Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

Rendidos a Sus pies. Comentario para Matrimonios: Mateo 28, 8-15

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EVANGELIO

Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28, 8-15.

 

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:

«Alegraos».

Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.

Jesús les dijo:

«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:

«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Palabra del Señor.

 

Rendidos a Sus pies.

Si nos dejamos llevar por lo que suscita el Espíritu Santo en este día, Él nos llevará a experimentar una profunda alegría. Alegría es lo que compartiremos con Dios en Su reino. Es la experiencia del cielo. Una alegría desbordante. Una alegría que nos supera.

Por eso, hoy, tenemos que colaborar con el Espíritu Santo para que infunda en nosotros esa alegría. No es algo humano, no depende sólo de que nos esforcemos en vivirla, es un don del Espíritu Santo. Nosotros sólo podemos disponernos bien poniéndonos en el corazón de las santas mujeres que van al sepulcro y se lo encuentran abierto por un ángel que les anuncia la redención del Señor. Y para mayor gloria, se les presenta el propio Jesús por el camino. Ellas caen rendidas a Sus pies postrándose ante Él. Seguro que, al verlo, les fallarían las piernas y se vendrían abajo empujadas por un gozo inmenso.

 

Aterrizado a la vida Matrimonial:

José Carlos: La verdad es que esta Semana Santa hemos vivido una auténtica resurrección del corazón. Es la primera Semana Santa que vivimos en condiciones y es una maravilla la alegría que siembra la Pascua de Resurrección en el corazón.

Natalia: Desde luego. Hemos vivido mogollón de momentos unos de dolor, otros de pasárnoslo genial en comunidad, pero la alegría que queda en el corazón es la señal de que el Espíritu Santo ha estado entre nosotros. Y me quedo también con lo que nos ha unido. Ha sido precioso vivir esta experiencia contigo.

José Carlos: Me costaba mucho entender el significado de la cruz, pero esta Pascua lo he entendido y eso me ha llevado a descubrir también la alegría de la Resurrección. Gracias, Princesa. Y Gloria a Dios.

Natalia: ¡Gloria a Dios!

 

Madre,

Nos ha gustado especialmente acompañarte en la Pasión de Nuestro Señor. Hemos aprendido tanto de ti… Gracias Madre. Gracias por traernos al Señor primero y gracias por llevarnos a Él después. ¡Aleluya!

 

Ahora sí. Comentario para Matrimonios: Juan 20, 1-9

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EVANGELIO

Él había de resucitar de entre los muertos.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9

 

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

 

Ahora sí.

¡El Señor ha resucitado! ¡Gloria a Dios! Nos ha traído el Perdón de Dios, y hace posible perdonarnos mutuamente. El matrimonio vuelve a ser posible porque ya podemos restaurarlo en cada caída, con el Perdón que nos ha traído Dios. Es nuestro nuevo camino del amor, el camino del Perdón. ¡Aleluya!

 

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marta: Juan, te perdono.

Juan: Disculpa, Marta, que creo que no te he oído bien. ¿Qué me has dicho?

Marta: Que te perdono de verdad. Sinceramente. Quedas libre de todo el dolor que me has provocado. Y yo me libero de mi dolor, y de mi tentación de tenerte sometido sacándote aquellas ofensas cuando me convenía, utilizándolas para coartar cualquier intento tuyo de pedir algo e incluso de actuar con normalidad o de hacer el amor.

Juan: Marta, ¿de verdad? ¿No será un flush que te está dando hoy por ser domingo de Pascua?

Marta: No, Juan. Me he dado cuenta de que si no te perdono es porque quiero ejercer un domino sobre ti, y me he dado cuenta de todo lo que el Señor pasó para traernos el Perdón, y no puedo yo quitarte ese derecho por mi orgullo.

Juan: ¡Qué pasada! Gracias Dios mío. Gracias por liberarme. (Se abraza a Marta) Gracias mi amor. Creí que nunca podría quitarme esa culpa de encima. Ahora veo que realmente me quieres, porque a través de ti, me llega la Misericordia de Dios.

Marta: Te amo Juan. Gracias Señor, porque nos has salvado. Alabado seas por siempre.

 

Madre,

Por fin el triunfo sobre el mal y sobre la muerte. Por fin, redimidos de todas nuestras culpas. Estamos alegres, estamos gozosos, es un maravilloso don de Dios. Ahora sí entendemos cuánto merece la pena la cruz. Ahora todo cobra sentido. Exulten los coros de los ángeles… Gloria a Dios…

Insuperable. Comentario para Matrimonios: Marcos 16, 1-7

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EVANGELIO (Sólo para la Vigilia Pascual. No debe leerse antes.)

Jesús el Nazareno, el crucificado, ha resucitado.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 1-7

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:
– «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»

Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.

Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo:

– «No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron.

Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.»

Palabra del Señor.

 

Insuperable.

Seguramente estos días habremos experimentado el deseo de auxiliar a Jesús, viéndole vilipendiado, humillado y extenuado por la dureza del castigo que recibió por mí. Parece hundido, abatido, doblegado, vencido. Pero la sorpresa es que se alza poderoso, glorioso, triunfante. El Padre le glorifica, los ángeles le escoltan. La sorpresa es que sigue Él tirando de mí, rescatándome a mí, glorificándome a mí.

 

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan: Cómo es la potencia sobrenatural de Dios que supera los límites de nuestra naturaleza humana. Supera nuestro amor, nuestra fragilidad, nuestra muerte, nuestra sabiduría… Una vez más, admirados por la Grandeza de Dios, admirados también con Su Misericordia Sobreabundante.

Nuria: Él nos marca el camino correcto. Realmente es necesario dar la vida para ser glorificados con Él. Ahora experimento un gozo interior que me desborda. No tengo palabras.

Juan: Yo tampoco tengo palabras. Alabado sea el Señor.

Nuria: Exulten los coros de los ángeles.

 

Madre,

Gloria a Dios, gloria y alabanzas a Él por los siglos. Gloria a Dios.

¿Se asemeja? Comentario para Matrimonios: Juan 18, 1-19, 42

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EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1-19, 42

 

¿A quién buscáis? A Jesús, el Nazareno

Cronista:

En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:

+ «¿A quién buscáis?».

C. Le contestaron:

S. – «A Jesús, el Nazareno».

C. Les dijo Jesús:

+ «Yo soy».

C. Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:

+ «¿A quién buscáis?».

C. Ellos dijeron:

S. – «A Jesús, el Nazareno».

C. Jesús contestó:

+ «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos».

C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste».

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

+ «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».

Llevaron a Jesús primero ante Anás

C. La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».

Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro:

S. – «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?».

C. Él dijo:

S. «No lo soy».

C. Los criados y los guardias hablan encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.

El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.

Jesús le contestó:

+ «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho».

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?».

C. Jesús respondió:

+ «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?».

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy

C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

S. «¿No eres tú también de sus discípulos?».

C. Él lo negó, diciendo:

S. «No lo soy».

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. «¿No te he visto yo en el huerto con él?».

C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

Mi reino no es de este mundo

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?».

C. Le contestaron:

S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos».

C. Pilato les dijo:

S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley».

C. Los judíos le dijeron:

S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».

C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. Jesús le contestó:

+ «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».

C. Pilato replicó:

S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».

C. Jesús le contestó:

+ «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».

C. Pilato le dijo:

S. «Entonces, ¿tú eres rey?».

C. Jesús le contestó:

+ «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

C. Pilato le dijo:

S. «Y, ¿qué es la verdad?».

C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

S. – «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

C. Volvieron a gritar:

S. «A ese no, a Barrabás».

C. El tal Barrabás era un bandido.

¡Salve, rey de los judíos!

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

S. «¡Salve, rey de los judíos!».

C. Y le daban bofetadas.

Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa».

C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. – «He aquí al hombre».

C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

C. Pilato les dijo:

S. «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él».

C. Los judíos le contestaron:

S. – «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más. Entró otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:

S. – «¿De dónde eres tú?».

C. Pero Jesús no le dio respuesta.

Y Pilato le dijo:

S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?».

C. Jesús le contestó:

+ «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».

¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S. – «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».

C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.

Y dijo Pilato a los judíos:

S. «He aquí a vuestro rey».

C. Ellos gritaron:

S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!».

C. Pilato les dijo:

S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?».

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. «No tenemos más rey que al César».

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Lo crucificaron, y con él a otros dos

C. Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».

Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.

Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. «No escribas: «El rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos»».

C. Pilato les contestó:

S. – «Lo escrito, escrito está.»

Se repartieron mis ropas

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:

S. «No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca».

C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica» Esto hicieron los soldados.

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:

+ «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

C. Luego, dijo al discípulo:

+ «Ahí tienes a tu madre».

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Está cumplido

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+ «Tengo sed».

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+ «Está cumplido».

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

Al punto salió sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran, Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron».

Envolvieron el cuerpo de Jesús en los lienzos con los aromas

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.

Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor.

 

¿Se asemeja?

Contemplamos a Jesús, Esposo, cómo ama. Decía San Juan Pablo que un matrimonio no se puede llamar cristiano si no se asemeja a Cristo Esposo que se entrega por su Esposa la Iglesia en la Cruz. Contemplo por tanto cuánto se parece mi manera de amar a la de Cristo.

 

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marta: Yo ya no creo en mi matrimonio. ¿Quién cree que es posible vivir una comunión entre esposos como Dios la había pensado?

Luis: No digas eso. ¿Crees que Dios nos habría hecho esposos si el matrimonio no fuese posible?

Marta: ¿A pesar del pecado de mi esposo? ¿A pesar del mío? Eso me lo dices porque tú no estás en mi situación y no sabes lo que yo estoy viviendo. ¿Acaso conoces a alguien que esté aguantando lo que yo he aguantado y siga luchando por su matrimonio?

Luis: Sí. Conozco un matrimonio. Uno de los dos cónyuges fue llevado a los tribunales, sufrió malos tratos, desprecios, juicios injustos, machacado por el orgullo, la vanidad, la envidia y montones de pecados de su cónyuge…

Marta: Ya, y ahora me dirás que siguen unidos ¿no?

Luis: Sí, con unos lazos más fuertes que la muerte.

Marta: ¡Venga ya! ¿Quién es ese o esa para que le haga un monumento?

Luis: Cristo. Y Él te promete por Su Sangre que, si tú le sigues, alcanzarás lo que buscas en tu matrimonio.

 

Madre,

Qué desgarro vives en la Pasión de Nuestro Señor, que revivimos en estos días. Pero todo tu dolor fue también por nuestra salvación. Gracias, Madre, Gracias. Gracias, Señor, alabado seas por siempre. Nadie me ha amado tanto como Tú.

Un ayer. Comentario para Matrimonios: Lucas 4, 16-21

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EVANGELIO

 

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 16-21

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles:
– «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Palabra del Señor.

Un ayer.

700 años después, se cumple la profecia de Isaías. Son los tiempos de Dios. Y nosotros con nuestras impaciencias, que nos convertimos y queremos alcanzar la santidad 20 o 30 años después. ¿Qué son 700 años comparados con la eternidad? Son un ayer.
Pues eso, que dejemos a Dios ser Dios y que Su plan se lleve acabó en Su tiempo, sin demasiadas exigencias por nuestra parte.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Alicia: Esposo, andaba yo afectada porque no veía avances suficientes en nuestro Matrimonio y, leyendo el Evangelio de hoy, me he dado cuenta de que soy un poquito agonías. Mucho decirle al Señor en el Padrenuestro que se haga Su voluntad, pero luego llego yo a meterle prisa.
Alfredo: Bueno, es normal que tengas ese ansia por vivir la unión con Él y la comunión conmigo. Creo que es bueno que lo deseemos, y quizás lo malo es que nos quejemos o desesperemos porque el proceso no sea más rápido de lo que está siendo.
Alicia: Está claro que el proceso Dios ha querido que sea lento. Siento haberte culpado a veces de que no vaya más rápido. ¿Me perdonas?
Alfredo: Te perdono. Yo te pido perdón porque a veces también me puede la impaciencia. Pero te quiero tal como eres.
Alicia: Te perdono.

Madre,

Bastante nos ha dado el Señor como para que andemos exigiendo más de lo recibido, como hicieron Adán y Eva en el Paraíso. Pedimos al Señor que se haga Su voluntad cuando Su Majestad determine. Amén.