Archivo por meses: febrero 2026

¿Somos sordos y mudos? Comentario para Matrimonios: Marcos 7, 31-37

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Evangelio del día

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,31-37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá» (esto es: «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

¿Somos sordos y mudos?

Qué importante la disposición de esta persona para ir donde estaba Jesús, dejándose conducir por sus amigos. Primero tuvo que reconocer que no oía, después dejarse llevar y por último, y lo más importante, confiar en Jesús. Eso permitió que el Señor obrara el milagro y pudiera hablar y oir correctamente. Esposos, acudamos juntos a Su presencia y Él obrará milagros en nuestro matrimonio y en nuestra familia.

Aterrizado a la vida Matrimonial

Pepe: María ¿estás bien? Te noto muy callada desde que hemos salido de Misa
María: Si te parece lo comparto contigo en la oración conyugal esta noche. Estoy muy emocionada, he vivido una experiencia maravillosa
Pepe: ¡Qué pasada! Estoy deseando que lo compartas conmigo
María: Gracias cariño por ser tan comprensivo y esperar hasta la noche
(Esa noche en la oración conyugal)
Pepe y María: Espíritu Santo, ven cada día a nuestros corazones…
Pepe: Nos ponemos en presencia del Señor…
María: (después de un ratito) Pepe, ahora quiero compartir contigo lo que me ha pasado esta mañana. Antes de ir a Misa he estado haciendo examen de conciencia, necesitaba confesar, cuando hemos llegado a la Iglesia he ido a saludar al Señor al Sagrario y me ha dado luz sobre un pecado muy antiguo, de mucho antes de mi conversión, ha sido como si me dijera «Effetá» y he recordado algo muy doloroso que hice hace años y que no había vuelto a recordar. Me he quedado paralizada, pero justo entonces me has cogido de la mano y me la has apretado, eso me ha dado fuerza para levantarme y ponerme de rodillas en el confesionario, allí he vivido una experiencia maravilloso de la Misericordia de Dios perdonándome mi miseria… todavía lo recuerdo y se me saltan las lágrimas. Y era bastante feo mi pecado…
Pepe: María ¡qué bonita eres! Me has recordado la carta de San Pablo a los Romanos «Donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia» ¡Bendito y alabado sea el Señor! Muchas gracias por compartirlo conmigo. Te quiero mucho María

Madre

¡Qué gran regalo es el sacramento de la confesión! Dame la gracia de acudir con frecuencia después de hacer un buen examen de conciencia. ¡Bendito y alabado sea el Señor por Su gran Misericordia!

RETIRO MATRIMONIOS SALAMANCA 8 – 10 MAYO 2026

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RETIRO PARA NOVIOS EN BARCELONA 10 – 12 ABRIL 2026

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Siempre presente. Comentario para Matrimonios: Marcos 7, 24-30

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse. Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija». Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Siempre presente

Puede parecer en muchas ocasiones que el Señor pasa desapercibido o que no está presente en este o aquel momento e incluso le podemos echar en cara como permite cierto tipo de situaciones, pero realmente no es así, y cuando tenemos esas percepciones lo que nos está ocurriendo es que no aceptamos ni entendemos la voluntad Dios. Pero el Señor siempre está presente, a nuestro lado, incluso en esos momentos que no queremos que esté, pero está mucho más pendiente de nosotros de lo que nos podemos imaginar y solo nos acordamos de Él cuando vemos que por nosotros mismos no podemos o no entendemos. Como cambia la cosa cuando buscamos a Dios en todo momento, en lo que hacemos y dejamos de hacer, en lo bueno y en lo malo, siendo conscientes de la verdadera presencia del Señor en todo, unas veces para dar gracias y otras tantas para pedir perdón. Dios siempre está a nuestro lado, pero no le percibimos si nosotros no queremos, tenemos la libertad absoluta de querer o no querer y Él se manifiesta de muchas maneras y siempre depende de nosotros.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Valeria: Eduardo, ¿te has dado cuenta de lo a gusto que se está con Ángeles y David. La manera de hablarse, como se miran, la delicadeza de trato entre ellos y una infinida de detalles que se notan estando con ellos.
Eduardo: Si Valeria, como no lo voy a notar, es imposible no darse cuenta, lo contrario que tú y yo, que siempre estamos a ver quién puede más.
Valeria: Como se nota que tienen a Dios en su vida y en su matrimonio, le buscan en todo, aceptan su voluntad y lo ponen en práctica manifestándole a través de su amor.
Eduardo: La verdad es que podríamos intentarlo tú y yo, ¿qué diferencia hay entre ellos y nosotros? Solo que no queremos aceptar que Dios está en nosotros y lo manifestamos intentando dominarnos el uno al otro.
Valeria: Cuanta razón tienes Eduardo, vamos a intentarlo. Ya sabemos que la solución no está en tener la razón sino en confiar en el Señor sabiendo que está en nosotros.
Eduardo: Y que mejor manera de empezar que pidiéndote perdón. Perdóname querida Valeria, he sido un egoísta contigo imponiéndote mi criterio y evitando reconocer mis debilidades, haciéndome el fuerte a base de hacerte daño.
Valeria: Gracias Eduardo, eres un regalo y no he querido verlo pensando que tenías que estar siempre a mi servicio en todo y que tenían que ser las cosas como yo digo. Perdóname por no haber sabido ver el gran hombre que eres.
Eduardo: Tu sí que eres grande, eres la esposa más maravillosa del mundo.
Valeria: Vamos a por todas. Ahora que hemos conseguido echar el demonio de nuestro amor propio, te parece que empecemos por ir juntos a misa para dar gracias a Dios por nuestro matrimonio.

Madre:

Ayúdanos a tener siempre presente a tu Hijo a través de nuestro esposo. Bendito sea Dios.

¡Atentos! Comentario para matrimonios: Marcos 7, 14-23

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina».
(Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió:
«Lo que sale de dentro, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

¡Atentos!

Qué bueno es el Señor que nos ilumina en este evangelio y nos enseña dónde tenemos que poner la mirada, porque podemos pasarnos la vida con la mala costumbre de buscar fuera la causa o los causantes de nuestros  males. “Si mi esposo cambiase…”, “es que mi jefe…”, “este niño rebelde me saca de mis casillas”, “la culpa es de…”, “si no me hubiera dicho…”. Y sin darnos cuenta, vamos colocando el origen de nuestro malestar, de nuestras reacciones, de nuestra falta de amor, en algo o en alguien exterior.
El Señor viene hoy a decirnos dónde tenemos que poner la mirada. ¡Atentos esposos!, porque es fácil poner la mirada en el mal del otro o en las circunstancias de fuera y pasar por alto lo que está sucediendo en mi corazón. Quizá no tengo una mala palabra con mi esposo, pero le juzgo en mi interior. Y ahí empieza a crecer el germen del mal en mi corazón. Puede ser algo pequeño, pero tanto el bien como el mal empiezan siendo algo pequeño, una semillita que acaba haciéndose grande. Por tanto, ¡atentos al corazón! ¿qué pienso?, ¿qué deseo?, ¿cuáles son mis intenciones? porque puede que el vaso por fuera sea muy bonito y parezca muy limpio, pero por dentro ha empezado a germinar la suciedad.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Pepe y Cristina después de rezar este evangelio comentan entre ellos)
Cristina: ¿Sabes de qué me he dado cuenta Pepe? Ayer cuando llegaste del trabajo te hablé mal y tuve un mal gesto contigo que nos llevó a un silencio y a una indiferencia hasta esta mañana. Es verdad que estaba muy cansada de todo el trabajo en la oficina y toda la tarde con los niños… Pero he visto que no era el cansancio lo que nos distanció. El cansancio lo ha dificultado más, pero lo que ha roto la comunión entre nosotros ha sido la indiferencia y el reproche que salió de mi corazón.
Pepe: Ya… yo también me he dado cuenta de algo. He estado ayudando al nuevo compañero que ha venido a la oficina, aparentemente mi intención era buena, pero en el fondo buscaba quedar bien con él, demostrar todos mis conocimientos y que todos los demás pensaran que soy un buen tipo, generoso, amable… En fin, que no actué solo por ayudarle, se me coló la vanagloria.
Cristina: Creo que el hecho de darnos cuenta es una gracia de Dios. Voy a estar vigilante, para ver qué sale de mi corazón cuando algo no me gusta o me molesta.
Pepe: A mí esto me lleva a darme cuenta de mi miseria, y así poder entregársela al Señor para que cambie mi corazón. ¡Cuánto le necesitamos!
Cristina: Vamos a dar gracias a Dios por mostrarnos la verdad de nuestro corazón y mañana mismo nos vamos a confesar, ¿te parece?

Madre,

Ayúdanos a no excusarnos y a reconocer humildemente nuestra miseria con un corazón contrito y humillado. ¡Bendita y alabada seas por siempre!