Archivo por meses: julio 2017

Manjar de dioses. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 13, 1-9

EVANGELIO

Cayó en tierra buena y dio grano
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron.
Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.

Manjar de dioses.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

En la primera lectura, vemos como Dios hace caer el maná del cielo para alimentar al pueblo de Israel en el desierto. El Señor comparte su Sabiduría con nosotros a través del Evangelio, en el desierto de la vida que andamos cruzando. Y yo mientras qué hago ¿Quejarme como el pueblo de Israel? O acoger la Palabra y vivirla en cada situación de mi día.

Por eso un esposo nuevo, es el que ha acogido la Palabra y la escucha y se esfuerza por entenderla y vivirla, saliendo de su propia lógica, para entrar poco a poco en la lógica de Dios. Eso hará su matrimonio nuevo y lleno de vida, porque el amor, genera vida.
Jesús hoy explica los misterios del reino, porque el hombre, viendo no ve y oyendo, no oye ni entiende, porque su corazón se ha endurecido.
¿Con quién me identifico?

Aterrizado a la vida matrimonial:

1) Al borde del camino: Cariño ¿Te vienes a leer el Evangelio conmigo? – No, yo no entiendo nada. Eso no es para mí.
2) Terreno pedregoso: Qué pasada! Hace una semana leía el evangelio con mi esposo todos los días y nos estaba ayudando muchísimo en nuestra relación. – Y ¿No seguís rezándolo juntos? – No, a ver si lo retomamos algún día…
3) Entre abrojos: Nosotros, sabemos que rezar el Evangelio juntos es clave para el matrimonio, pero entre la casa, los niños, que llegamos cansados, para lo único que nos quedan fuerzas es para ponernos con la tele o la tablet y relajarnos…
4) La buena tierra: Nosotros dejamos lo que haga falta, pero jamás nos acostamos sin haber rezado el Evangelio juntos. Es lo más importante del día y sabemos que si no lo hacemos, poco a poco nos desviamos y volvemos a las andadas. Además, nos une mucho el Espíritu. Hace nuestro matrimonio nuevo.

Madre,

Damos gracias a Dios por Su generosidad infinita y le pedimos perdón por las veces que no acogemos todos los dones que nos ofrece para llegar a Él. Alabado sea nuestro Padre, que nos cuida y nos alimenta. Amén.

Fidelidad creativa. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 20, 20-28

EVANGELIO

Mi cáliz lo beberéis
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
¿«Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron:
«Podemos».
Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.

Fidelidad creativa.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy celebramos el día de Santiago Apóstol. Vemos a los apóstoles en una escena vergonzosa. Cada vez que aparecen, mientras están con Cristo, meten la pata de una manera estrepitosa. Sin embargo, son las columnas de la Iglesia.

¿En qué se diferencian los apóstoles de los demás? En su fidelidad creativa al Señor. La perseverancia no consiste en marcarnos unas obligaciones forzadas que si cumplimos nos tranquilizan y si no cumplimos nos frustran. La fidelidad es creativa, es la del enamorado que busca al amado. Santiago y Juan querían estar el uno a la derecha y el otro a la izquierda de Cristo ¿Es malo eso? Quizás sea un poco pretencioso, pero es pura pasión por el Señor. Eso les movía y eso les llevó incluso a morir por Él.

La fidelidad en el matrimonio es signo sacramental de la de Cristo por su Iglesia. Y nuestra fidelidad debe ser también creativa. Atentos el uno al otro, ilusionados el uno con el otro. Somos esas nuevas columnitas de la iglesia doméstica, esos enamorados que Dios tiene que fortalecer para ser capaces de sostener nuestra familia.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Cada uno intentaba imponer sus costumbres, sus gustos y sus normas. Cada uno pensaba que las suyas eran las buenas. Pero el Señor les da un toque de atención. Los que tiranizan y oprimen, esos no son grandes a los ojos de Dios. Así que iniciaron una especie de juego de amor. Sus esfuerzos se basaban ahora en ser creativos en su servicio al otro. El primer día, él le escribió una bonita nota de amor, y se la dejó a ella en la mesita para cuando se levantara. Ella por su parte, fue al trabajo de él a la hora de comer, para comer juntos, que sabía que a él le gustaba. El resto del día, transcurrió con normalidad, pero se habían esforzado el uno por el otro, y eso lo hacía diferente. El segundo día, él renunció a ver el partido y dedicó ese rato a preguntarle a ella cómo estaba y qué necesitaba de él. Ella por su parte, le regaló unas entradas para ver a su equipo de fútbol juntos el fin de semana. Incluso apareció con la cara pintada con los colores de su equipo, lo que a él y a los niños les hizo mucha gracia. Se hicieron fotos y todo…
Ambos estaban dispuestos a beber el cáliz que significa el sacrificio personal, pero la recompensa será grande.

Madre,

Con qué poquito esfuerzo al día, podemos ser esposos apasionados del amor de Dios. Esto es lo que nos hace agradables a Sus ojos, que nos sirvamos mutuamente. Sabemos que no estaremos cerca de Él si no bebemos su cáliz. Es un trago duro, pero estaremos con Él si lo bebemos. Merece la pena esforzarse. Gracias Señor por dar Tu vida en rescate por mí, ayúdame a darla yo con la alegría de saberme salvado. Amén.

Para mostrar Su gloria. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 12, 38-42

EVANGELIO

Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 12, 38-42

En aquel tiempo, algunos escribas y fariseos dijeron a Jesús:
«Maestro, queremos ver un signo tuyo».
Él les contestó:
«Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.
Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».

Palabra del Señor.

Para mostrar Su gloria.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

En la primera lectura, el pueblo de Israel, perseguidos por el potente ejército egipcio, se veían sucumbir. Pero Moisés mantiene la confianza en Dios, y Dios abre el mar Rojo para que puedan cruzar, haciendo que el ejército egipcio se ahogue, para demostrar Su gloria.

Mientras seamos esposos de Su pueblo, y confiemos en Él siguiendo el camino que nos marca por difícil que parezca, nada tenemos que temer. Es en los momentos de persecuciones y cruz, cuando a través de nuestra obediencia, el Señor puede mostrar Su gloria. Abrirá el mar y sucumbirán los enemigos de Dios por muy poderosos que sean, para mayor gloria Suya.

Llevado a la vida matrimonial:

Ana: Señor, llevamos un tiempo caminando en este itinerario, trabajando nuestro matrimonio, y hay cosas que no cambian. Yo sigo siendo muy orgullosa, mi esposo sigue siendo muy poco comprensivo, y discutimos mucho.
Pedro: Ana, yo voy a dejar de ir a las reuniones de matrimonios. Pasa el tiempo y no veo cambios en ti. Creo que esto no sirve para nada.
Ana: Pedro, lo he hablado con el Señor en la oración. Me gustaría rezarlo también contigo. El matrimonio lo tenemos que construir durante toda la vida, no hay que tener prisa. Él irá haciendo pero tenemos que ser perseverantes, porque Dios muestra su gloria a través de la cruz. Debemos estar contentos de vivir estas cruces y confiar en que Él lo hará todo nuevo.
(Un año más tarde)
Ana: Pedro ¿Qué tal vas viendo nuestra evolución?
Pedro: Tenías razón. Nuestro matrimonio está mejorando mucho, es verdad que seguimos en camino y hay aspectos en los que tenemos que seguir creciendo, pero estamos mucho más unidos, más ilusionados, más concienciados de nuestra vocación. Yo me veo haciendo cosas que hace un año eran impensables para mí.
Ana: Gloria a Dios. Él hace proezas con su brazo.

Madre,

Una vez, en Medjugorje, nos marcaste el camino del Magníficat para nuestro matrimonio. Hoy las Lecturas nos hablan de ello. El Poderoso se fija en mi humillación y hace obras grandes por mí. Él hace proezas con Su brazo, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. Alabado sea el Señor que es inmensamente generoso con los que confían en Él.

En construcción. Comentario el Evangelio para Matrimonios: Mateo 13, 24-30

EVANGELIO

Dejadlos crecer juntos hasta la siega
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
“Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”
Él les dijo:
“Un enemigo lo ha hecho”.
Los criados le preguntaron:
“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”
Pero él les respondió:
“No, que, al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

Palabra del Señor.

En construcción.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Una vez, hace muchos años, ella le dijo a él: Ten cuidado, porque si cambias de mí aquello que no te gusta, puede que cambie también aquello que te gusta y lo pierdas. Quizás fuera una luz del Espíritu Santo, pero así lo dice el Evangelio de hoy. Tenemos luces y sombras, dones y carencias, buenas obras y pecados. Y con ese ramillete, convivimos en el matrimonio. El Señor nos dice que no intentemos separar lo bueno de lo malo del otro, porque puede que por querer quitar lo malo, perdamos también lo bueno.

Aterrizado a la vida matrimonial:

1. Uno: Señor, mi mujer no tiene iniciativa. Hay que estar siempre tirando de ella. Si cambiara, las cosas irían mucho mejor. El otro: Señor, mi esposa es un manojo de nervios, me tiene agotado, siempre activa, siempre inventando. Si fuera un poco más tranquila…
2. Una: Señor, mi está siempre ocupándose de los niños, y me tiene abandonada. No se fija en mí ni me dice un triste piropo, ni un beso. Necesito tanto cariño, que me abrazaría a una farola. La otra: Señor, mi esposo no para de decirme cosas, todo muy romanticón, pero luego no hace nada con los niños y me cae a mí toda la carga. Dice que me quiere mucho, pero de boquilla. A ver si no se le va la fuerza por la boca y ayuda un poquito más en casa. Te lo pido.

El Señor: Querido hijo/a. ¿Por qué no acoges al esposo que te he dado tal como es? ¿Piensas que me he equivocado? No me he equivocado. Es tu mirada vanidosa y exigente, la que te impide amar a tu esposo imperfecto. ¿Acaso crees que tú eres perfecto? No, ambos estáis en construcción, tenéis que poner en juego todos los dones recibidos, para juntos, llegar a ser aquello que estáis destinados a ser. Hijos del Padre. Ánimo, aceptaros con vuestras limitaciones, y yo os haré grandes regalos para construir el reino de los cielos en vuestro hogar, con vuestros hijos.

Madre,

Acogemos el don de Dios, tal como es, con su trigo y su cizaña. No somos quién para intentar separar el uno de la otra. Este es el proyecto de Amor de Dios para mí, y lo quiero tal como Él lo quiso. Alabado sea el Señor, que me entrega un don tan precioso como mi esposo y mi matrimonio, para así, crecer juntos. Amén.

Incapaces de reconocerle. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 20, 1. 11-18

EVANGELIO
Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1. 11-18

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».

Palabra del Señor.

Incapaces de reconocerle.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

San Juan Pablo II dice que estamos como amenazados por una insaciabilidad de la comunión. Tenemos inscrita en nuestra alma esta necesidad de un amor recíproco, perfecto y verdadero. María lo había encontrado en Cristo, de repente se lo arrebatan y se queda como cegada, incapaz de reconocer al Señor que está junto a ella.

A veces en el matrimonio me pasa esto. Estoy como cegado por esa necesidad que tengo de una comunión de amor profunda y verdadera, y no soy capaz de reconocer lo que tengo, el don de mi matrimonio, y los signos del amor de Dios en mi esposo, en mis hijos y en todos los dones que pone a mi alrededor.

Dios está vivo, está presente en mi vida. Me falta reconocerlo.

Aterrizado a la vida matrimonial:
Buscaba una mujer con la que compartir mi vida, y pensé que la había encontrado. Me enamoré de ella. Era preciosa, me encantaba todo de ella. Su manera de andar, de sonreir…
Nos casamos y su imagen se tornó oscura. La veía muy exigente conmigo, muchas veces malhumorada o amargada. Siempre había una queja en sus labios. Había dejado de sonreírme, y ya le tenía manía hasta a su forma de caminar, con una seguridad tan explícita, que parecía ser un reflejo de su soberbia. Sentía como un hastío, como un sinsentido, que en el fondo lastraba mi vida hacia una oscuridad que pretendía ocultarme a mí mismo a base de distracciones.
Pero el Señor me llamó por mi nombre, recuperé la vista, y sanó mi corazón. Otra vez cambió la imagen de mi esposa. Ya no veía a la quejica, sino la necesitada de gestos de cariño. Ya no la veía malhumorada, sino víctima de un corazón desolado que no era amado por mí. Ya no la veía amargada, sino triste y sola por mi culpa. Entonces me decidí a recuperar su alegría, y con la ayuda de Dios y el esfuerzo de estar muy atento a ella y a sus necesidades, lo conseguí. Volví a contemplar otra vez esa sonrisa de la que me enamoré, pero ahora, formaba parte de una mujer madura capaz de amar con una profundidad sorprendente. Ahora sí, he conocido el amor. El de Dios primero y el de mi esposa, después. Gloria a Dios.

Madre,
La oscuridad, las tinieblas, enturbian mi mirada. Solo quiero mirar a Dios, contemplar su bondad. A Él nos uniremos plenamente algún día. No quiero desviar la vista, para no perderme. Santo, santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de Su gloria. Permíteme contemplarla, Madre. Amén.