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RETIRO MATRIMONIOS SEVILLA 10 – 12 ABRIL 2026

RETIRO MATRIMONIOS SEVILLA 10 – 12 ABRIL 2026

Veo a Jesús en ti. Comentario para matrimonios: Mateo 25, 31-46

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.
Entonces los justos le contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.
Y el rey les dirá:
“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.
Entonces dirá a los de su izquierda:
“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.
Entonces también éstos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.
Él les replicará:
“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.
Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Veo a Jesús en ti.

Jesús nos enseña la clave para heredar un reino preparado para nosotros desde la creación del mundo. Ver a Jesús en los demás. La alternativa a ello es el castigo eterno. Así que la cosa es seria. Hace cuestionarnos nuestra actitud ante los necesitados, ante los pequeños. ¿Qué hago? ¿Veo a Jesús en ellos? En clave conyugal, este Evangelio nos hace preguntarnos ¿qué hago ante la necesidad de mi esposo? Cuando está cansado, desanimado, cuando siente soledad, cuando necesita mi apoyo. Es a Jesús a quien estoy dejando abandonado si no me ocupo. Si en lugar de atender con paciencia a mi esposa, creo que es una pesada y que está otra vez con sus tonterías. Estoy abandonando a Jesús. Es Jesús, una y otra vez, esperando que lo ame.
¡Qué vocación tan hermosa la del matrimonio!. Gracias a nuestro Sacramento podemos asistir a Jesús, a través de la necesidad de nuestro cónyuge, todos los días de nuestra vida.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Carmen: Victor, tengo que decirte que últimamente te veo muy cambiado.
Victor: ¡Espero que a mejor!
Carmen: ¡Claro que a mejor! te veo más servicial cuando llegas a casa y ya no llegas tan tarde de la oficina.
Victor: Tengo ayuda, te acuerdas del pequeño oratorio que hice en la entrada desde el garage. Pues cada vez que llego a casa, aunque esté muy cansado, rezo un momento y tomo conciencia de que es Jesús a quien me voy a encontrar agotado de estar toda la tarde con las niñas. ¿no voy a asistirlo?
Carmen: Las niñas también lo han notado y creo que yo también me voy a apuntar a parar en el oratorio.
Victor: Tengo que decirte que a veces no era tan importante lo que me retenía en la oficina, pero rehuía llegar a casa porque en seguida sentía que no me merecía más trabajo después del trabajo y eso me ponía de los nervios y ya sabemos cómo terminaba el día. Ahora es distinto, ahora no es más trabajo sino la oportunidad de servir, de servir a Jesús, y eso lo ha cambiado todo.
Carmen: ¡Yo también quiero esa forma de verte!

Madre,

Hazme ver a Jesús en mi esposo, necesitado de mi ternura, cariño, apoyo… ¡Alabado sea el Señor!

Aparta la tentación. Comentario para matrimonios: Mt 4, 1-11

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Evangelio del día.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Aparta la tentación.

Acabamos de comenzar la Cuaresma y nos presenta el Evangelio cómo Jesús es tentado por el demonio.
Cristo claramente no cae en esas tentaciones, pero ¿y nosotros? Continuamente caemos en el juego del demonio: enseguida le pedimos a Dios que haga milagros, que convierta las piedras en pan, o que cambie a mi esposo, que no es el que me merezco. Pero Él nos dice que vivamos de Su Palabra, que está viva y cada día nos habla en ella y nos enseña a amar a nuestro esposo cuando menos se lo merece.
Cuántas veces ante el sufrimiento o las pruebas le pedimos que nos las quite, que Él puede; y Él nos dice que conoce mejor que nosotros lo que necesitamos, que no tentemos a Dios. Le pedimos a Dios que colme nuestros deseos y pasiones, que tenemos derecho a ser felices, aún a costa de la felicidad de mi esposo, de nuestros hijos, de los que nos rodean y Él nos dice que no nos fijemos en el mundo y sus tesoros finitos, que estamos llamados a la Santidad en la vocación que nos ha puesto y eso es infinito.
Vivamos esta Cuaresma entregándonos a Dios a través de mi esposo, acompañando a Cristo en el desierto y preparando nuestros corazones para acompañarlo en Su Pasión.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Santiago: ¡Hola Belén! ¡Mira! En el trabajo me han regalado una estancia en el Parador de los Pirineos ¡Durante toda la Semana Santa! ¡Es el mejor Parador de España! Y sabes que me ha dicho el jefe, que me lo dan porque soy el mejor en la oficina.
Belén: Pero… habíamos planeado pasar la Semana Santa juntos con los niños viviéndola, acompañando al Señor…
Santiago: Sí, pero es que es el mejor Parador de España. Es una oportunidad única de pasarlo fenomenal en la montaña.
Belén: Pero es que allí no hay pueblos cercanos, está en medio de la naturaleza, sí, pero es Semana Santa…
Santiago: Vaya, veo que no te ilusiona, qué decepción.
(Tras la oración conyugal, donde lo han puesto todo en presencia del Señor)
Santiago: Tienes razón, me estaba cegando el lujo, el sentirme importante y no veía que era una trampa del demonio para alejarnos del Señor.
Belén: Gracias Señor por este esposo que siempre está atento a seguirte y se deja iluminar por el Espíritu Santo.

Madre,

Quédate siempre a nuestro lado para que no caigamos en la tentación. Alabado sea el Señor.

Ven y Sígueme. Comentario para Matrimonios: Lucas 5, 27-32

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:«Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos, de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». Jesús les respondió:«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Ven y Sígueme.

Señor, ¡cómo es Tu mirada! Una mirada que atraviesa el pecado y alcanza el corazón de Mateo. Qué bonito contemplar cómo nos revelas el rostro misericordioso del Padre: no has venido por los sanos, sino por los enfermos; no por los justos, sino por los pecadores. Gracias, Señor, porque hoy me haces ver cómo muchas veces mi corazón no se parece al tuyo. Cuando mi esposo falla, cuando me hiere, cuando cae en el pecado… ¿me parezco más a quienes señalan y condenan, o a Ti, que te acercas y levantas? ¿Soy refugio para mi esposo o soy juicio? ¿Mi mirada le hunde más en su culpa o le transmite la esperanza de que juntos podemos levantarnos? Tú, en cambio, Señor, te acercas, miras con ternura y dices incondicionalmente: “Sígueme”, llamando a una nueva vida. Señor, enséñame a amar con ese mismo corazón. Graba en lo más profundo de mi alma esta verdad: “Cuando menos se lo merece, más me necesita”. Que, en lugar de cerrar mi corazón, lo ensanche; que, en vez de alejarme de mi esposo, salga a su encuentro con misericordia y una mirada que levante y devuelva la esperanza, como la que encontró Mateo cuando le llamaste.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Helena: Aitor, lo de hoy ha sido precioso. Ver a tantos matrimonios acogiendo el anuncio con el corazón abierto… algunos incluso con lágrimas en los ojos… ¡cómo estaba actuando el Señor en sus corazones! Y después, qué gracia tan grande recibirle en la Eucaristía y sentir cómo confirmaba en nosotros la obra que Él mismo había iniciado.
Aitor: Cariño, yo también lo he vivido así. Cuando el sacerdote ha dicho que habíamos sido instrumentos, he sentido una alegría profunda… y también temor. Pensar que algo tan frágil como nosotros puede convertirse en cauce de su gracia. Y…….sin embargo, poco después he dejado ver el barro del que estoy hecho con mi reacción de ira ante la dueña del perro.
Helena: Aitor, ha sido solo un momento… pero sí… ha dolido. Por eso me he acercado y te he cogido de la mano. Cuando te he dicho: “Seguimos siendo Eucaristía en la calle”, ha sido el Señor que nos estaba corrigiendo con ternura.
Aitor: Helena, escuchártelo me ha aplacado y he podido comprender que la Eucaristía no termina al salir de la iglesia, estamos llamados a permanecer en su presencia en todo momento, atentos a las pequeñas pruebas.
Helena; ¡Aitor! Hoy el Señor nos ha regalado dos gracias: dejarnos experimentar cómo puede servirse de nuestra pobreza y, al mismo tiempo, mostrarnos con delicadeza los rincones donde aún necesita purificarnos.
Aitor: Ay… Helena… qué frágil soy… y qué infinita es la paciencia del Señor, que ha salido a mi encuentro a través de ti.

Madre,

Enséñanos a mirarnos con tus ojos y a amarnos con tu corazón para que en cada prueba sepamos responder con ternura y esperanza. Bendito y alabado seas por siempre Señor

Entregarnos con Él. Comentario para matrimonios: Mateo 9, 14-15

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 14-15

En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Entregarnos con Él.

¡Qué alegría está palabra del Señor en la que se nos revela como esposo!
Él es El Esposo, Esposo de la Iglesia. Y Él nos alimenta en la Eucaristía, nos entrega su cuerpo y nos dice haced esto en memoria mía.
Qué alegría y qué buena nueva que nosotros los esposos podamos ir con Él a entregarnos a nuestro esposo.
Con Él, con su amor, con su mirada, con su caridad, con su cuerpo… ¡todo es posible! Y la entrega se vuelve más fácil, sencilla y muy llevadera. Porque como Él mismo nos dice, «mi yugo es llevadero y mi carga es ligera».
Así pues, esposos, acudamos a Él, a su palabra, a su presencia en la confesión, a su presencia real en la Eucaristía y de este modo hacerle presente entre nosotros.
De esta manera podremos amarnos como Él ama, entregarnos como Él se entrega y acogernos como Él lo hace siempre con su esposa la Iglesia.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Clara: Hola Borja, me voy a Misa, ¿te vienes?
Borja: No Clara, vete tú, que yo a diario de verdad que no lo veo, ir todos los días…
Clara: Ya he salido, voy para casa.
Borja: Ya era hora porque estoy cansado, y encima ahora a hacer la cena…
Clara: No te preocupes cariño, yo la hago, y te hago un aperitivo bueniiisimo, berberechos con limón y unas patatas bravas que te encantan.
Borja: Ok, vente ya que tengo hambre
Clara: Sí claro, ya voy.
Al llegar a casa.
Clara: Niños, a cenar que papá tiene hambre. Ana pon la mesa, Carlos parte pan y pon agua
Borja: Cariño ¡qué aperitivo tan rico, y qué cena tan bueniiisima! Para chuparse los dedos… ¡Cómo sabes lo que me gusta! ¡Qué maravilla ver tú alegría y entrega a pesar de pasar el día que llevas
Clara: Pues la alegría y la entrega del Señor, Borja
Borja: Jo Clara, pues yo quiero también tener al Señor y tener su alegría y su entrega, mañana me voy contigo a Misa.
Clara: ¡Claro cariño! El Señor solo necesita nuestro pequeño sí.
Borja: ¡Es increíble pensar la maravilla que el Señor nos tiene preparada! Gracias por acercarme más a Él, a la felicidad entre nosotros.

Madre,

Madre del Amor Conyugal, llévanos hasta tu Hijo, para que, junto con Él lleguemos a la comunión entre nosotros. Bendito sea el Señor.