¡La señal está dada! Comentario para matrimonios: Lucas 11, 29-32

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Evangelio del día

Lectura del Santo evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:
«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.
La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

¡La señal está dada!

Para los judíos de la época, la expresión “generación perversa” no era un reproche vacio. Evocaba inmediatamente al antiguo pueblo de Israel, aquel que había sido liberado de Egipto, que vio abrirse el mar, que fue alimentado con el maná y recibió la Ley en el Sinaí; un pueblo rodeado de signos que, sin embargo, seguía dudando y pidiendo nuevas pruebas. Jesús reconoce en sus interlocutores esa misma actitud: piden un signo, pero no desde un deseo de verdad sino desde la exigencia, la desconfianza y la sospecha. Por eso no les concede ninguno más. No es cuestión de signos, cuando el corazón está cerrado, ningún signo es suficiente. En su lugar, les recuerda dos ejemplos muy conocidos para ellos: la Reina del Sur, que recorrió grandes distancias movida por el deseo de encontrar la sabiduría de Dios; y los ninivitas, que se convirtieron porque supieron escuchar y fiarse de la predicación de Jonás. Por su corazón endurecido, aquellos judíos no reconocieron a Dios teniéndolo delante. Nosotros, hoy, podemos correr el mismo riesgo. ¡Esposos! La señal está dada: por nuestro sacramento, Jesús está presente en nuestro matrimonio, está presente en mi esposo. ¿Lo reconozco?
Cuando el corazón confía y está dispuesto a acoger, aprende a descubrir la mano providente de Dios en lo pequeño de cada día: en una corrección de mi esposo, en una sonrisa, en los hijos que nos sacan de la comodidad, en la palabra de un amigo… entonces comenzamos a ver a Dios en todo y en todos.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Carmen: ¡Qué afortunados somos de ver a nuestro alrededor tantas conversiones! Aunque creo que tenemos que estar atentos en nuestro corazón para no buscarnos a nosotros mismos.
Pedro: ¿A qué te refieres?
Carmen: A veces tengo la sensación de ir buscando experiencias extraordinarias, vivir pendientes de lo espectacular, reducir nuestra fe a experiencias sensibles…creo que puede ser una distracción y nos puede confundir…
Pedro: Es verdad, ¿tú crees que hay algo más extraordinario que todo un Dios se haya quedado escondido por amor en un trocito de pan?
Carmen: Cierto ¿a qué esperamos para «apiñarnos» alrededor de Jesús?

Madre,

Desde tu corazón tenemos tu mismo deseo, ¡cómo nos gustaría ver los Sagrarios abarrotados adorando todos al Señor! Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman”. Bendito y alabado seas por siempre.

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