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Mirada para desear. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 5, 27-32

EVANGELIO
Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 27-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Habéis oído que se dijo “No cometerás adulterio”. Pues yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”.
Pues yo os digo que si uno repudia a su mujer – no hablo de unión ilegítima – la induce a cometer adulterio, y el que se case con la repudiada comete adulterio».

Palabra del Señor.

Mirada para desear
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús nos habla hoy de la intencionalidad de la mirada. De la concupiscencia de la mirada, debida a nuestra naturaleza caída.
San Juan Pablo II analiza extensamente este Evangelio en varias catequesis, pero nos vamos a detener en la del 15-10-80.

Jesús dice textualmente: “todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”. La primera clave es la palabra “deseándola”: La mujer fue creada “para” el hombre y viceversa, pero ese “para” tiene una tarea concreta asociada, y es la comunión. Recordaréis que todo don tienen asociada una tarea según la voluntad de Dios. Ella fue creada para construir una comunión con el hombre y el hombre con la mujer. La dignidad que se le dio a uno y a otro fue la de “imagen de Dios”. Una dignidad inmensa.

Cuando ese “para” tiene como objetivo satisfacer su deseo, el hombre está siendo dominado por el instinto y por lo tanto se establece una relación que se circunscribe al ámbito típico del mundo animal, perdiendo su propia dignidad.

Lo segundo importante a remarcar, es que Jesús dice “todo el que mira a una mujer” y no añade “de otro”. De donde se concluye para sorpresa de muchos, que es posible cometer adulterio “en el corazón” dentro del propio matrimonio. Esto ocurre cuando entre la mujer y el hombre que han sido creados el uno para el otro por Dios para construir una comunión, existe una “mirada para desear” como la llama San Juan Pablo.

Sólo comprendiendo la dignidad del esposo, la dignidad de la persona, se avergonzaría uno de utilizarlos “para desear”. Imaginaros el dolor de Dios, cuando nos ve utilizándonos unos a otros con algo tan sagrado. En esta mirada se basa gran parte de la publicidad, en esa “mirada para desear” que se asocia con el deseo de un objeto, y pone a la persona y al objeto en el mismo nivel del deseo por pura satisfacción sexual. Se utiliza la atracción desde la diversidad, querida por Dios, que hace posible la unidad a su imagen, para fines mercantilistas.

Por último, dice el Señor que quien repudia a su esposo, lo incita al adulterio. No es verdad que no tengamos responsabilidad en la salvación o condena de nuestro esposo. Despreciándolo podemos incitarlo al mal. Especialmente entre los esposos, tenemos mucha fuerza el uno para con el otro. El pecado nos influye mutuamente y el amor también. Pero el amor es más fuerte.

Nosotros queremos seguir aprendiendo sobre una antropología adecuada. Descubriendo y entendiendo la belleza y la grandeza que Dios ha puesto en nosotros y en nuestra relación matrimonial. Son dones demasiado “flipantes” como para conformarse con minucias: Todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo (Flp. 3, 8).

Madre:
Cuánta generosidad la de Dios y cuánta estupidez la nuestra, que no la acogemos. Nos entrega el enorme don de un esposo y lo tratamos como un simple animal o un objeto para mi propia complacencia. Perdóname Madre, y muéstrale a Dios mi arrepentimiento. Ayúdame a valorarle en toda su dignidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.