Archivo por meses: noviembre 2017

Ponerlo todo en juego. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 25, 14-30

EVANGELIO

Como has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu señor
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
“Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
“Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
Su señor le dijo:
“¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:
“Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».

Palabra del Señor.

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Ponerlo todo en juego.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Dios hace un reparto de dones a uno y a otro, según Su voluntad. Serán normalmente diferentes, para que podamos ser complementarios. ¿Y qué hago con ellos? Puede que le exija a mi esposo que tenga los mismos que yo. Puede que, como no lo hace (porque no los tiene) decida yo no invertirlos en él/ella como represalia. Y cuando el Señor me pregunte qué he hecho con los dones que me dio, ¿Qué le diré? ¿Qué mi esposo no respondía como yo?

Si Dios me ha dado un don, tengo que ponerlo todo en juego, para mayor gloria de Dios.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Paco: Y si mi mujer no responde a la fe al mismo ritmo que yo ¿Qué tengo que hacer? Porque si ves que ella no persigue entregarse como Cristo, no vas a estar tú haciendo el panolis. Pues si ella no quiere…
Ramón: Paco, tienes que preguntarte qué quiere Dios de esa situación que está permitiendo, pero lo que seguro que no quiere es que tú no respondas a lo que Él te pide. Recuerda que tu vocación es una llamada de Dios y es a Él a quien respondes, y Él te lo ha dado todo. Un corazón humillado, Dios no lo desprecia. Ya lo verás.
Paco: Gracias, Ramón. Veo que en esto, tengo una misión encomendada por Dios. Gloria a Él.

Madre,

Cuántas veces verías tú que San José era pecador y Tú no. Y sin embargo le tratabas como un igual y te sometías a él y a sus decisiones. Qué hermosa manera de responder al Amor con mayúsculas. Bendita Madre.

El roce hace el cariño. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 18, 1-8

EVANGELIO

Dios hará justicia a sus elegidos que claman ante él
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.
«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
“Hazme justicia frente a mi adversario”.
Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo:
“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».
Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Palabra del Señor.

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El roce hace el cariño.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Por la oración nos vamos introduciendo en la intimidad de Dios. Como el niño que se introduce en la cama de sus padres porque tiene miedo de la tormenta, así, la Santísima Trinidad nos acoge en su intimidad para protegernos. Debemos recuperar esa imagen del Padre que nos protege y gracias al que no debemos temer nada. El roce hace el cariño. No tanto porque Él no nos ame, sino porque nosotros debemos aprender a amarle. De ahí la importancia de perseverar en la oración, como nos dice hoy el Señor. Y qué mejor que acercarnos los esposos juntos, conocerle juntos, hacerle presente en nuestros ratos de conversación.

Nosotros, que trabajamos con matrimonios, lo vemos claro. La mayoría de los problemas vienen de no perseverar en la oración juntos. Dios quiere que insistamos en la oración y no nos preocupemos si podemos resultarle “cansinos”, pues así probamos la fe, la confianza y el amor filial que le tenemos. Dios escucha siempre nuestra oración, pero sólo Él conoce el mejor momento para responder a esa oración y si lo que pedimos nos conviene o hay un camino mejor para nuestra santidad.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Raúl: Estuvimos 1 semana rezando juntos, y la experiencia fue buena. Pero luego, por falta de tiempo lo dejamos.
Pedro: ¿Y cómo estáis ahora tu mujer y tú?
Raúl: Mal, la verdad.
Pedro: Mira, Raúl, la oración sólo funciona si perseveras. Es mi experiencia. Cuando le demuestras tu fidelidad a Dios, Él siempre responde. Quédate con esta frase que te voy a decir. No existe ningún matrimonio sobre la tierra, que recen juntos a diario, y les vaya mal.
Raúl: ¿En serio?
Pedro: Yo desde luego, no conozco ninguno.
Raúl: Me queda claro, Pedro. Ya sé qué hacer.

Madre,

El Señor no defrauda nunca. El Espíritu une más que la fuerza de la carne, y se nota muchísimo. El Espíritu es el Amor de Dios, y nada puede compararse a los lazos que Él construye. Alabado sea Jesucristo que se fue para enviarnos al Paráclito. Amén.

El caso del epitafio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas, 17, 26-37

EVANGELIO

El día que se revele el Hijo del hombre
Lectura del santo Evangelio según san Lucas, 17, 26-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre.
Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente el que esté en el campo, no vuelva atrás.
Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda la recobrará.
Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».
Ellos le preguntaron:
«¿Dónde, Señor?».
Él les dijo:
«Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».

Palabra del Señor.

Notas: 

  1. Hoy comienza el retiro de Matrimonios en Málaga. Pedimos oraciones por los frutos que Ntra. Madre quiere dar a todos y cada uno de los participantes.
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El caso del epitafio.

Hoy el Señor nos habla de una vida gobernada por la rutina del día a día. Puede que yo sea uno de tantos que no tienen rumbo ni un proyecto de vida en el que creer hasta el final de sus días. Son muchísimos los que viven sin saber para qué. Puede que, simplemente me esté dejando llevar por las circunstancias de cada día. Pero ¿Eso es vida?

Si estoy en esa situación, es señal de que me falta enamorarme de mi vocación. Puede que no haya descubierto que he sido llamado para realizar algo GRANDE. Una misión que me supera en mucho. Y claro, qué triste sería que se acabase mi vida y no hubiera ni siquiera saboreado la belleza y la grandeza de mi vocación al matrimonio.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Pedro: (Tomando un café entre amigos) Andrés, cuando mueras ¿Qué te gustaría que pusiera en el epitafio?
Andrés: Ni idea. ¡Qué cosas piensas! Anda, déjame que me da mal rollo hablar de muertos…
Pedro: Pues creo que deberías pensarlo. Por qué frutos de tu vida quieres que se te recuerde. Eso significa que tienes un objetivo en la vida y que dedicas la mayor parte de tus esfuerzos a él.
Andrés: Bueno… vale, pues ya que tú pareces tenerlo tan claro, dime: ¿Qué te gustaría que pusiera en tu epitafio?
Pedro: A mí me gustaría que dijese: Fue un gran esposo y padre, con la ayuda del Señor. Y firma: Mi esposa y mis hijos.
(Al día siguiente)
Marta: (Esposa de Andrés) (Llorando) ¡Andrés! ¡Qué desgracia! ¡Ha muerto Pedro!
Andrés: ¡Qué me dices! No me lo creo. Pero si estuve ayer con él… y estaba tan normal… no puede ser…
(En el entierro)
En la lápida ponía: “Fue un gran esposo y padre, con la ayuda del Señor. María y sus hijos…”
Andrés: María, te acompaño en el sentimiento. Veo que has puesto el epitafio que a él le gustaba.
María: (Entre sollozos) ¿Ah sí? ¡No lo sabía! Alabado sea el Señor.
Aquel día, Andrés eligió ese mismo epitafio para él y se puso manos a la obra.

Madre,

Es cierto que la vida de esposos es dura, pero hermosa. Cada dificultad me ayuda a crecer, cada desaire me da la posibilidad de amar de verdad. Madre, ayúdanos a prepararnos juntos, mi esposo y yo, para la llegada del Hijo del Hombre. Él nos llevará a la plenitud. Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo.

Ji ji ji ji… Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas, 17, 20-25

EVANGELIO

El reino de Dios está dentro de vosotros
Lectura del santo Evangelio según san Lucas, 17, 20-25

En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús:
«¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?».
Él les contesto:
«El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: “Está aquí “o “Está allí”, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros».
Dijo a sus discípulos:
«Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis.
Entonces se os dirá: “Está aquí “o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».

Palabra del Señor.

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Ji ji ji ji…

El mundo busca fuertes sensaciones. En lo religioso, puede parecer que cuanto más llamativo, más de Dios es. Pero la realidad es que aunque Tú lo puedes todo y puedes hacer el milagro más llamativo, tu proceder es sencillo y silencioso. Cada día haces milagros en mí cuando estoy abierto a recibirlos, deseoso de buscarte y admirarte en cada momento. Deseoso de tenerte en cuenta y actuar como Tú sin dejarme llevar por mí. Entonces, haces el gran milagro y el más hermoso: Me haces avanzar un poquito hacia la santidad.

Jesús gracias por haber padecido tantísimo por mí y mi familia para dejarnos Tu Reino de Amor. Te pido perdón por las veces que no estoy dispuesto a padecer renunciando a mis tendencias egoístas.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Teresa (Hija de María): Mamá.
María: Dime hija.
Teresa: ¿Por qué se pelean tanto los padres? Ayer, en casa de Laura, sus papis se enfadaron mucho y se decían cosas muy horribles.
María: Vaya por Dios, pero ¿Estaban delante de vosotras?
Teresa: No. Estaban en su cuarto, pero se les oía mogollón. Como gritaban tanto… Vosotros no os enfadáis casi y si os enfadáis no decís cosas tan horribles y además os dura poquito y os pedís perdón en seguida. ¿Por qué vosotros no os enfadáis casi y los otros padres se enfadan mucho?
Teresa: Eso es porque rezamos juntos, y nos esforzamos por hacer lo que el Señor nos dice. Y también tenemos ese secreto de pedirnos perdón en seguida. Así no nos hacemos más daño y cuesta menos arreglarlo ¿Verdad?. Eso se llama hacer presente el reino de Dios en esta casa: Que reine Él y no hagamos lo que queramos, sino Su voluntad.
Teresa: ¡Qué guay! ¡El Reino de Dios! Que venga, que venga… ¿Sabes que no conozco a ningunos padres que se quieran tanto como vosotros?
María: ¿Ah sí?
Teresa: Sí. Estoy muy contenta de que estéis tan enamoraditos y os deis muchos besitos. Ji ji ji ji

Madre,

¡Oh dulce y bendita Madre! Tú que fuiste una con Jesús dile que queremos que nuestra única preocupación sea, cómo vivir bien cada momento según Él y así vivir el amor recíproco y la paz entre nosotros. En medio de este mundo, viviremos Su reino.

Aprendiendo a recibir. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 17, 11-19

EVANGELIO

¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo:
«Id a presentaros a los sacerdotes».
Y, sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor.

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Aprendiendo a recibir.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El agradecimiento es la relación normal que debe haber entre el bienhechor y el beneficiario. ¿Qué otro tipo de relación debería tener con Dios? Me pregunto cuántas veces no soy agradecido, cuando debería estar constantemente en esa actitud. Pero a agradecer, también se aprende. ¿Cómo? Aprendiendo a recibir. Hay gente que no apetece darle nada porque se sabe de antemano que no van a valorar lo que les des, y puede que esta sea mi actitud con Dios. Puede que esté más pendiente de los “peros” que pongo a lo que me ha dado, que de lo que he recibido.

Pero hoy quiero repasar la lista de lo recibido, Señor. Es interminable. ¿Qué hay en mí que no haya recibido? Y estoy tan contento con la vida, con el esposo que me has dado, con mis hijos, con la gente que me quiere, con lo que tengo, con lo que me espera, con Tu promesa… En esto de aprender a recibir, tengo que seguir mejorando. Alabado seas por siempre, Señor.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Jorge: Me quedé tan sorprendido de verlos tristes. Los dos jóvenes, sin apuros económicos, es más, bastante holgados. Físicamente bien parecidos, con varios hijos súper majos, su buena casa… Los dos personas profundas, cristianos, etc. Y son unos desgraciados.
Marga: Pues no lo entiendo. Que me dejen a mí en su lugar.
Jorge: ¿Ves? A esto me refiero. Tú estarías dispuesta a cambiarte por ellos ¿Por qué? ¿No valoras lo que tenemos?
Marga: Sí, pero a nosotros no nos sobra el dinero.
Jorge: ¿Y qué? La gente que lo tiene no es feliz tampoco. Te habitúas a lo bueno y dejas de apreciarlo. Y en cambio, a lo malo no hay manera de habituarse. Tenemos que aprender a dar gracias constantemente. No verás triste a nadie que dé las gracias. No verás quejoso a nadie que dé las gracias. No verás prepotente a nadie que dé las gracias. A lo mejor es esa actitud de agradecimiento la que nos hace vivir felices ¿No te parece?
Marga: Qué importante lo que dices. Pues tienes razón. A partir de hoy, voy a dar constantemente las gracias a Dios y a ti, por todo lo que me dais.
Jorge: ¿Sabes a dónde te llevará eso además de a la alegría?
Marga: No.
Jorge: A la humildad.

Madre,
Ahora entiendo por qué empiezas tu oración del Magníficat con esa frase: “Proclama mi alma la grandeza del Señor” Esa es tu actitud de agradecimiento que te llena el alma de alegría. Dame querida Madre el don de la gratitud, para que sepa siempre recibir como corresponde todo lo que Dios me da. ¡Gracias Señor! ¡Gracias! Alabado seas por siempre.