Archivo del Autor: Proyecto Amor Conyugal

A “arremangarse”. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 2, 13-17

EVANGELIO

No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice:
-«Sígueme.»
Se levantó y lo siguió.
Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa, de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que los seguían.
Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos:
-«¿Por qué come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y les dijo:
-«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores».

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones

  • Anuncio en Marbella: 19 de enero. Parroquia Santo Cristo del Calvario. 20:30h
  • Anuncio en Córdoba: 20 de enero. Parroquia Ntra. Sra. de la Consolación 18h. C/ Historiador Dozy 20
  • Breve testimonio en la Semana de la Familia de Sevilla:  27 de enero.
  • Anuncio en Sevilla: 28 de enero a las 11:30 en la Parroquia del Espíritu SantoCalle San Isidro Labrador. Mairena del Aljarafe (Sevilla)
  • Retiro para matrimonios en Madrid 2 a 4 de febreroCOMPLETO puedes inscribirte en lista de espera en el siguiente enlace: https://goo.gl/forms/7lUuhJUvnUbtos103

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A “arremangarse”.

Jesús nos enseña, que el hecho de que mi esposo sea pecador, no justifica que me aparte de él, que le desprecie o le minusvalore. Jesús me viene a decir hoy con este Evangelio: ¿Tu esposo es pecador? Pues arremángate que necesita ser sanado, yo quiero sanarle y tú eres el medio que necesito. ¿Cómo ser mediación? Come con él/ella. Establece esa relación cordial, de amistad, de conversar juntos. Empatiza. Eso es lo que haría Jesús ¿no?

Jesús llama al recaudador que se enriquece extorsionando a otros, muchos de ellos pobres que no tendrían ni para vivir, a ese que seguramente todos evitarían cruzarse para no tener ni que saludarle. Y le llama para comer con él. ¿Elegiría yo ese compañero de comida? Probablemente el pecado de mi esposo no sea tan grave, y por mucho menos, le estoy negando la palabra. Pues no, si mi esposo fuese perfecto, no me necesitaría. Precisamente porque no lo es, me necesita, así que, os dejo que voy a “arremangarme”. Tengo a alguien muy importante que necesita mi ayuda.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Daniel: Necesito de tu dirección espiritual. Son temas contigo, pero tú eres la persona que mejor me conoce y nadie me puede ayudar mejor que tú. Pero ya sabes, te pido que trates esta conversación desde el punto de vista de dirección espiritual, no de esposa.
Mercedes: Muy bien. ¿A qué hora quedamos?
Daniel: Si te parece bien, a las seis.
(A las seis, se reúnen Daniel y su esposa para tomar un café y charlar).
Daniel: La cuestión es que siento que no me soportas especialmente en mis debilidades, y en mi pecado. Lucho mucho contra esos impulsos que tengo y que estoy intentando controlar, pero no soy capaz de dominarlos. Necesito tu ayuda, no tus desprecios que me hacen fijarme en tus debilidades para verte tan frágil e imperfecta como yo. Y entonces me pregunto ¿por qué siente ese rechazo hacia mí si ella es tan pecadora como yo? No sé, quiero que me respondas qué querrá Dios decirme en este momento. No busco tener razón o no, pero esto es lo que vivo. Busco la voluntad de Dios. Te necesito.
Mercedes: Te diría que Dios quiere que sigas intentando amar, que sigas luchando, porque la perseverancia es la clave. El que persevere se salvará, dice el Señor. Los sarmientos unidos a la Vid, son los que dan fruto. Lo demás, pueden ser sensaciones, malas interpretaciones, otras veces puede que tengas razón, pero comprende que yo también estoy en esa lucha, y últimamente me cuesta especialmente ser misericordiosa con la miseria de los demás. Sé que está mal, pero me pasa como a ti, que intento superarlo y no soy capaz. Y le pido a Dios que me ayude, y le lloro, pero nada. Tenemos que entender que somos limitados ambos y Dios quiere que nos amemos con nuestras limitaciones. Lo que no quiere Dios es que perdamos la Esperanza en que Él nos perdona y Él nos salva. Él hará posible nuestro amor.
Daniel: Gracias, Mercedes. Gracias por tu sinceridad, tu humildad y ese chute de Esperanza que siempre me das. Te quiero.
Mercedes: Gloria a Dios. Te quiero.

Madre,

Necesitamos ser sanados, todos los días. Nuestro matrimonio necesita ser sanado, todos los días. Envíanos la Gracia del Espíritu para que nos purifique y seamos capaces de amarnos como el Señor nos ama. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

¿Pongo pegas o soy creativo? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 2, 1-12

EVANGELIO

El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 2, 1-12

Cuando a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa.
Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra.
Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico:
-«Hijo, tus pecados quedan perdonados».
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
-«Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo uno, Dios?».
Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:
-«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico “tus pecados te son perdonados” o decir: “Levántate, coge la camilla y echa a andar”?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados-dice al paralítico-: ”Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa” ».
Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:
-«Nunca hemos visto una cosa igual».

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones

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¿Pongo pegas o soy creativo?

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Ante Jesús se dan dos actitudes. Una es la de los que recelan de todo, le buscan a todo una pega y que en el fondo no quieren creer por mucho que vean, y otra es la de los que confían y por tanto hacen todo lo que esté en su mano por llegar al Señor, siendo creativos y no permitiendo que ningún obstáculo se interponga.

En nuestra vocación pasa igual. Están los que recelan de todo y utilizan cualquier excusa para plantearse la nulidad o la separación, y los que confían en el Señor y no se paran ante nada, sorteando cualquier obstáculo, contando con la ayuda de otros y siendo creativos. Éstos últimos, buscan siempre al Señor para que participe en su relación, y Él hará que salgan de su parálisis y Él perdonará sus pecados en el Sacramento de la Confesión. Y los que estamos alrededor, quedaremos atónitos dando gloria a Dios, como ya hemos hecho muchas veces ante las conversiones conyugales de las que estamos siendo testigos. Hoy tenemos que decir bien alto: “Nunca hemos visto una cosa igual”. Alabado sea el Señor.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Andrés: Echo la vista atrás y no me puedo creer todo lo que hemos superado juntos. Tantas crisis, tantas dudas, tantos apegos que teníamos, tantas heridas…
Marta: Sí, y cómo el Señor lo ha ido ordenando todo, lo ha ido poniendo en su sitio y todo ha cobrado sentido. Recuerdo cuando tú no querías rezar, y yo rezaba por ti, y recuerdo cuando te creaba un ambiente con velitas y música para estar conmigo e iba introduciendo conversaciones con el Señor.
Andrés: Y yo recuerdo cuando conseguiste que me convirtiera pero tú no querías nada más que hablar de Dios, y empecé a hablarte de la belleza del matrimonio según lo que explicaba San Juan Pablo II. Y cogíamos sus catequesis y las disfrutábamos juntos. Recuerdo que todo te parecía importante, todo lo subrayabas… me hacía mucha gracia.
Marta: Y cómo nos íbamos compenetrando, yo hablando a las esposas sobre el matrimonio, y tú profundizando en los temas y haciendo presentaciones para invitar a matrimonios y hablarles de su vocación. Te veía vibrar mientras hablabas, veía cómo se te ponía la piel de gallina cuando explicabas tanta belleza. Y luego yo lo aterrizaba a las cosas más cotidianas para que se pueda aplicar en nuestro día a día…
Andrés: Y eso sólo ha sido posible con la Gracia de Dios y apoyándonos en el magisterio de la Iglesia. Una pasada, cómo ha cambiado nuestra vida y cómo hemos cambiado ambos. Y cómo han cambiado muchos matrimonios a nuestro alrededor. Alabado sea el Señor.
Marta: Alabado sea por siempre.

Madre,

Hay muchos que no quieren encontrarse con Dios o no quieren reconocer su vocación. Algunos por indiferencia, a otros les produce incluso rechazo. Hay otros que no quieren perseverar, trabajar, esforzarse… Pedimos por ellos, Madre, para que ablandes su corazón, para que nos dejen llevarles ante el Señor y Él pueda curar su parálisis. Son muchos, Madre. Envíanos también esposos camilleros, dispuestos a subirse al tejado o donde haga falta por salvar a otros. Te lo pedimos, por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

No es la impureza la que separa. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 1, 40-45

EVANGELIO

La lepra se le quitó, y quedó limpio
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
-«Si quieres, puedes limpiarme.»
Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo:
-«Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
-«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a el de todas partes.

Palabra del Señor.

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No es la impureza la que separa.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Cuando uno se enamora, no puede evitar gritarlo a los 4 vientos. Las calles están llenas de pintadas con corazones y declaraciones de amor eterno. Pero ¿Qué pasa después? ¿Dónde está ahora la belleza de nuestro amor? Seguramente nos habremos decepcionado mutuamente y hemos dejado de ser una prioridad el uno para el otro.

Observemos cómo enamora Cristo:
– Se le acerca un leproso, considerado por tanto un pecador, que por su impureza tenía prohibido acercarse a nadie. Por Su fama, sabría que Cristo lo acogería.
– Pero Jesús, en su sobreabundancia, demuestra una ternura especial en su acogida, tocándole. Esto significaba quedar impuro inmediatamente a los ojos de todos. Su honor, su dignidad ante los demás quedaría afectada, pero Él da prioridad a demostrar Su cariño hacia aquel hombre.
– El leproso se sintió amado y curado, y no pudo evitar pregonarlo y divulgarlo bien alto.

Aplicando esta enseñanza a nuestra relación conyugal: Jesús nos enseña que no es la impureza la que nos separa, sino la falta de misericordia. Si Tú Señor que eres puro acoges con tanto cariño, ¿Por qué a nosotros que no somos puros nos cuesta acoger a nuestro esposo cuando peca?.

Hoy en día hacen falta matrimonios que se acojan mutuamente y griten a los 4 vientos el amor que sienten el uno por el otro. Pero para ello, es necesario pedir perdón y pedirnos perdón.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marga: Mamá, Juan me ha sido infiel ¿recuerdas? ¿Cómo me dices ahora que le perdone?
Alicia (Madre de Marga): Comprendiéndole, Marga. Entrando en su corazón y comprendiendo su debilidad. No hay otro camino. No mires la ofensa, mira a la persona, mira su fragilidad, su necesidad de ayuda para llegar a la santidad.
Marga: Ya, pero eso que dices es muy difícil.
Alicia: Eso que digo es amor. Lo otro es amor propio, es orgullo, es soberbia de no creerle digno de ti. No puedes mirarle desde arriba y machacarle el resto de su vida por haber sido un ruin despreciable. Eso destruye a las personas. Tenéis que reconocer la gravedad del acto, pero luego tienes que poner todo tu empeño en recuperar su dignidad, que vuelva a verse digno de ti.
Marga: Gracias, Mamá. Tú sí que eres una madre. Conozco otras muchas que odiarían a su yerno por lo que ha hecho Juan. Tú en cambio sabes reconocer el valor de las personas y del matrimonio.
Marga: El Señor nos lo enseña. Contémplale en el pesebre y lo entenderás.

Madre,

Es el momento de acercarnos a Jesús y suplicarle juntos de rodillas: Señor, si quieres puedes limpiar nuestro matrimonio. El Señor quiere, se comprometió con nosotros el día de nuestra boda. Sólo Él nos puede llevar a vivir el matrimonio tal como Dios lo pensó. Alabado sea el Señor.

Cuando “toco” su dolor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 1, 29-39

EVANGELIO

Curó a muchos enfermos de diversos males
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
-«Todo el mundo te busca.»
Él les respondió:
– «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido»
Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios

Palabra del Señor.

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Cuando “toco” su dolor.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El Evangelio de hoy nos muestra el final de un día en la vida cotidiana de Jesús. Cuando se retira a descansar a casa de Pedro, se encuentra con la suegra enferma y no puede evitar curarla. Muchas veces, llegamos a casa con el “chip” de descansar, y nos encontramos situaciones que requieren de nuestra atención, porque nos necesitan. Jesús no pone su descanso como prioridad a la necesidad de los demás, sino que descansa en la voluntad del Padre.

Dios se hizo hombre para servir y nosotros desde nuestra vocación, nos convertimos en esposos también para servir. Tanto es así que en el Catecismo de la Iglesia Católica, el Sacramento del Matrimonio está contenido en el apartado denominado “Los sacramentos al servicio de la comunidad”.

Lo que nos impide volcarnos en ese servicio, son los deseos desordenados fruto del pecado. La llamada “concupiscencia” es la búsqueda de la autosatisfacción en lugar de la auto donación. Dice San Juan Pablo II (Catequesis 22 de octubre de 1980):

La concupiscencia, impide la entrega en el servicio al esposo, porque se le da un “valor no bastante apreciado”. Se le “desvaloriza”, no reconociendo la dignidad que le corresponde. Parece que deja de merecerse ser servido con la intensidad con que lo hace Cristo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ramón: Hoy estoy especialmente cansado. Tengo unas ganas de llegar a casa…
(Al llegar a casa)
Ramón: Hola, Marta. ¿Qué te pasa? Te pasa algo, te noto rara.
Marta: Si no sabes lo que me pasa, empezamos mal.
Ramón: Vaya… algo he hecho mal, claramente. Pues perdona mi torpeza, pero no sé qué he hecho mal, de verdad.
Marta: Hace tiempo que estoy mal, te lo he dicho ya muchas veces, y no haces nada.
Ramón: (Piensa: Antes pensaría que ya está otra vez con lo mismo, que siempre está mal, que siempre está reclamando y con su victimismo… pero ahora sé que esto son síntomas de que necesita más atención, sentirse querida y valorada, así que es el momento de renunciar a mi cansancio y acercarme a ella hasta que me cuente todo lo que le pasa. Después descansará).
Al acabar aquel día, Marta se abrazó a Ramón. Marta se sentía mucho mejor, y Ramón sentía haber hecho lo que ella se merecía, porque su esposa vale un montón.

Madre,

Hoy vemos a Jesús, cercano al sufriente: Sobre todos y cada uno de los enfermos, ponía Sus santas manos, cerca de ellos, tocando su dolor. Cuando me acerco a mi esposo y “toco” su dolor, entonces comprendo su valor. Vale mucho y me duele verle sufrir.
Después de una larga noche de curaciones, se levanta de madrugada para orar. He ahí el secreto de Su amor, nos ve con la mirada del Creador. Enséñanos también a perseverar en ese amor. Amén.

Ahora lo entiendo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 1, 21-28

EVANGELIO

Les enseñaba con autoridad
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 21-28

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
« ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó:
«Cállate y sal de él».
El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos:
«¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra del Señor.

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Ahora lo entiendo.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Los escribas y fariseos difundían la Palabra de Dios, pero no sacaban los espíritus inmundos de la gente. Cristo en cambio, transmite la Palabra con autoridad, porque los espíritus inmundos lo obedecen, y sólo Dios es capaz de echar a los demonios.

Ahora lo entiendo. Hay veces que predico la Palabra de Dios en mi casa, a mi esposo, con esas “correcciones” que le hago instalado en mi posición de “yo lo hago y tú no”, y ¿qué descubro? Que no tengo ninguna autoridad sobre él/ella, y que no consigo echar a los espíritus inmundos, más bien al contrario, consigo que se instalen más si cabe en esa debilidad de mi esposo, provocándole además para que se revuelva contra mí o quizás huya por no oírme. Ahora lo entiendo. Sólo si echo los espíritus inmundos, estaré transmitiendo la Palabra en el nombre del Señor.

Así que he decidido cambiar de táctica. Voy a dejar de exigirle a mi esposo que sea más perfecto de lo que es, y en su lugar, voy a hacerle feliz. Voy a hacer que se sienta acogido por mí, que descanse en mí cuando llegue cansado, que tenga confianza en mí y me cuente sus cosas sin miedo a una reprimenda. Voy a ser su amigo, su confidente, quien le mima, quien le hace sentirse valorado, quien más misericordia tiene con él/ella. Creo que eso es lo que Dios me pide que le dé. En definitiva, voy a ser quien más le ame. Quizás así, comportándome como un verdadero esposo, Dios me dé autoridad para ayudarle y sacar lo mejor de él/ella.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Pedro: Cariño, reconozco que te estoy haciendo la vida imposible con tantas quejas sobre ti. Entiendo perfectamente que no te sientas valorada porque de mis labios no sale casi nada bueno cuando te hablo de ti. Pero quiero que sepas, que en realidad te valoro muchísimo, y quiero que cuando estés conmigo descanses en mí, que puedas estar relajada conmigo, que te sientas importante a mi lado, que puedas ser tú sin miedo a que te recrimine nada. Quiero que me sientas parte de ti porque te comprenda. No quiero enterrar nuestro amor en un montón de razonamientos y leyes que te impongo. Quiero que nuestro amor florezca hermoso, lleno de color.
María: (Llorando) Gracias, cariño. Ahora me siento mucho mejor. Yo haré lo mismo. Voy a quererte como eres, a dejar que seas tú y que te sientas admirado siendo tú. Sólo me importa una cosa en la vida, y es verte feliz. Todo lo demás es secundario para mí. Si tú eres feliz conmigo, yo soy feliz. Así que, no te juzgaré cuando te vea nervioso, te refugies en algo, cuando te vea amargado o abatido. En su lugar, me dedicaré a calmarte cuando estés nervioso, acompañarte cuando te sientas solo, a alegrarte cuando te vea triste, a animarte cuando te vea cansado. Creo que esa es la misión de esposa que Dios me ha encomendado.
Pedro: Gracias, preciosa. Te amo.
María: Te amo.

Madre,

A veces, a pesar de las dificultades de la vida, nos lo ponemos más difícil el uno al otro con tantas exigencias y tantos reclamos. Siempre pidiéndonos más, en lugar de hacernos la vida más sencilla, aliviarnos la carga mutuamente. Dios no quiere que actuemos como los fariseos, cargando fardos pesados sobre el otro, Dios quiere que nos amemos como Él, con ternura, comprensión y misericordia. Alabado sea el Señor que nos habla del amor con tanta autoridad. Él es el único Maestro. Amén.