Archivo por meses: marzo 2017

El remitente de mi vida. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 7, 1-2.10.25-30

EVANGELIO
Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora
Lectura del santo Evangelio según san Juan 7, 1-2.10.25-30

En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado».
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor.

El remitente de mi vida.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Nadie esperaba a un Dios encarnado. Esperaban a uno que no supiesen de dónde venía. Su procedencia era importante, porque si realmente venía de Nazaret ¿Qué podían esperar más allá de las capacidades y las limitaciones humanas?

Pero Jesús no viene de Nazaret. Se hace hombre en una ciudad, en un momento del tiempo y en unas circunstancias concretas, pero procede de Dios, y Sus obras proceden de Dios. Ahora sí, Éste sí es el Mesías.

Me toca preguntarme de dónde procedo yo, porque eso condiciona toda mi vida. Si procedo de lo humano y lo terrenal, estaré limitado por las capacidades humanas, y valdré más o menos según éstas. Seré mejor esposo cuanto más empático, más servicial, más detallista, más generoso… sea. Pero si me sé amado por Dios, si Él es el remitente de mi vida, y mi matrimonio también procede de Dios, entonces debo ponerme metas inalcanzables para los hombres. Como decía Madre Angélica: “Tus planes, tus proyectos, tus sueños tienen que ser siempre más grandes que tú, para que Dios tenga espacio para actuar”. Y el matrimonio es algo Grande, mucho más grande que yo.

Por eso mi objetivo es la Caridad Conyugal, es la comunión y es la santidad, porque sé de donde procedo y que el que me envió es Dios Todopoderoso, todo Amor.

Madre,
Que no me olvide nunca de dónde vengo y a dónde voy. Quién es el principio y el fin de todo. Que mi vida de esposo la viva por Él y para Él. Nos consagramos a ti, Madre, para ponernos a Tu servicio para mayor gloria Suya. Dispón de nuestras vidas, de nuestro tiempo y de nuestras fuerzas. Sabemos que Tú sabrás ponerlos a Su servicio. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Atrévete a preguntarle. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 5, 31-47

EVANGELIO
Hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza
Lectura del santo Evangelio según san Juan 5, 31-47

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?»

Palabra del Señor.

Atrévete a preguntarle.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

“Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero”. Jesús quiere que creamos en Él, no por lo que Él dice de sí mismo, no lo que Él hace por sí mismo, sino porque el Padre da testimonio de Él. Ante el juicio de los Fariseos, Cristo presenta a Dios Padre como Su testigo, y a sus obras ya que, como dijo Nicodemo: “Nadie puede hacer las señales que tú haces, si Dios no está con él”.

Aun con todo, Cristo brillaba con luz propia, mientras que nosotros necesitamos del Espíritu Santo como el aceite que hace que alumbre nuestra lámpara. Pero como dice San Agustín, nuestra lámpara en la noche, lo único que hace es dar muestras de que existe la Luz y que el día llegará. No podemos apuntar a nosotros mismos, tenemos que apuntar necesariamente a la Luz.

¿Qué podemos deducir los esposos de todo esto?. Diríamos que tres cosas.
1. Que no puedo defender mi verdad por mí mismo, sin caer en un acto de vanidad que me dejaría en ridículo antes o después. Por tanto, necesito del testimonio de otros: Sería importante preguntarle a mi esposo si le parece que estoy siendo testigo del amor de Dios como esposo. Es cierto que su visión de mí no será perfecta, pero puede darme muchas pistas: ¿Testificaría a mi favor en el Juicio final? También es importante preguntarle a Dios en la oración, confrontándome con el Evangelio.
2. Que brillo con la luz de Dios: “Os conozco y sé que el amor no está en vosotros” es decir, que necesito de la Gracia para poder ser un auténtico esposo. Por tanto no soy autor de mis éxitos, sino testigo de las obras de Dios en mí.
3. Que con nuestro matrimonio no nos apuntamos a nosotros mismos, sino que apuntamos a la auténtica Alianza, la eterna, que es la de Dios con el mundo a través de Su Hijo. Apuntamos a la Santísima Trinidad.

Decía un sacerdote, que el mejor examen de conciencia lo hacíamos preguntándole a nuestro esposo: ¿Qué puedo mejorar? ¿Qué hago de mal? Si de verdad estás dispuesto a ir a Dios ¡Animo! Pregúntale a tu esposo

Madre,
Te ruego me des valentía para vivir en la verdad e ir a por todas. Hoy le doy gracias al Padre por todo lo Bueno que ha puesto en mi esposo y en nuestro matrimonio para que seamos testigos de Su amor. Alabado sea el Señor por siempre. Amén.

Contágianos, Señor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 5, 17-30

EVANGELIO
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere
Lectura del santo Evangelio según san Juan 5, 17-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
Jesús tomó la palabra y les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.
En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre tiene vida, en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda, esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Palabra del Señor.

Contágianos, Señor.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús remarca especialmente cómo todo lo que hace viene del Padre y es voluntad del Padre, y cómo Él y el Padre son uno. El Padre es el Dador de todo y el Hijo lo ha recibido todo del Padre. Cómo se lo entrega todo el uno al otro y no hacen nada por su cuenta.

Muchas veces insistimos en que, tal como nos dice San Juan Pablo II, Dios crea al hombre a Su imagen, no tanto como individuos, sino en la relación hombre-mujer. Por tanto, los textos del Evangelio en los que Jesús nos muestra cómo es Su relación con el Padre, son especialmente interesantes para los esposos. Extraemos aquí algunas frases para nuestra reflexión:

Señor, me admiro contemplando Vuestra Comunión. Hay tanta unión entre Vosotros… Dices “el Hijo no puede hacer nada por su cuenta”, no dices “no hace”, sino “no puede hacer”, un compromiso tan fuerte que os impide actuar por vuestra cuenta. Los dos a una. También dices “el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace”, porque Vosotros os lo mostráis todo, todo, el uno al otro, no os guardáis nada para sí. Transparencia mutua. Me llama también la atención cuando dices “El que no honra al Hijo no honra al Padre”, honrar a uno es honrar al otro, porque os sentís honrados cuando el otro es honrado. Lo que es bueno para uno, es bueno para ambos. Por último, dices “no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” porque no actúas por Ti mismo. Contáis siempre el uno con el otro.

Señor, quisiéramos que fuese siempre así en nuestro matrimonio, Señor. Contágianos Tu amor, envíanos el Espíritu Santo que os une para que mi esposo y yo nos amemos como Vosotros. Seguro que así, saldremos “a una resurrección de Vida.

Alabado seas Señor, alabado Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, El que todo lo da, El que todo lo redime, El que todo lo une. Amén.

Lo que nos trae la salud. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 5, 1-3. 5-16

EVANGELIO
Al momento aquel hombre quedó sano
Lectura del santo Evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
«¿Quieres quedar sano?».
El enfermo le contestó:
«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice:
«Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
Él les contestó:
«El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».
Ellos le preguntaron:
«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa de ese gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Palabra del Señor.

Lo que nos trae la salud.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hacía ya treinta y ocho años que duraban los dolores de aquel enfermo. San Agustín nos explica que ese número recuerda a los 40 días de Cuaresma. Son esos días de sacrificio y ayuno los que nos traen la salud y cincuenta es el número de la salud ya cumplida, son los días que siguen a la Pascua hasta Pentecostés. El hombre que no realice este esfuerzo previo, seguirá enfermo y no sanará.

Los que hemos sufrido heridas en nuestro matrimonio, podemos continuar con la actitud de quejarnos y quedarnos compadeciéndonos, o reconocer que todo ese sufrimiento era necesario para poder ser sanados por Jesús. La solución no está en que no haya habido sufrimiento, sino en que nos sirva para aprender y para ofrecerlo por nuestra salvación. Hoy me dice el Señor: “¡Levántate, toma tu camilla y anda!”. ¡Levántate!, recorre el camino de la penitencia, el camino de la cruz, que lleva a Dios. Entonces serás curado, te verás sano, tendrás la vida eterna.

Levantarse ante los sufrimientos ofrecidos, es necesario, pero Cristo me dice además: “Mira has quedado sano, no peques más, no sea que te ocurra algo peor”. Es tiempo de construir nuestro matrimonio de otra manera. Basándolo en las verdades esenciales que nos enseña San Juan Pablo II. Y ahora, una vez convertidos, pensemos: El enfermo no tenía a nadie que le metiese en la piscina para curarle. ¿Y mi esposo? ¿Me tiene cuando está caído y herido?

Madre,
Es verdad que necesitamos vivir el sufrimiento para pedir auxilio al Señor, para decidir cambiar el rumbo y porque el sufrimiento nos construye. Tengo que mirar en mi interior a ver cuál o cuáles son esas camillas que me tienen postrado, enfermo, porque Cristo quiere que las coja y retome el camino, y que no peque más. Tengo que seguir trabajando esta Cuaresma y preparando mi corazón, para ser un esposo como Dios quiere. Le contemplo en la Pasión y reconozco que Él me ha dado mucho y se merece mucho. Alabado sea mi Señor.

El segundo milagro. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 4, 43-54

EVANGELIO
Anda, tu hijo vive
Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:
«Un profeta no es estimado en su propia patria».
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo:
«Si no veis signos y prodigios, no creéis».
El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño».
Jesús le contesta:
«Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Palabra del Señor.

El segundo milagro.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Es verdad que a veces recibimos con ilusión a Jesús, porque hemos visto lo signos y prodigios que ha hecho en otros, y esto nos lleva a acercarnos al Señor (que es lo que Él pretende) y pedirle por nosotros y nuestros seres queridos. Jesús nos conoce bien. “¿Qué signo tengo que recibir yo para creer en Jesús?” -Dice nuestro hijo menor rezando en familia con él- “Ninguno, porque sé que Dios está ahí, y lo estoy viendo en mis padres, cómo los está cambiando, y también veo a los que lo han abandonado, y cómo van a peor. No necesito signos, lo que necesito es que me dé un corazón más grande para escucharle”.

El milagro es una intervención de Dios en el mundo situada entre la primera creación y la transformación final de todo, y que testifica Su voluntad de salvarnos, sobre todo en Jesucristo. El objetivo de los milagros es provocarnos admiración y de esta manera conducirnos al encuentro con Él.

Jesús regresa a Caná, donde intervino milagrosamente en favor de unos esposos, lo que supone el principio de la sanación de la familia, y vuelve hoy para intervenir también en la salvación de los hijos. Así es, el Señor viene a través de María y salva nuestro matrimonio. Hoy le pedimos por nuestros hijos.

Ahora sólo necesitamos, como el funcionario, creer en lo que nos dice hoy en el Evangelio y ponernos en camino, ponernos en marcha para ayudarles en ese encuentro con Dios, con el convencimiento de que el Señor ha intervenido ya en ellos por la Pasión, Muerte y Resurrección que celebraremos en unos días. ¿Qué voy a hacer para que mis hijos se encuentren con Él?.

Madre,
Tú intercediste por los esposos en Caná y estás interviniendo por nosotros en nuestro hogar. Pídele al Señor por nuestros hijos. Nosotros vamos poniendo ya el agua en sus vasijas de barro, a la espera de que venga Él y la transforme en el mejor vino. A ti, Madre, te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.