adopte una actitud que en aquella época se interpretaba como de esclavo, ante la humanidad, y entre ellos, aquel que sabe que le va a traicionar. Este gesto de humillarse ante el otro, es amor. La fe sin obras está muerta y el amor sin obras no es amor. Para que nuestro amor vaya bien, no necesitamos ir al sicólogo, sino servirnos el uno al otro mutuamente.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Teresa: Perdona, esta mañana te he hablado mal, y tú, te has mostrado cariñoso conmigo en todo momento. Veía cómo, cuanto más grande me hacía yo, más pequeño te hacías tú.
Paco: Teresa, le pedí ayuda al Espíritu Santo y me ayudó. Ante todo, quería quererte. ¿Cómo no voy a quererte?
Teresa: Ya, pero me siento fatal por haberme puesto así contigo.
Paco: Déjate querer, preciosa. Nuestra relación consiste en eso, en servirnos el uno al otro. Mira Jesús lo que dice en el Evangelio de hoy. Si no te dejas servir no tienes parte conmigo. No hay relación. Unas veces me necesitas y otras veces tengo que reconocer que te necesito, para que haya relación. Y en cada entrega y acogida mutua, se hace presente Cristo por nuestro Sacramento y hace crecer nuestro amor transformándolo en Caridad Conyugal. ¿No es una pasada?
Teresa: Estoy deseando poder acogerte a ti la próxima vez.

Madre,

Queremos seguir al Señor en este camino del servicio. Señor, eres nuestro Maestro y te ciñes y te haces nuestro esclavo. Señor, quiero agacharme ante mi esposo y lavarle los pies. Tú lo has puesto en mis manos y me has puesto en las suyas.

Esposos Judas & Co. Comentario para Matrimonios: Mateo 26, 14-25

EVANGELIO

El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
– «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
– «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó:
– «ld a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis y decidle: «El Maestro dice: Mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos»».
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
– «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
– «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió:
– «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, más le valdría a ese hombre no haber nacido».
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
– «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió:
– «Tú lo has dicho».

Palabra del Señor.

 

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Esposos Judas & Co.

Lamentablemente, todos participamos un poco de esa entrega de Judas a Jesús. “Cambiamos” Su invitación al amor por algo. Dicen que todos tenemos un precio. ¿Cuál es el mío? Quizás una ofensa, quizás lo que me parece una injusticia, quizás es el rencor, quizás el victimismo de esa herida que hace que me sienta el centro, o quizás sean mis pasiones que me arrastran o mis egoísmos o simplemente mi comodidad. ¿Qué es lo que hace que empuje al Señor a la Cruz. No puedo olvidar que fueron mis pecados los que le llevaron a ella.

Pero yo no he nacido para el pecado. No he nacido para sacar al Señor de mi vida. Qué duro tuvo que ser para Judas, aquellas palabras que seguro que resonarían en su cabeza, esas palabras en boca del Hijo de Dios: “…más le valdría… no haber nacido”. Esa es la tremenda sentencia del Creador expresada por la Palabra. No. No puedo hacer que Dios Padre se arrepienta de haberme creado ¡No! No puedo ser tan ruin de responder así al don de la Vida. Quiero estar contigo, Señor, celebrar contigo la Pascua. Estar a los pies de Tu cruz, estar crucificado junto a ti desde mi vocación. Concédemelo, Señor.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Pedro: María, lo siento. He pensado demasiado en mí, he buscado mi complacencia, y me he quejado de ti porque me sacabas de mi zona de confort. He sido una cruz para ti y para el Señor.
María: Yo también, Pedro. Me he centrado en mis heridas, en mi victimismo. Siempre pendiente de lo que no me dabas, de que me pidieras un perdón más sincero porque no acababa de saciarme. Buscaba mi satisfacción en lugar de entregarme a ti. Perdóname, Pedro. He sido una cruz para ti y para el Señor.
(Ambos se cogen de la mano, se ponen de rodillas ante el Santísimo Sacramento y miran al Señor hecho pan).
Juntos: Señor, Dios, Todopoderoso, que has querido estar en nosotros, comprometerte con nosotros, y te hemos dado la espalda eligiendo nuestro orgullo, nuestra soberbia, nuestras comodidades… En este Sacramento nuestro, te hemos dejado solo y crucificado. Perdón Señor. No éramos conscientes de que el que más sufría eras Tú. No éramos conscientes de que cada vez que nos heríamos, a quien heríamos era a ti. Señor Dios, ten misericordia de nosotros.
(Y el Señor, que es bueno, que no desprecia un corazón contrito y humillado, los abrazó y les prometió grandes cosas)

Madre,

Una espada atravesaría Tu corazón. Me pregunto qué te dolería más, si ver el Corazón de Tu Hijo traspasado o ver qué pocos y qué pocas veces acogeríamos Su sacrificio. El Señor va a ser alzado en un madero para la salvación de muchos. Que su Gracia impregne nuestros corazones de esposos. Que Su bendita Sangre expíe nuestras culpas y purifique nuestras intenciones, para que así, con Él, participemos del Amor de Dios. Amén.

Un buen cepillado. Comentario para Matrimonios: Juan 13, 21-33.36-38

EVANGELIO

Uno de vosotros me va a entregar… No cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
– «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
– «Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
– «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
– «Lo que vas hacer, hazlo pronto».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús:
– «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
«Donde yo voy, vosotros no podéis ir»»
Simón Pedro le dijo:
– «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió:
– «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
– «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
– «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Palabra del Señor.

 

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Un buen cepillado.

Pedro cree que podrá seguir a Jesús y dar su vida por Él, apoyándose en sus propias fuerzas. Jesús le enseña que no es así. En su respuesta a Pedro hay un tono un tanto irónico ¿Con que darás tu vida por mí? Le dice. Como si quisiera decirle ¿A dónde irás sin Mí? Y le hace pasar por la experiencia de la humillación en que caemos cuando actuamos sólo con nuestras fuerzas, lo que le lleva a negar a Jesús, no una ni dos, sino hasta tres veces. Para que le quede bien clarito. ¿Cuántas veces tendrá que dejar que yo caiga para que me entere?

Aterrizado a la vida matrimonial:

(Ramón es impulsivo y está en un momento delicado, con ciertos miedos y presión en el trabajo, eso le tiene centrado en sí mismo y en sus preocupaciones.
Son las vacaciones y llega la hora de salir, porque han quedado a pasear. Patricia está muy volcada con los demás, y tiene a Ramón un poco abandonado. Sus gestos de cariño y su simpatía van dirigidos a otros, pero casi nunca a Ramón, en el que siempre ve lo negativo. Ramón hace aspavientos, harto porque la conversación de Patricia no acaba de terminar).
Patricia: (siente una gran tentación de contestarle: ¡Quién te has creído que eres! Como están los niños delante se calla, pero ya ha pecado en su corazón. Al terminar el día, en la oración, ve a Jesús cómo ante la traición de Judas, glorifica al Padre, no lo impide, no reprocha, no insulta, ni lo desprecia… Jesús le invita a sacar a la luz su deseo oscuro y al no querer Judas, Jesús le da libertad. Patricia se ve pobre y le llora a Dios, ve su gran diferencia entre cómo ella y como ama Jesús. Patricia descubre que juzga a Ramón, pero ella es igual en su corazón.)
Patricia: Somos un matrimonio frágil, vivimos tentaciones, caídas. Esto del Sacramento del Matrimonio es una obra de Dios. Tenemos que aprender a verlo con la humildad de los que se saben incapaces de las cumbres del Amor. Sólo Dios es capaz, y si no es con Su ayuda ¿A dónde iremos?. El que se hace pequeño, el que entiende que todo es un don, un don de Dios que recibo, para darlo. Eso somos. Puras mediaciones de Dios, y muchas veces intentamos hacernos protagonistas de las cosas de Dios, y exigírselo al otro. Perdóname, por exigirte lo que Dios no te ha dado y verme mejor que tú.
Ramón: es cierto ¡perdóname! Te prometí dar mi vida por ti y últimamente la estoy dando por mi trabajo. Me esforzaré en hacerlo bien.
Patricia: Yo también, me esfuerzo mucho por agradar a los demás y no a ti. Me esforzaré en hacerlo bien. Qué grande es el Señor.
Ramón: Sí. Todos nuestros esfuerzos consisten en ir haciéndonos pequeños para que Él se haga grande en nosotros y en nuestro matrimonio. Ese es el secreto del amor que se va transformando en Su Amor.

Madre,

Tú eres la llena de Gracia. Tú que ves la súplica del pobre que exclama: “No puedo más, sólo te tengo a ti”, mírame a mí. No quiero ser el Judas que no reconoce su miseria y su pequeñez. Quiero ser el Pedro que llora reconociendo su soberbia. Con Tu permiso, y aunque estemos en Semana Santa, rezo un poquito del Gloria: Porque solo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios Padre. Amén.