Archivo por meses: mayo 2015

100% jugo natural. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 10, 28-31

EVANGELIO
Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
-«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo:
-«Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna.
Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.»

Palabra del Señor.

100% jugo natural.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Dice San Jerónimo. “No dijo: Que lo dejasteis todo (porque esto también lo hizo el filósofo Crates y otros muchos que despreciaron las riquezas), sino y que “me habéis seguido”, que es propiamente de los apóstoles y de los creyentes.”

No se trata de dejar muchas cosas y hacer muchos sacrificios, sino de seguir a Jesús. Esto es, hacer lo que Él hizo: Entregarse por amor. Hay esposos que hacen cosas que les cuestan mucho esfuerzo, pero aman poco.

Pongamos algunos ejemplos: Las dietas, el ejercicio, ordenar, limpiar, crecer profesionalmente, conseguir un ascenso, corregir a los hijos… Si no se hace con amor, no sirve. Es más, puede ser contraproducente, puesto que puede aumentar nuestra vanidad, el orgullo, apegarse más a las manías que uno se va creando, etc. Hacer algo por amor, es siempre “a alguien”. Por tanto, si hago una dieta tengo que preguntarme ¿Por amor a quién?. O si me esfuerzo en tenerlo todo muy ordenado en casa ¿Por amor a quién?, no vaya a ser que me esté dejando llevar por mis manías…

Esposos, no se trata de hacer cosas que cuestan mucho (seguro que no todas son necesarias) sino de hacerlas con mucho amor. Por ejemplo: Educar es cansado, pero ¿Cuántas órdenes les damos a nuestros hijos que no van a servir para hacerlos santos? ¿No podíamos ahorrarnos y ahorrarles muchas regañinas? ¿No serán cosas que me molestan a mí?. Pensémoslo sinceramente: Si regañamos enfadados ¿Por quién estamos regañando?. Si corregimos al esposo enfadados ¿Por quién lo hacemos?. Si realmente fuese por su bien ¿nos enfadaríamos?. Tiene triste gracia, estar esforzándonos por algo que no sirve para nada. Como decía San Pablo en la Corintios 13: Ya podía yo entregar mi cuerpo a las llamas… si no tengo amor, de nada sirve. Qué pena ¿no?. El amor siempre busca el bien del esposo y de la familia.

Imaginemos una exprimidora en la que metemos nuestras acciones y extrae de ellas el jugo del amor. ¿Cuánto tardaríamos en llenar el corazón de nuestro esposo?.

Para tener amor, previamente tenemos que llenarnos de él. Sólo el Espíritu puede hacerlo. Por tanto, para seguir a Jesús hay que elegir entre otros planes y la oración, la Eucaristía… Abrir nuestros corazones a Dios para que Él los llene con Su Amor. Con Él, nuestro matrimonio recibe cien veces más, heredamos un tesoro en nuestro corazón del que nada nos puede separar: el Amor de nuestro Padre. Su sabiduría para tratarnos, Su prudencia para decidir, Su fidelidad para siempre, Su Amor verdadero, Su misericordia y Su perdón hasta 70 veces 7, Su paz, Su gozo… Todo lo que hagamos estará entretejido con el Amor de Dios.

Y acaba Jesús: “Muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros”. Muchos de los que tienen todo muy perfecto, serán últimos y muchos que no lo tienen tan perfecto pero que han dado prioridad al amor, serán primeros.

Pedimos al Señor que nuestras acciones traigan impresa la etiqueta esa de “100% jugo (de amor) natural”.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/

¿Eres esposo?, una cosa te falta. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 10, 17-27

EVANGELIO
Vende lo que tienes y sígueme

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17-27
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:
-«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó:
-« ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó:
-«Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:
-«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
-«¡ Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios! »
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:
-«Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban:
-«Entonces, ¿quién podrá salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
-«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

Palabra del Señor.

¿Eres esposo?, una cosa te falta.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Nos llama la atención la autenticidad. Alguien auténtico, nos cautiva. Un amor auténtico es lo que deseamos. La autenticidad exige la totalidad, y el amor entre esposos requiere la entrega en totalidad. No se puede amar al 90% o si no, el esposo buscará desesperadamente ese 10% que le falta.

La vocación es aquella misión en la que podemos ser auténticos. Yo sólo puedo ser auténticamente, esposo. No puedo ser misionero y apartar a mi esposo, porque no sería auténtica mi misión. Sólo siendo esposo, puedo entregarme totalmente y si dejo mi matrimonio fuera de mi misión, no puedo ser auténtico.

En mi matrimonio puedo ser auténtico cristiano y auténtico esposo a la vez. Es mi fidelidad a mi vocación, la que me permite ser auténtico. Dice San Juan Pablo II (FC 19): “Están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación total”. Y el catecismo: “Esta comunión humana es confirmada, purificada y perfeccionada por la comunión en Jesucristo dada mediante el sacramento del matrimonio. Se profundiza por la vida de la fe común y por la Eucaristía recibida en común” (CIC, n. 1644).

El joven rico, no era un auténtico cristiano, una cosa le faltaba, renunciar a sus riquezas. ¿Qué me impide ser un esposo auténtico? ¿Qué me impide entregarme totalmente en mi matrimonio? Siempre resonarán en nuestros oídos esas palabras del Señor: “una cosa te falta”. ¿Será mi orgullo? Seguramente, puesto que el orgullo es la fuente de los demás males del matrimonio. No me entrego porque quiero salvaguardar algo de mí, como si me perteneciera.

Es sorprendente el paralelismo entre este Evangelio y aquel en que Cristo habla sobre el matrimonio. Aquí, los discípulos acaban diciendo: “«Entonces, ¿quién podrá salvarse?»”, y Jesús responde: “«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»”.

En Mateo 19 ocurre algo muy similar. Jesús le dice a los fariseos la frase siguiente “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne, de manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”. A continuación, ya con sus discípulos, aparece el siguiente texto: “Dícenle sus discípulos: «Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse». Pero Él les dijo: «No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido.” Es decir, es imposible para los hombres, no para Dios.

Jesús habla de totalidad, de autenticidad, y los discípulos no lo ven posible.

Esposos, digámonos cada día “sólo una cosa me falta”. Que nuestra respuesta a entregarla sea “sí”, esa también, y pidámosle a Dios que nos conceda el don de ser uno como Él es uno.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
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Sed un matrimonio perfecto. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 20, 19-23

EVANGELIO
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. recibid el Espíritu Santo

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
– «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
– «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
– «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Palabra del Señor.

Sed un matrimonio perfecto.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy es Pentecostés. Nos hemos venido preparando para este día durante toda la Pascua. El Espíritu Santo es un don gratuito de Dios, es la muestra de su generosidad infinita ¿Por qué tenía que entregarnos Su Espíritu Santo para ser uno con Él?.

Entre tanta generosidad, recibimos la paz del Señor. La paz de haber luchado por amar impulsados por el Espíritu, como Jesús. Jesús nos la entrega mostrando sus llagas. Nosotros no nos salvamos por nuestros méritos, sino que es Su Espíritu quien nos santifica, es la el don de la gracia, que conlleva una tarea. La Santidad no es algo que se “hace”, se “es” santo, y el único Santo es Dios. A nosotros nos es imposible transformarnos en santos. En nuestras debilidades, en nuestra incapacidad de la entrega diaria, reconocemos que no es obra nuestra, y es ahí donde dejamos la puerta abierta a que Dios haga su obra en nosotros. Todo esfuerzo nuestro que no acabe en un corazón quebrantado y humillado que suplica, es vanidad.

¿No tenéis experiencia de proponeros mejorar y no sólo no conseguirlo sino hacerlo incluso peor?. Y ¿Eso significa que hay que dejar de esforzarse?. ¡No! Dios lo manda, es una tarea consecuencia del don del Espíritu “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”. Pero es necesario que descubramos que somos incapaces de hacerlo por nosotros mismos, antes de que Dios en su infinita generosidad, nos conceda santificarnos en esos pequeños avances.

No esperemos nada especial hoy. Ya sabemos que Dios no está en los grandes e impresionantes eventos, sino que está en la brisa, como le mostró a Elías. El Espíritu va actuando poco a poco en nosotros y por tanto en nuestro matrimonio, ya que nos tiene que llevar a la comunión (o no sería una acción de Dios que nos lleva a la santidad).

¿Y cuáles son los frutos que iremos recibiendo por el Espíritu en nuestro matrimonio? Gálatas 5,22-23 … el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad (amabilidad), bondad, fe (fidelidad), mansedumbre, templanza (dominio propio). ¡Cuánto ansiamos esos frutos! ¿verdad?. Tenemos ansias de Su Espíritu.

¡Sí! El Espíritu hace esto con nuestro matrimonio. Aumenta nuestro amor verdadero, y nos hace vivir, como parte del Cuerpo de Cristo, el gozo de estar construyendo una comunión. Construimos la paz entregando la vida por seguir a Cristo, cabeza. Cambia nuestras prioridades y se pasen las prisas y los agobios de las cosas de este mundo. Se nos concede un trato más amable y delicado entre nosotros. Buscamos el bien, y actuamos siempre buscando el bien para el otro. Nuestra intimidad con Dios va creciendo, aumenta nuestra fe, y cada vez percibimos más los frutos del Espíritu. Como estamos “obsesionados” con el amor que Dios nos tiene, no nos importa lo que piensen los demás o lo que digan de nosotros y no necesitamos defendernos de nadie, porque sólo nos importa lo que Dios ve. Y el mundo ya no nos domina, ni los deseos, ni la concupiscencia, sino que actuamos por amor y para amar, al servicio de Su cuerpo que es la Iglesia.

Esto es un anticipo del cielo, hermanos esposos. Y Dios ha puesto en nuestra mano palparlo aquí en la Tierra. Es el Espíritu quien lo hace posible.

Oramos con la secuencia: Ven Espíritu Santo… Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
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Con María. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 21, 20-25

EVANGELIO
Éste es el discípulo que ha escrito todo esto, y su testimonio es verdadero

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 20-25
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús: – «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: – «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Palabra del Señor.

Con María.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Estamos en la conclusión del Evangelio de Juan. Él dice que si contase todo lo que hizo Jesús, no cabrían los libros en el mundo.
Jesús estuvo en aquella época intercediendo por todos y amando a todos. Hoy no es diferente, porque Él mismo dijo que estaría con nosotros hasta el final de los tiempos.

La cuestión es ¿Nos damos cuenta de la presencia de Jesús en nuestra vida matrimonial? Si la respuesta es no, es porque estamos demasiado pendientes de nosotros mismos, lo que nos llevará a quejarnos constantemente y a que todo nos parezca poco. Lo pasaremos mal porque las cosas no salen como queremos, por lo que dicen de nosotros, por los gestos de falta de cariño, o simplemente, porque no hay gestos… Pedro se preocupa por Juan. Cristo le acaba de anunciar su muerte y él, se preocupa por Juan. Pedro ha dejado de mirarse a sí mismo, Y Cristo le dice que no se preocupe por él, ya le cuidará el Señor.

El Evangelio de Juan está lleno de detalles porque María estaba con él. Ella se quedó en casa del discípulo amado, y seguro que le enseñó a descifrar muchas cosas de la vida de Jesús. Si viésemos y escribiésemos todas las cosas que Jesús hace en nuestro matrimonio, no cabría lo escrito ni en todo el mundo.

Vivamos hoy sábado, día de la Santísima Virgen y víspera de Pentecostés, atentos a María, y pidámosle que nos muestre todos los detalles en los que está el Señor en el día de hoy: Esa alegría de los hijos, el gesto cariñoso del esposo, la posibilidad de darme en muchos momentos y hacerle un poquito más feliz, hacer un hogar acogedor… María seguro que guardaría todas estas cosas en su corazón.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
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Esposo ¿Me amas? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 21, 15-19

EVANGELIO
Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó: – «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero.»
Jesús le dice: – «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: – «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta: – «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: – «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: – «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: – «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: – «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.»
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: – «Sígueme.»

Palabra del Señor.

Esposo ¿Me amas?
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Antes de sus tres negaciones, Pedro estaba totalmente convencido de que amaba a Cristo hasta dar la vida. Esa confianza en su propia fortaleza le pierde, y Cristo le advierte de lo que iba a ocurrir después.

En el Evangelio de hoy, el Señor le pregunta a Pedro si le ama, después de la experiencia de su infidelidad. Observamos el comentario de Crisóstomo:

Crisóstomo, ut supra. ‘Después de la tercera pregunta, se turba. Por lo que sigue: “Pedro se contristó porque le preguntó por tercera vez: ¿Me amas?” Temiendo que sucediera otra vez como antes que, pareciéndole amar al Señor, no le ame y sea reprendido como lo fue primero cuando se consideraba muy fuerte, se ampara al mismo Cristo. Por eso sigue: “Y le dice: Señor, tú que sabes todas las cosas”; esto es, lo más secreto del corazón, presente y futuro.’

¿Estamos seguros de que amamos a nuestro/a esposo/a? ¿Estamos seguros de la fortaleza de nuestro amor? Es tal la dependencia que tenemos del don de fortaleza del Espíritu Santo, que no podemos ni tan siquiera afirmar que amamos y mucho menos que amaremos. ¡Qué pequeños y débiles somos!

Señor, como te dijo Pedro, Tú sabes todas las cosas, Tú conoces lo más secreto de nuestro corazón presente y futuro. Si nos has encomendado la misión del matrimonio, es porque antes nos diste la fortaleza para vivirlo según tu voluntad. Nos encomendamos a tu Santísima Madre, para que nos muestre el camino de la santidad como esposos y padres.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
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