Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

Desde el palco. Comentario para Matrimonios: Lucas 3, 1-6

EVANGELIO

Toda carne verá la salvación de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 1-6

En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
«Voz del que grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
los valles serán rellenados,
los montes y colinas serán rebajados;
lo torcido será enderezado,
lo escabroso será camino llano.
Y toda carne verá la salvación de Dios».

Palabra del Señor.

 

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Desde el palco.

Hay dos motivos por los que podemos prepararnos para la venida de alguien importante. Uno es la influencia o poder que pueda tener sobre mí y sobre mis intereses, y el otro, es el amor que yo le tenga. Sí, porque el amor hace importantes a las personas a las que se ama. Así lo hace Dios con nosotros. Si ese alguien importante viene a nuestra casa, nos encargamos de recoger, limpiar bien, pintar… nos esforzamos por encima de lo que lo solemos hacer habitualmente.
Pues este “Alguien” importante que viene, es el Hijo de Dios. Y es importante, tanto por su poder, como por cuánto le amo. Además, viene a instalarse en mi corazón donde reside toda mi intimidad. Ahí no puedo esconderle nada. Y encontrará sobre todo cómo está mi relación con mi esposo. ¿Qué se va a encontrar cuando llegue? Me toca hacer un esfuerzo especial para ordenar mis deseos, mis pasiones… Para purificar mi corazón de los vicios que se han instalado en él y para pintar de blanco mi oscuridad interior, esa que filtra mi mirada cuando te miro.
Viene el Señor, y toda carne verá la salvación de Dios.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Alfonso: Teresa, me he adentrado en mi corazón, y he podido ver lo que Cristo verá desde allí. En mi corazón no hay capas, ni protecciones, está todo expuesto. Lo que miro y con qué intención miro, lo que juzgo, lo que pienso de ti a veces, lo que rechazo, lo que deseo, lo que siento… Todo, absolutamente todo, pasa por mi corazón. Y ahí es donde va a venir Dios a nacer de nuevo estas Navidades. Cariño, he estado un rato sentado a los pies del trono reservado para Dios en mi corazón. Era como el palco principal, el reservado para las autoridades, desde donde se domina todo lo que acontece. En el campo de juego de ese gran estadio, se veía cada jugada, cada falta, también cada pase y cada remate. Pero he visto un montón de jugadas tan vergonzosas y deplorables. Juego sucio por la oscuridad de mi mirada, codazos para imponerme, juicios y condenas interiores… Me he tenido que salir porque no soportaba imaginarme al Hijo de Dios contemplando mis malas artes.
Teresa (esposa de Alfonso): Bueno cariño, Dios es misericordioso, e incluso todo eso, lo verá de otra manera.
Alfonso: Ya, Teresa, pero tengo que hacer algo para que Él no sea espectador de tanto egoísmo, negatividad, juicios fáciles, etc. Quiero entrenar a mi equipo, Teresa, para que juegue con humildad, con alegría, con paciencia, quiero preparar un equipo forjado en las virtudes, para cuando llegue el Rey a presenciar el partido, que disfrute con cada gol. Y quiero ganar al mal por goleada. ¿Quieres ser mi entrenadora?
Teresa: Qué gracioso eres… ¡Hecho! Anda, para empezar, este adviento deja de ver tanto fútbol que te veo un poco obsesionado…

Madre,

Lo que sea para preparar el camino al Señor. Que esa voz no clame en el desierto, sino que resuene estos días en mi interior. Preparación, adiestramiento, entrenamiento… que viene el Salvador que toda carne verá. Alabado sea por siempre.

Autoridad para curar. Comentario para Matrimonios: Mateo 9, 35-10, 1. 6-8

EVANGELIO

Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 35-10, 1. 6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el Evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«ld a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

Palabra del Señor.

 

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Autoridad para curar.

Señor, has venido a salvarnos y a iluminar nuestro entendimiento para reconocer qué es el amor. Te conmovía ver cómo había tanta gente con inquietud de escuchar esta noticia y poca gente que lo proclame. Ahora pasa igual. Son muchos los que conocen el amor pero faltan bocas para proclamarlo.
El Señor quiere sanar a muchos matrimonios que están confundidos, quieren amarse pero están ciegos y no saben cómo. Se ven como enemigos, como un estorbo el uno para el otro. Están hundidos en un fango que se han ido forjando a base de desplantes, de malos humores, de echarse en cara miles de cosas… Pero el Señor me ha dado autoridad para curarles de toda enfermedad del amor, para mostrarles la belleza de su matrimonio, el camino para purificar el corazón y descubrirse como un tesoro el uno para el otro. ¿Cómo? El camino es vivirlo, si yo lo vivo en mi matrimonio, seré testigo de lo que Dios puede hacer en nuestra unión a través del Sacramento. Mi camino para sanar a otros matrimonios es hacerme uno con mi esposo. Sólo así podré proclamar que ha llegado el reino de los cielos.
Una vez acogido el don gratis, consciente de que ha sido el Espíritu quien lo ha hecho, lo podré dar gratis.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Carlos: María, tengo la solución.
María: ¿La solución a qué?
Carlos: A todos nuestros problemas. Se llama el don de Piedad. Es un don del Espíritu Santo que nos permite reconocer a Dios como Padre.
María: Y eso ¿qué tiene que ver con nuestros problemas? Ya sabemos que Dios es Padre.
Carlos: Ya, pero no lo tenemos interiorizado. No vivimos realmente como hijos de Dios. Si lo hiciéramos, viviríamos de otra manera. Nos comportaríamos como hijos de Dios y nos trataríamos como hijos de Dios, con el respeto tan enorme que merece un hijo de Dios. Pues el Espíritu Santo es el que nos da ese don de vernos así.
María: Vale. Pero eso no te va a venir así como así. Tiene uno que estar bien dispuesto para recibirlo. Necesitamos mucha oración… A mí me ayuda contemplarle. Mirarle. Admirarme de todo lo Suyo… Entiendo quién es y cómo me ama. Entiendo cómo te ama a ti, y poco a poco, me muestra también nuestra dignidad. También tengo que esforzarme por verla en ti…
Carlos: Me parece un camino precioso que tenemos que recorrer juntos. ¿Te animas a avanzar conmigo en esto?
María: Me encanta el reto. Creo que además esto es contagioso…

Madre,

Es increíble que Dios quiera contar con nosotros para su misión de salvar matrimonios que son víctimas del desamor, la enfermedad más grave y más dolorosa que existe. Es increíble que nos haya dado poder para ello, pero es así. Es increíble que podamos ser sus manos para levantar al caído, sus brazos para abrazar al que se siente solo, sus hombros para ofrecer un apoyo al que sufre… Todo eso en Su nombre. Alabado sea el Señor que cuenta con nosotros para construir Su reino. Amén.

Dulce sabiduría. Comentario para Matrimonios: Mateo 9, 27-31

EVANGELIO

Jesús cura a dos ciegos que creen en él.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 27-31

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando:
«Ten compasión de nosotros, hijo de David».
Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo:
«¿Creéis que puedo hacerlo?».
Contestaron:
«Sí, Señor».
Entonces les tocó los ojos, diciendo:
«Que os suceda conforme a vuestra fe».
Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:
«¡Cuidado con que lo sepa alguien!»
Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

Palabra del Señor.

 

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Dulce sabiduría.

Mi relación con Jesús nos abre mis ojos, abre mi entendimiento, y activa el don de la sabiduría. Por este don, puedo gustar y saborear las cosas de Dios, disfrutando de una dulzura especial. ¡Qué dulce es el sabor de las cosas de Dios! Y qué amargo el sabor del mal ¿Lo aprecias?
Gustar la presencia de Dios, gustar de estar en Su presencia en la Santa Eucaristía, llena el alma. Se experimenta como una satisfacción que sale de dentro hacia fuera y desborda. Esta experiencia hace que nos desagrade el mal, ya no apetecen los atractivos sensibles, porque son de un gusto muy superficial y engañoso. Ya sólo gustan las cosas de Dios, que se van saboreando más y más a medida que el alma se va purificando… A medida que el Señor nos va abriendo los ojos, a base de estar con Él. Estar, sólo estar… a gusto… estar en Su presencia.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ayer estábamos ante el Señor, contemplando Su vulnerabilidad de Bebé. Contemplábamos sus manitas, su piel suave, su mirada penetrante e inocente. Nada parecía diferenciarle de cualquier bebé, pero sin embargo, Él es Dios. Su amor se manifiesta renunciando a Su poder. Su grandeza se manifestaba haciéndose pequeño. Al principio la Palabra se manifestaba en silencio. Hay tanta dulzura, Señor, en Tu manera de actuar con nosotros… hay tanta finura, que nos derrites con Tu la ternura de presencia de Niño.
Después te miré a ti, esposa, con mirada inocente. Me vi niño ante ti. Gustaba y disfrutaba de presentarme ante ti más pequeño que tú. Me vino como un flash lejano de esos momentos en los que había espíritu de dominio entre nosotros, y el desagrado que asomaba junto a esas imágenes era tenebroso. Mejor nos quedábamos abrazados ante el Sagrario con el dulce sabor de la grandeza de Dios hecho Niño. Qué ganas tengo de recibirle este año. Qué ganas tengo de disfrutar de mi pequeñez ante ti… Paladeaba, gustaba la infancia de Jesús, mientras lo espero en este adviento.

Madre,

Sólo tú sabes lo que era tener a Jesús entre Tus brazos. Nadie como Tú ha experimentado jamás la ternura de acunar al Niño Dios. Desde luego que es para enamorarse del Señor. Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía.

Crisis? What crisis? Comentario para Matrimonios: Mateo 7,21.24-27

EVANGELIO

El que hace la voluntad del Padre entrará en el reino de los cielos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 7,21.24-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Palabra del Señor.

 

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Crisis? What crisis?

Había un disco de Supertramp con ese nombre. En la portada aparecía de fondo una zona industrial oscura y sucia, pero en primer plano aparecía un hombre tomando el sol a todo color, como si no fuese con él aquel entorno ni le afectase en absoluto. Así es un matrimonio asentado sobre roca en el mundo de hoy: Un matrimonio asentado sobre roca, no sufre crisis, entendiendo por crisis una situación grave y decisiva que pone en peligro la continuidad o el desarrollo de su matrimonio. Un matrimonio asentado sobre roca, no se pone en peligro. Sufrirá los embates de las dificultades (La lluvia, los ríos, los vientos) que romperán contra la estructura matrimonial y familiar, pero los cimientos no se mueven ni un ápice.
Si quiero construir mi matrimonio sobre roca, tenemos que escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica en mi vocación concreta. Eso es lo que Dios quiere por nuestro bien y para poder darnos esa vida tan grande que nos tiene reservada. Un amor más fuerte que la muerte.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Matrimonio Tutor: La grandeza de vuestro matrimonio reside en que es un sacramento por el cual Dios ha hecho de vosotros dos una sola carne. La potencia de esa unión es impresionante, si la alimentáis espiritual y carnalmente. Pero por eso mismo, porque es muy grande y muy fuerte, porque es cosa de Dios, no se puede destruir. Por tanto, la palabra “divorcio” entre vosotros está prohibida. En un matrimonio hay líneas rojas que no se deben atravesar, y esta es una de ellas.
Javier: A ver, nosotros nos lo decimos en algunas discusiones, pero en realidad no queremos separarnos.
Matrimonio Tutor: A eso nos referimos. Nuestra recomendación es que no lo volváis a decir jamás. En una discusión, se tiende a proferir amenazas para que el otro se dé cuenta de la gravedad de la situación que está provocando, y esto nos lleva a amenazarnos con la separación. Sin querer, el oído se va haciendo a la idea. Pero entended, que un divorcio es ir contra vuestro Sacramento, contra algo Sagrado, porque es Cristo quien está entre vosotros. Hablar de divorcio podríamos decir que es hacer referencia a un sacrilegio. Por favor, acostumbraos a trataros con el respeto que merecéis por vuestra dignidad y tratad con veneración vuestro sacramento. La Palabra de Dios rezada juntos, os irá ayudando a cambiar vuestra lógica por la lógica de Dios. Vuestra voluntad por la voluntad de Dios.

Madre,

La voluntad de Dios es la clave para mi vida. Eso quiero, quiero obedecerle, quiero ser fiel a Su voluntad. Señor Tú tienes Palabras de Vida eterna. Alabado seas por siempre.

Prepárate para grandes cosas. Comentario para Matrimonios: Mateo 15, 29-37

EVANGELIO

Jesús cura a muchos y multiplica los panes.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 29-37

En aquel tiempo, Jesús se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.
Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies, y él los curaba.
La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
Los discípulos le dijeron:
«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
Jesús les dijo:
«¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron:
«Siete y algunos peces».
Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.

Palabra del Señor.

 

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Prepárate para grandes cosas.

Este Evangelio es el que da soporte a esa frase que nos gusta repetir: “Dios lo pone casi todo y yo pongo casi nada, pero Él se compromete a poner Su casi todo si yo pongo todo mi casi nada”. Estamos viendo grandes milagros entre los esposos, de los padres con respecto a los hijos, de los matrimonios custodios, de los matrimonios tutores… porque ponen lo que tienen al servicio del otro o de los otros. Dios hace grandes cosas con nuestro poco, Él hace grandes milagros si ponemos lo que tenemos a Su disposición.
¿Estoy dispuesto a tragarme mi orgullo, renunciar a mis caprichos, renunciar a centrarme en mi dolor… para ponerme a disposición de la compasión de Dios y de Su obra? Entonces prepárate porque Él hará cosas grandes a través de ti.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Laura: Llevamos tiempo discutiendo porque mi esposo es muy estricto con los niños. Tiene fijación con el tema de la responsabilidad y parece que no los acepta si no tienen una voluntad firme. Parece que le molesta que disfruten, que se lo pasen bien… porque piensa que no tienen derecho a ello hasta que no actúen responsablemente.
Matrimonio Tutor: Ya. Entendemos tu malestar. Y ¿Cómo le estás ayudando tú en eso?
Laura: Pues mirad, la verdad es que él es consciente de que no lo está haciendo bien. De hecho, me ha pedido ayuda.
Matrimonio Tutor: Eso está muy bien ¿ves? Indica que está poniendo de su parte. ¿A ti qué te parece?
Laura: A mí me duele que no sepa valorar las virtudes de nuestros hijos, que son muchas. Sólo se centra en la cuestión de la responsabilidad en los estudios, que obviamente es muy mejorable.
Matrimonio Tutor: Laura, tus hijos te importan más que el dolor que te pueda causar tu esposo con su actitud ¿Verdad?
Laura: Sí. Pero ¿Qué hago?
Matrimonio Tutor: Dios se compadece de tu esposo, y te quiere para que le ayudes con los dones que Él te ha dado para que los administres. Ábrele el campo de visión mostrándole tú todas esas virtudes que tienen vuestros hijos y que él no está sabiendo apreciar. Hay veces que nos obcecamos en lo negativo y no vemos más allá. Necesita que le muestres motivos por los que tus hijos se merecen su cariño, su comprensión, su cercanía y no solo la rigidez y el castigo.
Laura: Vale. Haré ese esfuerzo.
(Al cabo de una semana)
Matrimonio Tutor: ¿Qué tal ha ido?
Laura: Genial. Le he ayudado a que se sienta orgulloso de sus hijos. Ahora los acoge de otra forma. ¡Qué cambiazo! Da gusto.

Madre,

Tú pusiste todo de ti a disposición de Dios, y Dios te hizo Su Madre. ¡Impresionante! Cuánto hace Dios con nuestra pequeñez. Alabado sea por siempre.