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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 37-41
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él.
Él entró y se puso a la mesa.
Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo:
«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.
¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».
Una mirada limpia.
Durante el noviazgo mirábamos a nuestro futuro cónyuge con admiración. Descubríamos sus virtudes, nos maravillábamos de sus dones y casi todo en él nos parecía hermoso. Pero, con el paso del tiempo, nuestro pecado puede ir enturbiando esa mirada. Dejamos de admirar para juzgar, de agradecer para exigir, y acabamos viendo antes sus defectos que el don que Dios nos ha regalado.
Hoy el Señor nos invita a no quedarnos limpiando «lo de fuera», pretendiendo cambiar al otro para que se ajuste a lo que nosotros esperamos. Nos invita a mirar dentro, a purificar nuestro propio corazón y, desde ahí, recuperar una mirada limpia.
«Dad limosna de lo que hay dentro», nos dice Jesús. Entreguemos entonces los dones que llevamos dentro, que nos ha regalado el Señor: nuestra comprensión, nuestra ternura, nuestro perdón… y dejemos de exigir para empezar a entregarnos.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Alberto: Cariño, ¡acuérdate que en 5 minutos salimos para la cena!
Bea: Alberto, ya sabes que me gusta ir guapa a los sitios, no sé si con 5 minutos tengo tiempo para maquillarme.
Alberto: No sé para qué te maquillas, con lo preciosa que eres. ¡No necesitas echarte todo eso!
Bea: Te quiero mi vida, pero las arrugas se han de disimular, que una ya va cumpliendo años…
Alberto: Pues te digo una cosa, tu belleza interior es tan grande que se refleja por fuera, te lo digo yo que soy tu marido, pero también lo nota la gente ¡y no es un cumplido!
Bea: Venga Alberto, no sigas que me vas a hacer vanidosa y eso no es bueno.
Alberto: Perdona si te incomodo, pero es que veo cómo cuidas tu vida interior, cómo intentas estar cerca del Señor, y eso acaba reflejándose por fuera.
Bea: Gracias, cariño… el mérito es del Señor. Cuanto más cerca estamos de Él, más podemos reflejar Su belleza. Tú también me ayudas mucho a acercarme a Él.
Madre,
Ayúdanos a vivir con Él, por Él y en Él. ¡Sea por siempre bendito y alabado!

