Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

Que pase lo que yo pasé a ver si aprende. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 7, 11-17

EVANGELIO

¡Muchacho, a ti te lo digo, levántale!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
«No llores».
Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».
El muerto se incorporo y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo:
«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».
Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.

Palabra del Señor.

Notas: 1. ANUNCIO: El próximo 23 de septiembre a las 20h, Proyecto Amor Conyugal realizará un anuncio  sobre “La verdad y la belleza del matrimonio”, en Madrid: Parroquia de Nuestra Señora de la Moraleja. Calle del Nardo, 44, 28109 Alcobendas.

2. RETIRO: Os invitamos a vivir la experiencia de un RETIRO PARA MATRIMONIOS en Málaga, los días 17, 18 y 19 de noviembre. En esos días nos adentraremos en La Verdad del Matrimonio y la Alegría del Amor.

Para más información, pincha aquí: http://wp.me/p6AdRz-ru
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Será un antes y un después en tu matrimonio (Muchos lo dicen). ¡Os esperamos con mucha ilusión!

Que pase lo que yo pasé a ver si aprende.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús se compadece de la viuda, cuyo único hijo acaba de fallecer. En aquella época esto le deja en una situación muy complicada.

Pero hablemos de la compasión en el matrimonio. Se dan circunstancias en la vida en la que necesitamos la compasión de nuestro esposo. La mujer, normalmente, por algún dolor que ha sufrido, en el que su esposo no la ha sabido acompañar ni entender, ni cuidar. Eso le deja una herida de la que le cuesta recuperarse, porque en el fondo piensa que su esposo no le quiere, por mucho que se lo diga.

El hombre, puede sufrir más con alguna cuestión de tipo laboral, en la que puede que su esposa no haya sabido acompañarle tampoco, o no ha sabido reconocer la importancia que supone para él y cómo se ve afectado por esa circunstancia. También es común que se vea desatendido porque los hijos han pasado a ser el centro de las atenciones de su esposa.

La mujer sufre con lo que no recibe, el hombre con lo que no alcanza. Estos sufrimientos pueden llevar al rencor e incluso a un deseo de venganza, esperando que el otro pase por la misma situación “para que se entere de lo que yo pasé”.

Ambos, hombre y mujer, sufren por motivos diferentes y lo expresan de forma diferente. Pero la cuestión no es lo que sufre cada uno, sino lo que se compadece cada uno. Como vemos en el Evangelio, la compasión “resucita” a las personas, reconstruye, da vida. Ejercitemos pues la compasión conyugal, un buen arma para que nos sintamos mutuamente queridos y vivificados.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ana: Me ha visto sufriendo y no le ha importado. Ni siquiera preguntarme cómo estás. Eso se me ha quedado a mí grabado en el corazón. Deseandito estoy de que le pase a él algo así, para que se entere de lo que es sentirse solo.
(Años después)
Andrés: Ana, me han relevado del cargo en el trabajo. Estoy hecho polvo. Con todo lo que he entregado yo por la empresa y me apartan como si ya no les fuese de utilidad. Me siento hundido. Me ha afectado muchísimo al amor propio…
Ana: (Piensa: ¿Ves? Ahora, por esa chorrada, se hunde. Y lo mío que fue mucho más grave, no le importó en absoluto. Pues es hora de que viva lo que yo viví, a ver si aprende) Bueno, tampoco es tan grave. Has estado muchos años ¿No? Pues no te quejes encima. No irás a llorar por eso ¿no?…
(El demonio frotándose las manos. Los dos se han fallado “en momentos cruciales de sus vidas”. Una ocasión perfecta para distanciarse y no recuperar la comunión jamás.)
(Un mes más tarde)
Andrés: Tanto que te quejabas de mí, y tú tampoco has sabido acompañarme en mi sufrimiento.
Ana: Te lo merecías, para que supieras lo que me hiciste vivir a mí…
(El Demonio, muy satisfecho de su labor. Otro mes más)
Andrés: Ana, quiero pedirte perdón. Sé que no te he prestado toda la atención que mereces. No he sabido acompañarte, consolarte, estar contigo en tus momentos difíciles. No volverá a ocurrir. Por favor ayúdame a saber cuándo estás mal, para ir educando mi insensibilidad, pero no quiero que te vuelvas a sentir sola cuando lo estés pasando mal. Quiero estar contigo.
Ana: Perdóname tú, Andrés. He sido una vengativa, y no he sabido apreciar tampoco la gravedad de tu situación. También quiero estar contigo en esas situaciones y darles la importancia que tienen para ti.
Andrés y Ana: Señor, ayúdanos a ser compasivos como Tú eres compasivo y misericordioso. Amén.
(El demonio sale huyendo de ese hogar en el que se ama y se cuenta con el Señor).

Madre,

Nos centramos mucho en nuestros afectos, y necesitamos ordenarlos a la voluntad de Dios. Danos un corazón compasivo, haznos sensibles a las necesidades del otro, para que nos descentremos y tengamos nuestro corazón puesto en nuestro esposo. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Humildad y obediencia para sanar. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 7, 1-10

EVANGELIO

Ni en Israel he encontrado tanta fe.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
«Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga».
Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
«Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
«Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».
Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Palabra del Señor.

Notas: 1. ANUNCIO: El próximo 23 de septiembre a las 20h, Proyecto Amor Conyugal realizará un anuncio  sobre “La verdad y la belleza del matrimonio”, en Madrid: Parroquia de Nuestra Señora de la Moraleja. Calle del Nardo, 44, 28109 Alcobendas.

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Será un antes y un después en tu matrimonio (Muchos lo dicen). ¡Os esperamos con mucha ilusión!

Humildad y obediencia para sanar.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El Evangelio de hoy nos muestra la fe de un hombre y el poder de la fe.

Santa Teresa de Calcuta, decía: “El fruto del silencio es la oración; el fruto de la oración es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la paz” Por tanto, empecemos por presentarnos en silencio ante el Señor invocándole: ¡Ven, Señor Jesús!

Además de la fe, hay otra actitud a remarcar en el Centurión: La humildad. No se consideraba digno, porque efectivamente no lo era. Pero llama aún más la atención la humildad del Señor, que siendo quien es, siempre responde.
Por último encontramos otra virtud en el romano, que era su caridad que le lleva a interceder por su criado, lo cual no era nada común.

La conclusión para nuestro matrimonio, podría ser: Si Jesús se somete a los hombres por amor ¿No me voy yo a someter a mi esposo por amor?. ¿No será esta actitud de sometimiento voluntario el camino que el Señor me marca?. Manso y humilde… Aprendemos hoy que la fe y el amor van siempre de la mano de la obediencia.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Rosa: Señor, mi esposo no acaba de salir de su egoísmo. Tiene muchas faltas de caridad hacia mí hacia nuestros hijos. Te pido por él, Señor. Yo te ofrezco no quejarme, no repetírselo porque ya está cansado de que se lo diga, pero no lo ve. Te ofrezco mi silencio por él, Señor.
Antonio: Señor, mi esposa sigue teniendo muy poca paciencia, y me regaña constantemente a mí y a nuestros hijos. Te pido Señor por ella. Yo me ofrezco a estar más pendiente de ella y pensar más en sus necesidades que en las mías. Te ofrezco mi servicio por ella, Señor.
Rosa y Antonio: Amén.
Rosa: Gracias por pedir por mí, y por tu ofrenda. Tengo mucho que mejorar.
Antonio: Y yo. Gracias también a ti. Te amo.

Madre,

Me falta alegría, porque le sigo exigiendo mucho a mi esposo en ese estar “amenazados por una necesidad insaciable de comunión” para la que hemos sido creados, como decía San Juan Pablo II. Algo que no está aún construido del todo y que no hay que quejarse porque no lo esté, sino seguir trabajando para que continúe creciendo. Señor, no soy digno de esta misión que me habéis encomendado, pero una palabra Tuya, bastará para sanar nuestra unión y que se haga posible. Alabado seas por siempre.

Una experiencia liberadora. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 18, 21-35

EVANGELIO

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.”
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:
“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.”
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Palabra del Señor.

Notas: 1. ANUNCIO: El próximo 23 de septiembre a las 20h, Proyecto Amor Conyugal realizará un anuncio  sobre “La verdad y la belleza del matrimonio”, en Madrid: Parroquia de Nuestra Señora de la Moraleja. Calle del Nardo, 44, 28109 Alcobendas.

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Será un antes y un después en tu matrimonio (Muchos lo dicen). ¡Os esperamos con mucha ilusión!

Una experiencia liberadora.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Este pasaje sobre el perdón, precede a aquel en el que Cristo les habla a los fariseos sobre la indisolubilidad del matrimonio. ¿Casualidad?. El camino del perdón hace posible el matrimonio.

El perdón no es una opción, es una obligación. La deuda que puedan tener conmigo es parte de una deuda mucho mayor que tengo yo con Dios. Es Cristo quien la pagó por mí y por mi esposo, y todo lo que nos hayamos hecho, está perdonado. Por el Sacramento de la confesión, Dios nos lo perdona todo en virtud de la entrega redentora de Su Hijo.
Por el perdón de Cristo, Dios me da la posibilidad de liberarme del dominio que la persona que me ha herido ejerce todavía sobre mí por mi rencor. Perdonar libera la memoria y me permite vivir en el presente, sin recurrencias constantes al pasado doloroso.

“La experiencia liberadora del perdón, aunque llena de dificultades, puede ser vivida también por un corazón herido, gracias al poder curativo del amor, que tiene su primer origen en Dios-Amor. La inmensa alegría del perdón, ofrecido y acogido, sana heridas aparentemente incurables, restablece nuevamente las relaciones y tiene sus raíces en el inagotable amor de Dios.” (Juan Pablo II)

Como decíamos al principio, el camino del perdón hace posible el matrimonio. Ambos somos imperfectos, y nos haremos daño muchas veces a lo largo de nuestra vida matrimonial. Cristo lo sabe y por eso, nos pone el perdón como condición también para alcanzar la compasión de Dios. Recurramos al origen, a Dios-Amor, para que sane nuestro corazón.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ana: ¿Qué te pasa con él, Marta?
Marta: Recuerdo con mucho dolor cómo pasó de mí en el último embarazo. Con lo que me costaba moverme y él ni se inmutaba. Después, cuando nació Pedrito, fue aún peor… A veces siento hasta asco de él y las pocas veces que tenemos relaciones, aunque él no se da cuenta, pero me echo a llorar porque me siento utilizada.
Ana: Marta, tienes que sanar esa herida. Tienes que perdonarle. Hace muchos años de eso y te estás ahogando en tu resentimiento. Te está impidiendo la unión con tu esposo, te está imposibilitando tu vocación, tu camino hacia la santidad. ¿No te das cuenta?
Marta: No puedo. Lo siento, no tengo fuerzas.
(Al día siguiente, confesándose)
Marta: Padre, me confieso de vanidad, de creerme mejor que otros, de soberbia por no reconocer mis errores…
Sacerdote: Bueno, hija, el Señor te quiere mucho y está dispuesto a perdonarte ¿Alguna cosa más?
Marta: Bueno, sí. Que no soy capaz de perdonar a mi esposo por el daño que me hizo hace años, en el embarazo…
Sacerdote: ¡Uy! Eso sí que es un problema. No te puedo dar la absolución. Dios no te puede perdonar tu inmensa deuda con él si tú no perdonas la pequeña deuda de tu esposo contigo. Vuelve cuando le hayas perdonado ¿Vale hija?

Madre,

Contemplando la consagración de la Sangre de Cristo, suelo darle gracias por concedernos, por su sangre, el don del perdón. Él, por Su sacrificio, se ha convertido en el Perdón de Dios, y hace posible nuestro matrimonio, porque hace posible que nos pidamos perdón y nos perdonemos con Su perdón. Alabado sea el Señor por tan grandísimo don.

Las dos piedras de la base. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 6, 43-49

EVANGELIO

¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.
¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?
Todo el que se viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».

Palabra del Señor.

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Será un antes y un después en tu matrimonio (Muchos lo dicen). ¡Os esperamos con mucha ilusión!

Las dos piedras de la base.

Está claro, que si baso los cimientos de mi matrimonio en las leyes del Creador, que sabe lo que nos conviene, la construcción será fuerte y sólida. De lo contrario, es como montar un mueble sin mirar las instrucciones y sin tener en cuenta las leyes de la física, sino desde lo que me apetece. Aquello no funciona bien, y puede que acabe por venirse abajo o no llegar a construirse nunca.

Pues así es el amor. Tiene un orden y unas leyes. Se debe empezar por reconocer cuánto me ama Dios, que es la fuente de todo amor. Una vez que he descubierto esto, por todo lo que me ha entregado, porque me ha hecho inteligente, libre, porque me ha dado la posibilidad de conocerme y conocerle, me ha dado el poder de tomar decisiones y sobre todo, me ha dado una dignidad enorme por haberme creado a Su imagen y no a imagen de los animales u otros seres de la Tierra. Una vez que además ha querido hacer conmigo una alianza de amor, a pesar de Su infinita superioridad, y no siendo esto suficiente, ante mi infidelidad, Él se abaja haciéndose hombre, y es perseguido, insultado, despreciado y asesinado por mí, una vez que descubro cuán inmensamente me ama Dios, siento que tengo una enorme deuda, y una enorme necesidad de responderle con mi amor.

Ya tenemos la primera piedra del amor. Lo que Él me pide a cambio, es que ame al prójimo, empezando por mi esposo. Y esta es la segunda piedra que sostiene toda mi vida. Por tanto, yo amo a mi esposo como respuesta al amor que Dios me tiene, y no como respuesta al amor que mi esposo me tiene. Por eso, mi amor a mi esposo tiene que tender a ser ilimitado, como el que he recibido de Dios.

Poniendo estas dos piedras en la base de mi vida, puedo seguir construyendo, sobre un cimiento firme.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Pedro: Señor, mi esposa está muy exigente conmigo, a veces me desprecia, otras me ignora porque le presta más atención al móvil que a mí, pero yo no debo mirar eso. Yo debo mirar que Tú te has entregado por mí y has dado Tu vida por mí, y yo tengo que corresponder a tu inmenso amor. A pesar de todo lo que hago por ella, siempre estaré en deuda contigo, Señor. ¡Cómo te podré pagar!

Madre,

Hoy quiero dar gracias por tanto amor como he recibido. Me siento privilegiado, porque Dios me quiere por mí mismo, a pesar de mis limitaciones, de mi pequeñez y de mi pecado. Qué grande es la misericordia de Dios, qué grande Su generosidad. ¡Alabado sea Dios! Y bendito sea Su Santo Nombre. Amén.

Feliz Dolorosa. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 19, 25-27

EVANGELIO

Triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena
Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Palabra del Señor.

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Será un antes y un después en tu matrimonio (Muchos lo dicen). ¡Os esperamos con mucha ilusión!

Feliz Dolorosa.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Celebramos hoy la memoria de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores. ¿Feliz por sus dolores? Algo parece estar mal ¿No os parece?.

Era necesario que la mujer estuviera junto a la Cruz de Jesús, para acoger el don de la Vida. A la mujer Dios les dio la custodia de la vida. A través de la mujer nacen los hombres, tanto físicamente como, la mayoría de las veces, espiritualmente. Es la mujer la que los da a Luz.
Ser mujer, madre que da a luz, hija de la vida, esta es la misión para la que ha sido creada la mujer: Dar vida, acoger a la vida, cuidar la vida, llevar hasta la Vida.

¡Mujer sé lo que eres! ¡lucha por la vida de fe en tu matrimonio y tu familia! ¡No te canses de tirar del carro, de estar junto a la Cruz de Jesús. Si tú dices sí, aun pasando los dolores de parto en el alma, verán la luz. Di “sí” al Amor corredentor, di “sí” a la voluntad de Dios.

Junto a Su Madre, estaba el discípulo al que amaba. Juan representa esos hombres en minoría, pero elegidos por Dios que acogen la Vida por la Mujer, la Madre. Muchos son los esposos que por sus esposas acogen la vida de fe, otros son sacerdotes, que la acogen por su madre. ¡Benditos hombres! Que desde aquella hora la recibieron como algo propio.

Aterrizado a la vida matrimonial:

María: (con entonación animosa y cariñosa) vamos niños a rezar.
Los niños: ¡Uf qué rollo! (Y caras largas).
Antonio: (Sin decir nada, termina lo que estaba haciendo).
(Por fin todos juntos)
María: intentando esconder su dolor en el amor y con gran ánimo, dice: Venga ¿Quién lee lo que nos dice hoy Jesús? (Después de no ver muchas ganas, como si no se diera cuenta, anima al pequeño).
(Y así un día y otro día…)
Antonio: (Presente, pero interiormente avergonzado y sin mucha colaboración).
María guardaba la Vida, la Luz, en su alma y deseaba con todo su corazón que su familia lo acogiera y siguiera el Camino. Ella supo estar a los pies de la cruz de Jesús y eso hizo que, después de dos años, su familia acogiera el don de la Vida y la Luz.

Madre,

Tú eres nuestra Madre. Gracias a aquella hora, te compartimos con Cristo como Madre. Nosotros te acogemos como algo nuestro y Tú nos llevas hasta Jesús dándonos la Vida ¡Bendita seas por siempre!