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En las penas, también me estás amando. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 13, 44-46

EVANGELIO

Vende todo lo que tiene y compra el campo
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra».

Palabra del Señor.

En las penas, también me estás amando.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

En la primera parábola que relata el Señor, el reino de los cielos es un tesoro. Sin embargo, en la segunda, el reino de los cielos se parece al comerciante, y no a la perla. Es la actitud de alegría y el empeño del comerciante la que hace presente el reino de los cielos en la escena.

En nuestro caso, no tenemos que buscar la perla. La Perla está clara. Es Cristo, es el amor de Dios hacia mí y en mí. Entonces, lo que este Evangelio me llama a preguntarme es: ¿Qué obstáculo hay entre Dios y yo, que me impide tener esa actitud de alegría que tiene el comerciante? Mira un hombre triste y verás un pecador. Es verdad que nos vienen ciertos sentimientos de tristeza ante las circunstancias duras de la vida, y estos sentimientos son inevitables, pero no debemos darles cobijo. Dios nos da poder para vencerlos, los hijos de María se caracterizan porque tienen Madre y Padre, y dan gracias a Dios en lo bueno y en lo ¨malo¨.

Son pruebas de fe en las que, lo que tengo que decir es: Señor, en esta dura situación sé que también me estás amando.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Pablo: (Pensativo y triste)
Cristina (Esposa de Pablo): Pablo, alegra un poco esa cara de amargado, ¡Hombre!.
Pablo: (Piensa: He tenido un mal día. Me ve triste y ni siquiera me pregunta. No le importa, y encima me lo recrimina)
Pablito: Mamá, ¿Qué le pasa a papi que está tan serio? Me acerco y no quiere jugar ni hablar conmigo.
Cristina: Pues no sé, hijo. No te preocupes, ya se le pasará.
Pablo: (Reza: Señor, me estoy regodeando en mi tristeza y llamando la atención en plan víctima. Dios mío has permitido que tenga un día así, para crecer y te pido perdón porque no he dejado de mirarme. Sé que me amas también en esta situación, incluso más, y quiero responderte como te mereces. ¡Voy a entregarme con una sonrisa! Porque Dios me está amando también en esta situación.. ¡Pablitoooo! Ven aquí, campeón, vamos a jugar ¿Vale?
Pablito: ¡Bieeennn! Mami, Mami, ¡Papi está contento otra vez!.
Pablo: Sí, claro. Porque soy muy afortunado con tanto amor y me gusta estar con vosotros. ¡Cristina!, Un beso a la esposa más estupenda del mundo, que llevo toda la mañana sin verte.
Cristina: Sííí. Por cierto ¿Cómo te ha ido?
Pablo: Mal, pero no permitiré que esto me domine y nos afecte, ha sido una oportunidad para amar en la dificultad y aunque haya tardado en reaccionar, ahora la quiero acoger.
Cristina: ¡Ese es mi Pablo! ¡Chócala! Prueba superada Jajaja
Pablo: Te amo.
Cristina: Yo también a ti
Pablito: (Aunque jugando, se empapa de la lección de amor de hoy entre sus padres)

Madre,

Que nuestra alegría sea siempre reflejo del amor de Dios, que nuestros gestos sean agradables a sus ojos, que siempre nos encuentre con una sonrisa basada en la fuerza de la fe y en la esperanza. El Señor se merece el consuelo de nuestro agradecimiento. Alabado sea el Señor que tanto nos ha amado y nos ama.