Archivo del Autor: Esposos Misioneros

Vivir con alegría. Comentario para Matrimonios: Juan 15, 9-11

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

Vivir con alegría.

A veces nos puede parecer que los mandamientos son una serie de normas que limitan nuestra libertad y nos impiden hacer lo que nos apetece, pero es todo lo contrario, nos ayudan a ser mejores ante Dios y ante los hombres, porque están basados en el Amor de Dios. Para cumplir con lo que dice el Señor en sus mandamientos tenemos el ejemplo de nuestra Madre, para ello: escucha la palabra en lo profundo de tu alma, guárdala en tu corazón como se guarda un tesoro, la meditas, la saboreas, y esa misma palabra, que viene del Hijo de Dios, al ser meditada y saboreada se va cumpliendo en nuestra vida y poco a poco, como semilla que germina, lo va llenando todo del Amor de Dios. El Señor nos habla de guardar sus mandamientos para que Su alegría llegue a nosotros, y nuestra alegría llegue a plenitud. En el matrimonio la búsqueda de la felicidad nos caracteriza como seres creados a imagen de Dios y no podemos renunciar a ello, es más, nuestro esposo y los que nos rodean necesitan que seamos felices. Si hay algo de lo que no podemos dudar respecto a la voluntad de Dios sobre nosotros, es de que Dios nos quiere alegres. La felicidad está en el Amor de Dios y renunciar a ese Amor sería perdernos.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Carmen: ¿Te parece que mañana cuando acabemos de trabajar pase a recogerte por tu oficina y nos vayamos a tomar algo?
Álvaro: Pero se nos va a hacer tarde y con lo cansado que estoy no se si me viene bien.
Carmen: Anda, anímate, nos viene bien salir un poco de la rutina y nos ayuda pasar un rato juntos, dejando el trabajo y las obligaciones familiares.
Álvaro: Pero cómo es posible que te apetezca después de un día intenso de trabajo. Además, tenemos a los niños en casa y al final es retrasar todo lo que hay pendiente en casa.
Carmen: Los niños esta noche duermen en casa de mi hermana, les apetecía mucho pasar una noche con sus primos y mañana van juntos al colegio. Así que no tenemos prisa por llegar.
Álvaro: Me cuesta mucho entender esa alegría que manifiestas en todo momento, tanto para lo bueno como para lo malo.
Carmen: Pero es todo lo contrario, la alegría que tengo la recibo desde que frecuento los sacramentos y he ido descubriendo lo bueno que hay en todo, en todos y en cualquier circunstancia. Siempre se cumple ese no hay mal que por bien no venga, solo hay que aprender a verlo.
Álvaro: ¿Ahora me vas a decir que todo te viene por ir a misa a diario y por hablar con un cura?
Carmen: Todo no, pero gracias a ello he descubierto que no tienen que cambiar los demás, sino que soy yo quien tiene que cambiar para ir transformando a los demás a través de lo que voy recibiendo. Y si, me he ido dando cuenta según me he ido acercando a Dios.
Álvaro: Pues a ver si consigues hacerme ver en que tengo que cambiar, aunque mejor empieza a cambiar a mi jefe, que me está dando una lata terrible.
Carmen: Eso solo lo puedes hacer tú. ¿Por qué no empiezas a acompañarme? Aunque sea de vez en cuando. Ya verás como los resultados los ves enseguida. Sin darte cuenta el Señor te va cambiando la mirada y sin saber cómo irá transformando esa tristeza en alegría que irás derramando por todos los lados.
Álvaro: Tal y como me lo estás diciendo estoy deseando que llegues a recogerme para contagiarme con tu alegría.

Madre,

Enséñanos a guardar y cumplir todo lo que viene de tu Hijo con la alegría de ser hijos de Dios. Bendito y alabado sea el Señor.

RETIRO PARA MATRIMONIOS EN VALENCIA 19 – 21 JUNIO 2026

RETIRO PARA MATRIMONIOS EN VALENCIA 19 – 21 JUNIO 2026

RETIRO MATRIMONIOS BUENOS AIRES 12  – 14 JUNIO 2026

RETIRO MATRIMONIOS BUENOS AIRES 12  – 14 JUNIO 2026

Corazones conectados. Comentario para matrimonios: Juan 15, 1-8

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

Corazones conectados.

Vivimos en una cultura donde impera lo inmediato, lo superficial, lo reversible; donde probamos, cambiamos, pasamos de una cosa a otra y, sin darnos cuenta, esa forma de vivir impregna también nuestra relación con Dios. Tenemos miedo al compromiso y en su lugar buscamos experiencias que nos emocionen y que nos hagan sentir. Sin embargo, el Señor hoy repite insistentemente el verbo “permanecer”: “Permaneced en mí”. Permanecer no es conectar a ratos; permanecer es quedarse ahí, en el Corazón de Jesús y desde ahí vivir la vida con Él. Esa permanencia nace de una vida de oración (no sólo de un rato de oración) y requiere también de un esfuerzo inicial para evitar distracciones y pensamientos inútiles que nos apartan de Dios, esfuerzos para descentrarnos de nosotros mismos y centrar la mirada en el Señor, esfuerzos para mantener nuestra mente y afectos en su Corazón. Pero poco a poco, a medida que nuestra alma va creciendo en esa unión con Dios, el corazón queda imantado por el Señor y llega un día en que lo difícil es no pensar en Él y con Él. Entonces podremos decir como San Pablo, “no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Antes de dormir, Marta y Aitor comparten juntos cómo les ha ido el día)
Marta: Trabajando esta mañana en la floristería me han encargado preparar unos ramitos para los niños de comunión… Me he pasado toda la mañana haciéndolos porque eran bastantes, y mientras los preparaba iba rezando por cada uno de esos niños, de esas almas que iban a recibir al Señor por primera vez, pidiendo por la pureza de sus corazones…después por sus padres…Me pasé la mañana en oración, escogiendo con la Virgen las flores más bonitas, haciéndolo todo “metida” en su Corazón y juntas lo íbamos preparando con esmero, con cariño…
Aitor: Bueno…mi día no ha sido tan floreado como el tuyo…más bien el Señor me ha podado mi orgullo a través de un compañero que no para de humillarme y sutilmente ridiculizarme delante del jefe…pero en mi interior me he unido al Señor y he recordado tantas humillaciones que Él recibió… Después en la Eucaristía he ofrecido este dolor que me causaban por la salvación de este compañero y por tantas almas…
Marta: Doy gracias a Dios por esta vida de oración que nos va uniendo cada vez más a Él. ¡Cómo se nota su gracia!
Aitor: Y tanto…creo que también ha sido un paso clave para nuestras almas el habernos comprometido en este itinerario de fe, ¿verdad?
Marta: Sí, totalmente. Tener un camino concreto en la Iglesia donde profundizar en la oración, los sacramentos, nuestra vocación… nos ha ayudado a no vivir una fe a ratos, a intentar estar conectados en todo momento al Corazón de Jesús y María…
Aitor: Yo también lo creo Marta. Íbamos picoteando de una cosa a otra según nos apetecía y necesitábamos comprometernos y permanecer en algo concreto en la Iglesia.

Madre,

Tú que siempre estuviste unida a Jesús, enséñanos a tener siempre nuestros corazones conectados ¡Bendito y alabado sea el Señor que nos atrae hacia Él!

Elige al otro. Comentario para Matrimonios san Juan 14, 27-31a

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 27-31a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

Elige al otro.

Cuando damos entrada al príncipe de este mundo en nuestro matrimonio, brotan inevitablemente la discusión, la frialdad, la sospecha y el juicio. Y entonces se nos presentan dos caminos muy claros: reaccionar desde la herida o elegir amar, porque amamos al Padre y deseamos responder a Su amor. Basta que uno de los dos rompa esa espiral: que renuncie a tener razón, que dé el primer paso, que se acerque con humildad a pedir perdón, que abrace con ternura, que pronuncie un “te quiero” sincero… Entonces algo cambia porque la gracia irrumpe. Y la paz llega a ese hogar. No una paz superficial, sino la paz de Dios: la que ensancha el corazón, la que sana, la que devuelve la alegría verdadera. Una paz que no depende de las circunstancias, y que el mundo jamás nos podrá dar.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Laura y Manolo habían discutido por el campamento de verano de sus hijos. Laura tenía claro que lo mejor era repetir el de todos los años, asegurando lo conocido; Manolo, en cambio, estaba convencido de que necesitaban algo nuevo, enfrentarse a otras personas y situaciones para crecer en fortaleza. Ambos defendían su postura con firmeza… hasta que la discusión estalló. Las palabras subieron de tono y, de pronto, el silencio. Un silencio tenso, incómodo, que los empujó a alejarse, cada uno a un extremo de la casa, con el corazón encogido. Los dos sabían lo que había pasado. Habían cedido a la tentación: donde debía haber comunión, había división. Y eso les dolía. Por separado, se pusieron en oración. En lo escondido, dejaron que el Espíritu les mostrara el camino del Amor: un camino que pasa por renunciar al propio criterio, por obedecer al que se ama, por buscar la comunión… y, sobre todo, por desear el verdadero bien de sus hijos (precisamente aquello por lo que habían comenzado a discutir). Porque no hay mayor bien para un hijo que contemplar el amor entre sus padres. No sabían aún qué decisión tomarían. Pero sí tenían claro que ese no era el camino. Y entonces, casi al mismo tiempo, ambos se levantaron. Cada uno, desde su lugar, decidió ponerse en marcha hacia el otro. Y, de manera inesperada, se encontraron en mitad del pasillo. Se miraron. Se detuvieron. Y en sus rostros, aún cansados por el combate, brotó el comienzo de una sonrisa que a ambos les sorprendió; el Espíritu arranca también sonrisas. Dieron un paso más… y se abrazaron. Y en ese instante, sin haber decidido aún el campamento, ya habían elegido lo más importante: amarse por encima de todo.

Madre,

Enséñanos a que la voluntad de Dios siempre para por el amor sacrificado y por la unión. ¡Alabado sea el Señor!