RETIRO MATRIMONIOS SEGOVIA 30 SEPT – 2 OCT DE 2022
LA VERDAD DEL MATRIMONIO Y LA ALEGRÍA DEL AMOR
Proyecto Amor Conyugal en colaboración con la Parroquia Santa Teresa y Santa Isabel, Madrid os invita a participar en un retiro para Matrimonios, con el objetivo de adentrarnos juntos en la Verdad del Matrimonio (según San Juan Pablo II) y experimentar la Alegría del Amor (según el Papa Francisco).
¿A quién va dirigido este retiro? A todos los esposos unidos por el Sacramento del Matrimonio y que quieran vivir una EXPERIENCIA de AMOR juntos, estén en crisis o no. A todos los que quieran fortalecer y reavivar su Sacramento del Matrimonio.
FECHAS: Será desde el viernes 30 de septiembre a las 18:00h hasta el domingo 02 de octubre a las 17:30h.
LUGAR: Casa de Espiritualidad San Frutos (Segovia). C/ Obispo Gandásegui, nº 7 Segovia. Geolocalización: https://goo.gl/maps/DV9J3sLiw51odMZdA
PRECIO: (Incluye alojamiento, pensión completa y gastos diversos)
Adultos: 180 € por matrimonio.
Suplemento económico para ayuda a otras familias: Podéis aportar una cantidad adicional, a voluntad, que es muy importante para ayudar a otros matrimonios con dificultades económicas que quieren hacer el retiro.
Subvenciones: Si alguna familia no puede asistir por problemas económicos que nos lo comente, por favor.
¿Cuándo? Lo antes posible. Se suele llenar en pocos minutos.
Nos pondremos en contacto con vosotros para confirmaros la reserva de plaza y daros las instrucciones para realizar el pago o indicaros si estáis en lista de espera. En caso de que no hubiese plazas disponibles.
Tendrán prioridad los matrimonios pertenecientes a la Diócesis de Segovia.
Sobre Proyecto Amor Conyugal:https://proyectoamorconyugal.es/acerca-de está compuesto por matrimonios católicos que profundizamos en nuestra vocación conyugal y que ayudamos a otros a convertir su matrimonio en algo GRANDE.
Sé quién eres: el Santo de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:
«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús le increpó diciendo:
«¡Cállate y sal de él!».
Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.
Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí:
«¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».
Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.
En este Evangelio hay dos cosas que impactan a la gente sobre la autoridad de Jesús. La primera es que no habla de memoria, sino de lo que Él ha vivido y conoce. Habla desde Su experiencia como Dios y como Hombre. La segunda es que expulsa demonios. La autoridad del bien se caracteriza porque tiene un efecto de dominio sobre el mal y por tanto, ante la presencia de la autoridad de Cristo, los demonios se atemorizan y huyen.
Estos son los signos que acompañarán a los que son de Cristo. Hablarán desde la experiencia de Su presencia en sus vidas y expulsarán el mal de los otros en Su nombre.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Andrés: (gritándole a sus hijos) Niños, ¡Aquí se hace lo que yo digo y punto!
(Cuando están los esposos a solas en su cuarto)
Mercedes: Andrés, ¿quieres mantener tu autoridad con nuestros hijos?
Andrés: Por supuesto, si no, te toman por el pito del sereno.
Mercedes: Entonces es importante que no les mostremos nuestras debilidades. ¿No te parece?
Andrés: ¿A qué te refieres?
Mercedes: La ira es una fortaleza o una debilidad. El espíritu de dominio es una fortaleza o una debilidad.
Andrés: Ambas son debilidades.
Mercedes: Mostremos a nuestros hijos la fuerza de Dios con las armas de Dios. ¿Te parece?
Andrés: Tienes razón. Me parece fenomenal. Gracias por darme luz en este tema.
(Andrés vuelve con sus hijos)
Andrés: Queridos niños. Papá os quiere pedir perdón por haberos corregido enfadado. Pero quiero que sepáis que lo que habéis hecho no está bien. No se le habla así a Mamá. Mamá tiene mucho valor para nosotros, y lo que mucho se valora se trata con cariño y con mucho respeto. ¿Entendéis? Yo trato a Mamá con muchísimo respeto porque es la esposa que Dios me ha dado. No hay nadie más importante para mí en este mundo.
Los niños: Lo entendemos Papá. Tienes razón. ¿Podemos ir a vuestro cuarto a pedirle perdón a Mamá?
Madre,
Solo el que posee la Verdad de Dios habla y actúa con autoridad. Llévanos más cerca de Él, Madre. Sólo queremos estar en Su Sagrado Corazón. Bendito y alabado sea por siempre.
Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
«Pídeme lo que quieras, que te lo doy».
Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre:
«¿Qué le pido?»
La madre le contestó:
«La cabeza de Juan, el Bautista».
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
Herodes y Juan Bautista: Dos personajes conocidos, dos voluntades. La primera gobernada por las pasiones de la carne y la presión externa y el otro que es libre de sí mismo y del exterior, porque sólo obedece a la voluntad de Dios.
Si vivimos nuestro matrimonio según nuestra voluntad, el resultado será que nuestro matrimonio acabará siendo “decapitado”. Y digo bien, decapitado, porque acabaremos arrancando de entre nosotros a Cristo, que es nuestra cabeza. Pero si vivimos nuestro matrimonio según la voluntad de Dios, nuestro amor se hará más fuerte que la muerte, es decir, seremos capaces de morir por defender nuestro amor conyugal.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Javier: ¿De verdad serías capaz de morir por defender nuestro matrimonio?
Ana: Si Dios lo quiere, sí. Tú para mí representas a Cristo y en nuestra unión está Él, y yo no quiero otra cosa que no sea la voluntad de Dios. Ya hemos probado lo de hacer nuestra voluntad y menudo desastre. Digan lo que digan, nuestro matrimonio es sagrado. Creo que hoy en día hace falta la virtud de la parresía frente a la sacralidad del matrimonio.
Javier: Parre qué.
Ana: Parresía. Es una cualidad que describe la actitud de Juan el Bautista primero y de Cristo después. Es decir la verdad abiertamente a pesar de las consecuencias que te puedan acarrear. Juan le dijo la verdad Herodes, lo que suponía un riesgo tremendo para él.
Javier: Ya ves… le costó la cabeza… ni más ni menos.
Ana: Pero Juan el Bautista es mártir por defender la verdad. Hasta ese punto es importante la verdad del matrimonio que hoy tenemos que defender.
Madre,
Se me ponen los pelos de punta cada vez que pienso que Dios quiso que el Precursor de Cristo, muriese por defender el matrimonio. Cuánto me queda por aprender sobre mi vocación para llegar a descubrir toda su grandeza. Alabado sea el Señor por tan inmenso don. Amén.
El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1. 7-14
Un sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro y te diga:
“Cédele el puesto a éste”.
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
“Amigo, sube más arriba”.
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Y dijo al que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».
Está más que comprobado que el mayor enemigo del matrimonio es el orgullo. Podríamos identificarlo con la dureza de corazón. Pero ¿cómo vencerlo? De ello depende nuestra felicidad. Que un matrimonio sea feliz depende sólo de dos personas: Del esposo y de la esposa. ¿Por qué no serlo? Queremos, pero el orgullo nos asalta y nos ciega. ¿Qué hacer? Un plan de 7 semanas para dinamitar el orgullo sin ir contra él directamente. Los explicamos en el caso de hoy.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Juanjo: Marina, he leído un artículo que creo que me puede ayudar. Son pautas para mejorar en el tema del orgullo.
Marina: ¡Ah! Qué bien. Cuenta, cuenta.
Juanjo: Comenzar la primera semana esforzándome por descubrir lo mejor de ti. Todos tienen algo que enseñarme, pero especialmente tú, que eres un inmenso don de Dios para mí.
Marina: Mira, eso está bien. Me gusta cómo suena. (Se ríe)
Juanjo: El segundo paso es decírtelo, mostrarte mi admiración. Esto sin dejar de hacer lo de la primera semana.
Marina: Muy bien. Imagino que eso hará que me sienta valorada y, por lo tanto, querida. Creo que funcionará…
Juanjo: La tercera semana, añado lo de reconocer rápidamente mis errores. Está claro que tiendo a excusarlos…
Marina: Veo que te habías percatado. Es habitual que lo hagamos. A mí también me pasa.
Juanjo: La cuarta semana, me tengo que centrar en pedir perdón por los propios errores.
Marina: Ahí lo más duro es, sobre todo, ser el primero en pedir perdón en caso de que nos hayamos enfrascado los dos.
Juanjo: Sí, eso lo hace más difícil… La quinta semana el plan es no ir de autosuficiente y pedir ayuda. Es importante admitir las propias limitaciones y necesidades. Sobre todo, en el plano espiritual.
Marina: Está claro. Si no la pedimos, será imposible avanzar. No tenemos la fuerza o la perseverancia suficiente. Me parece precioso este punto.
Juanjo: La sexta semana dedicarme sobre todo a servirte. Dice el artículo que esto ayuda mucho a crecer en humildad, habituarse a servir, sobre todo en cosas que parece que no tienen ningún valor o importancia. Tareas que podría hacer cualquiera como fregar, barrer, pelar patatas…
Marina: ¡Hala! Robot aspirador a la basura… Jaja. Imagino que además de hacer las tareas hay que hacerlas con alegría. Porque claro, si se está uno quejando todo el rato, supongo que no valdrá de mucho el esfuerzo.
Juanjo: Importante puntualización. Sí señora. Y, por último, la séptima semana, reconocerle a Dios el mérito de todas mis cualidades y mis actos buenos. En realidad, son dones Suyos, o mociones del Espíritu, por lo tanto, la gloria es para Él.
Marina: Oye, muy interesante tu plan. ¿Me puedo apuntar yo también a hacerlo? A ver quién lo hace mejor… ¿vale?
Juanjo: ¡Ehhh! ¡Eso no! Que competir por ser más humilde ya es soberbia. Digo yo… Jajaja
Marina: Menudo lío…
Madre,
Danos en este curso un corazón de esposos mansos y humildes. Amén.
Como has sido fiel en lo poco, pasa el banquete de tu Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
– «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
– «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.»
Su señor le dijo:
– ”Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor».
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
– «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos».
Su señor le dijo:
– «Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor».
Se acercó el que había recibido un talento y dijo:
– «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.»
El señor le respondió:
– «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y rechinar de dientes»».
El Evangelio podría parecer un poco injusto, porque al que se le ha dado un talento, digamos que parte con menos “alegría” que aquel al que se le han dado 10. El Señor nos da una serie de dones: virtudes infusas y medios para desarrollar las virtudes adquiridas. Ambas se pueden desarrollar o se pueden incluso perder. Puede que por nuestro temperamento tengamos de partida poca paciencia, pocas habilidades sociales o poca templanza… Pero da igual. Ante nosotros se presentan dos caminos y no hay más. Crecer en el amor o dejarnos llevar por nuestros impulsos más animales. Y de eso se nos examinará: ¡de amor!
El Señor pondrá encima de la mesa las virtudes y gracias que nos ha dado y nosotros tendremos que presentar lo que hemos crecido con ellas en el amor. ¿Seremos fieles en lo poco para recibirlo todo?
Aterrizado a la vida matrimonial:
Carmen: Cariño, me he dado cuenta que me cuesta amarte compartiendo contigo mis debilidades y tentaciones. Me da miedo que me juzgues o me corrijas duramente. Me da miedo la imagen que te puedas crear de mí. Y por otro lado, sé que Dios te ha puesto como mi ayuda adecuada y sin ti no podré avanzar hacia Él.
Álvaro: Carmen, yo te quiero. Sé que no eres perfecta, pero te quiero y quiero tu bien. Sé que Dios me ha puesto en esta vida para ayudarte a crecer en el amor, no para juzgarte y quitarte la esperanza.
Carmen: Ya, pero ha habido veces que te he compartido algo feo de mi corazón y te ha dolido y te has sentido dolido contra mí.
Álvaro: Lo sé, Carmen. Sé que lo he hecho mal. Pero dame otra oportunidad. Quiero aprender a amarte en esas situaciones en las que vives tentaciones o prejuicios hacia mí. Con la ayuda de Dios sé que puedo amarte y ayudarte.
Carmen: Bueno. Te comparto mi corazón ¿vale?
Javi: ¿Y papá y mamá?
Riki: Shhh ¡calla! Están en la terraza juntitos y enamorados.
(Los dos se ríen)
Madre,
Dios nos ha dado mucho: virtudes, gracias santificantes, dones del Espíritu Santo… y también una Madre. Tú, María. Te pedimos que nos ayudes a responder a tanta generosidad de Dios. Alabado sea por siempre.