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esposos@cristo.god Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 10, 22-30

EVANGELIO

Yo y el Padre somos uno
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.
Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones

  • Retiro en Sevilla: 4 de mayo (a las 18:30) al 6 de mayo (a las 17:30). infórmate en el siguiente enlace: https://wp.me/p6AdRz-XT.
  • Retiro en Madrid: 8, 9 y 10 de junio.
  • Retiro en Córdoba: 29 y 30 de junio y 1 de julio.

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Este Evangelio es una pasada. Hay una frase que me encanta, que me da seguridad, mucha esperanza: “Mis ovejas…nadie las arrebatará de mi mano…nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno.” Tranquilos, esposos. ¡¡Cristo está en nuestro Sacramento del matrimonio!! Nadie, nadie puede arrebatarnos de Su mano. Lo único que tenemos que hacer es permanecer cerca, en Su dominio, el dominio Cristo.god Nosotros nos conectamos cada día a Su ciencia, a Su sabiduría, a Su amor, a Su misericordia, a Su Gracia… Somos esposos de Cristo, en Cristo por Cristo.

Hoy aprendemos que El Padre y el Hijo son uno, y entre ellos existe una obediencia: “Yo hago siempre lo que al Padre le agrada” o “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre”. Pues también nosotros, debemos obedecernos mutuamente para ser uno, no una obediencia disciplinar, sino voluntaria, como al Señor. Por la obediencia, restauró Cristo nuestra unión con el Padre. Que con la nuestra, colaboremos en restaurar la de nuestro matrimonio. Porque creemos en Tus obras, Señor.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ramón: Perdona, esposa. Me pediste que no te llevara la contraria delante de los niños y lo he vuelto a hacer. Es ese arrebato de orgullo que me impulsa a sobresalir para quedar mejor. Perdón Señor. Ayúdame a acoger a mi esposa como ministra de Tus Gracias para mí.
Teresa: Te perdono, Ramón. Sé que Tú, Señor, estás presente en este acto de amor y eso me da esperanza. Anímate, Ramón, ya verás cómo nos ayuda. Tenemos un camino precioso que construir. El camino del amor, de la Caridad Conyugal. Anda, dame un abrazo fuerte en presencia del Señor, que Él lo hace todo nuevo.
Ramón: Gracias Señor, por este don de mi esposa. Es una maravilla.

Madre,

Que nuestra vida de esposos sea una constante oración, siempre en presencia del Señor, porque siempre está presente a través de nuestro Sacramento. Qué suerte, pasear juntos con Él cada tarde. Alabado sea el Señor, que nos lleva de Su mano. Amén.

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