Déjale las riendas. Comentario para matrimonios: Mt 3, 13-17

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Evangelio del día.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Déjale las riendas.

Me resuenan las palabras de Juan a Jesús: ¿Y tú acudes a mi?
Y veo cuántas veces Jesús acude a mí para que le consuele en la cruz, para que le ayude a salvar almas, para que sea su compañía en el Sagrario, en la adoración. ¿Y cómo puedo hacer todo eso? ¿Cómo puedo consolarte? ¿Cómo puedo ayudarte a salvar almas? Y Tú me respondes que lo haga acogiendo todo lo que me ocurre, agradable o desagradable, como algo que permites, ya sea a través de mi esposo, de mis hijos, de mis compañeros de trabajo, de la familia; todo lo que cada día me pones en el camino; porque todo eso es para que yo vaya creciendo en virtud y recorriendo el camino de la santidad a la que estoy llamado. Hacer esto no es más que cumplir Tu voluntad para mi. Todos los días vienes a mí a pedirme que te siga y que haga Tu voluntad. Porque aunque soy yo quien necesita de Tu Gracia, de Tu Salvación, sin embargo, para que me la des, para que me ayudes, necesitas que te acoja en cada una de las situaciones que vivo. Como decía San Agustín, Dios que te creó sin tí, no te salvará sin tí. Dios necesita mi permiso, Él no va a hacer nada sin contar conmigo, pero una vez que le diga que quiero Su salvación, Su Gracia, debo estar dispuesto a hacer Su voluntad, porque sólo Él sabe lo que es lo mejor para mí y para mi vida aunque no lo entienda, aunque no me termine de gustar.
Todo es un Misterio, un Misterio maravilloso, cuando dejas las riendas de tu vida a Dios.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Miguel: Alicia, a veces no entiendo porqué estamos pasando por esto; me desespero y no veo la luz para salir.
Alicia: Miguel, a mi también me invade a veces la desesperación, pero veo que el Señor me pide que me entregue en la enfermedad, que acepte Su voluntad para mí, para nosotros.
Miguel: Está siendo tan duro, verte sufrir, tan débil, no poder ayudarte…
Alicia: Es lo que nos pide el Señor. Mira, parece que no sirve, y que no entendemos nada, pero tenemos que tener la certeza que Él sacará un gran bien de esta prueba.
Miguel: Qué fortaleza, Alicia y qué serenidad.
Alicia: Es la Gracia de Nuestro Señor la que me sostiene y la que me empuja cada vez más a entregarme, para la salvación de muchos. Él necesita de nosotros, de nuestro Sí, de nuestra entrega. El sufrimiento con Él tiene sentido.
Miguel: Cuánto tengo que aprender de tí, de esa confianza en el Señor. Todos los días le pido a Nuestra Madre que nos ayude para poder acoger todo esto.
Alicia: Esa es la única opción que tenemos, orar y vivir en el corazón de María, ella nos cuida tanto…
Miguel: Gracias Señor por una esposa tan maravillosa.
Alicia: Gracias tengo que darle yo por este esposo, con ese corazón tan grande.

Madre,

Ayúdanos a decir siempre Sí a la voluntad de Dios en nuestra vida, y a guardar todo en el corazón, como Tú, preciosa Madre. ¡Bendito y alabado sea Dios!

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