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Incluso lo que más me cuesta. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 13, 31-35

EVANGELIO

El grano de mostaza se hace un árbol hasta el punto de que los pájaros del cielo anidan en sus ramas
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros a anidar en sus ramas».
Les dijo otra parábola:
«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta».
Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

Palabra del Señor.

Incluso lo que más me cuesta.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Así actúa Dios en nosotros, empezando con algo muy pequeño, que con la constancia del riego diario, va haciendo crecer sin que nos demos cuenta y de repente, Su obra se hace grande. Siempre recordaremos cuando la Virgen nos dijo que Su Proyecto iba a ser algo grande y éramos dos matrimonios. Pero para que brote, la semilla debe partirse. Es necesario ese “sí” al Señor, que además nos pone a prueba para comprobar que es un “sí” con todas las consecuencias, como hizo con Abraham, al que le pidió el sacrificio de su hijo unigénito. ¿Estoy dispuesto a partirme para que brote el Proyecto de Dios?

Así lo hemos visto en los matrimonios de Proyecto Amor Conyugal que han dicho ese “sí” sostenido, y han ofrecido su sacrificio. De repente, Dios empieza a hacer cosas grandes a través de ellos, y otros que los ven, desean vivir lo que ellos viven.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marta: El Señor me dice en la oración que me dará muchos sufrimientos para poder ofrecerlos por Su Proyecto para matrimonios.
Manolo: A mí me dice que me lo va a pedir todo, incluso lo que sabe que más me cuesta y más me preocupa, va a ocurrir para Su mayor gloria, para que triunfe Su amor en los corazones de los esposos.
Marta: Señor, aquí estamos, a Tu disposición. Haz de mí lo que necesites.
Manolo: Haz de mí lo que necesites, Señor. Yo acojo libremente el don que me ofreces, acojo el sacrificio.
Y el Señor escuchó a Marta y Manolo, y pagaron con lo que más les costaba, ofreciendo su sacrificio, pero el Señor que es grande, empezó a hacer milagros en su matrimonio y en los matrimonios a los que evangelizaban.

Madre,

Alabado sea el Señor, que es tan generoso con los que acogen Su cruz y le siguen. A Él gloria y alabanzas por los siglos.

Verdaderos testigos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 10, 16-23

EVANGELIO

No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 16-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.

Nota: El 19 de julio a las 20:00, primer encuentro de Proyecto Amor Conyugal en Barcelona. Para más info:

Anuncio Barcelona 19-07-17

Verdaderos testigos.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Pues sí, nos guste o no, la única manera de dar testimonio de Cristo, es desde la cruz. Los muchísimos mártires que han derramado su sangre por el Señor, son los que, soportados por el Espíritu Santo, con su testimonio, han mantenido en pie la fe de la Iglesia. Nos vienen al recuerdo los primeros cristianos, que con la ofrenda de sus vidas, acabaron convirtiendo a sus enemigos. El Imperio Romano cayó, y la Iglesia perdura.

Esos esposos por ejemplo, que han sido traicionados por sus cónyuges y se mantienen fieles (a pesar de los consejos de la gente que no lo entiende e incluso se lo recrimina), son un gran ejemplo para nosotros. Conocemos a alguno que, a pesar de todas las dificultades y sufrimientos que le ha provocado su esposo, sigue rezando por él aunque lleve viviendo muchos años con otra pareja. En ese esposo que se mantiene fiel, vemos a Cristo crucificado. Después de conocer su vida y su sufrimiento en soledad, no tenemos derecho a quejarnos de nada los que seguimos juntos. Damos muchas gracias a Dios por su testimonio.
¿Y yo? ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar por ser testigo de Cristo?

Aterrizado a la vida matrimonial:

Mantenían una relación fría y distante, víctimas de la rutina, después de muchos años de no haberse preocupado de su matrimonio. Un hombre empezó a cortejar a su esposa, y ella acabó cayendo en sus brazos. Meses después, él lo descubre todo, y el mundo se le viene encima, queda destrozado. Pero tras un tremendo duelo, decide perdonarla y dedicarse más a ella. Le lleva flores, le invita a cenar… Ella vuelve con él, pero no por él, sino por sus hijos que también se acaban enterando. Ella tiene dudas de si le ha querido alguna vez.
Él vive una dura travesía, un largo desierto. Muchos le aconsejaron en su día que la abandonase, pero él, sigue fiel a su promesa. Fue un compromiso entre tres, en el que Cristo se comprometió también, y él no quiere abandonar. De vez en cuando necesita un hombro donde llorar, donde desahogar su amargura. Quizás él no lo sabe, pero está dando testimonio del amor de Dios, que ama a los que le tratan con tibieza. Damos gracias a Dios por este esposo. Que el Señor le dé el consuelo que necesita. Amén.

Madre,

A veces pensamos que los testimonios tienen que ser bonitos, y muchas veces, los más duros, son los que nos muestran la verdad de nuestra fe y de nuestra vocación. Amar en las dificultades, en el sufrimiento, es una verdadera demostración de amor. Tenemos que estar dispuestos a pasar por lo que sea, con tal de dar testimonio de nuestro Señor. Sólo así seguiremos Sus pasos. Alabado sea el Señor, que nos hace partícipes de Su Cruz. Después, nos promete la resurrección y la Vida.

Resplandece en mi debilidad. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 28, 16-20

EVANGELIO
Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra
Conclusión del santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos».

Palabra del Señor.

Nota: Proyecto Amor Conyugal anuncia un retiro para matrimonios que se celebrará en Madrid entre los días 16 y 18 de junio.

Hay pocas plazas. Para más información pincha aquí:
http://proyectoamorconyugal.es/retiro-matrimonios-proyecto-amor-conyugal-madrid-16-17-18-junio-2017/

Resplandece en mi debilidad.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor. No celebramos obviamente que el Señor se va y nos deja solos. Celebramos que el hombre ha llegado hasta Dios y se ha sentado a Su derecha, porque Cristo vuelve al Padre como hombre. Si se celebró por todo lo alto la llegada del hombre a la Luna ¿Cómo tendríamos que celebrar esta fiesta de la llegada del hombre a Dios? Por todo lo alto, y nunca mejor dicho.

Desde entonces, se da la paradoja de que la divinización del hombre pasa precisamente por la cruz, es decir, la glorificación de Dios a través de nuestra debilidad. Por eso se gloría el Apóstol Pablo precisamente de su debilidad, que es el lugar donde él mejor experimenta la victoria de la fuerza de Dios (2 Cor 12, 9s).

Una historia:
Otra vez ha vuelto a caer Juanjo en ese brote neurótico de perfeccionismo que le entra de vez en cuando. Le da por pensar que nada funciona y que tiene que ser él quien ponga orden en casa. Son unos días terribles, en que le da por enmendarle la plana a todo el mundo. La alegría desaparece de su rostro como si de una posesión se tratase, y se pone nervioso, y en plan exigente.

Hasta que se da cuenta. ¿Pero quién soy yo -se pregunta- para ponerme en este plan? ¡Como si todo dependiese de mí! ¡Por Dios! (Nunca mejor dicho). Entonces se vuelva al Padre con el corazón contrito y humillado. Allí, en la oración, descubre que tiene una esposa maravillosa, que no se la merece, que no es digno de ella, y que sus hijos son un don de Dios, a pesar de sus limitaciones y torpezas, y que su familia es un tesoro. Descubre a Dios presente en su vida, en sus cosas, descubre al Dios Humano, sí, tan cercano, que se hizo humano, pero que sentado a la derecha del Padre, tiene todo el poder.

Juanjo, después de confesarse, sale contento de esa experiencia, y vuelve a casa, otra vez como el hombre débil que tiene a Dios en su vida. Su esposa se alegra muchísimo, porque otra vez resplandece la alegría que da Dios, en la cara de su Juanjo.

Madre,
Mi Hermano Jesús, está sentado a la derecha del Padre. Y desde ahí, me cuida, me envía su gracia, intercede por mí. Qué honor ¿No? Alabado sea el Señor que hace de mi debilidad un testimonio de Su poder. A Él gloria y alabanza por los siglos. Amén.

Sólo cabe la contemplación. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 27, 11-54

EVANGELIO
¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 27, 11-54

C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
S. «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
C. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. -«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
C. Él contestó:
+ «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.”»
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Soy yo acaso, Señor?»
C. Él respondió:
+ «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso, Maestro?»
C. Él respondió:
+ «Tú lo has dicho.»
C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo.»
C.. Y, cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo:
+ «Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.»
C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño.” Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.»
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.»
C. Jesús le dijo:
+ «Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.»
C . Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. »
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
C. Y, llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:
+ «Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.»
C. Y, adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil.»
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.»
C. Y, viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.»
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
S. «Al que yo bese, ése es; detenedlo.»
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve, Maestro!»
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a qué vienes?»
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:
+ «Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar.»
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis.»
C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote, y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos, que dijeron:
S. «Éste ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días.”»
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.»
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?»
C. Y ellos contestaron:
S. «Es reo de muerte.»
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo:
S. «Haz de profeta, Mesías; ¿quién te ha pegado?»
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También tú andabas con Jesús el Galileo.»
C. Él lo negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé qué quieres decir.»
C. Y, al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Éste andaba con Jesús el Nazareno.»
C. Otra vez negó él con juramento:
S. «No conozco a ese hombre.»
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro; tú también eres de ellos, te delata tu acento.»
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo:
S. «No conozco a ese hombre.»
C. Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces Judas, el traidor, al ver que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo:
S. «He pecado, he entregado a la muerte a un inocente.»
C. Pero ellos dijeron:
S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!»
C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor.» Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?»
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato:
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?»
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. «No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.»
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás.»
C. Pilato les preguntó:
S. «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Contestaron todos:
S. «Que lo crucifiquen.»
C. Pilato insistió:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Que lo crucifiquen!»
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo:
S. «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!»
C. Y el pueblo entero contestó:
S. «¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía; lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza:
S. «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?»
C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:
+ «Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
C. (Es decir:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)
C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron:
S. «A Elías llama éste.»
C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás decían:
S. «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.»
C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, el ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. «Realmente éste era Hijo de Dios.»
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos. Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí, sentadas enfrente del sepulcro. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: “A los tres días resucitaré.” Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos.” La última impostura sería peor que la primera.»
C. Pilato contestó:
S. «Ahí tenéis la guardia. Id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.»
C. Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.

Palabra del Señor.

Sólo cabe la contemplación.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy empieza la Semana más Santa, de la que nos alimentamos el resto del año. Nos limitamos a contemplar, admirados del inmenso amor que Cristo ha demostrado que nos tiene, a través de Sus padecimientos. Él nos enseña a ser esposos, demostrándonos Su entrega por nosotros.

Jesús pide a su Padre que acepte, como un sacrificio expiatorio por sus verdugos y por muchos, todos los malos tratos que había sufrido y tenía que sufrir aún. Sufre por mí, porque yo que soy culpable, no callé ante mi esposo cuando me acusaba de aquello que no hice, y porque cuando veía que iba a arremeter contra mí saqué todas mis armas para defenderme atacando, y porque no permití ni una humillación y aún estoy esperando a que se me pida perdón, y por tantas circunstancias similares (salvando las distancias), en que me dejaré llevar por el orgullo, la impaciencia o la cólera. Durante Su pasión no abría la boca, no hacía nada por defenderse (Qué lección) sólo pedía por mí suspirando interiormente. Eso es ser un auténtico Esposo, que se entrega por amor.

Madre,
Seguro que guardarías esto en Tu corazón para toda la eternidad, el ejemplo de tu Hijo. Te debiste sentir muy orgullosa de Él. Qué dignidad, qué entereza, qué grandeza. Desde luego que es el perfecto Esposo, perfecto Hombre, perfecto Dios. Alabado sea por siempre, mi Señor, mi Rey, mi Salvador. Amén.

Por ti y por mí. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 11, 45-57

EVANGELIO
Para reunir a los hijos de Dios dispersos
Lectura del santo Evangelio según san Juan 11,45-57

En aquél tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?»
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor.

Por ti y por mí.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Caifás, sentencia la muerte de Jesús, pero por su condición de sumo sacerdote, Dios le permite profetizar de manera inconsciente una verdad. Cristo iba a morir por la unión de Su pueblo y para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Sí, Cristo iba a morir, por ti y por mí, esposo. Para reunirnos y hacernos uno entre nosotros y con Él. Cuando vemos la crueldad de la Pasión y Muerte que le infligieron, me puedo hacer una idea de la importancia de la unidad entre nosotros dos.

Cristo sabía que le buscaban para matarle, y fue allí donde ellos para hacernos uno a ti y a mí, esposo. Y sudó sangre en Getsemaní, superando terribles tentaciones, por hacer posible nuestra unidad a pesar de las nuestras. Le llevaron encadenado como un delincuente, delante de todos, para mayor vergüenza, por ti y por mí, esposo, para que no nos avergoncemos nunca el uno del otro. Le acusaron siendo el único inocente, y se dejó, por ti y por mí, esposo, para que soportemos las injusticias mutuas. Le flagelaron con un latigazo tras otro, la carne desgarrada por el cuero y las bolas de plomo que se clavan en la piel, para que tú y yo, dejáramos de quejarnos por los sufrimientos de la vida en común. Y permitió que le coronaran de espinas y se mofaran de Él y le escupieran, para que pisoteemos de una vez nuestro orgullo y estemos abiertos a aprender el uno del otro. Y cargó con la cruz de nuestros pecados, para que podamos levantarnos cada vez que caemos y volver a empezar un matrimonio nuevo. Y murió por todas nuestras culpas, todos esos sinsabores, y heridas que nos infligimos.

Él nos dejó como legado los siete sacramentos, para recibir la Gracia que hace posible la unión entre todos los hombres, y el matrimonio hace posible la nuestra, esposo mío, y yo no lo estoy aprovechando. Perdóname Señor. Perdóname, Esposo. Déjame que me abrace a ti.

Señor,
Permítenos acompañarte en tu Pasión esta Semana Santa, para hacernos conscientes de la generosidad de Tu entrega hasta el extremo, y reconocer el valor de nuestro sacramento, por el valor que Tú le das en la medida de Tu preciosísimo sacrificio. Alabado sea mi Señor, que murió por reunir en torno a Sí a cada una de las ovejas que estábamos dispersas, para que fuéramos uno.