Lenguaje conyugal. Comentario para matrimonios: Mateo 16, 24-28

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Evangelio del día

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 24-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

Lenguaje conyugal.

Al leer este Evangelio vemos cómo el Señor nos enseña la clave del Amor.
Este es el lenguaje de nuestro Señor, que es esposo de la Iglesia, contrario al que vemos y oímos en el mundo: Quién pierda la vida por Él, que es el Amor, la encontrará; esto es, entregar mi yo y mis criterios (mi orgullo, mi amor propio, mi pereza…) para dejar nacer a Cristo en mí y en mi matrimonio.
Por eso, Él crece si yo renuncio por amor, Él crece si yo escucho a mi esposo y no reprocho por Amor, Él crece si yo comprendo a mi esposo y no echo en cara por amor.
En definitiva, Él que es el Amor y esposo de la Iglesia, crece en mi matrimonio si le dejo actuar.
Por eso entreguemos la vida por Él, con Él y en Él para poder vivir aquí el Reino de los Cielos en mi corazón, en mi matrimonio, en mi familia… ¿Quién no quiere encontrar la vida cuanto antes? ¡No esperemos!

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Pepe: Laura, este sábado había pensado ir a ver a mi madre.
Laura: Pues te iba a decir que fuésemos a tomar un aperitivo al bar nuevo que han abierto en la urbanización.
Pepe: Sí, es un buen plan, pues como veas.
Laura: Pues es verdad que hace unos años me habría empeñado en ir al bar y probar los mejores pinchos… Pero ahora que hacemos oración, y voy sabiendo lo que te importa, prefiero renunciar e ir a ver a tu madre, que te hace feliz.
Pepe: ¡No sabes cuánto te lo agradezco Laura! ¡Me encantas!
Laura: Y a mí me encanta verte feliz.

Madre,

Enséñanos a que la ley y el lenguaje del Amor esté siempre entre nosotros, para contribuir con Él a la construcción del Reino de Amor en nuestro hogar.
¡Bendito sea el Señor!

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