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Confío en ti. Comentario para Matrimonios: san Marcos 8, 11-13

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 11-13

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo:
«¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».
Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Confío en ti

En este pasaje, los fariseos se acercan a Jesús no para encontrarse con Él, sino para ponerlo a prueba. Le piden un signo, una garantía extraordinaria que confirme lo que ya tienen delante. Jesús suspira profundamente: no es un enfado ruidoso, sino el cansancio de quien se siente cuestionado en una relación donde debería haber confianza.
En la vida conyugal ocurre algo muy parecido. A veces, sin darnos cuenta, tratamos al cónyuge como los fariseos a Jesús: le pedimos “signos”.
—Si de verdad me quisieras, harías…
—Si me amaras, lo notarías más, lo demostrarías mejor…
El problema no es desear gestos de amor, sino vivir en una permanente exigencia de pruebas, como si el amor del otro estuviera siempre bajo sospecha. Eso desgasta. De ahí el suspiro de Jesús: el amor no florece donde todo es examen y verificación. Jesús se niega a dar el signo que le piden porque el amor verdadero no se impone ni se demuestra a la fuerza. Su presencia, su palabra, su entrega ya eran el signo. Del mismo modo, en el matrimonio, muchas veces el signo ya está ahí: en la fidelidad diaria, en la perseverancia, en seguir “embarcándose juntos” incluso cuando no hay fuegos artificiales.
Este evangelio invita a los esposos a pasar de la lógica del “demuéstrame” a la lógica del “confío en ti”; a reconocer los signos sencillos y cotidianos del amor, y a cuidar la relación para que no se vuelva un campo de pruebas, sino un espacio de descanso. Porque, en el fondo, el amor conyugal —como el de Dios— no pide signos espectaculares, sino un corazón capaz de reconocerlos.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Iris: Hoy me he dado cuenta de que a veces te trato como los fariseos a Jesús.
Alejandro: ¿Eso es grave o tengo que preocuparme?
Iris: Un poco… Te pido signos del cielo.
Alejandro: ¿Tipo milagros? ¿Multiplicar los calcetines limpios?
Iris: Exacto. Y que además los dobles bien, para que quede claro que me quieres.
Alejandro: Entonces llevo años suspendiendo el examen de amor.
Iris: No es eso… Es que a veces necesito pruebas.
Alejandro: Y yo a veces suspiro como Jesús en el Evangelio. No en voz alta, pero por dentro.
Iris: Lo sé. Y hoy he pensado: quizá ya me estás dando los signos, solo que no son espectaculares.
Alejandro: Claro. No bajo fuego del cielo, pero bajo la basura todas las noches.
Iris: Y eso también cuenta.
Alejandro: Para mí debería contar mucho porque de verdad que lo estoy intentando
Iris: ¿Hacemos un trato? Yo intento confiar más y no pedir milagros diarios.
Alejandro: Y yo prometo no irme “a la otra orilla” cuando me sienta a prueba.
Iris: Mejor nos quedamos en la misma barca.
Alejandro: Sí. Que el amor no necesita signos del cielo… con que no se hunda, vamos bien.

Madre,

ayúdanos a reconocer todos los días los signos sencillos y que no cansemos el corazón del otro con exigencias que nacen del miedo. Bienaventurada seas siempre, Madre