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Escuela de misericordia y perdón. Comentario para matrimonios: Lucas 6, 36-38

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Escuela de misericordia y perdón.

El amor conyugal no se rompe normalmente por grandes tragedias, sino por pequeños juicios repetidos, silencios fríos y cuentas pendientes guardadas en el corazón. Cuando los esposos empezamos a mirarnos como adversarios en vez de aliados, el hogar se vuelve un tribunal, donde por encima del amor, se vive un ajuste de criterios individuales tras un juicio diario duro e infértil. En este evangelio, se nos recuerda que el matrimonio es una auténtica escuela de misericordia.
Hoy se nos invita a aprender a interpretar al esposo con benevolencia (sed misericordiosos); a cambiar la sentencia por la pregunta, la acusación por el diálogo (no juzguéis); a dar un perdón sincero que reconstruya la alianza y evite que el resentimiento eche raíces (perdonad); y a dar cariño, paciencia, escucha y ternura (dad y se os dará)

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Paloma : Alfonso, cuántas gracias doy a Dios por habernos descubierto la pasada que es nuestra vocación y habernos hecho vivir la grandeza del amor, viviendo los dos en Él. Ahora miro a los matrimonios que sufren y me produce gran dolor ver lo que se están perdiendo.
Alfonso : Totalmente Paloma, para mí conocer tu corazón a través de la oración conyugal, me ha hecho darme cuenta de que te debo escuchar, sin sentir que me debo defender de ti, que puedo mostrarte mi debilidad y mis miedos, porque tú me vas a sostener y no me vas a juzgar.
Paloma: Y además, la dulzura y la amabilidad, es ahora más fuerte que la dureza y la indiferencia con la que nos tratábamos.
Alfonso: Y nos cuesta muchísimo menos perdonarnos ante nuestras caídas.
Paloma: Qué bueno es el Señor, cuánta Misericordia ha derramado en nosotros. Hoy nos toca rezar por esos matrimonios que aún no son conscientes de que dejándole a Él que presida sus vidas, pueden tocar un poquito del cielo.
Alfonso: Pues vamos a ello.

Madre,

Enséñanos a tener Tu medida generosa, colmada y rebosante de perdón , de esperanza y de amor, para que, unidos en Tu Hijo, seamos refugio el uno para el otro y signo de Su presencia cada día. Alabada seas siempre, Madre, y también tu Hijo Jesucristo.

El cielo en Ti. Comentario para matrimonios: Mateo 17, 1-9

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

El cielo en Ti.

Increíble escena: desean quedarse allí, y al instante, tiemblan de miedo. En un mismo instante gozo y sobrecogimiento. A veces te siento cercano; otras, Tu grandeza me llena de asombro. Puedes llenarme de gozo o hacerme temblar ante Tu misterio.
Descubro que la felicidad no es un lugar, sino Tú, Jesús mío. En Ti descanso. Sales a mi encuentro a través de mi esposo. En nuestro amor quieres colmarme aquí en la tierra, hasta el día en que juntos te contemplemos en el cielo.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Bernat: Antes miraba tus luces y sombras, sobre todo tus sombras. Hoy comprendo que Dios está en ti y que, a través de nuestra vida juntos, va moldeando mi corazón. Eres un don. Disfruto tanto contigo; y en lo que me cuesta, me muestra una oportunidad para elegirle y que actúe en mí.
Judit: Yo buscaba a Dios, pero a veces te veía como un estorbo. Tus defectos me herían. Ahora reconozco que eres mediación de Su amor. Lo que antes me incomodaba se ha vuelto camino de encuentro con Él. Amar a Dios y amarte a ti es, para mí, lo mismo.
Bernat: Que bendición compartir la vida contigo.
Judit: Qué bien se está en casa.

Madre,

Muéstranos a tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.