Proyecto Amor Conyugal en colaboración con la Delegación de Familia y Vida de Córdoba, os invita a participar en retiro para Matrimonios, con el objetivo de adentrarnos juntos en la Verdad del Matrimonio (según San Juan Pablo II) y experimentar la Alegría del Amor (según el Papa Francisco).
¿A quién va dirigido este retiro? a todos los esposos unidos por el Sacramento del Matrimonio y que quieran vivir una EXPERIENCIA de AMOR juntos, estén en crisis o no. A todos los que quieran fortalecer y reavivar su Sacramento del Matrimonio.
FECHA: Desde el viernes 10 de febreroa las 18:00 h hasta el domingo12 de febrero a las 17:00 h.
LUGAR: en la Casa Espiritualidad San Antonio. Carretera De Villaviciosa, s/n (Zona alta del Brillante) 14012 Córdoba (Mapa: https://goo.gl/maps/957GXfEVU2H2)
Niños: 95€ por niño (en caso de tener que ir con niños)
Suplemento económico para ayuda a otras familias: Podéis aportar una cantidad adicional, a voluntad, que es muy importante para ayudar a otros matrimonios con dificultades económicas que quieren hacer el retiro.
Subvenciones: Si alguna familia no puede asistir por problemas económicos que nos lo comente, por favor.
¿Cuándo? Lo antes posible. Se suele llenar en pocos minutos.
Nos pondremos en contacto con vosotros para confirmaros la reserva de plaza y daros las instrucciones para realizar el pago o indicaros si estáis en lista de espera. En caso de que no hubiese plazas disponibles.
Sobre Proyecto Amor Conyugal:https://proyectoamorconyugal.es/acerca-de está compuesto por matrimonios católicos que profundizamos en nuestra vocación conyugal y que ayudamos a otros a convertir su matrimonio en algo GRANDE.
Venid a mí todos los que estáis cansados.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 28-30
En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo:
«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
El yugo es ese utensilio que une los bueyes que tiran del carro para que vayan juntos y en la misma dirección.
Lo que hace que nos cansemos y agobiemos es cuando los esposos queremos ir cada uno para un lado distinto, y nos esforzamos para arrastrar al otro con el tremendo desgaste de energías y la tremenda carga de frustración que acarrea.
Yendo juntos en la voluntad de Dios, El Espíritu de Dios se sube a nuestro carro y empuja como nadie. Acojamos Su Yugo y disfrutemos de la grandeza de nuestro amor con-yugal.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Jaime: Estás todo el día empeñada en salirte con la tuya, y yo ya no puedo más.
Lourdes: yo sí que estoy harta. Necesito alejarme y descansar un poco de esta lucha constante. Todo te parece mal, no valoras nada de lo que hago… Así no puedo seguir.
El Señor: Os he dado un sacramento para que el Espíritu Santo vaya transformando vuestra manera de amaros en el amor de Dios. ¿No queréis aprovechar la inmensa gracia que os doy?
Jaime: Ahora me doy cuenta de que con mis fuerzas y mis criterios no vamos a ningún lado. Yo quiero lo que tú quieras, Lourdes, siempre que no sea contrario a la doctrina de la Iglesia.
Lourdes: yo tampoco .e considero capaz de tomar las mejores decisiones. Mi propuesta es que busquemos en oración la voluntad de Dios y ambos nos sometamos. Y si al final no estamos de acuerdo me fío más de ti que de mí.
(Y con estos criterios Jaime y Lourdes pudieron disfrutar de los dones del Espíritu en su matrimonio).
Madre,
Qué hermosa y qué grande es la vocación conyugal. Que sepamos aprovecharla como hilos de Dios. Amén.
Dios no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 12-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».
A veces, cuando recuerdo lo perdido que llegué a estar, siento vergüenza. Y si en algún momento, quizás en una discusión, mi esposo me saca los trapos sucios del pasado, seguramente me sentiré traicionado.
Aunque me avergüenzo de todas y cada una de mis caídas, hoy me siento bien recordando las veces en que me he alejado de Dios, porque en todas esas ocasiones, doy testimonio de que Él ha venido y me ha rescatado. Él se ha alegrado por cada arrepentimiento más que si nunca le hubiese fallado.
Así me quiere mi Señor, así me valora mi Señor. Para Él soy importante haga lo que haga. Para Él es una alegría que esté a Su lado aunque le haya herido muchas veces. Así me ama mi Padre. Así tengo que amar yo a mi esposo.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Ana: Tú nunca has estado conmigo cuando te he necesitado. Todavía recuerdo aquella vez que estaba con la depresión y me regañaste porque estaba todo el día llorando. ¿Se puede ser más cruel?
Rafa: Ana, te pedí sinceramente perdón por aquello. Reconozco que fue algo terrible, y me hace daño que me lo sigas recordando. (Pensando: Yo también le podría recordar aquella vez que ella fue muy cruel conmigo… Pero ¡No! Ese no es el camino) Mira Ana, yo te pedí perdón, entiendo que sufrieras mucho con aquello, pero por favor, no me lo sigas teniendo en cuenta. Dios ya me ha perdonado y me ha acogido de nuevo en sus brazos. Si en algún momento no te he sabido querer, ahora sí que te quiero, independientemente de lo que hagas o digas. Te amo mucho, Ana, y eres lo más importante del mundo para mí. Quiero estar en todos tus momentos difíciles. Quiero que no te vuelvas a sentir sola.
(Y el Padre se alegró porque Rafa le ayudó a recuperar el corazón de Ana)
Madre,
El Señor nos muestra Su misericordia, y es necesario que yo ame a mi esposo con Su amor misericordioso, o de lo contrario, no soy de Cristo. A mí me consuela que Dios me quiera aunque sea imperfecto, y quiero que mi esposo sienta también ese consuelo en mi manera de amarle. Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Hoy hemos visto maravillas.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 17-26
Un día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.
En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:
«Hombre, tus pecados están perdonados».
Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:
«¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?».
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo:
«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil: decir “Tus pecados te son perdonados”, o decir “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados – dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».
Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, punto, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían:
«Hoy hemos visto maravillas».
¡No puedo! Esas son las palabras con las que se regocija el demonio, porque pronunciarlas significa que no lo voy a intentar más. Pronunciarlas significa que no tengo fe. Pronunciarlas significa que seré una carga para otros y que arrastraré a otros a la desesperanza, y otros dirán “no puedo” porque me oyeron decirlo a mí.
La primera frase que debe seguir al “no puedo” es: “… pero no estoy solo”. Sí, el paralítico de hoy, efectivamente no podía llegar solo hasta Jesús, pues no podía moverse, pero se dejó llevar por otros que le querían, dejó incluso que lo subieran por la azotea y lo descolgasen por el techo. Hace falta confianza para dejarse hacer ¿verdad? Por tanto, siempre que no pueda (que serán muchas veces) ¡Pediré ayuda!
La segunda frase es “Jesús confío en ti”: Él lo puede hacer. Puede perdonar mis pecados y librarme de mi parálisis. Cada vez que tenga la tentación de tirar la toalla lo repetiré: “Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío”.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Ramón: Lo hemos intentado todo y no sé qué más hacer, pero no podemos seguir así.
Laura: Está claro que no podemos seguir así, pero no se te puede ni pasar por la cabeza la idea de una ruptura, porque esa opción no existe. Dios nos ha unido y no hay vuelta atrás. Lo que nos pasa es que, aunque nos queremos, no hemos sabido amarnos. Nadie nos ha enseñado y nadie es buen consejero de sí mismo. Por mucho que creamos que sabemos mucho, necesitamos ayuda, Pedro. Te propongo que pidamos un matrimonio tutor que nos guíe.
Ramón: A mí me da mucha vergüenza pedir ayuda, y enseñar nuestras miserias a alguien.
Laura: Lo comprendo, hace falta humildad para dar este paso, pero es necesario. Muchas veces me pregunto por qué no me da vergüenza cometer los pecados y luego sí me avergüenzo de comentarlos con mi confesor… Lo que nos provoca la vergüenza es el pecado, te lo aseguro. Pero nosotros no somos nuestro pecado. Los pecados son pegotes de los que nos tenemos que librar para encontrar nuestra verdad. Ánimo, te pueden ayudar a descubrir la verdad que Dios quiere para ti y para nuestro matrimonio.
Ramón: De acuerdo… Pediremos ayuda.
(Y el matrimonio de Laura y Ramón consintió el acompañamiento y el Señor cambió el rumbo de sus vidas hacia la voluntad de Dios).
Madre,
Tú, como Madre, nos facilitarás todos los medios para llegar hasta Dios. Que tenga la humildad de pedir ayuda y confiar en las mediaciones de Dios. Alabado sea el Señor que suscita la compasión en los corazones de los esposos, por la salvación de otros.
Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 1-12
Por aquellos días, Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Este es el que anunció el profeta Isaías, diciendo:
«Voz del que grita en el desierto:
“Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo:
«¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?
Dad el fruto que pide la conversión.
Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.
Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego.
Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias.
Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».
El camino espiritual debe llevar a la par tres aspectos: La formación, la mística (oración y sacramentos) y la ascética (hacerlo vida). Si uno de ellos anda cojo, el camino no funcionará. Todas mis oraciones, todos mis apostolados, toda mi formación religiosa, tiene que dar fruto en el amor a mi esposo. Si no es así, algo estoy haciendo mal. Si sé mucho pero amo poco, si soy muy devoto pero amo poco, es que no avanzo hacia Dios.
Hoy pondré a prueba mi salvoconducto para el cielo: Le preguntaré a mi esposo si se experimenta amado por mí y en qué aspectos. Después, según su respuesta, me plantearé qué debo hacer con mi camino espiritual.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Pedro: Cariño, estamos avanzando en muchos aspectos de nuestra vida espiritual. Desde que empezamos el camino de formación, de oración y de vida, experimento que nuestro matrimonio ha mejorado muchísimo. Pero de aquí a la santidad, nos queda recorrido. Hoy quiero preguntarte si ves los frutos de amor por mi parte.
Ana: ¿Sinceramente? Sí. Sí los veo, pero aún hay mucho espíritu de dominio entre los dos y, como tú dices, Dios quiere de nosotros que luchemos por la santidad.
Pedro: Entonces ¿qué podemos hacer?
Ana: Si te parece bien, dedicaremos todos nuestros esfuerzos a conocer nuestra pequeñez, para que no se nos suba a la cabeza todo lo que sabemos y nos creamos buenos porque rezamos. Así que, centraremos todo, nuestra oración, nuestra formación y nuestros esfuerzos del día a día en descubrirnos y hacernos más pequeños ante Dios. A ver si así, se nos bajan los humos. Nos lo jugamos todo.
Madre,
Necesitamos este camino eficaz y progresivo que nos lleve hasta Dios, a base de humillarnos y dejar que Dios actúe en nosotros. Alabado sea el Señor que se ha comprometido a ayudarnos a hacerlo realidad.