La semilla del Reino, una energía nuclear. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 13, 31-35

La semilla del Reino, una energía nuclear.

Transcripción de fragmentos de la exposición de Jorge Atienza (Encuentro GBG Cullera, Valencia):
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La más pequeña… es como a veces nos sentimos en la vida. Es nuestra insignificancia. Lo experimentamos en las complicaciones de la vida que nos superan o a veces ante los gigantes: Las modas o las fuerzas sociales. Todo esto suscita la sensación de pequeñez. ¿Cómo salimos de ahí, de esa sensación de pequeñez? O más aún, de vernos insignificantes ante tales gigantes.

Jesús nos propone un componente opuesto que choca frontalmente con estos gigantes: el Reino de los Cielos. Se produce una energía nuclear, un choque que provoca una implosión (desmorona lo de dentro), para producir inmediatamente después una explosión hacia fuera que genera vida. El Reino desata energía de vida. Desata a todos los que se sienten insignificantes. El Reino de los Cielos: astronómico, sempiterno, soberano, invencible, inagotable, glorioso, incorruptible… procede incomprensiblemente como lo hace la más diminuta de las semillas, la mostaza. Es la vuelta al Génesis. La parábola es la recreación. El Reino viene a recrear la Tierra.

¿Qué tienen estas diminutas historias (parábolas) que a su autor le llevaron a la Cruz? Nadie cuenta historias bonitas y termina en la cruz. Desataron energía nuclear, choque de gigantes.

¿Cómo ayudamos al Reino? Podemos editarlo a nuestra medida y esconder la cruz, esconder el sufrimiento y dejar solamente la promesa, el pacto. A veces intentando ayudar, nuestra propuesta es proponer que se pare de sufrir. Si modificamos el Reino, destruimos el poder de su energía nuclear. Así quiso tentar Satán a Jesús: Todo te lo doy, no hay necesidad de ir a la cruz…

En esa intervención silenciosa del Reino de los Cielos con las fuerzas de la Tierra, el Reino no destruye la Tierra, extiende sus raíces en ella para que dé fruto. El Reino no ve la Tierra como rival, sino como huerto. Sembrado en ella se hace útil. Todo lo que la vida necesita para producirse es una rendija de luz. El Reino entra y altera la estructura de la realidad.

Una vez que el Reino es sembrado, nadie lo detiene.
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Dejemos que germine la semilla del Reino en nuestro matrimonio. Puede que nos produzca sufrimiento en muchos momentos, puede que nos exija cargar con la cruz, pero reordenará nuestra vida. Lo que antes estaba arriba, pasará a estar abajo y viceversa. Así actúa el Reino poco a poco: “Él hace proezas con su brazo, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los pobres los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”.

El Reino recrea tu matrimonio y tu familia. Establece el orden correcto, sobre el que se puede construir un hogar.

Oramos con el salmo: Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz.

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