Escrita con Sangre. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 7, 21. 24-27

EVANGELIO

El que hace la voluntad del Padre entrará en el reino de los cielos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 7, 21. 24-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Palabra del Señor.

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Escrita con Sangre.

El Evangelio no es para leerlo ni escucharlo. Es para vivirlo. Lo fundamental del Evangelio es que todo un Dios se ha hecho hombre para mostrarme cómo ser hombre. Y le veo con los brazos abiertos en la cruz, y escribiéndome una carta de amor con su propia Sangre. Con esa misma Sangre puedo yo escribir también mi carta de amor a mi esposo. Es la carta del perdón y de la misericordia, que siempre va firmada por Jesucristo, Nuestro Señor.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Pedro: (En oración). Señor, esta mañana mi esposa se ha levantado nerviosa. Tenía muchas cosas que hacer y eso hacía que estuviese un poco agobiada e impaciente en el trato. En algún momento se ha dirigido a mí con exigencias y poca cortesía, como si me hiciese un poco responsable de la situación. Pero Tu mirada misericordiosa, me ha ayudado a ver su fragilidad y esperar pacientemente y con cariño a que superase esta situación, ayudando en lo que podía. Después la he llevado a comer por ahí, para que descanse y disfrute del día, y hemos estado a gusto en familia. Y después hemos estado muy a gusto juntos toda la tarde, hasta la hora de la oración juntos donde hemos vivido el broche de oro del día contigo. Solo puedo darte gracias por mostrarme el camino, porque el Evangelio funciona. Las bienaventuranzas son las que nos llevan a la felicidad. Gracias por mi esposa, por mi familia y por la vocación tan hermosa que me has encomendado. Gloria a ti por siempre, Señor.

Madre,

Esta es la Palabra de hoy, y yo quiero escribir con mi vida una carta hermosa, aunque me cueste toda mi sangre, porque vivir el amor de Tu Hijo, es perder mi vida para ganarla. Pero os amo tanto, que es lo que quiero. Yo lo habría hecho todo de otra manera, no sé si estaré escribiendo los renglones con letra bonita, pero al menos intento seguir las guías que nos ha dejado el Señor. Te pido que nadie tenga que pagar por salirme de Su camino. Señor, Tú sabes mi debilidad, mi torpeza, mi ceguera, pero espero que el Espíritu me empuje siempre hacia Ti. Confío en ti. Solo quiero deciros que os quiero. Amén.

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