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Para mi sorpresa. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 10, 7-15

EVANGELIO

Gratis habéis recibido, dad gratis
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«ld y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquella ciudad».

Palabra del Señor.

Nota: El 19 de julio a las 20:00, primer encuentro de Proyecto Amor Conyugal en Barcelona. Para más info:

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Para mi sorpresa.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Él: ¡Bienaventurado seas!
Yo (O tú) : ¿Es a mí?
Él: Sí, a ti.
Yo: ¡Ah! Perdona, me extrañó tu saludo. Pues dime, ¿En qué puedo ayudarte?.
Él: Vengo a decirte que el Señor te envía a proclamar que ha llegado el reino de los cielos para el matrimonio, y a sanar a los esposos de tu entorno.
Yo: Que me envía ¿A mí?
Él: Sí, ¡A ti!.
Yo: Pero si yo soy un desastre… mi esposo no me aguanta…
Él: Pues no sé, pero te envía.
Yo: Y además, no tengo ni idea…
Él: ¿Y a mí qué me dices?. Él me ha dicho que te lo transmita, y yo me limito a obedecer. Tendrás que ponerte las pilas, digo yo ¿No?. De todas formas, los discípulos no eran ningunos lumbreras. Pedro era pescador, ya sabes. No me dirás que estaría mejor preparado que tú.
Yo: Hombre, más que un pescador, quizás sí.
Él: Tú no te preocupes, si Él te envía a una misión, ya pondrá los medios para intervenir a través de ti.
Yo: ¡Ah! Bueno. Si Él me acompaña…
Él: Pues claro que sí. Ten en cuenta que Dios no va a confiar en tus capacidades, ni tú deberías confiar en ellas ¿No crees?. Recuerda que eres un desastre, o al menos, eso me dijiste antes.
Yo: Pues en eso tienes razón. No debo confiar en mis capacidades. Y ¿Cómo empiezo?
Él: Pues mira, todo lo que tienes y todo lo que Dios ha puesto en ti, debe estar destinado a esa misión. Así que ve pensando cómo utilizarlo con tu esposo, con tus hijos, y con todas las personas de tu alrededor. Trabaja en ello, habla de ello, invita a ello, colabora en ello…
Yo: Entendido.
Él: Entonces, qué le digo al Señor.
Yo: Dile que aquí está el esclavo de la Esclava del Señor.
Él: ¡Gloria a Dios!
(Y me abandona el que hace de intermediario del Señor).

Madre,

No entiendo por qué me has llamado a este Proyecto. ¿Por qué a mí? Hay otros mucho mejores, y mucho mejor preparados. Pero confío en ti, y me pongo a Tu servicio. No confío en mí, confío en Ti. Alabado sea el Señor, que se ha fijado en mi pequeñez. Señor, cuando Tú quieras, donde Tú quieras, como Tú quieras.

Sin bajar el listón. Comentario del evangelio para Matrimonios: Mateo 5, 13-18

EVANGELIO
Vosotros sois la luz del mundo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.

Sin bajar el listón.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El mundo necesita testigos del amor de Dios. Esposos que, a pesar de grandes dificultades, se amen. Esposos capaces de afrontar problemas complicados, esos con los que la gente se suele venir abajo, y que los lleven adelante con confianza en Dios, con alegría. Porque en esas situaciones, se demuestra cuánto nos amamos.
Los mártires han sostenido con fuerza nuestra fe durante siglos. Han caído imperios y la Iglesia se ha mantenido gracias al Espíritu Santo, a través de ellos. Y gente que ha entregado su vida totalmente, como Madre Teresa, descolocan, marcan a la gente. Una sola mujer que se entrega totalmente y se convierte en un signo del amor de Dios.

Pues así tiene que ser el amor para que represente el amor de Dios: Hasta el extremo. Porque si la sal se vuelve sosa ¿Con qué la salarán? Si le quitamos fuerza al amor, ya no es lo mismo. Ya no es tan sabroso. Ya no convence.

Aterrizado a la vocación conyugal:
Marga: Yo pienso que el amor es un espejismo. Es un trance que llega un momento en que se desvanece. Prefiero no comprometerme, sólo sirve para tener líos cuando te quieras separar. Te juntas, de una manera natural, y con la misma naturalidad te separas cuando no estés a gusto.
Juan: Pero Marga ¿En qué te basas para decir eso?
Marga: Mira, mis padres, toda la vida han hecho cada uno lo que le ha dado la gana. Y ahora, que están jubilados, han decidido separarse de mutuo acuerdo. Su misión ha terminado. Ya han criado a sus hijos y a vivir tan a gusto…
Juan: Pues yo sí creo en el matrimonio, también por la experiencia de mis padres. Se comprometieron para toda la vida en su matrimonio y jamás les he oído hablar de separarse. Han pasado por enfermedades graves. Mi madre tuvo cáncer y estuvo a punto de llevársela por delante, y mi padre estuvo siempre ahí, ayudándola, cuidándola, animándola a pesar de su preocupación. Rezaban mucho el rosario juntos. Y cuando ella lo superó, estaban mucho más unidos que antes de la enfermedad. También se les murió un hijo, mi hermano Pablo, con 3 meses. Fue de repente, una malformación del corazón. Son de estas situaciones de las que otros no se recuperan… Pues ellos, lo vivieron con dolor, pero con alegría por el tiempo que habían podido disfrutar de él. Hablaban mucho de Pablo, como su angelito del cielo.
También mi padre se quedó en paro un tiempo largo, y no sabes cómo mi madre se apretó el cinturón, y cómo estaba pendiente del estado de ánimo de mi padre.
Yo he asistido a un testimonio de amor verdadero con mis padres, Marga. Y en el día a día, cómo se miraban… tenías que haberlos visto. Tanto se querían, que murió mi padre y unos meses más tarde murió mi madre. Yo quiero un matrimonio así, con fe, lleno del amor de Dios. Así se lo pido a Él todos los días.
Marga: Cuéntame más de tus padres, según me hablabas, he sentido como un escalofrío… cuéntame todos los detalles, quiero volver a creer en el amor.

Madre,
Las cosas de Dios son bellas, pero muy exigentes. Si rebajamos el listón, pierden su belleza. Ayúdanos a no interpretar su voluntad a nuestra manera, ayúdanos a ser fieles hasta las últimas consecuencias. Alabado sea el Señor que ha creado tanta belleza para nosotros.

Libres del malvado Asmodeo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 12, 18-27

EVANGELIO
No es Dios de muertos, sino de vivos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, que se case con la viuda y dé descendencia a su hermano”.
Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer.
Cuando llegue la resurrección y resuciten ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».
Jesús les respondió:
«¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo.
Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados».

Palabra del Señor.

Libres del malvado Asmodeo.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

En la primera lectura, se relata cómo Sara, desesperada y triste porque llevaba siete maridos y los siete habían sido muertos por un demonio antes de consumar su matrimonio, le pide a Dios que le escuche. Y Dios le escucha y le salva del demonio Asmodeo, enviándole al Arcángel Rafael y con él a Tobías, que se convertiría en su esposo.
Así que ya sé cómo se llama uno de los demonios que va contra el matrimonio: Asmodeo. Y ya sé cómo librarme de él: Pidiéndole clemencia al Señor.

Hoy en el Evangelio, vemos cómo nuestra unión permanecerá después de la muerte, porque Dios no es Dios de muertos. Pero nuestra unión ya no será en matrimonio, sino que seremos totalmente uno en Cristo, por el Espíritu Santo.

Marga: Pablo, no quiero separarme jamás de ti.
Pablo: Ni yo de ti, Marga.
Marga: Desde que el Señor nos salvó de ese demonio que tanto nos hizo sufrir, desde que tuvo misericordia con nosotros y escuchó nuestras oraciones, te siento tan unido a mí… no concebiría vivir sin ti.
Pablo: Ni yo. Me da pavor pensar que me dejases aquí solo en este mundo. Y más pavor aún pensar que nunca más volviera a estar contigo.
Marga: Pero el Señor es grande. Él es amor y no permitiría que estuviésemos separados. Él entiende de amor y sabe lo que sufrió cuando se sintió como si el Padre le hubiese abandonado.
Pablo: Pero en la otra vida no existe el matrimonio.
Marga: Ya, pero existe algo más grande. Existe una unión plena. ¿Te imaginas? Algo inmensamente más grande y más gozoso que lo que estamos viviendo tú y yo. Ya no habrá caídas, no habrá dolores, ni cruces, ni enfermedades, ni tristezas. Nada más que un gozo pleno, estando tan juntos que seremos uno para toda la eternidad, con Dios.
Pablo: Por ese premio, sí que merece la pena esforzarse. Prometo luchar por conseguirlo, con todas mis fuerzas.
Marga: Y yo, también, prometo luchar por conseguirlo con todas mis fuerzas.
Pablo y Marga: Dios es grande. Alabado sea. ¡Aleluya!

Madre,
Desde luego que la recompensa será grande en el cielo. Protégenos y ayúdanos a alcanzarla juntos, y que arrastremos a nuestros hijos. Gloria a Dios en el cielo y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad. Alabado sea el Señor que tanto nos ama.

Más sensibles a los dones. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 20, 19-23

EVANGELIO
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor.

Más sensibles a los dones.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy es Pentecostés. Dios vuelve a soplar su aliento sobre nosotros. La primera vez, sobre Adán cuando le transmitió la vida. Esta segunda vez, nos redime y con Su aliento nos transmite la Vida eterna que ha ganado para nosotros. Estábamos rezando juntos este Evangelio anoche, y de repente, se estrella una paloma contra la mosquitera como si quisiera entrar, y se queda posada en el carril de la ventana corredera. La recibimos como una señal del Espíritu Santo que responde a nuestra llamada ¡Gloria a Dios!

El amor humano que deberíamos entregarnos naturalmente, lo hemos despreciado por el pecado, y Cristo lo ha transformado en la posibilidad de amarnos, a través de la cruz, con el Amor Divino: El Amor que nace del Espíritu Santo que habita en nosotros, es el que ahora podemos entregarnos el uno al otro por el Sacramento del Matrimonio. ¿No es impresionante?.

Y ¿Cómo actúa el Espíritu en los esposos? Como dice San Juan Pablo II, crea una nueva composición de fuerzas interiores que cambian nuestra sensitividad, nuestra espiritualidad y nuestra afectividad, y nos hace más sensibles a los dones del Espíritu Santo. Los esposos que lo acogemos, ya no nos regimos por los atractivos mundanos, sino que ansiamos los frutos del Espíritu: Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad (amabilidad), bondad, fe (fidelidad), mansedumbre, templanza (dominio propio). ¡Cuánto ansiamos esos frutos para nuestro matrimonio! ¿verdad?.

Pentecostés nos trae un anticipo del cielo, hermanos esposos. Y Dios ha puesto en nuestra mano palparlo aquí en la Tierra. Es el Espíritu quien lo hace posible. Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con Sus obras y yo me alegraré con el Señor.

Una historia:
Mercedes: Rafa, hoy, día de Pentecostés, me preguntaba si el Espíritu habría actuado en nosotros. Así que he cogido las notas que íbamos tomando, las veces que nos hemos sentado a hablar tú y yo. He leído sobre los problemas que teníamos hace años, y me he dado cuenta de que el Espíritu nos está transformando absolutamente. Me he quedado asombrada.
Rafa: ¿Sí? ¡Qué bien, eso anima!. Cuenta, cuenta…
Mercedes: ¿Te acuerdas el problemón que teníamos porque tú ganabas más que yo? Después querías ayudar menos en casa, porque tu rendimiento en el trabajo era mayor.
Rafa: ¡Qué barbaridad! ¡Pobre! Lo que te hice sufrir con mi “justicia terrenal”.
Mercedes: Y la que te lie porque quería pintar las puertas de blanco cuando aún estaban nuevas. ¡No fue normal!. Y cuando no podía perdonar a tu hermana por aquello que me dijo…
Rafa: Ya… ¡Qué fuerte!, claro que me acuerdo. Lo pasamos fatal…
Mercedes: En cambio, ahora leo sobre nosotros, y nuestras peticiones son: Hacernos más humildes, entregarnos cada día con más fuerza para alcanzar la Paz, retirarnos de vez en cuando para renovar nuestra fe, que nuestros hijos se encuentren con el Señor con la misma fuerza que nosotros… Estoy asombrada. No pensé que el Espíritu nos había transformado tanto.
Rafa: ¡Qué fuerza! tiene… Vamos a invocarlo hoy especialmente y a darle gracias porque ha hecho obras grandes por nosotros.

Oramos con la secuencia: Ven Espíritu Santo… Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

¿Será para siempre? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 21, 15-19

EVANGELIO
Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas
Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, le dice a Simón Pedro:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?».
Él le contestó:
– «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero».
Jesús le dice:
– «Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
Él le contesta:
– «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Él le dice:
– «Pastorea mis ovejas».
Por tercera vez le pregunta:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
– «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
– «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
– «Sígueme».

Palabra del Señor.

¿Será para siempre?
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Pedro confiesa que ama más a Cristo que los demás, y así es investido Pastor de la Iglesia, esposo de la Iglesia en el Esposo. Atrás quedaron las negaciones de Pedro, que por el Espíritu Santo quedará transformado, y acabará sellando su amor al Señor dando su vida por Él. No hay amor más grande.
Cristo ha resucitado, el Espíritu Santo ha venido a nosotros, y atrás debe quedar el amor infiel, porque ahora hay un Amor más grande al que podemos acceder: El que nos ha dejado Cristo con Su Espíritu. Sólo el que renuncie a sí mismo y reciba el Espíritu, podrá entregarse como Cristo.

Una historia:
Teresa: Juan ¿Me quieres?
Juan: Sí.
Teresa: ¿Cómo sabemos que nuestro amor será para siempre? ¿Cómo sé que tu amor no se apagará?.
Juan: Teresa, contigo he descubierto el verdadero amor. Ahora sé que nadie te querrá nunca más que yo. Todos los días me esfuerzo por renunciar a mí para entregarme a ti. Y lo hago con mucha alegría porque ya hemos experimentado la belleza de vivir una comunión.
Teresa: Muy bonito, Juan. Pero ¿y dentro de diez años? ¿Nos querremos igual? Porque veo tantos matrimonios que se separan y parecían que eran súper felices…
Juan: Teresa, yo no te puedo dar garantías. Sólo te puedo decir que lucharé por aprender a amarte cada día más, lucharé por comprenderte, y serás mi prioridad. Pero aun así, eso no es garantía suficiente. Sin embargo, hemos recibido el Sacramento del Matrimonio, hemos recibido el Espíritu Santo en nuestro amor, y lo hará más fuerte que la muerte, si nos seguimos alimentando de Él. Por Él sé que me voy a amarte toda la vida.
Teresa: Gracias, Juan. Qué contenta estoy de tenerte. Doy muchas gracias a Dios por ti.

Madre,
El Señor nos ha salvado, y hace posible que nos amemos para toda la vida. Le damos gracias eternamente. Hoy queremos pedirte por el sucesor de Pedro, nuestro Papa, para que nos guíe por el camino hacia Dios a través de nuestra vocación. Por Jesucristo tu Hijo nuestro Señor. Amén.