Archivo por meses: junio 2018

Qué pasada!! Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 6, 7-15

EVANGELIO

Vosotros orad así
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros orad así:
“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Palabra del Señor.

Qué pasada!!

Solemos hablar de orar juntos. Hoy el Señor nos propone una oración que es el resumen de todo el Evangelio, y lógicamente tiene que haber muchos mensajes para el matrimonio en ella.
Que unos esposos nos cojamos de la mano y recemos juntos el Padrenuestro, bien rezado, conscientes de lo que decimos y decididos a actuar según lo que hablamos con el Padre, es fundamental. Si os parece, lo vemos aterrizado:

Aterrizado a la vida matrimonial:

Javier (Rezando junto a su esposa Miriam): Padre Nuestro: Hoy nos dirigimos a ti como hermanos que tienen un Padre común. Nosotros también somos padres ¿cómo queremos que se traten nuestros hijos? Esperamos que se quieran, que se traten según el amor que les tenemos. Cuanto más les queremos, más queremos que se quieran. Eso esperas de nosotros, Padre.
Miriam: …que estás en el cielo. Sí, Padre, tú nos esperas con los brazos abiertos allá donde tienes escritos nuestros nombres, donde tienes reservado un sitio para nosotros, juntos para toda la eternidad, si queremos ser hijos tuyos. Espéranos Padre, que caminamos cada día hacia ti.
Javier: Santificado sea tu nombre. Que todos te glorifiquen, Señor, que te alaben.
Miriam: Venga a nosotros tu Reino y hágase Tu voluntad. Queremos vivir nuestro matrimonio como Tú lo pensaste. Queremos ser fieles a la misión que nos has encomendado, y que Tú reines en nuestro matrimonio y en nuestro hogar.
Javier: …Danos hoy nuestro pan de cada día. Señor, necesitamos tu ración diaria de Gracia, de fe, de misericordia y por qué no, de alimento terrenal. Nos vemos como tus hijos, dependientes de ti y de tus favores ¿Qué haríamos sin ti?
Miriam: Perdona nuestras ofensas como también nosotros nos perdonamos cuando nos ofendemos. Todo procede de ti, Padre, pero el perdón, que es el don perfecto, especialmente. ¿No les exigimos a nuestros hijos que se pidan perdón? Porque sabemos que es la única forma de restituir el amor. Cristo es Tu Perdón. Que lo acojamos y lo administremos como se merece.
Javier: No nos dejes caer en la tentación. Sí, no te pedimos que nos quites las tentaciones, las permites porque sabes que las necesitamos para crecer, para ir forjándonos en un amor maduro, profundo, sincero, fiel.
Miriam: Y líbranos del mal. El Maligno es demasiado listo y demasiado fuerte para nosotros, y no podemos luchar contra él, pero Tú, Padre, eres mucho más fuerte, y puedes mantenerlo a raya. Líbranos del mal que nos separa, Padre.
Javier: Amén.
Miriam: Amén.
Javier: Después de contemplar esta oración al Padre, los dos, como niños mirando hacia arriba al gran Dios, me siento más pequeño y más unido a ti.
Miriam: Sí, y más seguros, más confiados en el Padre que tenemos.
Javier: Dios es nuestro Padre. Qué pasada!!

Madre,

Hijos de Dios. Menudo don. A veces estamos preocupados con tantas cosas…, que no caemos en la cuenta. Hijos Tuyos, e hijos de Dios!! Hoy, contigo, se alegra mi espíritu en Dios. Rezamos con Santa Teresa: Soberana Majestad, eterna sabiduría, Bondad buena al alma mía; Dios, Alteza, un Ser, Bondad: la gran vileza mirad, que hoy os canta amor así: ¿qué mandáis hacer de mí? Vuestro soy, pues me criaste, vuestro pues me redimiste, vuestro, pues que me sufriste, vuestro pues que me llamaste, vuestro, porque me esperaste, vuestro pues no me perdí, ¿qué mandáis hacer de mí?

Lo extraordinario del amor cotidiano. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 5, 43-48

EVANGELIO

Amad a vuestros enemigos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones:

Lo extraordinario del amor cotidiano.

El Señor nos envía para hacer algo extraordinario: Amar. Los esposos Beltrame Quattrocchi, se hicieron santos por vivir lo ordinario de manera extraordinaria. San Juan Pablo, en sus catequesis, nos invita a buscar lo extraordinario que hay en lo ordinario de nuestra vida conyugal. Vivimos sin darnos cuenta de la grandeza de la vida y de la misión que Dios nos ha encomendado. ¿Qué vivían de particular Adán y Eva antes del pecado? Nada. Reconocían en todo el don de Dios y se miraban con una mirada pura, contemplando la imagen de Dios el uno en el otro, viviendo así el uno para el otro. Veían una belleza en lo cotidiano que permanece oculta al hombre del pecado.

Solemos buscar lo extraordinario de la vida fuera de nuestra vida cotidiana: Viajes, relax, lujo, experiencias fuertes… Hoy podríamos decir: Si sólo amo a mi esposo cuando me ama ¿Qué hago de extraordinario? Ahí, amándole en su pecado, hay una belleza, que no soy capaz de ver. Amemos como nuestro Padre celestial y descubriremos lo extraordinario del amor cotidiano.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ana: No me quiere, no tiene detalles conmigo, no me ayuda en casa, no habla conmigo ni me cuenta sus cosas, está absorbido por su trabajo, tiene mal humor… ¿Es esto lo maravilloso del matrimonio? Si cambia me lo creeré, pero de momento, no me creo nada.
Jaime: Ella está histérica la mitad de los días, no le gusta cómo soy y me quiere cambiar, todo el día corrigiéndome, no valora mi trabajo, siempre que hablamos es para recriminarme todo lo que no he hecho por ella, no hace más que quejarse… Yo creo que el problema está en ella, y la que tiene que cambiar es ella.
Matrimonio Tutor: Bueno, parece que tenéis facilidad para ver los defectos del otro. Pero ¿Por qué no os amáis? ¿Qué os impide amaros?
Ana: Pues ¿No te lo he dicho ya? ¿Cómo voy a querer a un hombre que me hace la vida imposible?
Jaime: La que me hace la vida imposible eres tú, Ana.
Matrimonio Tutor: Podéis seguir así toda la vida, tirándoos los trastos el uno al otro, o podéis optar por amaros a pesar de las limitaciones y pecados del otro. Dios me ama a pesar de mis pecados. Cuanto más peco, más interés pone en rescatarme. Una pregunta, Jamie: Imagínate esta escena. Tu esposa está en el fango, medio hundida, ya casi no puede respirar y cada vez se hunde más. Se va a asfixiar de un momento a otro. ¿Te lanzarías a rescatarla?
Jaime: ¡Pues claro!
Matrimonio Tutor: ¿Y cómo te sentirías después de haberla salvado? ¿Después de una heroicidad en la que te has jugado la vida por ella?
Jaime: Me sentiría muy aliviado, contento, feliz. La colmaría de besos.
Matrimonio Tutor: En eso consiste el matrimonio, en salvaros el uno al otro entregando vuestra vida. Pensadlo: Los dos estáis en el fango, medio asfixiados por la vida, por las prisas, por vuestras debilidades, por los problemas… Ya veréis lo bien que os sentís en cuanto empecéis a luchar por salvaros mutuamente.

Madre,

Es maravilloso lo extraordinario del amor. Al principio cuesta, es desagradable, pero luego trae consigo unos frutos maravillosos. Qué misericordioso es Dios Padre, que envió a Su Hijo único para que nos mostrase la grandeza del amor. Alabado sea el Señor.

Ama hasta descolocarle. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 5, 38-42

EVANGELIO

Yo os digo que no hagáis frente al que os agravia
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones:

Ama hasta descolocarle.

Si me aplico este Evangelio y me imagino dándole también el manto al que me quiere quitar la túnica, me puedo sentir un poco imbécil. Pero si me pongo en el lado del que está quitándole al otro la túnica, y de repente veo que, no solo me da la túnica sin resistirse, sino que además me da el manto, puede que me descoloque y me convierta. Eso hizo Jesús por mí. Su sobreabundancia me descoloca y me convierte.

Aterrizado a la vida matrimonial y familiar:

Recuerdo un día, cuando nuestros hijos eran pequeños. Estábamos en un hotel familiar en verano, y bajé a las 8:00 a reservar unas tumbonas (cosa que hacíamos a pesar de estar prohibido) en primera línea para poder estar viendo a nuestro hijo pequeño mientras se bañaba, sin tener que estar de pie todo el día junto a él. A las 8 en punto abrían las piscina así que entré y aligeré el paso para poner nuestras toallas encima. De repente, se me acerca uno muy enfadado y me tira al suelo las toallas de dos de mis tres tumbonas, mientras ponía las suyas, arguyendo que yo había entrado unos segundos antes de la hora y que no era justo. Yo había cogido tres tumbonas, así que, por la gracia de Dios, le dije: Prefiero quedarme sin tumbonas pero lo último que quiero es que tú te lleves un mal rato por mi culpa. Y le dejé también libre la tercera tumbona, yéndome a otro lado un poco más apartado.
Durante todo el día, observé que de vez en cuando, aquel hombre se me quedaba mirando.
Por la noche, nos fuimos a arreglar porque había espectáculo de niños, pero llegamos tarde y ya no había sitio. Aquel hombre y su familia, nos hicieron señas y se achucharon para dejar sitio a nuestros dos hijos en primera fila.
Ese día entendí, que el amor que descoloca, el amor que parece una locura a los ojos del ser humano, es el que transforma a los demás. Ese día entendí la grandeza de los mártires, ese día, entendí la fuerza transformadora del amor de Cristo en la Pasión.
Entendí que, si quiero ayudar a que mi esposo se convierta, debo practicar este tipo de “locuras de amor” que descolocan.

Madre,

El amor es más fuerte que el orgullo, que el egoísmo, que la vanidad… es más fuerte que la muerte. Con las armas del Amor de Dios lo podemos todo. Son muchos los matrimonios que se han transformado por el amor “desproporcionado” de uno de los dos. No es suficiente con aguantar, el amor es generoso, sobreabundante. Muchas veces he experimentado cómo, amando al esposo cuando me agravia, puedo sanarle. Alabado sea el Señor que nos abre los ojos para entender la verdad del amor. Amén.

Para chuparse los dedos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 4, 26-34

EVANGELIO

Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Dijo también:
«¿Con qué compararemos el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones:

Para chuparse los dedos.

Rápido e indoloro. Así nos gustaría que fuera todo en la vida, pero el reino de Dios no se construye así. Las prisas no son de Dios, porque Dios es eterno. Las prisas son del Diablo, que tiene los días contados, y utiliza esta arma para crear desesperanza, para que nos cansemos y tiremos la toalla. Pero el amor es paciente, es como ese buen guiso que va cogiendo sabor y textura, a fuego lento. Sí, el buen amor se forja a fuego lento. Poco a poco, la gracia de Dios, nos va transformando, poco a poco el amor de Dios sembrado en nuestro corazón y regado a diario con la oración, con la Eucaristía, con el esfuerzo diario, va transformando el nuestro y así, sin darnos cuenta, porque sino nos envaneceríamos, se va construyendo la Caridad Conyugal. Nuestro amor va cogiendo textura, va cogiendo sabor, hasta que no quieres perderte nada porque lo que vives está “para chuparse los dedos”.

Los esposos que acogen la palabra, descubren la mano de Dios en su matrimonio. Es el Proyecto de Amor de Dios que va creciendo en nosotros. Dejemos libre a Dios, que actúe a Su ritmo, deseemos ser la obra de arte de Dios.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Jose: Creo que estamos perdiendo el tiempo, no veo avances entre nosotros. Ni en ella, ni en mí.
Matrimonio Tutor: ¿Estás seguro? Nosotros, hace un año que os conocemos, y vemos que ha cambiado vuestro concepto del matrimonio, que ahora tiene una prioridad nueva en vuestras vidas. Vemos que habéis atraído a otros matrimonios hacia este camino. Y sobre todo, vemos la tentación: No sirve, lo dejo.
María: Yo también la veo.
Matrimonio Tutor: Mirad, tenéis que tener paciencia. La paciencia tiene mucho que ver con la humildad y con la misericordia. La paciencia hacia uno mismo, es camino de humildad, porque así reconozco lo poco que soy y lo mucho que necesito de Dios. Y hacia los demás, la paciencia se transforma en misericordia, porque así dejo de ser exigente con mi esposo, y me vuelvo comprensivo con sus limitaciones, y me lleno de deseos en ayudarle.
Jose: Me parece muy importante, la paciencia, para construir nuestra relación de amor.

Madre,

Ya lo dice San Pablo. El amor es paciente. Es lo primero que dice sobre el amor. Una paciencia que es sinónimo de comprensión. Es el primer requisito para que el amor crezca. Debo ser paciente con mis limitaciones y con las de los demás, y dejar a Dios ser Dios. Alabado sea el Señor, que sabe lo que me conviene.