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Proyecto Amor Conyugal

Un proyecto misionero de María para el Matrimonio y la Familia.

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    proyectoamorconyugal

    Alegría del encuentro. Señor no te cansas de busc Alegría del encuentro.

Señor no te cansas de buscarnos, no nos rechazas por nuestros errores y te alegras cuando volvemos a Ti. El amor de Dios es el amor de quien busca con insistencia aquello que se ha perdido hasta encontrarlo. Aunque nos alejemos, aunque tropecemos o nos sintamos indignos del amor de Dios, Él siempre sale a nuestro encuentro y nos invita a regresar a su Corazón. Jesús, nos enseñas que nadie está excluido de Tu misericordia divina, no miras solamente nuestras caídas, miras también nuestra capacidad de levantarnos y comenzar de nuevo. No podemos olvidar que tenemos un inmenso valor a los ojos de Dios. En nuestra vida matrimonial, nos llamas (estamos llamados) a descubrir que amar no consiste solamente en caminar juntos cuando todo va bien, sino también en salir al encuentro de nuestro esposo cuando algo nos distancia. A veces esperamos que sea el otro quien dé el primer paso: que pida perdón, que reconozca su error, que cambie de actitud o que se acerque, pero Señor, nos muestras por encima del orgullo, ponemos el valor de nuestro sacramento y el deseo de recuperar la comunión. El amor conyugal está llamado a ser un lugar donde podamos reconocer nuestras fragilidades sin miedo a ser humillados. En el matrimonio también necesitamos celebrar los pequeños regresos: una conversación sincera después de una discusión, una disculpa humilde, una caricia que rompe la distancia o una decisión compartida para seguir adelante. Y cuando recuperemos la alegría de estar juntos, enséñanos a dar gracias, porque cada reconciliación es una oportunidad para que Tu amor vuelva a habitar entre nosotros.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Antonio: ¡María! Ven y siéntate, tengo algo importante que contarte.
María: Cómo llegas ¿no? Voy para que me cuentes.
Antonio: Me ha llamado Luis para decirme que no se va de casa. Se lo ha pensado mucho y ha decidido seguir luchando por su matrimonio.
María: ¡Qué alegría tan grande! El otro día cuando estuvimos con ellos parecía que no había nada que hacer, habían perdido toda la esperanza.
(Sigue en comentarios)
    Una decisión. Basta mirar a nuestro alrededor par Una decisión.

Basta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de tantas cosas que intentan despertar nuestros deseos y conquistar nuestra atención: la publicidad, las ofertas, las notificaciones del móvil, las redes… Todo parece diseñado para seducirnos, hacernos desear más y convertir nuestros deseos en consumo. ¡Qué diferente es Jesús! Cuando una multitud entusiasmada le sigue, no busca mantener su entusiasmo con palabras complacientes. Al contrario, se vuelve hacia ellos y les habla con claridad de lo que significa seguirle; les habla de renuncia y de cruz. Les ilumina con dos situaciones: un hombre que quiere construir una torre y un rey que valora si está preparado para la batalla. Seguir a Jesús exige decisión, perseverancia y afrontar una lucha contra nosotros mismos. ¡qué bueno es Jesús! Él no nos engaña ni nos oculta las exigencias del camino, más bien aprovecha nuestro entusiasmo para conquistar nuestro corazón y enseñarnos a amar. Y nosotros, ¿le seguimos movidos por la emoción de lo que hace en nuestra vida, por el interés de que nos conceda lo que deseamos o porque realmente estamos dispuestos a dejar que transforme nuestros corazones? Señor hoy quiero pedirte que hagas morada en mi corazón; que ordenes mis deseos, que me liberes de mis apegos y me enséñes a amar como Tú.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan: Desde que hemos hecho el retiro de Proyecto miro nuestro matrimonio de otra manera. Esto es mucho más que llevarnos bien…nos estábamos perdiendo la vida sobrenatural que Dios quiere regalarnos.
Rosita: Por eso no quiero que lo del retiro se quede en un “me gusta”, necesitamos un compromiso. No podemos dejar la torre a medio construir, ¿no te parece?
Juan: Tenemos que dar un paso. Te propongo incorporarnos a un grupo para continuar las catequesis de Proyecto y comprometernos a ayudar a que otros descubran la maravilla del matrimonio…
Rosita: Me ilusiona… pero no va a ser fácil. Habrá sábados en que nos dé pereza salir, tendremos otros planes y habrá comentarios en la familia que nos hagan dudar.
(Sigue en comentarios)
    No hagas esperar a Dios. Dios Padre nos invita a No hagas esperar a Dios.

Dios Padre nos invita a una vida de banquete, de alegría, y nosotros rechazamos su invitación pensando que tenemos un plan mejor, que nuestra manera de pensar es mejor que la de Dios, que nuestra manera de vivir, es mejor que la que Él nos propone, que nuestra manera de construir el matrimonio, es mejor que la que Dios pensó… pero… ¡no somos felices¡ Así acabó el hijo pródigo, comiendo el alimento de los cerdos en lugar de gozar de la felicidad en la casa de su padre! ¡Qué misterio tan grande! La criatura rechaza a su Creador. El hijo rechaza la invitación de su Padre. Imaginemos a un padre que ha entregado todo su amor a su hijo y que, deseando compartir con él toda su felicidad, le prepara un gran banquete. Lo tiene todo dispuesto, lo espera con ilusión… pero su hijo no acude. Tiene otras cosas que hacer, otras prioridades. ¡Qué dolor experimentaría ese padre ante el rechazo de su hijo! Y es que el hijo cree que puede alcanzar por sí solo la felicidad y llenar de dicha su corazón. Así nos sucede a nosotros. Nos perdemos entre las preocupaciones, los trabajos, los bienes e incluso los afectos humanos de este mundo,mientras dejamos esperando a Dios y, con Él, nuestra verdadera felicidad. Ennuestra vocación matrimonial, el Señor nos llama a algo maravilloso: acoger ese Amor divino que el mundo no puede darnos, para entregárselo a nuestro esposo y participar así de una vida nueva, de la vida divina. ¡No hagamos esperar más a nuestro Padre! Acojamos hoy su Amor y entreguémoslo hoy a nuestro esposo. ¡El banquete ya está preparado!

Aterrizado a la Vida Matrimonial:

Mónica y Carlos están reunidos con unos tutelados y comparten con ellos su testimonio.
Mónica: Nosotros llegamos a Proyecto Amor Conyugal con nuestro matrimonio prácticamente destruido. Llevábamos más de diez años sobreviviendo, sin saber cómo salir de aquello.
Carlos: Y lo peor es que pensábamos que el problema era el otro. Yo estaba convencido de que, si Mónica cambiaba, seríamos felices.
Mónica: ¡Y yo lo mismo! Nos pasábamos el día juzgándonos, exigiéndonos, echándonos cosas en cara… No nos comprendíamos ni nos perdonábamos de corazón.
(Sigue en comentarios)
    Desde la eternidad. Jesús confronta nuestro desas Desde la eternidad.

Jesús confronta nuestro desasosiego del corazón con la promesa de la vida eterna. Y es que, ¡qué pequeños veremos desde la eternidad esos problemas que hoy tanto nos abruman!
Puede que mi esposo sea un maniático del orden o que tenga que renunciar a mis planes del fin de semana porque mi esposa tiene que cuidar de mi suegra… ¡Cuántas cosas pequeñas nos quitan la paz y nos hacen sufrir! Y muchas veces es porque tenemos las miras demasiado cortas, porque nos quedamos atrapados en nuestras expectativas y olvidamos levantar la mirada hacia la promesa que Jesús nos ha hecho: una morada en la casa del Padre.
Pero ¿cómo llegar hasta allí? Nos jugamos la eternidad en las pequeñas y grandes decisiones de cada día, especialmente en nuestra manera de amar. Y, menos mal, Jesús nos lo dice con toda claridad: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
¡Qué maravilla descubrir que no tenemos que buscar ese camino lejos de nuestra vida cotidiana! En el Corazón de Jesús, cada renuncia, cada gesto de paciencia, cada ocasión de perdonar y cada pequeño sacrificio por nuestro esposo pueden convertirse en un paso hacia el cielo.
Porque la vida eterna no empieza después de esta vida, sino que comenzamos a saborearla aquí, cuando dejamos que Jesús transforme nuestro corazón y nuestra manera de amar.
Y así, de la mano de nuestro esposo, y muchas veces precisamente gracias a él, vamos entrando en la vida sobrenatural en medio de lo cotidiano. ¡Nuestro matrimonio se convierte en camino hacia el cielo!

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Laura: Pedro, se ha ido otra cuidadora de mis padres y este fin de semana me toca otra vez quedarme en su casa.
Pedro: ¡Vaya! Con las ganas que tenías de llevar al perro al campo y disfrutar del otoño…
Laura: A mí me da pena por ti. Toda la semana tan liado y ahora otro fin de semana sin poder hacer planes. Y encima, ¡ni te quejas! ¡Qué bueno eres!
Pedro: ¡Ojalá fuera bueno! Claro que me sale quejarme y rebelarme, pero es Jesús quien me calma y me ayuda a cambiar la mirada. Además, como dice nuestro párroco, ¡un metro más en la parcelita del cielo! (Sigue en comentarios)
    Bienaventurados. Hoy el Señor nos muestra Su Cora Bienaventurados.

Hoy el Señor nos muestra Su Corazón, y nos enseña el camino hacia la vida celestial. Nos dice que bienaventurados los pobres en el espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, cuando nos insulten y nos persigan y nos calumnien de cualquier modo por Su causa.
Todas las bienaventuranzas podemos vivirlas en nuestro matrimonio, queridos esposos.
Bienaventurado cuando te sientas pobre de espíritu y no puedas entregarte a tu esposo, pídele a Dios que él te dé la riqueza de su amor. Cuando eres manso y humilde ante tu esposo y acoges la voluntad de Dios en tu matrimonio, en tu familia; nos promete que seremos herederos de la creación renovada y la comunión definitiva con Él.
Cuando llores por una injusticia y te sientas triste, recuerda que Dios te consolará.
El Señor nos dará Su Misericordia y podremos ser misericordiosos con nuestro esposo, con nuestros hijos…
Seamos siempre limpios de corazón y podremos ver a Dios, aquí en la tierra en mi esposo y después cara cara. Qué gran alegría cuando llegue ese día y se cumpla.
Bienaventurados los perseguidos por Su causa, esposos, el mundo no entiende este lenguaje, el lenguaje del Amor, de la entrega y el sacrificio, la de Cristo por nuestra salvación y por ello cuantas veces seremos perseguidos, insultados calumniados, por defender la Sacralidad, la indisolubilidad del matrimonio.
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, nos dice El Señor.
¿Qué premio más grande podemos tener que la promesa del mismo cielo? Es la vida eterna alabando a Dios. Hoy que celebramos el día de Todos Santos le pedimos a Dios que un día podamos estar alabándole en el cielo, ¡dando Gloria a Dios en la asamblea de todos los Santos!

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Antonio: Yaya, ¿sabes qué? Antes cuando escuchaba este evangelio me parecía una lectura bonita e incluso me imaginaba al Señor en el monte diciéndolas, en una ladera abarrotada, sentados en la hierba, con un sol espléndido…
Yaya: Sí, yo también me lo imagino así, una imagen preciosa del Señor. Pero ¿qué me quieres decir?
(Sigue)
    Ofrenda de amor. Jesús, hoy nos invitas a escoger Ofrenda de amor.

Jesús, hoy nos invitas a escoger el último puesto y en nuestro matrimonio ese lugar no es el de quien vale menos, sino de quien se hace don para el otro. ¡Qué importante es estar atentos! Buscar el primer puesto no siempre significa querer mandar o imponer nuestra voluntad. A veces se manifiesta en esperar que el otro reconozca nuestro esfuerzo, en querer tener razón en una discusión, en reclamar más atención, más comprensión o más agradecimiento. Y, sin querer, nos vamos mirando a nosotros mismos, solo vemos lo que nos falta, va creciendo nuestro yo y terminamos juzgando: Yo hago más…, yo sufro más…, yo tengo razón…. Hoy, Jesús, nos propones una revolución del corazón, escoger voluntariamente el último puesto. Porque cuando aceptamos el último puesto, empezamos a hacernos pequeños para que Tú te hagas más fuerte en nosotros y podamos mirar al esposo con misericordia y preguntarle: Esposo, ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Qué necesitas de mí? ¿Cómo puedo hacerte feliz hoy? Al dejar de buscar reconocimiento, podemos descubrir una comunión más profunda, aunque no sea inmediata ni recibamos la respuesta que esperamos. Gracias, Señor, porque por nuestro sacramento estamos llamados a vivir como una ofrenda permanente: el uno para el otro, y los dos para Dios. Mi esposo se convierte en el lugar concreto donde Dios me llama a entregar mi vida. Que cada escucha, cada perdón y cada servicio escondido se conviertan, unidos a Ti, en ofrenda al Padre por medio de María. Así, al dejar de ponernos en el centro, nuestro matrimonio se hace altar y camino de santidad.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Isabel: Nacho, después de la discusión de ayer, me quedé esperando que vinieras tú. Me decía: Esta vez le toca a él pedirme perdón. Pero te echaba de menos… Quería que nos acercáramos y, aun así, yo tampoco daba el paso. Me quedé dando vueltas a lo que me había dolido…
Nacho: Pues yo estaba igual, Isabel. Repasando mis razones, como si con eso fuéramos a arreglar algo… Y no me paré a pensar en cómo te habías sentido tú. Perdóname. Dejé en tus manos el acercarnos, cuando yo también podía hacerlo.
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